Es necesario que el obispo no sea soberbio, ni iracundo, ni dado al vino, ni codicioso de torpes ganancias.


18 Oct
18Oct



Oportet enim episcopum sine crimene ese, sicut Dei dispensatorem: non superbum, non iracundum, no vinolentum, non percussorem, non turpis lucri cupidum.

“Es necesario que el Obispo sea sin crimen, como que es el ecónomo de Dios: no soberbio, ni iracundo, no dado al vino, no violento, no codicioso de torpes ganancias.” Epístola de San Pablo a Tito I, 7.


Nuestra devoción a la Santa Madre Iglesia, a la jerarquía eclesiástica nos mueve a piedad, reverencia y obediencia a los hombres de Iglesia constituidos en autoridad; la doctrina católica nos instruye teniendo las cosas en la verdad y la justicia, recordando que los hombres de Iglesia, sean simples sacerdotes, Señores Obispos, cardenales o el mismo Papa; conservan el libre albedrio, su voluntad para su mérito o demérito conforme al uso libre de su naturaleza humana. 

La miseria humana, afectada por el pecado original, muchas veces en los hombres constituidos en dignidades eclesiásticas han abusado de su autoridad con grave daño para la salud espiritual, de lo cuál Nuestro Señor Jesucristo sabe aprovechar para bien de los que aman a Dios: “Y sabemos también, que a los que aman a Dios, todas las cosas contribuyen al bien” Romanos 8, 28.

El eminente sacerdote jesuita y Doctor en Derecho Canónico, don Joaquín Sáenz y Arriaga, escribe categóricamente: 


•    “Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4.  

•    “Una cosa es la Iglesia y otra muy distinta los hombres que forman parte de la Iglesia… los hombres –cualquiera que sea su jerarquía- son, por naturaleza (a no ser que estén confirmados en gracia) frágiles, falibles, expuestos a caer en las mayores miserias, como nos lo enseña la Historia de la Iglesia.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, 'Sede Vacante', página 3.

•    “Confundir las instituciones con los hombres, querer santificar al Papa, por el mero hecho de ser Papa, es ponerse en peligro de caer en una ‘Papolatría’, muy ajena a la verdad revelada”. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, 'Sede Vacante', capítulo 1º.


Contenido.


1.    El Papa [Obispo] puede incurrir en el vicio de simonía, como cualquier otro hombre.

2.    El Obispo debe tener suma diligencia en sus seminarios de formación eclesiástica.

3.    El Obispo debe tener cuidado en la administración de las ordenes sagradas.

4.    El Obispo debe cuidar de la vida de oración de sus sacerdotes.

5.    El Obispo debe cuidar y hacer guardar con suma diligencia el sigilo sacramental.

6.    El Obispo debe cuidar que en su diócesis no se enseñen doctrinas contra la fe católica.

7.    El Obispo debe cuidar del Santísimo Sacramento.

8.    El Obispo que a su cargo tenga religiosas.


En el estado actual de la Iglesia Católica, con una apostasía casi general, una falsa misa instaurada por quienes dicen ser la autoridad eclesiástica, pero en sus hechos ni si quiera son católicos.

Con esmero y cuidado deben los señores Obispos obedecer en todas las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, apegarse en cuanto sea posible al Código de Derecho Canónico y a la Sagrada Teología.

Los Señores Obispos deben guardar el decoro eclesiástico conforme a su dignidad, respetando y venerando a sus hermanos en el episcopado, siendo padre y pastor con sus sacerdotes, buscando en todo la salvación eterna de las almas y la mayor gloria de Dios Nuestro Señor.

Son en verdad, escandalosos los pocos casos, por gracia de Dios, de Señores Obispos que acostumbran defenestrar a sus hermanos en el episcopado, que cada uno hace un gran esfuerzo por sostener la fe católica en los tiempos aciagos que vive la Esposa Inmaculada de Nuestro Divino Redentor.


1º El Papa [Obispo] puede incurrir en el vicio de simonía, como cualquier otro hombre.

El Obispo debe apacentar el rebaño que le fue encomendado con la sana doctrina de Jesucristo Nuestro Señor, debe instar a tiempo y a destiempo, apartar las malas doctrinas de su rebaño, conducir a sus hijos al amor de Dios Nuestro Señor.

La miseria humana corrompe lo más sagrado en la parte humana, por ello debe tener sumo cuidado de no caer en el lastimoso ejemplo del mercenario, que sólo ve la utilidad que puede explotar en su rebaño, viendo no almas sino medios para hacerse de emolumentos.

Olvida no pocas veces que son apacentadores del rebaño que Nuestro Señor Jesucristo alcanzo con su sangre, olvidan algunos, que no son los dueños ni de las almas, ni de las cosas materiales de que dispone la Iglesia a ellos encomendada.

En esta materia lo que se predica para el Romano Pontífice, se dice del Obispo en su diócesis:

  • “El Papa puede incurrir en el vicio de simonía, como cualquier otro hombre. Y, en realidad, el pecado que se comete es tanto más grave cuanto más alto es el puesto que ocupa el pecador. También es cierto que aunque sea el Papa el despensero mayor de los bienes de la Iglesia, éstos no le pertenecen como si en realidad fuera su dueño y poseedor. Por consiguiente, no dejaría de incurrir en vicio de simonía si recibiese el dinero procedente de rentas de iglesias particulares a cambio de algún bien espiritual. Y, de igual modo, podría cometer pecado de simonía recibiendo de algún laico dinero que nada tuviera que ver con los bienes de la Iglesia.” Santo Tomás de Aquino, Suma teológica II, II, C. 100, a. 2, r. 7.


2º El Obispo debe tener suma diligencia en sus seminarios de formación eclesiástica.

Los seminarios son la casa de formación científica, espiritual, mística y disciplinar de cada diócesis; según sea el modelo y aplicación de formación serán los futuros sacerdotes de la Iglesia Católica.

  • “Así como deben con toda diligencia cultivar la vocación divina y fortalecerla, así con no menor celo deben, a tiempo, separar y alejar a los que juzgaren desprovistos de las cualidades necesarias, y que se preveé, por lo tanto, que no han de ser aptos para desempeñar digna y decorosamente el ministerio sacerdotal… sin respetos humanos y sin aquella falsa compasión que sería una verdadera crueldad no sólo para la Iglesia, a quien se daría un ministro inepto o indigno, sino también para con el mismo joven, que, extraviado ese camino, se encontraría expuesto a ser piedra de escándalo para sí y para los demás, con peligro de eterna perdición.” SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 53, 20 de diciembre de 1935.

El seminario es un inmenso bien para la Iglesia cuando se cumple santamente su finalidad, por eso el Derecho Canónico, los sumos Pontífices encarnecen el cuidado pastoral de los seminarios.


Código de Derecho Canónico.

Canon 125 § 1. “Que todos los clérigos purifiquen frecuentemente la conciencia en el Sacramento de la Penitencia.”  

Canon 1367 “Procuren los Obispos que los alumnos de los Seminarios: 1º Recen todos los días en común las oraciones de la mañana y de la tarde, dediquen algún tiempo a la oración mental”. 

Canon 1371 “Deben ser expulsados del Seminario los díscolos, los incorregibles, los sediciosos, los que por sus costumbres y por su índole no sean considerados idóneos para el estado eclesiástico… pero sobre todo se expulsará al instante a quienes hayan delinquido contra la fe o las buenas costumbres.”  

Canon 1365 § 1. “Los seminaristas cursarán la filosofía racional con las materias afines siquiera durante dos años completos.” § 2. “El curso teológico debe durar por lo menos cuatro años completos, y, además de la teología dogmática y moral, ha de abarcar principalmente el estudio de la Sagrada Escritura, historia eclesiástica, derecho canónico, liturgia, elocuencia sagrada y canto eclesiástico.”


3º El Obispo debe tener cuidado en la administración de las ordenes sagradas.

Este tema que a primera vista resulta lógico, prudente, premisas propias del Pastor de Almas, por desgracia, algunos Obispos con la autoridad que Dios les ha conferido, atropellan, conculcan e ignoran las enseñanzas del Derecho Canónico y de la Santa Madre Iglesia, confiriendo las ordenes sagradas e incluso el episcopado a personas indignas, no aptas o idóneas; hablo de personas sin preparación, sin haber vivido en una casa de formación, de hombres unidos por el vínculo matrimonial, e incluso a quienes ni siquiera tienen las mínimas nociones para rezar el Breviarium Romanum, el cual es bajo pena de pecado mortal conforma al Derecho Canónico,  Canon 135.

Sorprende que estos señores Obispos, abusando de su dignidad y autoridad eclesiástica condenen y censuren a quienes les recuerdan sus sagradas obligaciones, pues por el hecho de ser hombres de Iglesia se consideran perfectos y santos, por ello el Padre Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, afirmo categóricamente: 

  • “Tenemos que reconocer que si anda mal el clero, si los seminarios se han convertido en focos de irreligiosidad y corrupción, se debe no tan sólo a los superiores de esos planteles, sino al descuido, a la condescendencia, a la manifiesta tolerancia [o intención perversa con aparente santidad encubierta en sus ocupaciones] de los Obispos, ya que uno de sus más sagrados deberes pastorales está en preparar, con la mayor prudencia, vigilancia y solidez posible a los futuros sacerdotes, que han de ser sus colaboradores jerárquicos, en su misión sublime de la gloria de Dios y la salvación de las almas. Y este descuido, este silencio, esta condescendencia, esta tolerancia, con que los prelados ven un punto tan importante y tan trascendente; esta pasividad ante los errores que se predican y se enseñan;  este silencio inexplicable de no hablar cuando deben hacerlo; ese impedir la defensa de la verdad; ese empeñarse en creer que su dignidad de obispos los hace “casi” infalibles e impecables, aunque sus injusticias, sus debilidades, sus secretas miserias les deberían provocar grandísimos remordimientos de conciencia, pensando en las cuentas que tienen que dar a Dios, según aquellas terribles palabras de la Escritura: ‘Pues los que ejercen potestad sobre otros serán juzgados con extremo rigor. Porque con los pequeños se usará de compasión; mas los grandes sufrirán grandes tormentos. Que no exceptuará Dios persona alguna, ni respetará la grandeza de nadie… si bien a los más grandes amenaza mayor suplicio’ Sap. VI, 6-8; toda esa autosuficiencia con que, por ser obispos, se sienten incapaces de equivocarse, de caer en falta contra la justicia y contra la caridad, contra la ley de Dios y la misma ley de los hombres, debería ser la preocupación constante de un gobierno eclesiástico que teme al Señor.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, capítulo II.

Lamentablemente en muchos casos los Obispos, con sus honrosas y ejemplares excepciones, se colocan por encima del Derecho Canónico, por encima del Magisterio de la Iglesia, difundiendo doctrinas novedosas sin fundamento teológico sustentable, descalificando a quien les procura la verdad teológica.

  • “Pero la responsabilidad siempre principal será la del Obispo, el cual, según la gravísima ley de la Iglesia, no debe conferir las sagradas órdenes a ninguno de cuya aptitud canónica no tenga certeza moral fundada en razones positivas; de lo contrario, no sólo peca gravísimamente, sino que se expone al peligro de tener parte en los pecados ajenos [CDC c. 973, 3] ; canon en que se percibe bien claramente el eco del aviso del Apóstol a Timoteo: “A nadie impongas de ligero las manos ni te hagas participe de pecados ajenos” [1 Tim. 5, 2]. “Imponer ligeramente las manos es (como explica nuestro predecesor San León Magno) conferir la dignidad sacerdotal, sin haberlos probado, a quienes no tienen ni la edad conveniente, ni el mérito de la obediencia, ni han sufrido los debidos exámenes, ni el rigor de la disciplina, y ser participe de pecados ajenos es hacerse tal el que ordena cual es el que no merecía ser ordenado” (Ep. 12: PL 54, 647), porque, como dice San Juan Crisóstomo, dirigiéndose al Obispo, “pagarás también tú la pena de sus pecados, así pasados como futuros, por haberle conferido la dignidad” (Hom. 16 in Tim: PG 62, 587)”. SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 56, 20 de diciembre de 1935.

  • “Ni se dejen apartar, tanto los Obispos como los superiores religiosos, de esta bien necesaria severidad por temor a que llegare a disminuir el número de sacerdotes de la diócesis o del Instituto. El Angélico Doctor santo Tomás se propuso ya esta dificultad, a la que responde así con su habitual sabiduría y lucidez: “Dios nunca abandona de tal manera a su Iglesia que no se hallen ministros idóneos suficientes para las necesidades de los fieles si se promueve a los que son dignos y se rechaza a los indignos” (Suppl. 36, 4 ad 1). Y en todo caso, como bien observa el mismo Santo Doctor, repitiendo casi a la letra las graves palabras del Concilio ecuménico IV Lateranense (Conc. Later. IV, ann. 1215, c. 22) “Si no se pudieran encontrar tantos ministros como hay ahora, mejor es que haya pocos buenos que muchos malos (Suppl. 136, 4 ad a)”… ¡Que terribles cuentas tendremos que dar, venerables hermanos, al Príncipe de los Pastores, al Obispo supremo de las almas, si las hemos encomendado a guías ineptos y a directores incapaces!”. SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 60, 20 de diciembre de 1935.

  • “Por lo demás, si guardan diligentemente todas las prescripciones canónicas, si todos se atienen a las prudentes normas que, pocos años ha, hicimos Nos promulgar por la Sagrada Congregación sobre esta materia (Instructio super scrutinio candidatorum instituendo antequam ad Ordines promoventur -1 de dic. 1930-: AAS 23) se ahorrarán muchas lágrimas a la Iglesia y al pueblo fiel mucho escándalo.” SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 58, 20 de diciembre de 1935.


Código de Derecho Canónico.

Canon 132  § 3. “El casado que sin licencia apostólica [La licencia Apostólica no la puede conferir el mismo que administra el sacramento] recibió las órdenes mayores, no puede ejercerlas, aunque hubiera procedido de buena fe.”

Canon 972 § 2. “Los que aspiran a las órdenes y viven legítimamente fuera del Seminario, deben ser confiados al cuidado de un sacerdote piadoso e idóneo, que vele por ellos y los forme en la piedad.”  

Canon 987 “Están simplemente impedidos [para recibir órdenes sagradas] 2º Los que están casados”. 

Canon 968 § 2. “A los que tienen irregularidad o algún impedimento, aunque hayan incurrido en él sin culpa suya después de su ordenación. Les está prohibido ejercer las órdenes recibidas.”  Los que están unidos con vinculo matrimonial, viviendo aún la esposa.

Canon 998 § 1. “Deben anunciarse públicamente en la Iglesia parroquial de cada uno de los candidatos los nombres de los que van a ser promovidos a cada una de las ordenes sagradas…” 

Canon 132. “Los clérigos ordenados de mayores no pueden contraer matrimonio y están obligados a guardar castidad, de tal manera que, si pecan contra ella, son también reos de sacrilegio.”



4º El Obispo debe cuidar de la vida de oración de sus sacerdotes.

El Señor Obispo como padre y pastor de almas, debe cuidar de sus hijos engendrados por la gracia del sacramento del orden sacerdotal, que crezcan, se robustezcan y den el fruto deseado por la Santa Madre Iglesia. 

Muy mal hacen los Obispos que abandonan a sus hijos en el sacerdocio, que les dan la espalda o se aburren porque no les obedecen o no les llevan los emolumentos deseados para los mercenarios, severísimas cuentas entregaran al soberano Pastor de las Almas.

  • “La corrupción de los mejores es la peor. Grande es la dignidad de los sacerdotes, pero grande es su caída si pecan; alegrémonos por su elevación, mas temamos por su caída; no es tan alegre el haber estado en alto, como triste el haber caído desde allí. Muy desgraciado, por lo tanto, el sacerdote que, olvidado de sí mismo, no se preocupa de la oración, rehúye el alimento de las lecturas piadosas, y jamás vuelve dentro de sí para escuchar la voz de la conciencia que le acusa.” SS. Papa San Pío X, ‘Haerent Animo’ No. 18, 4 de agosto de 1908.

  • “Si el sacerdote descuida su santificación, de ningún modo podrá ser la sal de la tierra, porque lo corrompido y contaminado en manera alguna puede servir para dar la salud, y allí, donde falta la santidad, inevitable es que entre la corrupción.” SS. San Pío X, ‘Haerent Animo’, 4 de agosto de 1908.

  • “Punto capital, en esto, es el designar cada día un tiempo determinado para la meditación de las cosas eternas. No hay sacerdote que, sin nota de grave negligencia y detrimento de su alma, pueda descuidar esto.” SS. San Pío X, ‘Haerent Animo’, 4 de agosto de 1908. 

  • Canon 127. “Los clérigos, una vez ordenados de sacerdotes, no deben abandonar los estudios, principalmente los sagrados; y en las disciplinas sagradas seguirán la doctrina sólida recibida de los antepasados y comúnmente aceptada por la Iglesia, evitando las profanas novedades de palabras y falsamente llamada ciencia.”

  • Canon 135. “Los clérigos ordenados de mayores, a excepción de aquellos de quienes habla en los cánones 213 y 214, están obligados a rezar íntegramente cada día las horas canónicas, según los libros litúrgicos propios y aprobados.”

  • Canon 125 § 1. “Que todos los clérigos purifiquen frecuentemente la conciencia en el Sacramento de la Penitencia.”      

  • Canon 129. “Los clérigos una vez ordenados de sacerdotes, no deben abandonar los estudios, principalmente los sagrados….”    

  • Canon 133. “Guárdense los clérigos de tener en su compañía o frecuentar de manera alguna el trato de mujeres sobre las que pueda recaer sospecha. Solamente les es lícito a los mismos habitar con aquellas mujeres respecto de las cuales el parentesco natural no permite sospechar mal, como son la madre, hermana, tía y otras semejantes, o con aquellas de las cuales aleja toda sospecha la reconocida honestidad de costumbres junto con la edad avanzada.” En este canon, es muy de lamentar, que algunos hombres de Iglesia tienen en su compañía, en su hogar domestico, a jóvenes, de quienes los mismos fieles sospechan de tratos de homosexualidad. Ave María.

  • Canon 125. “Que todos los clérigos purifiquen frecuentemente la conciencia en el Sacramento de la Penitencia; Que dediquen cada día algún tiempo a la oración mental, visiten al Santísimo Sacramento, recen el Santo Rosario a la Virgen Madre de Dios y hagan examen de conciencia.”


5º El Obispo debe cuidar y hacer guardar con suma diligencia el sigilo sacramental.

El descuido, la falta de preparación teológica, la perversidad en algunos casos y el abuso de autoridad, han generado lamentablemente el trafico de información obtenida por el sigilo sacramental, lo cual, está tipificado en el Derecho Canónico con suspensión a divinis.

Código de Derecho Canónico.

Canon 889 § 1. “El sigilo sacramental es inviolable; guárdese, pues, muy bien el confesor de descubrir en lo más mínimo al pecador ni de palabra, ni por algún signo, ni de cualquier otro modo y por ninguna causa.”

Canon 890 § 1.  “Le está prohibido en absoluto al confesor hacer uso, con gravamen del penitente, de los conocimientos adquiridos por la confesión, aunque no haya peligro alguno de revelación.”  § 2. “Ni los que son Superiores a la sazón ni los confesores que después fueren nombrados superiores pueden en manera alguna hacer uso, para el gobierno exterior, del conocimiento de los pecados que han adquirido en la confesión.”

Canon 2369  § 1. “El confesor que tuviere la osadía de quebrantar directamente el sigilo sacramental queda excomulgado con excomunión reservada de un modo especialísimo a la Sede Apostólica; y el que lo hace sólo indirectamente, está sujeto a las penas de que se trata en el canon 2368 § 1.”


6º El Obispo debe cuidar que en su diócesis no se enseñen doctrinas contra la fe católica.

Para apartar las doctrinas erróneas, primero debe conocerse las enseñanzas de Nuestro Divino Redentor, conforme al mandato expreso de predicar el Santo Evangelio: “Id por todo el mundo, y predica el Evangelio a toda criatura. El que creyere, y fuere bautizado, será salvo: mas el que no creyere, será condenado.” Evangelio de San Marcos XVI, 15.

Canon 469. “Vigile cuidadosamente el párroco para que no se enseñe en su parroquia ninguna cosa contra la fe y costumbres.”

“Ninguno puede predicarse a sí mismo; todos tienen que predicar a Cristo y del modo que les ha sido mandado.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 166.

Tener en alta estima la Doctrina de la Iglesia Católica, así como de cada uno de sus recomendaciones y mandatos contenidos en la Teología y en el Código de Derecho Canónico que no es sugerencia o sujeto a la voluntad de los hombres de Iglesia: 

“Todas y cada una de estas cosas, que hemos decretado con utilidad, a Nuestro parecer, queremos y mandamos que, tal cual las hemos decretado, sean valederas y firmes: sin que obste cualquier cosa en contra. Dado en Roma junto a San Pedro el día XV del mes de septiembre del año MCMXVII, cuarto de Nuestro Pontificado.” SS. Benedicto XV, Motu Propio sobre el Derecho Canónico.


“Promulgamos el presente Código, tal cual está ordenado, y decretamos y mandamos que en adelante tenga fuerza de ley en toda la Iglesia y lo encomendamos a vuestra custodia y vigilancia para que sea observado… A nadie, pues, le será lícito infringir u oponerse temerariamente a esta página de Nuestra Constitución, ordenación, limitación, supresión, derogación y voluntad de cualquier modo expresada. Si alguno tuviere la osadía de intentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios todopoderoso y de sus Santos Apóstoles Pedro y Pablo.”  Pedro Cardenal Gasparri, Secretario de Estado; Cardenal Cagiano de Azevedo, Cansiller de la S. I. R. Festividad de Pentecostés del año 1917.



7º El Obispo debe cuidar del Santísimo Sacramento.

Canon 822 § 1.  “1. La Misa debe celebrarse sobre ara consagrada y en iglesia u oratorio consagrado o bendecido a tenor del derecho”.     

Canon 823 § 2.  “A falta de altar del rito propio, puede el sacerdote celebrar según su rito en un altar consagrado de otro rito católico, PERO NO SOBRE LOS ANTIMENSIOS DE LOS GRIEGOS.”

Canon 1269 § 1. “La Sagrada Eucaristía debe guardarse en un sagrario inamovible colocado en medio del altar.”  

Canon 1271 “Ante el sagrario donde está reservado el Santísimo Sacramento debe arder continuamente, de día y de noche, por lo menos una lámpara, que se ha de alimentar de aceite de olivas o con cera de abejas; mas en los lugares donde no pueda conseguirse aceite de olivas, se autoriza al Ordinario local para que, según su prudencia, lo sustituya por otros aceites, a ser posible vegetales.” [Según opinan algunos autores, no se  excusa de pecado grave el encargado de atender la lámpara del Santísimo si la deja apagada un día entero o dos noches seguidas.]

En cuanto al Canon 1271 sobre la lámpara de aceite junto al Sagrario donde se reserva el Santísimo Sacramento, algunos pretenden ampararse en el AAS 34 [1942] 112, para utilizar de manera ordinaria lámparas eléctricas. Cito el comentario del Canon 1271: “En cuanto a la luz eléctrica para alumbrar el Santísimo, no quiere la Santa Sede que se emplee sino cuando no se pueda sin gran dificultad tener cera o aceite de olivas o de otra clase. En la guerra europea de 1914 a 1918 facultó la S. Congregación de Ritos a los Ordinarios locales para que pudieran permitir la luz eléctrica mientras subsistieran las circunstancias peculiares de escasez y elevado precio que hacían tan difícil la adquisición de aceites o cera para dicho alumbrado…” Es claro que se autoriza para una situación extraordinaria que hoy no se vive en México, pues, algún Obispo prefiere invertir en su vino diario para su alimento, que en el aceite vegetal para alimentar la lámpara del santísimo.

Canon 1275 “En todas las Iglesias parroquiales y demás donde habitualmente se reserva el Santísimo Sacramento, debe tenerse todos los años, con la mayor solemnidad posible, el ejercicio de las Cuarenta Horas en los días señalados…”  

Canon 813 § 1. “No celebre el sacerdote Misa sin ministro que le asista y le conteste.”  

Canon 1262 § 1. “Es de desear que, conforma a la disciplina antigua, las mujeres estén en la iglesia separadas de los hombres.”  



8.- El Obispo que a su cargo tenga religiosas.

Las religiosas que por gracia de Dios estén sometidas a los Señores Obispos, deben estos recordar que son esposas de Jesucristo Nuestro Señor, es de lamentar, que muchos hombres de Iglesia las utilizan como herramienta para pedir limosna, para todo lo referente a la limpieza y de su servicio, así como para ser una especie de mediadores en los casos que afecten los intereses de la autoridad eclesiástica, haciendo en la practica de las vocaciones religiosas todo, menos mujeres de oración, menos esposas de Cristo.

Canon 521 § 1. A cada comunidad de religiosas se le asignará un confesor extraordinario que por lo menos cuatro veces al año debe ir a la casa religiosa, y todas las religiosas han de acudir al confesionario al menos para recibir la absolución.” § 2. “Los ordinarios de los lugares donde haya comunidades de religiosas designarán algunos sacerdotes para cada casa, a las cuales puedan aquellas recurrir fácilmente para confesarse con ellos en casos particulares, sin que sea preciso acudir cada vez al ordinario del lugar.” § 3. “Si una religiosa pide alguno de esos confesores, a ninguna Superiora le es lícito, ni personalmente ni por medio de otros, directa ni indirectamente, indagar el motivo de esa petición, ni oponerse de palabra o de obra, ni por algún título manifestar desagrado.”  

Canon 524 § 3. “Los confesores de religiosas, tanto los ordinarios como los extraordinarios, en manera alguna deben inmiscuirse en el régimen interno o externo de la comunidad.” 

Canon 530 § 1. “Terminantemente se prohíbe a todos los Superiores religiosos inducir de cualquier modo a sus súbditos a que les den cuenta de su conciencia.”  



9º Los Obispos deben proteger a sus sacerdotes, jamás llevarlos a jueces laicos, como lo hacen los traidores.

Conozco el caso de un Obispo que predica de sí, ser muy humilde, monje y celosos por la gloria de Dios, quien en un acto de amor a Dios incurrió en excomunión al quebrantar los cánones siguientes.

Canon 2341 “Si alguien, en contra de lo que se prescribe en el canon 120, se atreviese a llevar ante un juez laical a un Cardenal de la Santa Iglesia Romana…. Finalmente, si se atreve a llevar, sin haber obtenido licencia del ordinario local, a otra persona que goce del privilegio del fuero, el clérigo incurre ipso facto en suspensión del oficio reservado al Ordinario, y el seglar debe ser castigado por su Ordinario propio con penas proporcionadas a la gravedad de la culpa.”

Canon 120 § 1. “Los clérigos deben ser emplazados ante el juez eclesiástico en todas las causas, tanto contenciosas como criminales, a no ser que se hubiera provisto legítimamente otra cosa para lugares particulares.”


“Es necesario que el Obispo sea sin crimen, como que es el ecónomo de Dios: no soberbio, ni iracundo, no dado al vino, no violento, no codicioso de torpes ganancias.” Epístola de San Pablo a Tito I, 7.







Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.