Milagros del Santo Rosario.


“Un señor que tenía muchos hijos, accediendo a la vocación religiosa de una de las hijas, la ingresó en un monasterio que se encontraba a la sazón completamente relajado, pues las religiosas sólo respiraban vanidad y frivolidad. El confesor, hombre fervoroso y devoto del santo Rosario, deseando dirigir a esta joven religiosa a la práctica de vida más perfecta, le ordenó rezar todos los días el Rosario en honor de la Santísima Virgen, meditando la vida, pasión y gloria de Jesucristo. Le agradó a ella mucho esta devoción, y poco a poco fue aborreciendo la relajación de sus hermanas, y empezaron a gustarle el silencio y la oración, a pesar del desprecio y burlas de otras religiosas, que interpretaban su fervor como gazmoñería. Habiendo ido por aquellos días a visitar el monasterio un santo abad, tuvo una extraña visión mientras oraba; le pareció ver una religiosa en oración en su celda ante una Señora de admirable hermosura, acompañada de un coro de ángeles, los cuales, con flechas encendidas, arrojaban multitud de demonios que pretendían entrar; y estos espíritus malignos huían a las celdas de las demás religiosas, en figura de sucios animales, para excitarlas al pecado en que muchas de ellas consentían. Conoció el abad por esta visión el mal espíritu de este monasterio y creyó morir de pena; llamó a la joven religiosa y la exhortó a la perseverancia. Reflexionando sobre la excelencia del santo Rosario, resolvió reformar estas religiosas con tal devoción; adquirió para ello hermosos rosarios, que regaló a todas las religiosas, persuadiéndolas que lo rezasen todos los días y prometiendoles, si así lo hacían, no violentarlas para que se reformasen. Recibieron complacidas los rosarios y prometieron rezarlo con esa condición. ¡Cosa admirable!: poco a poco dejaron sus vanidades, se dieron al recogimiento y al silencio y en menos de un año pidieron ellas mismas la reforma. El Rosario pudo en sus corazones más de lo que hubiera conseguido el abad con sus exhortaciones y autoridad.” Obras de San Luis María G. de Montfort, BAC, 1953, página 368."

Un monasterio transformado por el santo Rosario.El poder del Santo Rosario

“En el año 1578 una mujer de Amberes se entregó al demonio, firmando el acta de entrega con su sangre. Algún tiempo después se arrepintió, y, como sintiera gran deseo de reparar el mal que había hecho, buscó un confesor prudente y caritativo para conocer el medio de librarse del poder del diablo. Encontró efectivamente un sabio y virtuoso sacerdote que le aconsejó buscase al P. Henry, director de la Cofradía del Santo Rosario, del convento de Santo Domingo, para que la inscribiese en la Cofradía y la confesara, y así se lo pidió; más, en vez del Padre, encontró al demonio bajo la forma de un religioso que la reprendió severamente y le dijo que ninguna gracia podía esperar de Dios ni había modo de revocar lo que había firmado, lo cual la afligió mucho. No por eso perdió por completo la esperanza en la misericordia del Señor y volvió a buscar al Padre, encontrando nuevamente al diablo, que la rechazó como en la ocasión anterior; más repitiendo por tercera vez el intento, permitió el Señor que encontrase al P. Henry, a quien buscaba y que la recibió con caridad, exhortándola a confiar en la bondad de Dios y hacer una buena confesión; la admitió en la Cofradía y le ordenó que con frecuencia rezase el santo Rosario. Y un día, durante la misa que el Padre celebraba a intención de la mencionada mujer, la Santísima Virgen obligó al diablo a devolverle la cédula firmada, quedando de ese modo libertada por la autoridad de María y la devoción al Rosario.” Obras de San Luis María G. de Montfort, BAC, 1953, página 368."

Una mujer liberada del demonio.Santo Rosario

“Famosa es la historia de Teófilo, escrita por Eutiquiano, patriarca de Constantinopla, testigo ocular, y confirmada por los padres Pedro Damiano, Buenaventura, Antonino y otros (Crasset, Devoción a la Virgen, tomo 1, trat. 1, q. 10). Era Teófilo arcediano de la Iglesia de Adana, ciudad de Cilicia, y tan estimado generalmente, que el pueblo le pedía por obispo, rehusándolo él por humildad. Con todo, como por acusación de algunos malévolos fuese depuesto de la prebenda, concibió tan gran sentimiento, que ciego de pasión fue a buscar a un mago judío, y este le proporcionó abocarse con Satanás, para que le ayudase en aquella desgracia. Respondió el demonio, que para merecer su favor primero había de renegar de Jesús y María, y ponérselo por escrito. Teófilo firmó la escritura execrable; más al día siguiente habiendo conocido el obispo la sinrazón le pidió excusa, y le repuso en el ejercicio de la dignidad. Entonces conoció Teófilo lo grave de su crimen, y con gran remordimiento comenzó a llorar amargamente. ¿Qué hace? Se va a una iglesia, se postra delante de una imagen de nuestra Señora, y con abundantes lágrimas le dice: Madre de Dios, no quiero caer en desesperación viviendo vos, que sois tan clemente y me podéis valer. Con esta súplica estuvo cuarenta días, siempre llorando a los pies de la Virgen, hasta que una noche se hace la Señora visible diciéndole: ¿Qué es lo que has hecho, Teófilo? Me has negado a mí y a mi hijo ¿Y a quien has vendido tu alma? A mi enemigo y tuyo. Vos, Señora, respondió, me habéis de perdonar y obtener el perdón de vuestro santísimo Hijo. Viendo María tanta confianza, le volvió a decir: Consuélate, que pediré por ti. Animado con esto dio mayor rienda a los sollozos, penitencias y ruegos, sin desviarse de la vista de aquella sagrada imagen, y al cabo de otros nueve días se le volvió a aparecer diciendo: Teófilo, alégrate, que he presentado en el acatamiento divino tus plegarias, y han sido bien oídas, y ya Dios te ha perdonado. De hoy en adelante sele fiel y agradecido. No basta, Señora, replicó Teófilo; tiene todavía el enemigo aquella escritura abominable, y vos podéis hacer que se me devuelva. Tres días más pasaron, y a la tercera noche despertó, y se halló con el papel en el pecho. A la mañana siguiente, estando el obispo en el templo con gran concurso de gente, fue allí Teófilo, se le echó a los pies, contó cuanto había pasado, y hecho un mar de lágrimas le puso en las manos el papel, que se quemó allí en público, llorando todos de alegría, con bendiciones y alabanzas a Dios y a su Madre por la misericordia que había usado con aquel pecador, el cual se volvió desde allí a la Iglesia de su abogada, donde tres días después murió lleno de gratitud y júbilo.” San Alfonso María de Ligorio, “Las glorias de María”, Capítulo V, página 134, año de impresión 1868."

Teófilo, hombre que vendió su alma al diablo.El Santo Rosario.

"En ocasión en que Santo Domingo predicaba esta devoción en Carcassona, un hereje se dedicó a poner en ridiculo los milagros y los quince misterios del santo Rosario, lo que impedía la conversión de los herejes. Dios permitió, para castigar a este impío, que 15,000 demonios entrasen en su cuerpo. Sus parientes le llevaron al bienaventurado padre Santo Domingo para librarle de los espíritus malignos. Aquél se puso en oración y exhortó a todos los presentes a rezar con él el Rosario en alta voz; de ahí que, a cada Ave María, la Santísima Virgen hacía salir cien demonios del cuerpo de este hereje, en forma de carbones encendidos. Después que fué curado, abjuró de todos sus errores, se convirtió e inscribió en la Cofradía del Rosario, con otros muchos compañeros, arrepentidos con este castigo y con la virtud del Rosario." Obras de San Luis María G. de Montfort, BAC, 1953, página 326."

Un hereje liberado de 15,000 demonios.El poder del Santo Rosario.

“Cuenta el P. Señeri en su libro de El Cristiano instruido, que una vez en Roma fue a confesarse con el P. Nicolás Zucchi un joven encenagado en los vicios de la deshonestidad. Le oyó el confesor caritativamente, y compadecido de su miseria, le dijo que la devoción a María Santísima era eficaz para sacarle de su mal estado, imponiéndole por penitencia, hasta otra confesión, REZAR AL ACOSTARSE Y LEVANTARSE UN AVE MARÍA, OFRECIENDO A NUESTRA SEÑORA OJOS, MANOS Y TODO EL CUERPO, ROGÁNDOLE QUE LE GUARDASE COMO A COSA SUYA, Y BESANDO TRES VECES LA TIERRA. Cumplió el joven la penitencia, al principio con poca enmienda; pero el Padre le exhortaba a proseguirla constantemente, animándole siempre a confiar en el amparo de María Santísima. Fue el penitente a correr tierras en compañía de algunos amigos, y vuelto a Roma, buscó al confesor, el cual, con extraordinario gozo y maravilla, halló su alma enteramente trocada y libre de los vicios. El joven le aseguró que la Reina de los Ángeles, por aquella corta devoción practicada por su consejo, le había obtenido del Señor tan grande merced. No pararon aquí sus misericordias, porque contando el Padre desde el púlpito aquel favor, un capitán del auditorio, que ya de muchos años tenía trato ilícito con una mujer, propuso firmemente empezar la misma devoción, con deseo de romper las cadenas de la esclavitud (deseo necesario en todo pecador para lograr el auxilio de la Virgen), y al fin salió victorioso y mudó de vida. Al cabo de seis meses, fiándose ya en sus propias fuerzas, quiso ir un día a verse con aquella mujer, por la curiosidad de saber si también ella se había enmendado; pero al llegar a la puerta con tan manifiesto peligro de volver a caer, se sintió tan repelido hacia atrás por una fuerza invisible, y se vió tan lejos de allí cuan larga era la calle, que fue delante de su propia casa, conociendo entonces ciertamente que la Virgen Santísima le había librado del precipicio. Aquí se descubre el cuidado especial que tiene esta Santísima Señora no sólo de sacarnos del pecado si la invocamos con este buen deseo, sino también del peligro de recaídas.” San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María, parte II, Discurso IV."

El poder de un Ave MaríaEl Santo Rosario.

“Dos niñas, hermanitas, estaban la puerta de su casa rezando devotamente el Santo Rosario. Aparéceles una hermosa Señora, la cual se aproxima a la más pequeña, que tenía de seis a siete años, la toma y se la lleva. Su hermana mayor la busca, llena de turbación, y, desesperada de poderla encontrar, vuelve a su casa llorando. El padre y la madre la buscan dos días sin encontrarla. Pasado ese tiempo, la encuentran a la puerta con su rostro alegre y gozoso. Pregúntanle de dónde viene y contesta que la Señora a quien rezaba el Rosario la había llevado a un lugar muy hermoso, y le había dado a comer cosas muy buenas, y había colocado en sus brazos a un Niño bellísimo. El padre y la madre, recién convertidos a la fe, llamaron al Padre Jesuita que los había instruido en ello y en la devoción del Santo Rosario, y le contaron lo que había pasado. De sus propios labios lo hemos sabido nosotros. Aconteció en el Paraguay.” San Luis María G. De Montfort, El Secreto Admirable del Santo Rosario."

Milagro en Paraguay.Santo Rosario