¿Quieres ser santo o quieres buscar tu beneficio?



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. La grandeza de los hombres estriba o consiste en hacer la voluntad de Dios Nuestro Señor, la cual es una en general: la santificación del alma; pero de acuerdo a su condición y estado, conforme a los dones que recibieron del Espíritu Santo. 

Unos serán santos en el matrimonio, en el sacerdocio, en el celibato o en tan diversos oficios que la Divina Providencia constituye a sus hijos para bien de la obra de Dios Nuestro Señor. 

El Señor Santiago Apóstol dejó su barca, sus redes, su padre y todo lo que poseía, al primer llamado de Nuestro Señor Jesucristo.


II.- ¿Cuál es tu vocación?, ¿Qué quiere Dios Nuestro Señor de tu vida, de los dones, habilidades, condiciones y tiempo que te tocó vivir?... Claro esta que vuestra santificación, pero la vocación particular consiste en el cómo y dónde. 

Exactamente cual es el camino de tu santificación, el cual es totalmente de acuerdo con tu tiempo, condición capacidad y ocupación. ¿Quieres ser santo en tu vida o quieres pasar los días?


III. Es determinante, fundamental el no buscar sus intereses particulares, sino los de Dios Nuestro Señor. No buscar su beneficio, sino su vocación divina: "Jesús les dijo: Mi comida es, que haga la voluntad del que me envió, y que cumpla su obra." Evangelio de san Juan IV, 32.

Por esto la vocación o la correspondencia al amor de Dios Nuestro Señor no se mide en éxitos, logros o reconocimientos del mundo, porque Dios fué rechazado del propio mundo; por el contrario: en hacer la voluntad de Nuestro Señor.

Nuestro Señor Jesucristo jamás se buscó a sí mismo, en todo cumplió la voluntad del Padre celestial, aún a costa de su vida.    

El camino del fracaso es buscarse a sí mismo, sus intereses, su provecho, el reconocimiento y los logros personales para ponerse como ejemplo o por encima de los demás.

Haz todo lo que esté en tí para cumplir dignamente la tarea que Dios te ha confiado.  Prepárate a recibir el mal por el bien que haces a tu prójimo. Los sufrimientos y las aflicciones nunca faltarán a los que buscan a Dios; es una señal infalible de que sigues el camino de la Cruz.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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