Cristo es la cabeza de la Iglesia, y la Iglesia participa del destino de Jesucristo.


28 Oct
28Oct


“Iam si illorum solummodo res ageretur, dissimulare forsitan possemus: sed catholici nominis e contra securitas agitur. Quapropter silentium, quod habere diutius piaculum foret, intercipere necesse est; ut personates male homines, quales reapse sunt, universae Ecclesiae demonstremus.”

“Ahora bien: si solo se tratara de ellos, podríamos Nos tal vez disimular; pero se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de silencio; prolongarlo seria un crimen. Tiempo es de arrancar la mascara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.” SS. San Pío X, Carta encíclica: ‘Pascendi Dominici Gregis’ [2], 8 de septiembre de 1907.

Contenido.


1º Cristo es la cabeza de la Iglesia.

2º El Papa es el Vicario o representante de Cristo en la Iglesia.

3º La Iglesia nunca, en ninguna circunstancia puede estar ni estará “acéfala”, aunque carezcan de obispo o de Papa auténtico y genuino, aunque carezcan temporalmente de autoridad visible.

4º La Iglesia participa del destino de Jesucristo.

5º En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.

6º Piensan algunos que el hablar o escribir de esta manera es combatir a la Iglesia y a sus instituciones.



1.- Cristo es la cabeza de la Iglesia.

1.    “Porque en Él fueron criadas todas las cosas, que hay en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, ahora sean tronos, o dominaciones, o principados, o potestades: todas fueron creadas por Él mismo, y en Él mismo. Y Él es ante todas las cosas, y todas subsisten por Él. Y Él mismo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia”. San Pablo a los Colosenses, I, 16.

2.    “Este Cuerpo místico, que es la Iglesia, lleva el nombre de Cristo, por el hecho de que El ha de ser considerado como su Cabeza. ‘El, como dice San Pablo, es la Cabeza del Cuerpo de la Iglesia’ El es la Cabeza partiendo de la cual todo el Cuerpo dispuesto con debido orden, crece y aumenta para su propia edificación.” SS. Papa Pío XII, Encíclica: ‘Mystici Corporis Christi’, [13], 20 de junio de 1943.

3.    “Es evidente que el Hijo de Dios y de la Bienaventurada Virgen María, se debe llamar, por la singularísima razón de su excelencia, Cabeza de la Iglesia. Porque la Cabeza esta colocado en lo más alto. Y ¡quién está colocado en  más alto lugar que Cristo Dios, el cual, como Verbo del Eterno Padre, debe ser considerado como primogénito de toda criatura”. SS. Papa Pío XII, Encíclica: ‘Mystici Corporis Christi’, [14], 20 de junio de 1943.

4.    “Pues bien, si Cristo ocupa un lugar tan sublime, con toda razón es el único que rige y gobierna la Iglesia… Así el Redentor Divino rige el timón de toda la sociedad cristiana y gobierna sus destinos. Y puesto que regir la sociedad humana no es otra cosa que conducirla al fin que le fue señalado con medios aptos y rectamente, es fácil de ver que nuestro Salvador, imagen y modelo de buenos Pastores , ejercita todas estas cosas de manera admirable… Concedió a los Apóstoles y a sus sucesores la triple potestad de enseñar, regir y llevar a la santidad a los hombres; potestad que, determinada con especiales preceptos, derechos y deberes, fue establecida por Él como ley fundamental de toda la Iglesia.”  SS. Papa Pío XII, Encíclica: ‘Mystici Corporis Christi’, [15], 20 de junio de 1943.


2.- El Papa es el Vicario o representante de Cristo en la Iglesia.

1.    “Vicario es un nombre genérico que significa una persona que no ejerce sino en segundo lugar las funciones de un oficio; vicarius a vice vulgo dicitur: est que is qui vicem alterius obtinet, et in locum ejus succedit, (c.1, 2, de ofic. Vicar.)”. Diccionario de teología, Abate Bergier, año de 1846. Página 493.

2.    “Cristo Nuestro Señor, después de haber gobernado por sí mismo durante su mortal peregrinación a su ‘pequeña grey’, cuando estaba para dejar este mundo y volver a su Padre, encomendó el régimen visible de la sociedad por El fundada al Príncipe de los Apóstoles. Ya que sapientísimamente como era, de ninguna manera podía dejar sin una cabeza visible el cuerpo social de la Iglesia que había fundado. Ni para debilitar esta afirmación puede alegarse que por el Primado de jurisdicción establecido en la Iglesia este Cuerpo místico tiene dos cabezas. Porque Pedro, en fuerza del primado, no es sino Vicario de Cristo, por donde no existe más que una cabeza primaria de este Cuerpo, es decir, Cristo; el cual, sin dejar de regir por si secretamente mismo a la Iglesia.” SS. Papa Pío XII, Encíclica: ‘Mystici Corporis Christi’, [17], 20 de junio de 1943.

3.    “Ninguno puede predicarse a sí mismo; todos tienen que predicar a Cristo y del modo que les ha sido mandado. Lo común de todos los apóstoles es ser representantes de Cristo. Si Pedro es fundamento rocoso de la Iglesia, no lo es por sí mismo, sino en cuanto Vicario de Cristo. En él está, pues, representado el fundamento de piedra, que es Cristo mismo; en Pedro se manifiesta y obra Cristo mismo. Pedro es, por tanto, el medio de la función de Cristo a quien San Pablo se refiere cuando dice que Cristo es el fundamento rocoso de la Iglesia. San Buenaventura expresó felizmente la relación entre Cristo y Pedro al decir (Quaestiones disputatae de perfectione evangelica, q. 4, art. 3) que Cristo es la piedra y Pedro, Vicario de la piedra (vicarius petrac).” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 166.

4.    "También es cierto que aunque sea el Papa el despensero mayor de los bienes de la Iglesia, éstos no le pertenecen como si en realidad fuera su dueño y poseedor.” Santo Tomás de Aquino, Suma teológica II, II, C. 100, a. 2, r. 7.



3.- La Iglesia nunca, en ninguna circunstancia puede estar ni estará “acéfala”, aunque carezcan de obispo o de Papa auténtico y genuino, aunque carezcan temporalmente de autoridad visible.

1.    “Este Cuerpo místico, que es la Iglesia, lleva el nombre de Cristo, por el hecho de que El ha de ser considerado como su Cabeza.” SS. Papa Pío XII, Encíclica: ‘Mystici Corporis Christi’, [13], 20 de junio de 1943.

2.    “Porque en Él fueron criadas todas las cosas, que hay en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, ahora sean tronos, o dominaciones, o principados, o potestades: todas fueron creadas por Él mismo, y en Él mismo. Y Él es ante todas las cosas, y todas subsisten por Él. Y Él mismo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia”. San Pablo a los Colosenses, I, 16.

3.    “Por lo que toca a la persona humana de los obispos y del mismo Papa, vuelvo a hacer esta pregunta: ¿acaso su eliminación basta para declarar “acéfala” la Iglesia?, ¿Por ventura la ausencia del administrador, del vicario, del representante visible hace que el Cuerpo quede sin Cabeza? Mientras esté Cristo, la Iglesia Universal o la Iglesia local no está “acéfalas”, aunque carezcan de obispo o de Papa auténtico y genuino, aunque carezcan temporalmente de autoridad visible.

No dejo de ver que esta situación dolorosa y anormal significa para la Iglesia y para las almas una espantosa tragedia. El drama de la pasión del Señor parece que se repite ahora en su Cuerpo Místico. Pero el triunfo de Cristo es prenda del triunfo de la Iglesia.

Si, por un imposible o posible, el Papa o los Obispos se apartasen de la verdadera doctrina de Cristo, si, en sus dichos o hechos, se opusiesen a la tradición apostólica, de un modo palpable y manifiesto, ¿podríamos decir que siguen siendo los representantes de Jesucristo y que nosotros estaríamos obligados a obedecerlos, aunque sea contra nuestra fe y nuestra conciencia, contra las no interrumpidas enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, contra la misma doctrina revelada, que ha llegado hasta nosotros por la Tradición y la Sagrada Escritura? 

He aquí el gravísimo problema, que estamos viviendo y que a muchos los ha arrastrado, por una “falsa obediencia”, a aceptar tantos errores, como hoy circulan con el “imprimi potest”, el “nihil obstat” y el solemne “imprimatur” de los grandes jerarcas de la Iglesia, los que han acaparado toda la ciencia y toda la experiencia de la Iglesia;” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, capítulo 1º, páginas 13-20.

 


4.- La Iglesia participa del destino de Jesucristo.

1.    “En el mismo sentido hay que entender aquellas palabras de Cristo: ‘El que me ha visto a mí ha visto al Padre, ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo no las hablo de mí mismo; el Padre, que mora en mí, hace sus obras. Creedme, que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; a lo menos, creedlo por las obras’ San Juan 14, 18. El mirar y contemplar en que es aprehendido el Padre es aquí definido y expresado como fe; no basta la visión de la criatura. Después de la resurrección de Cristo volvió al ámbito de la gloria del Padre, sustraído a nuestra creyente aprehensión; por el cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo es invisible hasta la parusía de modo parecido a como lo fue Cristo durante su vida terrena. Aunque la Iglesia es Iglesia del Hijo de Dios encarnado y resucitado, dentro de la historia se destacan más sus rasgos de cuerpo místico del Hijo de Dios encarnado y crucificado que sus rasgos de Iglesia del Señor resucitado; es todavía peregrina  y su peregrinación durará hasta que el Señor vuelva a buscar a su Esposa, para introducirla en la gloria de su Padre. Hasta aquel día tendrá que seguir el camino que Cristo siguió  en su forma histórica de existencia; el camino del trabajo y de la cruz; es el transito hacia la transformación en el modo existencial de la eternidad. Hasta entonces la Iglesia es visible para el creyente en cuanto Iglesia de Cristo crucificado.

Esta visibilidad participa del destino de Jesucristo. Cristo llamo bienaventurados a quienes no se escandalicen del El. Evidentemente se podía pasar por alto la gloria de Dios en El. Quien le miraba con los ojos naturales exclusivamente, no podía percibir lo decisivo; le ocurría como a un daltoniano frente a una sinfonía de colores; la situación del incrédulo frente a Cristo es mucho peor todavía; necesariamente tiene que malentender a Cristo; se reirá de su pretensión de ser Mesías; se escandalizará de ella; los milagros de Cristo le tendrán que parecer incomprensibles, raros, diabólicos. Cristo se le convierte en escándalo. 

Cosa semejante ocurre al incrédulo frente a la Iglesia. Su pretensión de continuar la misión de Cristo y de tener poderes y obligaciones recibidas del cielo, de cumplir una misión más importante que cualquier otra misión y que nadie puede cumplir, tiene que parecerle al incrédulo ridícula, escandalosa y absurda. La Iglesia se le convierte en escándalo. Pasar indiferente ante la Iglesia es tan imposible como para los contemporáneos de Cristo el pasar indiferentes ante El. Quien no le mire como creyente y reconozca, por tanto, como fundación de Iglesia tendrá que combatirla.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, § 171, 2, página 377.


5.- En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.

“Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores. Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la ‘inerrancia’ de la Iglesia, nosotros confesamos como dogma de nuestra fe católica (supuestas las cuatro condiciones que establece y aclara el Concilio Ecuménico Vaticano I), es personalmente ni impecable, ni infalible. En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4.

La persona que ocupa el lugar del Romano Pontífice no es garantía, ni seguridad absoluta de santidad de vida, por la libertad propia de la naturaleza humana, para cotejar este aspecto con la historia de la Iglesia, sito los siguientes datos consignados en los libros aprobados por la Iglesia Católica.


•    Papa Sergio III. [Sergio de Túsculo, 904-911] “Sergio III era uno de aquellos hombres a quienes la pasión partidista ciega y enloquece… debía probablemente la tiara al poderío de esta familia, cuya casa frecuentaba más de lo debido, tanto que, siendo ya un cincuentón, se dejó prender, a lo que parece, en los lazos amorosos de Marozia, la cual apenas tendría veinte años. Fruto de estas sacrílegas relaciones sería un hijo que, andando el tiempo, se llamó Juan XI y que, ciertamente, tenía a Marozia por madre… confirmado este punto por el Liber Pontificalis, que, llegando a tratar de Juan XI, cifra toda su vida en estas últimas palabras: ‘JOHANNES NATIONE ROMANUS, EX PATRE SERGIO PAPA, SEDIT ANN. III, MENS. X’.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC,  tomo II, página 117.

•    Papa Juan XII. [Octaviano de Túsculo, 955-964] “Juan XII amaba la caza, que sus pensamientos eran de vanidad, que gustaba de las reuniones de mujeres más que las asambleas litúrgicas o eclesiásticas, que se complacía en las tumultuosas insolencias de los jóvenes y que en lascivia y audacia superaba a los paganos… Esto quiere decir, por lo menos, que en la vida de Juan XII se veía, más que al pontífice y sacerdote, al príncipe secular, poco diferente de los señores de aquella atormentada y turbulenta época.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 121.

•    Papa Benedicto IX. [Teophylactus, 1033-1045] “El cónsul Alberico, conde de Túsculo, a fuerza de dinero logro la tiara para su hijo Teofilacto, un joven apasionado y violento… sobrino de los dos Papas anteriores y se llamo Benedicto IX. Tal subida anticanónica no fue más que el comienzo del desgobierno y de la inmoralidad. No llevaron con paciencia los romanos las indignidades y crímenes de Benedicto IX (adulterios y asesinatos…) el año 1044 estalló una violenta insurrección que obligó al Papa a salir huyendo de la ciudad. Los romanos pusieron en el trono al obispo de Sabina Silvestre III, que reinó muy poco, porque a los cincuenta días regresó Benedicto IX, apoyado por las fuerzas militares de sus hermanos y se instaló de nuevo en Letrán. No sintiéndose seguro, Benedicto IX pensó en renunciar a la tiara. Es quimérica la noticia de Bonizón de Sutri de que el móvil de la renuncia fue la pretensión de casarse con una hija de su enemigo Gerardo de Sasso. La abdicación tuvo lugar en mayo de 1045 mediante un pacto con su padrino, el arcipreste Juan Graciano, que le ofreció una buena cantidad de dinero, no comprándole simoníacamente la dignidad pontificia, sino, como parece más probable, dándole con que pudiese vivir… De parte del buen Graciano, que se llamó Gregorio IV (1045-1046)”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 140.

•    Papa Bonifacio VIII. [Benedetto Gaetani, 1294-1303] “Entramos en una época tormentosa y trágica. El pontificado de Bonifacio VIII, que pudo ser la cumbre augusta del Medioevo, tuvo más bien el aspecto de un derrumbamiento, producido por súbito cataclismo… Por otra parte, los diezmos y tributos que le ofrecían los prelados y clérigos de su reino venían a colmar sus arcas de oro que ambicionaba… el día 2 de mayo de 1297, mientras una larga reata de mulas transportaban de Anagni a Roma una ingente cantidad de oro, plata y objetos preciosos pertenecientes al Papa y a su nepote Pedro Gaetani, y destinados a comprar tierras y castillos, una cuadrilla de gente armada, conducida por Esteban Colonna, salteó la caravana de acémilas, arrebatándoles los tesoros que llevaban, por valor de cerca de 200,000 florines según los Anales de Cesena… Amigo siempre de las ceremonias pomposas y simbólicas, el papa triunfador quiso significar su victoria total sobre los enemigos con un gesto de antiguo romano.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 562, 577, 583, 587 .

•    Papa Clemente VI. [Pierre Roger de Beautfort, 1342-1352]. “La corte de Avignon alcanzó su apogeo de esplendor. No había otra en Europa más faustosa, más amiga de fiestas, más banqueteadora, más abundante de plata y oro, y, por lo mismo, más concurrida. Poseemos muchos datos sobre la guardarropa del pontífice (en el vestuario personal de Clemente VI se emplearon hasta 1080 pieles de armiño), sobre los objetos de lujo y de arte, sobre las compras y gastos diarios, sobre los festejos, etc. Y con el Papa iban a porfía los cardenales, que atesoraban enormes riquezas. En una recepción que en 1343 ofreció al cardenal Aníbal de Ceccano se sirvieron a la mesa no menos de 27 platos substanciales, alternando con entremeses, e interrumpidos con danzas, conciertos y otros juegos, mientras artísticas fuentes, a caño abierto, derramaban los mejores vinos. Banquetes opíparos más que refinados. Celebrábanse solemnísimamente fiestas cuando venía a la corte algún príncipe o algún embajador… Un testigo ocular, Pedro Hérenthals, asegura que los clérigos pobres y suplicantes venidos a Avignon en Pentecostés de 1342 eran tantos, que los candidatos a otros tantos beneficios en toda la cristiandad se computaron en unos cien mil. Para poder atender a tantas peticiones, Clemente VI se reservó la colación de las abadías, prelaturas, canonjías, etc.; y como alguien le amonestase diciendo que en otros pontificados no se hacía tal cosa, él respondió: ‘Mis predecesores no supieron ser Papas’. Hallando que el enorme palacio edificado por Benedicto XII no era bastante espacioso y alegre, lo amplificó y lo decoró regiamente”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 103.

•    Papa Sixto IV. [Francesco della Rovere, 1471-1484]  ”El Papa veneciano, con su amor al fausto y al lujo, descuidó los intereses puramente religiosos y no advirtió la necesidad de renovar el colegio cardenalicio con figuras de alto espíritu eclesiástico. La curia entra en un plano inclinado, que ocasionará los grandes resbalones de Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, etc. porque esta segunda etapa de decadencia espiritual no se cerrará hasta la elección de Adriano VI. Bien dijo Egidio de Viterbo que la época iniciada por Sixto IV se preocupó del dinero más que del Dios verdadero, de los placeres carnales más que de los bienes eternales. No raras veces olvidaron los Papas que eran vicarios de Cristo… Desgraciadamente veremos cómo algunos Papas, por motivos de carne y sangre, no de razón y prudencia, levantaron a sus nepotes y familiares, concediéndoles honores indebidos y riquezas innecesarias, con escándalo de los fieles y grave daño del espíritu eclesiástico.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 401.

•    Papa Alejandro VI. [Roderic de Borja, 1492-1503] “La virtud natural del amor a los hijos degeneró en Alejando VI, ya antes de su Pontificado, en debilidad imperdonable. No sólo quiso reconocerlos pública y legalmente, sino que se afanó por colocarlos, aún niños, en los más altos puestos y casarlos con personas del más distinguido linaje. Solo ateniéndonos al adagio: ‘filii preesbyterorum nepotes vocantur’ podemos hablar aquí de nepotismo, si bien es cierto que también favoreció a los sobrinos y a toda la parentela. Hasta 1493 no llamó a César Borja a Roma, y entonces para darle la púrpura cardenalicia; ya antes le había conferido el arzobispado de Valencia en el consistorio del 31 de agosto de 1492, en el cuál promovió a su sobrino Juan de Borja, arzobispo de Monreale, al cardenalato.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’,  BAC,  tomo III, página 435. 


6.- Piensan algunos que el hablar o escribir de esta manera es combatir a la Iglesia y a sus instituciones.

1.    “Piensan algunos que el hablar o escribir de esta manera es combatir a la Iglesia y a sus instituciones; que hay exageración, malas interpretaciones; que son resentimientos, que es locura. Yo pienso que el silencio es traición, es compromiso; es dar facilidades a la demolición, es injuriar a Cristo y a la Iglesia por complacer a los hombres, que se han enfrentado a la verdad, a la verdad eterna, a la Verdad Revelada” Dr. Pbro. Joaquín Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, capítulo XI.

2.    “Son curiosos esos superiores, que no sientes escrúpulos para difamar a sus súbditos, para llegar a otros extremos más indebidos, cuando quieren hundir a uno de sus enemigos, reales o imaginarios, y no consienten que nadie diga algo que pueda desvanecer esa aureola, verdadera o falsa, con que ellos han envuelto a su obra apostólica. Es pecado el que un súbdito diga la verdad, cuando ésta ofende una reputación de su actividad, de sus juicios contradictorios con la letra misma de sus Constituciones, pero no es pecado, cuando para defenderse o justificar lo que es injustificable, ellos acuden a la difamación y a la calumnia, apoyándose en el poder enorme que tienen y del cual ciertamente abusan.”   Dr. Pbro. Joaquín Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, capítulo XI.

3.    “Guardar silencio no es ya decoroso, si no queremos aparecer infieles al más sacrosanto de nuestros deberes, y si la bondad de que hasta aquí hemos hecho uso, con esperanza de enmienda, no ha de ser censurada ya como un olvido de nuestro ministerio. Lo que sobre todo exige de Nos que rompamos sin dilación el silencio es que hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aun más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la medula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.” SS. San Pío X, Carta encíclica: ‘Pascendi Dominici Gregis’ [2], 8 de septiembre de 1907.




“Ahora bien: si solo se tratara de ellos, podríamos Nos tal vez disimular; pero se trata de la religión católica y de su seguridad. Basta, pues, de silencio; prolongarlo seria un crimen. Tiempo es de arrancar la mascara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.” SS. San Pío X, Carta encíclica: ‘Pascendi Dominici Gregis’ [2], 8 de septiembre de 1907.













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