El Papa "valido" no es señor de la Escritura, ni dueño de la Iglesia, ni pueda hacer lo que le plazca.


16 Oct
16Oct



Attendite a falsis prophetis, qui veniunt ad vos in vestimentis ovium, intrinsecus autem sunt lupi rapaces: A frutus eorum cognocetis eos.

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, y dentro son lobos robadores. Por sus frutos los conoceréis.” Evangelio de San Mateo VII, 15.


Contenido.

1º    Cristo fundó la Iglesia para el tiempo que transcurriera entre la Ascensión y su segunda venida.

2º    El Papa no puede hacer lo que quiera.

3º    El Vicario de Cristo es el representante de Cristo, no es el dueño de la Iglesia.

4º    El poder de orden está ordenado a la esfera sacramental y el poder de jurisdicción al orden de la vida externa.

5º    El Vicario de Cristo cesa de su autoridad por el pecado de herejía.

6º    Hechos deshonrosos de algunos Vicarios de Cristo –validos pero indignos- en la Historia de la Iglesia.


“Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores. Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la ‘inerrancia’ de la Iglesia, nosotros confesamos como dogma de nuestra fe católica (supuestas las cuatro condiciones que establece y aclara el Concilio Ecuménico Vaticano I), es personalmente ni impecable, ni infalible. En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4.


1º Cristo fundó la Iglesia para el tiempo que transcurriera entre la Ascensión y su segunda venida.

“Pedro recibió de Cristo el poder necesario para la dirección eficaz y autoritaria de la Iglesia. Aunque en el símbolo mismo aparece lo estático, su confrontación con la realidad demuestra que para su interpretación no basta el punto de vista de lo estático sino que se debe recurrir al punto de vista de lo dinámico; lo que importa es la función, la acción de dirigir, de la que Pedro está encargado. Cristo fundó la Iglesia para el tiempo que transcurriera entre la Ascensión y su segunda venida; y prometió que sería imperecedera durante este intervalo. Si el hecho de ser imperecedera está garantizado por la segura dirección y por el gobierno autoritario, estas funciones deben ser ejercidas hasta la vuelta del Señor” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, § 167, c, página 185.


2º El Papa no puede hacer lo que quiera.

“Tampoco significa la doctrina de la infalibilidad Papal ninguna legitimación para caprichosas manifestaciones doctrinales. Al contrario, la infalibilidad implica una mayor vinculación a Cristo. La infalibilidad es un carisma concedido al Papa, que comprende a la vez la ineludible obligación de predicar  la Revelación procedente de Cristo y de los Apóstoles y de no predicar más que esa Revelación y lo que sirve para protegerla. El pleno poder concedido al Papa es a la vez –como todo don de Dios- una tarea ineludible. El Papa no puede abandonar el campo de la fe. En una decisión doctrinal infalible obedece a Dios, cuya Revelación está atestiguada en la escritura y en la tradición oral.

Como la Revelación de Cristo está atestiguada en la Escritura y en la Tradición oral, vinculación a Cristo, significa tanto como vinculaciones a la Escritura y a la Tradición. El Papa infalible no es señor de la escritura que pueda hacer con ella lo que le plazca. Sino que está SOMETIDO  a la Escritura que es la palabra de Dios. Por ello es dominado y empujado. Ella es su soberana. Pero tiene la tarea de atestiguar e interpretar la Sagrada Escritura como palabra de Dios”. Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, § 177, 4, página 782.


3º  El Vicario de Cristo es el representante de Cristo, no es el dueño de la Iglesia.

“Vicario es un nombre genérico que significa una persona que no ejerce sino en segundo lugar las funciones de un oficio; vicarius a vice vulgo dicitur: est que is qui vicem alterius obtinet, et in locum ejus succedit, (c.1, 2, de ofic. Vicar.)”. Diccionario de teología, Abate Bergier, año de 1846. Página 493.

"También es cierto que aunque sea el Papa el despensero mayor de los bienes de la Iglesia, éstos no le pertenecen como si en realidad fuera su dueño y poseedor.” Santo Tomás de Aquino, Suma teológica II, II, C. 100, a. 2, r. 7.

“Ninguno puede predicarse a sí mismo; todos tienen que predicar a Cristo y del modo que les ha sido mandado. Lo común de todos los apóstoles es ser representantes de Cristo. Si Pedro es fundamento rocoso de la Iglesia, no lo es por sí mismo, sino en cuanto Vicario de Cristo. En él está, pues, representado el fundamento de piedra, que es Cristo mismo; en Pedro se manifiesta y obra Cristo mismo. Pedro es, por tanto, el medio de la función de Cristo a quien San Pablo se refiere cuando dice que Cristo es el fundamento rocoso de la Iglesia. San Buenaventura expresó felizmente la relación entre Cristo y Pedro al decir (Quaestiones disputatae de perfectione evangelica, q. 4, art. 3) que Cristo es la piedra y Pedro, Vicario de la piedra (vicarius petrac).” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 166.

“No solo Pedro, también los demás apóstoles son el fundamento de la Iglesia apoyado en Cristo; pero lo son en relación con Pedro y en dependencia de él. Es difícil entender mientras uno se atiene al ámbito de los símbolos, pero será comprendido al dejar de lado los símbolos y atenerse a la realidad que significan. Como hemos visto el símbolo del fundamento de piedra alude a la dirección y gobierno de la Iglesia. Los demás apóstoles cumplen su fundación directiva en dependencia de Pedro, ya que a él sólo le ha sido especialmente concedido el gobierno de la Iglesia, aunque también a los demás les fueron confiados tareas directoras.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 167.


4º El poder de orden está ordenado a la esfera sacramental y el poder de jurisdicción al orden de la vida externa.

El poder de orden está ordenado a la esfera sacramental y el poder de jurisdicción al orden de la vida externa, el primero, como se decía en la Edad Media, al Cuerpo eucarístico de Cristo y el segundo a su Cuerpo Místico. Aunque se explique que también el poder de jurisdicción sirve indirectamente a la salvación, la distinción objetiva implica una oposición de sacramento y derecho. Amenaza el peligro de que esta esfera del poder de jurisdicción sea entendida como meramente exterior y que el derecho que la ordena sea interpretado como una institución humana.

La diferencia de ambos poderes están también y sobre todo en los elementos formales y funcionales. El poder de orden es inamisible, el poder de jurisdicción es amisible. Se pierde por la remoción del oficio. El poder de orden sirve para engendrar, para profundizar y conservar salvíficamente la vida divina en el hombre. El poder de jurisdicción esta al servicio del orden salvador dentro de la comunidad de la Iglesia. El poder de orden puede ser ejercido en toda la Iglesia, el poder de jurisdicción está limitado territorial o personalmente, ya que está ordenado únicamente a las personas, para quienes han sido nombrado el portador del oficio… Es, por tanto, absurdo enfrentar la Iglesia sacramental con la Iglesia jurídica. Aunque esta unión llena y soporta toda la actividad de la Iglesia.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, § 176, a, página 679. 


5º El Vicario de Cristo cesa de su autoridad por el pecado de herejía.

El Sumo Pontífice que es el Vicario de Cristo, el fundamento rocoso de la Iglesia, es una persona humana revestida de la máxima autoridad en la tierra, con súper abundantes gracias para desempeñar santamente su misión, pero no esta confirmado en gracia, conserva su libertad. 

“Confundir las instituciones con los hombres, querer santificar al Papa, por el mero hecho de ser Papa, es ponerse en peligro de caer en una ‘Papolatría’, muy ajena a la verdad revelada”. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, 'Sede Vacante', capítulo 1º.


•    “Un papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Este es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”. San Roberto Belarmino, De Romano Pontífice, II, 30; Opera Omnia, tomo 1, página 608, Vives, París, 1870.

•    “Este principio es de lo más cierto. El que no es cristiano no puede de ninguna manera ser Papa, como Cayetano lo dijo (ib. c. 26). La razón por esto es que no puede ser cabeza de lo que no es miembro; ahora quien no es cristiano no es miembro de la Iglesia, y quien se manifieste hereje no es un cristiano, como claramente se enseña por San Cipriano (lib. 4, epíst. 2), San Atanasio (Cont. arria.), San Agustín (lib. De great. Christ.), San Jerónimo (contra Lucifer), entre otros; por lo tanto, el hereje manifiesto no puede ser Papa”. San Roberto Belarmino, De Romano Pontífice, II, 30.

•    "Ahora, cuando él [el Papa] es explícitamente hereje, cae ipso facto de su dignidad y fuera de la Iglesia...". San Francisco de Sales, La Controversia Católica, Edición inglesa, pág. 305-306

•    “En el caso en que el Papa se convirtiera en un hereje, se encontraría, por ese solo hecho y sin ninguna otra sentencia, separado de la Iglesia. Una cabeza separada de un cuerpo no puede, siempre y cuando se mantenga separado, ser cabeza de la misma entidad de la que fue cortada. Por lo tanto, un Papa que se separara de la Iglesia por la herejía por ese mismo hecho en sí dejaría de ser la cabeza de la Iglesia. No puede ser un hereje y permanecer siendo Papa, porque, desde que está fuera de la Iglesia, no puede poseer las llaves de la Iglesia”. San Antonino,  Summa Theologica, citado en Actes de Vatican I. V.


6º Hechos deshonrosos de algunos Vicarios de Cristo –validos pero indignos-  en la Historia de la Iglesia.

Se necesita doctrina clara para no divinizar piadosamente a los hombres de Iglesia; tener fundamentos sólidos para no confundir las personas que integran la Iglesia con la Institución Divina.

La persona que ocupa el lugar del Romano Pontífice no es garantía, ni seguridad absoluta de santidad de vida, por la libertad propia de la naturaleza humana, para cotejar este aspecto con la historia de la Iglesia, sito los siguientes datos consignados en los libros aprobados por la Iglesia Católica.


•    Papa Sergio III. [Sergio de Túsculo, 904-911] “Sergio III era uno de aquellos hombres a quienes la pasión partidista ciega y enloquece… debía probablemente la tiara al poderío de esta familia, cuya casa frecuentaba más de lo debido, tanto que, siendo ya un cincuentón, se dejó prender, a lo que parece, en los lazos amorosos de Marozia, la cual apenas tendría veinte años. Fruto de estas sacrílegas relaciones sería un hijo que, andando el tiempo, se llamó Juan XI y que, ciertamente, tenía a Marozia por madre… confirmado este punto por el Liber Pontificalis, que, llegando a tratar de Juan XI, cifra toda su vida en estas últimas palabras: ‘JOHANNES NATIONE ROMANUS, EX PATRE SERGIO PAPA, SEDIT ANN. III, MENS. X’.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC,  tomo II, página 117.

•    Papa Juan XII. [Octaviano de Túsculo, 955-964] “Juan XII amaba la caza, que sus pensamientos eran de vanidad, que gustaba de las reuniones de mujeres más que las asambleas litúrgicas o eclesiásticas, que se complacía en las tumultuosas insolencias de los jóvenes y que en lascivia y audacia superaba a los paganos… Esto quiere decir, por lo menos, que en la vida de Juan XII se veía, más que al pontífice y sacerdote, al príncipe secular, poco diferente de los señores de aquella atormentada y turbulenta época.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 121.

•    Papa Benedicto IX. [Teophylactus, 1033-1045] “El cónsul Alberico, conde de Túsculo, a fuerza de dinero logro la tiara para su hijo Teofilacto, un joven apasionado y violento… sobrino de los dos Papas anteriores y se llamo Benedicto IX. Tal subida anticanónica no fue más que el comienzo del desgobierno y de la inmoralidad. No llevaron con paciencia los romanos las indignidades y crímenes de Benedicto IX (adulterios y asesinatos…) el año 1044 estalló una violenta insurrección que obligó al Papa a salir huyendo de la ciudad. Los romanos pusieron en el trono al obispo de Sabina Silvestre III, que reinó muy poco, porque a los cincuenta días regresó Benedicto IX, apoyado por las fuerzas militares de sus hermanos y se instaló de nuevo en Letrán. No sintiéndose seguro, Benedicto IX pensó en renunciar a la tiara. Es quimérica la noticia de Bonizón de Sutri de que el móvil de la renuncia fue la pretensión de casarse con una hija de su enemigo Gerardo de Sasso. La abdicación tuvo lugar en mayo de 1045 mediante un pacto con su padrino, el arcipreste Juan Graciano, que le ofreció una buena cantidad de dinero, no comprándole simoníacamente la dignidad pontificia, sino, como parece más probable, dándole con que pudiese vivir… De parte del buen Graciano, que se llamó Gregorio IV (1045-1046)”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 140.

•    Papa Bonifacio VIII. [Benedetto Gaetani, 1294-1303] “Entramos en una época tormentosa y trágica. El pontificado de Bonifacio VIII, que pudo ser la cumbre augusta del Medioevo, tuvo más bien el aspecto de un derrumbamiento, producido por súbito cataclismo… Por otra parte, los diezmos y tributos que le ofrecían los prelados y clérigos de su reino venían a colmar sus arcas de oro que ambicionaba… el día 2 de mayo de 1297, mientras una larga reata de mulas transportaban de Anagni a Roma una ingente cantidad de oro, plata y objetos preciosos pertenecientes al Papa y a su nepote Pedro Gaetani, y destinados a comprar tierras y castillos, una cuadrilla de gente armada, conducida por Esteban Colonna, salteó la caravana de acémilas, arrebatándoles los tesoros que llevaban, por valor de cerca de 200,000 florines según los Anales de Cesena… Amigo siempre de las ceremonias pomposas y simbólicas, el papa triunfador quiso significar su victoria total sobre los enemigos con un gesto de antiguo romano.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 562, 577, 583, 587 .

•    Papa Clemente VI. [Pierre Roger de Beautfort, 1342-1352]. “La corte de Avignon alcanzó su apogeo de esplendor. No había otra en Europa más faustosa, más amiga de fiestas, más banqueteadora, más abundante de plata y oro, y, por lo mismo, más concurrida. Poseemos muchos datos sobre la guardarropa del pontífice (en el vestuario personal de Clemente VI se emplearon hasta 1080 pieles de armiño), sobre los objetos de lujo y de arte, sobre las compras y gastos diarios, sobre los festejos, etc. Y con el Papa iban a porfía los cardenales, que atesoraban enormes riquezas. En una recepción que en 1343 ofreció al cardenal Aníbal de Ceccano se sirvieron a la mesa no menos de 27 platos substanciales, alternando con entremeses, e interrumpidos con danzas, conciertos y otros juegos, mientras artísticas fuentes, a caño abierto, derramaban los mejores vinos. Banquetes opíparos más que refinados. Celebrábanse solemnísimamente fiestas cuando venía a la corte algún príncipe o algún embajador… Un testigo ocular, Pedro Hérenthals, asegura que los clérigos pobres y suplicantes venidos a Avignon en Pentecostés de 1342 eran tantos, que los candidatos a otros tantos beneficios en toda la cristiandad se computaron en unos cien mil. Para poder atender a tantas peticiones, Clemente VI se reservó la colación de las abadías, prelaturas, canonjías, etc.; y como alguien le amonestase diciendo que en otros pontificados no se hacía tal cosa, él respondió: ‘Mis predecesores no supieron ser Papas’. Hallando que el enorme palacio edificado por Benedicto XII no era bastante espacioso y alegre, lo amplificó y lo decoró regiamente”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 103.

•    Papa Sixto IV. [Francesco della Rovere, 1471-1484]  ”El Papa veneciano, con su amor al fausto y al lujo, descuidó los intereses puramente religiosos y no advirtió la necesidad de renovar el colegio cardenalicio con figuras de alto espíritu eclesiástico. La curia entra en un plano inclinado, que ocasionará los grandes resbalones de Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, etc. porque esta segunda etapa de decadencia espiritual no se cerrará hasta la elección de Adriano VI. Bien dijo Egidio de Viterbo que la época iniciada por Sixto IV se preocupó del dinero más que del Dios verdadero, de los placeres carnales más que de los bienes eternales. No raras veces olvidaron los Papas que eran vicarios de Cristo… Desgraciadamente veremos cómo algunos Papas, por motivos de carne y sangre, no de razón y prudencia, levantaron a sus nepotes y familiares, concediéndoles honores indebidos y riquezas innecesarias, con escándalo de los fieles y grave daño del espíritu eclesiástico.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 401.

•    Papa Alejandro VI. [Roderic de Borja, 1492-1503] La virtud natural del amor a los hijos degeneró en Alejando VI, ya antes de su Pontificado, en debilidad imperdonable. No sólo quiso reconocerlos pública y legalmente, sino que se afanó por colocarlos, aún niños, en los más altos puestos y casarlos con personas del más distinguido linaje. Solo ateniéndonos al adagio: ‘filii preesbyterorum nepotes vocantur’ podemos hablar aquí de nepotismo, si bien es cierto que también favoreció a los sobrinos y a toda la parentela. Hasta 1493 no llamó a César Borja a Roma, y entonces para darle la púrpura cardenalicia; ya antes le había conferido el arzobispado de Valencia en el consistorio del 31 de agosto de 1492, en el cuál promovió a su sobrino Juan de Borja, arzobispo de Monreale, al cardenalato.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’,  BAC,  tomo III, página 435. 


Prolifera en nuestros días la doctrina que sostiene que la elección del Papa “a modo” conculcando el Código de Derecho Canónico, es “la solución absoluta a todos los males”, sentencia que contiene errores doctrinales, propia de espíritus ignorantes, o torpes o perversos; llamando enormemente la atención que los hombres de Iglesia que enarbolan mencionada sentencia, se revisten de santidad ficticia, humildad aparente, siendo más bien propio de la espantosa abominación en el lugar santo.


“Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores. Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la ‘inerrancia’ de la Iglesia, nosotros confesamos como dogma de nuestra fe católica (supuestas las cuatro condiciones que establece y aclara el Concilio Ecuménico Vaticano I), es personalmente ni impecable, ni infalible. En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4.









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