El Obispo excomulgado Squetino destruye el sacerdocio ordenando a los no idóneos.


15 Nov
15Nov


“Pagarás también tú la pena de sus pecados, así pasados como futuros, por haberle conferido la dignidad”  San Juan Crisóstomo.  Hom. 16 in Tim: PG 62, 587.


Con la gracia de Dios, doy a conocer uno de los graves peligro que padece la Iglesia Católica en los aciagos tiempos presentes, la ligereza consuetudinaria en conferir las ordenes sagradas a las personas no idóneas conforme las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia; dando como resultado el abandono del sacerdocio por quienes no tenían la vocación eclesiástica ni la preparación ni el cuidado por parte de su pastor, en este caso lamentable, me refiero al señor obispo excomulgado, don Juan José Squetino Shattenhofer, superior de la Fundación San Vicente Ferrer.  

Contenido

1º Las ordenes sagradas.

2º El Señor obispo excomulgado don Juan José Squetino culpa el abandono del ministerio sacerdotal  a la soberbia de los sacerdotes.

3º Enseñanzas de la Iglesia sobre los sacerdotes que abandonan su ministerio.

4º Un caso particular de las ordenaciones erróneas del obispo Squetino.


I.- Las ordenes sagradas. 

La vida de la Iglesia Católica tiene su fuerza central en el Santo Sacrificio del Altar, de donde se distribuye a las almas el Cordero celestial, el Pan de los Ángeles, a Nuestro Señor Jesucristo en la sagrada comunión.

La Santa Misa requiere imprescindiblemente del sacerdote, el cuál se debe preparar, cuidar y conservar para desempeñar santamente la vocación recibida por Dios Nuestro Señor: “El sacerdocio es la suprema dignidad entre todas las dignidades creadas.” San Alfonso María de Ligorio, Selva de materias predicables e instructivas, cap. I, 1.

La Iglesia Católica es muy clara en sus mandatos, doctrina y enseñanzas sobre las órdenes sagradas, menciono algunas:

1.- “Pondrá el obispo sumo interés en visitar frecuentemente el seminario por sí mismo y en velar con esmero por la formación que se da a los seminaristas tanto literaria y científica como eclesiástica, procurando adquirir datos más completos, sobre todo con ocasión de las sagradas órdenes, acerca de la índole, piedad, vocación y aprovechamiento de los mismos.” Código de Derecho Canónico, canon 1357, 2. 

2.- “Las señales principales de vocación divina al estado eclesiástico son las siguientes: ciencia conveniente, probidad de vida, recta intención, o sea deseo de emplearse en el servicio de Dios y salud de las almas... Cualquiera que sin vocación manifestada por estas señales abraza el estado eclesiástico, no se libra de la nota de presuntuoso y aun de cometer pecado grave por exponerse a riesgo inminente de condenación... mayor riesgo aún corren los obispos que ordenan de mayores a los no llamados al estado sacerdotal, según aquello del Apóstol, 1 Tim., 5, 22: Manus cito nemini imposueris, neque communicaveris peccatis alienis.” Padre Juan B. Ferreres, ‘Derecho sacramental’, cuarta edición 1932, página 211.

3.- “El Obispo no debe conferir a nadie las ordenes sagradas si no tiene certeza moral, fundada en pruebas positivas, de la idoneidad canónica del candidato.” Código de Derecho Canónico, canon 973  § 3.

4.- “Así como deben con toda diligencia cultivar la vocación divina y fortalecerla, así con no menor celo deben, a tiempo, separar y alejar a los que juzgaren desprovistos de las cualidades necesarias, y que se preveé, por lo tanto, que no han de ser aptos para desempeñar digna y decorosamente el ministerio sacerdotal… sin respetos humanos y sin aquella falsa compasión que sería una verdadera crueldad no sólo para la Iglesia, a quien se daría un ministro inepto o indigno, sino también para con el mismo joven, que, extraviado ese camino, se encontraría expuesto a ser piedra de escándalo para sí y para los demás, con peligro de eterna perdición.” SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 53, 20 de diciembre de 1935.

5.- “Pero la responsabilidad siempre principal será la del Obispo, el cual, según la gravísima ley de la Iglesia, no debe conferir las sagradas órdenes a ninguno de cuya aptitud canónica no tenga certeza moral fundada en razones positivas; de lo contrario, no sólo peca gravísimamente, sino que se expone al peligro de tener parte en los pecados ajenos [CDC c. 973, 3] ; canon en que se percibe bien claramente el eco del aviso del Apóstol a Timoteo: “A nadie impongas de ligero las manos ni te hagas participe de pecados ajenos” [1 Tim. 5, 2]. “Imponer ligeramente las manos es (como explica nuestro predecesor San León Magno) conferir la dignidad sacerdotal, sin haberlos probado, a quienes no tienen ni la edad conveniente, ni el mérito de la obediencia, ni han sufrido los debidos exámenes, ni el rigor de la disciplina, y ser participe de pecados ajenos es hacerse tal el que ordena cual es el que no merecía ser ordenado” (Ep. 12: PL 54, 647), porque, como dice San Juan Crisóstomo, dirigiéndose al Obispo, “pagarás también tú la pena de sus pecados, así pasados como futuros, por haberle conferido la dignidad” (Hom. 16 in Tim: PG 62, 587)”. SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 56, 20 de diciembre de 1935.

6.- “Por lo demás, si guardan diligentemente todas las prescripciones canónicas, si todos se atienen a las prudentes normas que, pocos años ha, hicimos Nos promulgar por la Sagrada Congregación sobre esta materia (Instructio super scrutinio candidatorum instituendo antequam ad Ordines promoventur -1 de dic. 1930-: AAS 23) se ahorrarán muchas lágrimas a la Iglesia y al pueblo fiel mucho escándalo.” SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 58, 20 de diciembre de 1935.

7.- “Ni se dejen apartar, tanto los Obispos como los superiores religiosos, de esta bien necesaria severidad por temor a que llegare a disminuir el número de sacerdotes de la diócesis o del Instituto. El Angélico Doctor santo Tomás se propuso ya esta dificultad, a la que responde así con su habitual sabiduría y lucidez: “Dios nunca abandona de tal manera a su Iglesia que no se hallen ministros idóneos suficientes para las necesidades de los fieles si se promueve a los que son dignos y se rechaza a los indignos” (Suppl. 36, 4 ad 1). Y en todo caso, como bien observa el mismo Santo Doctor, repitiendo casi a la letra las graves palabras del Concilio ecuménico IV Lateranense (Conc. Later. IV, ann. 1215, c. 22) “Si no se pudieran encontrar tantos ministros como hay ahora, mejor es que haya pocos buenos que muchos malos (Suppl. 136, 4 ad a)”… ¡Que terribles cuentas tendremos que dar, venerables hermanos, al Príncipe de los Pastores, al Obispo supremo de las almas, si las hemos encomendado a guías ineptos y a directores incapaces!”. SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 60, 20 de diciembre de 1935.


La mayoría de los sacerdotes ordenados por el obispo excomulgado, don Juan José Squetino,  han abandonado el sacerdocio o sostienen doctrinas heréticas. Cada ordenación tiene su historia, en su mayoría contra el Derecho Canónico, en un ambiente de “espiritualidad”, “santidad”; justificando los atropellos canónicos en el estado de necesidad por la ausencia del Papa, pero ya que “tengamos Papa, todo se va a solucionar”. 


II.- El Señor obispo excomulgado don Juan José Squetino culpa el abandono del ministerio sacerdotal  a la soberbia de los sacerdotes.


1.- “Sí se han ido sacerdotes de la Fundación y quizás se seguirán yendo, pero le digo una cosa, no creo que sea por los años de sacerdocio o de estudios, a lo que puedo ver hoy, toda esa deserción es por causa de la soberbia de los sacerdotes, todos los sacerdotes que se fueron, tienen una misma nota aunque la manifiestan diferente, la soberbia”. Monseñor Juan José Squetino, “Estimado Padre”, 25 de junio de 2019.

2.- “Para mí, Padre, los sacerdotes soberbios, rebeldes, murmuradores, son los que abandonan, tengan 10 o 2 años de seminario, esto lo vengo constatando desde hace años.” Monseñor Juan José Squetino, “Estimado Padre”, 25 de junio de 2019.

3.- “Nombran a sacerdotes que estuvieron con nosotros, y que ya no están, por los motivos que sean, pregúntenle a ellos. Los nombran como si fuera un escándalo de mi parte o por culpa mí, lo que no siempre es así. (sic.)”. Monseñor Juan José Squetino, “Acusación contra mons. Squetino por un sacerdote”, 31 de agosto de 2019.

4.- “Querer hacer creer que los Sacerdotes que estuvieron o pasaron por la Fundación se fueron por culpa mía y sólo mía es ridículo y calumnioso.” Monseñor Juan José Squetino, “Acusación contra mons. Squetino por un sacerdote”, 31 de agosto de 2019.

5.- “Seguirán viniendo, seguirán pasando y se seguirán yendo quizás otros de aquí y de todos los grupos sedevacantes que existen porque así son las consecuencias de no tener al Papa.” Monseñor Juan José Squetino, “Acusación contra mons. Squetino por un sacerdote”, 31 de agosto de 2019.


“Toda esa autosuficiencia con que, por ser obispos, se sienten incapaces de equivocarse, de caer en falta contra la justicia y contra la caridad, contra la ley de Dios y la misma ley de los hombres, debería ser la preocupación constante de un gobierno eclesiástico que teme al Señor.”  Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, capítulo II.


III.- Enseñanzas de la Iglesia sobre los sacerdotes que abandonan su ministerio.

1.- “Pero la responsabilidad siempre principal será la del Obispo, el cual, según la gravísima ley de la Iglesia, no debe conferir las sagradas órdenes a ninguno de cuya aptitud canónica no tenga certeza moral fundada en razones positivas; de lo contrario, no sólo peca gravísimamente, sino que se expone al peligro de tener parte en los pecados ajenos [CDC c. 973, 3]; canon en que se percibe bien claramente el eco del aviso del Apóstol a Timoteo: “A nadie impongas de ligero las manos ni te hagas participe de pecados ajenos” [1 Tim. 5, 2]. “Imponer ligeramente las manos es (como explica nuestro predecesor San León Magno) conferir la dignidad sacerdotal, sin haberlos probado, a quienes no tienen ni la edad conveniente, ni el mérito de la obediencia, ni han sufrido los debidos exámenes, ni el rigor de la disciplina, y ser participe de pecados ajenos es hacerse tal el que ordena cual es el que no merecía ser ordenado” (Ep. 12: PL 54, 647), porque, como dice San Juan Crisóstomo, dirigiéndose al Obispo, “pagarás también tú la pena de sus pecados, así pasados como futuros, por haberle conferido la dignidad” (Hom. 16 in Tim: PG 62, 587)”. SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 56, 20 de diciembre de 1935.

2.- “Las señales principales de vocación divina al estado eclesiástico son las siguientes: ciencia conveniente, probidad de vida, recta intención, o sea deseo de emplearse en el servicio de Dios y salud de las almas... Cualquiera que sin vocación manifestada por estas señales abraza el estado eclesiástico, no se libra de la nota de presuntuoso y aun de cometer pecado grave por exponerse a riesgo inminente de condenación... mayor riesgo aún corren los obispos que ordenan de mayores a los no llamados al estado sacerdotal, según aquello del Apóstol, 1 Tim., 5, 22: Manus cito nemini imposueris, neque communicaveris peccatis alienis.” Padre Juan B. Ferreres, ‘Derecho sacramental’, cuarta edición 1932, página 211.

3.- “y si pretendemos averiguar la causa, hallaremos que esto consiste en una de tres cosas, o porque los Prelados son fáciles en imponer las manos, o porque los llamados a tan alta dignidad se olvidan de este inestimable beneficio, y se entregan a la ociosidad y al desorden de sus pasiones, o porque son muchos los que suben a éste eminente estado contra la voluntad de Dios.” Padre Miguel de Santander, “Retiro espiritual para los sacerdotes.” tomo 1º, año de 1802, página 116.

4.- “La causa principal yo creo consiste en recibir el orden sin vocación.” Padre Miguel de Santander, “Retiro espiritual para los sacerdotes.” tomo 1º, año de 1802, página 116.

5.- “Pondrá el obispo sumo interés en visitar frecuentemente el seminario por sí mismo y en velar con esmero por la formación que se da a los seminaristas tanto literaria y científica como eclesiástica, procurando adquirir datos más completos, sobre todo con ocasión de las sagradas órdenes, acerca de la índole, piedad, vocación y aprovechamiento de los mismos.” Código de Derecho Canónico, canon 1357, 2. 

6.- “Tenemos que reconocer que si anda mal el clero, si los seminarios se han convertido en focos de irreligiosidad y corrupción, se debe no tan solo a los superiores de esos planteles, sino al descuido, a la condescendencia, a la manifiesta tolerancia de los Obispos, ya que uno de sus más sagrados deberes pastorales está en preparar, con la mayor prudencia, vigilancia y solidez posible a los futuros sacerdotes, que han de ser colaboradores jerárquicos, en su misión sublime de la gloria de Dios y la salvación de las almas.” Dr. Padre Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, pagina 36.

7.- “Ese empeñarse en creer que su dignidad de obispos los hace ‘casi’ infalibles e impecables, aunque sus injusticias, sus debilidades, sus secretas miserias les deberían provocar grandísimos remordimientos de conciencia, pensando en la cuenta que tienen que dar a Dios”. Dr. Padre Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, pagina 36. 

8.- “Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores. Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la ‘inerrancia’ de la Iglesia, nosotros confesamos como dogma de nuestra fe católica (supuestas las cuatro condiciones que establece y aclara el Concilio Ecuménico Vaticano I), es personalmente ni impecable, ni infalible. En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4.

“La corrupción de los mejores es la peor. Grande es la dignidad de los sacerdotes, pero grande es su caída si pecan; alegrémonos por su elevación, mas temamos por su caída; no es tan alegre el haber estado en alto, como triste el haber caído desde allí. Muy desgraciado, por lo tanto, el sacerdote que, olvidado de sí mismo, no se preocupa de la oración, rehúye el alimento de las lecturas piadosas, y jamás vuelve dentro de sí para escuchar la voz de la conciencia que le acusa.” SS. Papa San Pío X, ‘Haerent Animo’ No. 18, 4 de agosto de 1908. 


IV.-  Un caso particular de las ordenaciones erróneas del obispo Squetino.


En el año 2014 el señor obispo Squetino recibió a un seminarista expulsado de otro Seminario, a los 40 días de haberlo conocido, le confirió el orden sacerdotal el día 13 de septiembre de 2014, documento que se le envió, para que tuviera conocimiento cabal. Dos años más tarde el nuevo sacerdote abandonó el ministerio.





“Pagarás también tú la pena de sus pecados, así pasados como futuros, por haberle conferido la dignidad”  San Juan Crisóstomo.  Hom. 16 in Tim: PG 62, 587.





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