Santificarse con lo ordinario de cada día.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. El buen católico en su fervor quisiera ofrecerle a Dios Nuestro Señor alguna penitencia extraordinaria, flagelaciones ásperas o peregrinación dificultosa para expiar sus muchos pecados y manifestar el gran amor que profesa a Nuestro Divino Redentor. 

Dios Nuestro Señor quiere que sobrellevemos lo de cada día, lo ordinario para purificar nuestra alma y glorificar el santo nombre de Dios. 

Lo ordinario como el calor, el frío, la falta de dinero, las enfermedades del cuerpo, nuestras propias miserias y limitantes naturales, el mal carácter de quienes nos rodean, nuestra poca virtud, etc. etc. Llevar con paciencia, con ánimo y con voluntad esas miserias cotidianas, y no necesita ni flagelarse, ni un ayuno de cuarenta días, lo ordinario es un camino enviado por la Providencia Divina para santificarnos en el silencio y la soledad de cada alma.


II. Aprender de Nuestro Señor Jesucristo en su vida en la tierra, como llevo con admirable paciencia y fortaleza la vileza de los malos o perversos gobernantes, la malicia de los fariseos, la traición de Judas, la pusilanimidad de "los buenos", en fin, de lo ordinario nos dió cátedra de santidad, de humildad y de cada una de las virtudes tan necesarias para nuestra santificación, por eso dice el texto evangélico: "Yo soy el camino, la verdad y la vida."


III.- Hermano pecador, santifíquese con el pan de cada día, no es preciso vivir en un monasterio medieval o en medio de santos monjes para alcanzar la perfección espiritual, bastee el lugar donde vives, tus malas inclinaciones y el entorno en el cual la Divina Providencia te ha colocado para alcanzar tu santificación: "Voluntad Dei santificado vuestra' La voluntad de Dios es vuestra santificación.



Dios te bendiga.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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