Tu más grande bienhechor es Dios Nuestro Señor.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. La piedad te obliga a honrar a Dios, porque es el Ser perfecto que te ha creado y conserva la vida. Tu más grande bienhechor es Dios Nuestro Señor, ¿Quién te dió la vida, lo que tienes, quién te mantiene en el ser? Al menos por agradecimiento debes amar a Dios, darle gracias por el mundo maravilloso en el cual vivimos, y el hombre se encarga de destruir.


II. Esta virtud te impone el deber de honrar a tus padres, amarlos y socorrerlos en sus necesidades. ¿Sea como sea te dieron la vida con la ayuda de Dios? ¿Haces todo lo que puedes para serles agradable? ¿Los socorres con caridad en su ancianidad? Dios lo manda y la razón te lo enseña. Si tus padres ya no están en este mundo, reza a Dios por el descanso de sus almas; es el último y mayor servicio que puedes prestarles. 


III. También exige la piedad que ames a tu patria. Tu amor no le será útil sino en la medida en que des buen ejemplo a los que te rodean. Honra a tu patria dándole un santo, y no temas abandonarla cuando se trate del servicio del Señor, porque el mundo entero es la casa de Dios y la patria del cristiano. No temo el exilio, el mundo es la casa de todos los hombres (Prudencio).


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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