Un alma que no perdona amarga su vida.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


I. Un alma que no perdona amarga su vida, acomula  y transmite rencores. Por eso Dios Nuestro Señor nos enseña a perdonar de corazón, dándonos ejemplo de su misericordia en la sagrada Confesión, perdonando cuantos pecados hayamos cometido. "Entonces Pedro llegándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí, y le perdonaré? ¿hasta siete veces? Jesús le dice: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete veces." San Mateo XVIII, 21.

 
II. Si tú no quieres perdonar, ¿cómo quieres que Dios te perdone? Deja que Dios Nuestro Señor haga justicia en tu vida, deja en las manos de Dios el castigo o la corrección de tus enemigos, y ofrecete como 'hostia inmaculada' dispuesta por Dios para ese sacrificio.



III. El perdonar de corazón santa tu alma, cicatrizan las heridas con la gracia de Dios Nuestro Señor. ¿Cuántas almas se destruyen en la hiel del rencor a sus enemigos? Recuerda que con la vara que midas, con esa serás medido. "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado". San Juan XIV, 34


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.






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