En la Iglesia parroquial se encuentra la unidad fundamental de la vida eclesiástica.


13 Oct
13Oct


Euntes in mundum universum praedicate Evangelium omni creaturae. Qui crediderit, et baptizatus fuerit, salvus erit: qui vero non crediderit, condemnabitur.

“Id por todo el mundo, y predica el Evangelio a toda criatura. El que creyere, y fuere bautizado, será salvo: mas el que no creyere, será condenado.” Evangelio de San Marcos XVI, 15.


Contenido.

1.    Figura jurídica y visibilidad de la Iglesia.

2.    En el párroco se hace visible y se garantiza la unidad de los fieles reunidos en una parroquia.

3.    El poder de jurisdicción sirve tanto a la seguridad del orden externo como a la protección de la unidad interior de la Iglesia.

4.    Los cristianos son en Cristo una unidad.

5.    El sacrificio significa la entrega al Padre nacida del amor.


1º Figura jurídica y visibilidad de la Iglesia.

“En cada obispo es visible la parte de la Iglesia por él encarnada, la diócesis, que es una Iglesia en pequeño. La totalidad de los obispos unidos con el Papa encarna la Iglesia total. San Ignacio llama por vez primera “Iglesia Católica” a la totalidad de las comunidades particulares (Carta a la Iglesia de Esmirna, 8, 2). La visibilidad de la Iglesia que el Obispo realiza, se manifiesta en otras comunidades parciales subordinadas, en las parroquias de que consta la diócesis. Las parroquias no son claramente atestiguadas en la Escritura, lo mismo que no lo es la separación del presbiterado a partir del episcopado. Después de una larga y variada evolución, finalmente, en el Concilio de Trento y últimamente en el Código de Derecho Canónico las parroquias han sido estatuidas, en virtud de los santos poderes para el santo orden concedido a la Iglesia y a sus autoridades superiores, como la unidad fundamental de la vida eclesiástica determinada por un territorio estrictamente delimitado. Esta vida no es otra que la vida “en Cristo”, cuyo Cuerpo es la Iglesia. En la parroquia los creyentes encuentran a Cristo. En ella los sale Cristo al paso y les ofrece, a ellos, habitantes de una determinada ciudad y de una calle determinada, en el aquí y el ahora de la vida diaria, inmediatamente, la fuente de agua viva que en ellos mismos salta hasta la vida eterna (Jo. 4, 10-14). La parroquia se resume y representa al párroco. En el y en sus servicios se manifiesta el “nosotros” de la comunidad parroquial. Su servicio es inseparable de la casa en que se reúne la comunidad, para ofrecer a Dios el sacrificio de alabanza, en la que es producida, en la pila bautismal, la nueva misa sobrenatural, y es predicada la palabra de Dios. La Iglesia parroquial es, por tanto, el centro del círculo santo que abarca la parroquia debido a su naturaleza de corporación territorial de derecho eclesiástico. Alrededor de ella se agrupan las casas, las viviendas de los cristianos. A ella pertenece todo el término. Por esta pertenencia a la Iglesia parroquial saben los creyentes dónde pueden hacer válidos sus derechos a los eternos bienes salvadores, donde realizan su comunidad de sacrificio con Cristo, dónde pueden o deben ejercer su sacerdocio regio (cfr. Noppel, Dei neue Pfarrei, 1939; Fr. X. Arnold, 1955). Especial fuerza simbólica tienen las procesiones, que salen de la Iglesia parroquial y recorren las calles y campos de la parroquia. El mundo que amenaza ser víctima de sí mismo y que lo es de hecho es tomado en ellas y llevado a casa; es llevado a aquello a que pertenece: a Dios.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §172 4, página 515.


2º En el párroco se hace visible y se garantiza la unidad de los fieles reunidos en una parroquia.

“En el párroco se hace visible y se garantiza la unidad de los fieles reunidos en una parroquia. Tampoco la parroquia es una mera estructura jurídica, cuyos miembros viven juntos por calles y números y pagan impuestos y contribuciones a la misma Iglesia, sino que es una comunidad de vida, cuya cabeza es el párroco. Participa de la paternidad espiritual del Obispo, en tanto que por la administración de sacramentos engendra la vida sobrenatural y en tonto que parte el pan de la doctrina y de la vida. Los miembros de la parroquia son hijos de ella, nacidos al modo sobrenatural de existir en la pila bautismal, que están alrededor del mismo altar, para recibir el pan preparado y ofrecido por el padre de la familia y en último término, ocultamente por Cristo mismo. En concreto la Iglesia en cuanto comunidad le sale al paso a cada uno en la parroquia y en el párroco. Mediante la incorporación a la parroquia está incorporado a la diócesis y a la totalidad de la Iglesia que abarca todas las diócesis. El apartamiento de la parroquia significa, también, por tanto, un impedimento y estorbo en la comunidad con la Iglesia total. En las cartas de San Pablo, en las de San Ignacio y en las de San Clemente a los Corintios oímos continuamente la amonestación a la unidad de la comunidad. La comunidad de Corinto, de Efeso, de Tralles, de Magnesia, etc. representa para el hombre la manifestación concreta de la Iglesia. Sólo quien tenga unión con esa comunidad concreta, tendrá comunidad con la Iglesia de Dios.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §173 c, página 555.


3º El poder de jurisdicción sirve tanto a la seguridad del orden externo como a la protección de la unidad interior de la Iglesia.

“Lejos de correr uno junto a otro y sin unión, constituyen una unidad viva, pues la tarea, poder y obligación de los portadores de jerarquía es engendrar continuamente la vida espiritual de la Iglesia, la fe, la esperanza y caridad, y, además de engendrarla, cuidarla de los peligros y llevarla a  la madurez. Cumplen esa tarea ejerciendo los poderes a ellos concedidos en la predicación de la palabra y administración de sacramentos. Sin su mano ordenadora la vida cultual caería en el caos. Sin su poder de orden se convertiría en un transcurso vacío. La unidad pneumática necesita, por tanto, asegurarse de la unidad jerárquica.  Por otra parte la unidad jerárquica recibe su sentido en el cuidado de la unidad pneumática. No se comprendería totalmente esta relación, si no se concediera también a los portadores de la jerarquía el poder pastoral o de jurisdicción que es poder legislativo y penal. Este poder fue fundado por Cristo mismo y tiene, por tanto, carácter divino, aunque su ejercicio esté unido con debilidades humanas. El poder de jurisdicción sirve tanto a la seguridad del orden externo como a la protección de la unidad interior de la Iglesia.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §173 C, página 556.


4º Los cristianos son en Cristo una unidad. 

 “Los bautizados forman una comunidad, en la que cada uno conserva su mismidad… Los cristianos son en Cristo una unidad ontológica-pneumática, pero esa comunidad de ser tiene que ser realizada en la personal disposición de ánimo de cada uno. La unión en el ser debe convertirse en comunidad de vida mediante la ordenación libre y responsable en la totalidad y con esfuerzos constantes. A los Filipenses, a quienes él lleva en su corazón como compañeros en la gracia, lo mismo en su presión, que en la defensa y fortalecimiento del Evangelio (1, 7), les dice San Pablo estas cordiales palabras: “Sólo os ruego que viváis de manera digna del Evangelio de Cristo, para que, sea que yo vaya y os vea, sea que me quede ausente, oiga de vosotros, que estáis firmes en un mismo espíritu, luchando a una por la fe del Evangelio, sin aterraros por nada ante vuestros enemigos, lo que es para ellos una señal de perdición, mas para vosotros señal de salud, y esto de parte de Dios. Porque os ha sido otorgado no sólo creer en Cristo, sino también padecer por El, sosteniendo el mismo combate que habéis visto en mí y ahora oís de mí… No hagáis nada por espíritu de competencia, nada por vanagloria; antes, llevados de la humildad, teneos unos a otros por superiores, no atendiendo cada uno a su propio interés sino al de los otros” (Filipenses 1, 27-2, 4)… La ordenación del individuo es distinta del ajustamiento de las partes en la masa. La masa surge por amontonamiento de partes, que no conservan ningún ser especial ni característica alguna. La comunidad, en cambio, ofrece al individuo la posibilidad de desarrollarse.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §173 4, página 556.



“Id por todo el mundo, y predica el Evangelio a toda criatura. El que creyere, y fuere bautizado, será salvo: mas el que no creyere, será condenado.” Evangelio de San Marcos XVI, 15.







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