La necesidad no es motivo de conferir ordenes sagradas, ni dignidades eclesiásticas.


15 Oct
15Oct


“Et omnes camdem escam spiritalem manducaverunt, et omnes aumdem potum spiritalem biberunt: (bibebant autem de spiritali, consequente eos, petra: petra autem erat Christus). Sed non in pluribus eorum beneplacitum est Deo.”

“Y todos comieron una misma vianda espiritual. Y todos bebieron una misma bebida espiritual: (porque bebían de una piedra espiritual, que los iba siguiendo: y la piedra era Cristo). Mas de muchos de ellos Dios no se agradó” 1ª Epístola de San Pablo a los Corintios, X, 3.


Piadosamente algunas almas conciben que la sola recepción del sacramento es suficiente para la santificación del cristiano, el fruto es desigual por las disposiciones de la persona, de tal suerte que unido a la gracia del sacramento requiere la voluntad, disposiciones e idoneidad, lo cual constatamos en la sagrada comunión, muchos son los que comulgan, pero unos para su salvación eterna y otras para perdición de su alma:  “Recíbenlo los buenos y los malos; pero con desigual resultados, pues sirve a unos de vida y a otros de muerte. Es muerte para los malos, y vida para los buenos; mira como un mismo alimento produce efectos tan diversos.” Secuencia de la santa misa de Corpus Christi.

El sacerdocio católico que se confiere en la ordenación sacerdotal otorga gracias sobre abundantes para corresponder a la dignidad eclesiástica, pero es necesario la voluntad, la disposición e idoneidad del receptor para que de fruto del ciento por uno, dando como resultado que existen eclesiásticos santos, de pésima vida, mediocres.

No es suficiente la validez del sacramento, requiere la idoneidad de la persona, para asegurar la eficacia de la obra de Dios; no es suficiente ser sacerdote, señor Obispo o Papa; requiere la voluntad, la disposición e idoneidad del receptor: 

“Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores. Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la ‘inerrancia’ de la Iglesia, nosotros confesamos como dogma de nuestra fe católica (supuestas las cuatro condiciones que establece y aclara el Concilio Ecuménico Vaticano I), es personalmente ni impecable, ni infalible. En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4.


Contenido


1.    No es suficiente la buena intención.

2.    La necesidad no es motivo de conferir ordenes sagradas.

3.  La cátedra de San Pedro a sido ocupada por hombres santos, pero también por ineptos, incapaces, no idóneos para la dignidad de pastor Supremos de las almas.


1º No es suficiente la buena intención.

No todo es voluntarismo, buena intención, requiere las personas idóneas, la preparación eclesiástica y guiarse en todo por las enseñanzas, mandatos y doctrina de la Iglesia Católica.

•    La corrupción de los mejores es la peor. Grande es la dignidad de los sacerdotes, pero grande es su caída si pecan; alegrémonos por su elevación, mas temamos por su caída; no es tan alegre el haber estado en alto, como triste el haber caído desde allí. Muy desgraciado, por lo tanto, el sacerdote que, olvidado de sí mismo, no se preocupa de la oración, rehúye el alimento de las lecturas piadosas, y jamás vuelve dentro de sí para escuchar la voz de la conciencia que le acusa.” SS. Papa San Pío X, ‘Haerent Animo’ No. 18, 4 de agosto de 1908.

•    “Así como deben con toda diligencia cultivar la vocación divina y fortalecerla, así con no menor celo deben, a tiempo, separar y alejar a los que juzgaren desprovistos de las cualidades necesarias, y que se preveé, por lo tanto, que no han de ser aptos para desempeñar digna y decorosamente el ministerio sacerdotal… sin respetos humanos y sin aquella falsa compasión que sería una verdadera crueldad no sólo para la Iglesia, a quien se daría un ministro inepto o indigno, sino también para con el mismo joven, que, extraviado ese camino, se encontraría expuesto a ser piedra de escándalo para sí y para los demás, con peligro de eterna perdición.” SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 53, 20 de diciembre de 1935.

•    “Pero la responsabilidad siempre principal será la del Obispo, el cual, según la gravísima ley de la Iglesia, no debe conferir las sagradas órdenes a ninguno de cuya aptitud canónica no tenga certeza moral fundada en razones positivas; de lo contrario, no sólo peca gravísimamente, sino que se expone al peligro de tener parte en los pecados ajenos [CDC c. 973, 3] ; canon en que se percibe bien claramente el eco del aviso del Apóstol a Timoteo: “A nadie impongas de ligero las manos ni te hagas participe de pecados ajenos” [1 Tim. 5, 2]. “Imponer ligeramente las manos es (como explica nuestro predecesor San León Magno) conferir la dignidad sacerdotal, sin haberlos probado, a quienes no tienen ni la edad conveniente, ni el mérito de la obediencia, ni han sufrido los debidos exámenes, ni el rigor de la disciplina, y ser participe de pecados ajenos es hacerse tal el que ordena cual es el que no merecía ser ordenado” (Ep. 12: PL 54, 647), porque, como dice San Juan Crisóstomo, dirigiéndose al Obispo, “pagarás también tú la pena de sus pecados, así pasados como futuros, por haberle conferido la dignidad” (Hom. 16 in Tim: PG 62, 587)”. SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 56, 20 de diciembre de 1935.


2º La necesidad no es motivo de conferir ordenes sagradas.

Muchos errores se justifican “piadosamente” argumentando que los tiempos son malos, la necesidad de hombres de Iglesia, confiriendo la dignidad eclesiástica a personas no idóneas, convirtiéndose en una vergüenza y escándalo para la Iglesia Católica, con gran detrimento de la fe en el maltratado pueblo católico.

•    “Por lo demás, si guardan diligentemente todas las prescripciones canónicas, si todos se atienen a las prudentes normas que, pocos años ha, hicimos Nos promulgar por la Sagrada Congregación sobre esta materia (Instructio super scrutinio candidatorum instituendo antequam ad Ordines promoventur -1 de dic. 1930-: AAS 23) se ahorrarán muchas lágrimas a la Iglesia y al pueblo fiel mucho escándalo.” SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 58, 20 de diciembre de 1935.

•    “Ni se dejen apartar, tanto los Obispos como los superiores religiosos, de esta bien necesaria severidad por temor a que llegare a disminuir el número de sacerdotes de la diócesis o del Instituto. El Angélico Doctor santo Tomás se propuso ya esta dificultad, a la que responde así con su habitual sabiduría y lucidez: “Dios nunca abandona de tal manera a su Iglesia que no se hallen ministros idóneos suficientes para las necesidades de los fieles si se promueve a los que son dignos y se rechaza a los indignos” (Suppl. 36, 4 ad 1). Y en todo caso, como bien observa el mismo Santo Doctor, repitiendo casi a la letra las graves palabras del Concilio ecuménico IV Lateranense (Conc. Later. IV, ann. 1215, c. 22) “Si no se pudieran encontrar tantos ministros como hay ahora, mejor es que haya pocos buenos que muchos malos (Suppl. 136, 4 ad a)”… ¡Que terribles cuentas tendremos que dar, venerables hermanos, al Príncipe de los Pastores, al Obispo supremo de las almas, si las hemos encomendado a guías ineptos y a directores incapaces!”. SS. Papa Pío XI, ‘Ad Catholici Sacerdotii’,  No. 60, 20 de diciembre de 1935.


3º La cátedra de San Pedro a sido ocupada por hombres santos, pero también por ineptos, incapaces, no idóneos para la dignidad de pastor Supremos de las almas.

Almas ingenuas, torpes o con malévola intención, sostienen que el Papa, por el hecho de ser el Papa es santo, que ha de corresponder a tan altísima dignidad de Vicario de Cristo, por ello tan acertadamente el padre y doctor en Derecho Canónico, Joaquín Sáenz y Arriaga, en su libro: ‘Sede Vacante’, afirma categóricamente: “Confundir las instituciones con los hombres, querer santificar al Papa, por el mero hecho de ser Papa, es ponerse en peligro de caer en una ‘Papolatría’, muy ajena a la verdad revelada”. Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, 'Sede Vacante', página 20.

El estado de necesidad no es motivo para conculcar el Código de Derecho Canónico, buscar elecciones “a modo”, con grave prejuicio para la Santa Iglesia Católica.

La Historia de la Iglesia enseña casos escandalosos de Papas validos, pero indignos, no idóneos ni aptos para tan altísima dignidad, siendo hoy páginas trágicas de la Iglesia en manos de ministros indignos colocados solo por la industria humana, o “piadosamente” o torpemente o con malicia en la cátedra de San Pedro. 

•    Papa Sergio III. [Sergio de Túsculo, 904-911] “Sergio III era uno de aquellos hombres a quienes la pasión partidista ciega y enloquece… debía probablemente la tiara al poderío de esta familia, cuya casa frecuentaba más de lo debido, tanto que, siendo ya un cincuentón, se dejó prender, a lo que parece, en los lazos amorosos de Marozia, la cual apenas tendría veinte años. Fruto de estas sacrílegas relaciones sería un hijo que, andando el tiempo, se llamó Juan XI y que, ciertamente, tenía a Marozia por madre… confirmado este punto por el Liber Pontificalis, que, llegando a tratar de Juan XI, cifra toda su vida en estas últimas palabras: ‘JOHANNES NATIONE ROMANUS, EX PATRE SERGIO PAPA, SEDIT ANN. III, MENS. X’.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC,  tomo II, página 117.

•    Papa Juan XII. [Octaviano de Túsculo, 955-964] “Juan XII amaba la caza, que sus pensamientos eran de vanidad, que gustaba de las reuniones de mujeres más que las asambleas litúrgicas o eclesiásticas, que se complacía en las tumultuosas insolencias de los jóvenes y que en lascivia y audacia superaba a los paganos… Esto quiere decir, por lo menos, que en la vida de Juan XII se veía, más que al pontífice y sacerdote, al príncipe secular, poco diferente de los señores de aquella atormentada y turbulenta época.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 121.

•    Papa Benedicto IX. [Teophylactus, 1033-1045] “El cónsul Alberico, conde de Túsculo, a fuerza de dinero logro la tiara para su hijo Teofilacto, un joven apasionado y violento… sobrino de los dos Papas anteriores y se llamo Benedicto IX. Tal subida anticanónica no fue más que el comienzo del desgobierno y de la inmoralidad. No llevaron con paciencia los romanos las indignidades y crímenes de Benedicto IX (adulterios y asesinatos…) el año 1044 estalló una violenta insurrección que obligó al Papa a salir huyendo de la ciudad. Los romanos pusieron en el trono al obispo de Sabina Silvestre III, que reinó muy poco, porque a los cincuenta días regresó Benedicto IX, apoyado por las fuerzas militares de sus hermanos y se instaló de nuevo en Letrán. No sintiéndose seguro, Benedicto IX pensó en renunciar a la tiara. Es quimérica la noticia de Bonizón de Sutri de que el móvil de la renuncia fue la pretensión de casarse con una hija de su enemigo Gerardo de Sasso. La abdicación tuvo lugar en mayo de 1045 mediante un pacto con su padrino, el arcipreste Juan Graciano, que le ofreció una buena cantidad de dinero, no comprándole simoníacamente la dignidad pontificia, sino, como parece más probable, dándole con que pudiese vivir… De parte del buen Graciano, que se llamó Gregorio IV (1045-1046)”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 140.

•    Papa Bonifacio VIII. [Benedetto Gaetani, 1294-1303] “Entramos en una época tormentosa y trágica. El pontificado de Bonifacio VIII, que pudo ser la cumbre augusta del Medioevo, tuvo más bien el aspecto de un derrumbamiento, producido por súbito cataclismo… Por otra parte, los diezmos y tributos que le ofrecían los prelados y clérigos de su reino venían a colmar sus arcas de oro que ambicionaba… el día 2 de mayo de 1297, mientras una larga reata de mulas transportaban de Anagni a Roma una ingente cantidad de oro, plata y objetos preciosos pertenecientes al Papa y a su nepote Pedro Gaetani, y destinados a comprar tierras y castillos, una cuadrilla de gente armada, conducida por Esteban Colonna, salteó la caravana de acémilas, arrebatándoles los tesoros que llevaban, por valor de cerca de 200,000 florines según los Anales de Cesena… Amigo siempre de las ceremonias pomposas y simbólicas, el papa triunfador quiso significar su victoria total sobre los enemigos con un gesto de antiguo romano. La ciudad de Palestrina, construida en un lugar enriscado, sobre templos y palacios que guardaban el recuerdo de Julio Cesar, fue arrasado casi completamente, dejando intacta la catedral. Hizo el Papa que un arado trazase unos surcos de extremo a extremo de la ciudad, y los sembró de sal, símbolo de la esterilidad… Ante tal espectáculo de venganza, los Colonna, confinados en Tívoli, temieron por sus vidas, y juraron vengarse también ellos ”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 562, 577, 583, 587 .

•    Papa Clemente VI. [Pierre Roger de Beautfort, 1342-1352]. “La corte de Avignon alcanzó su apogeo de esplendor. No había otra en Europa más faustosa, más amiga de fiestas, más banqueteadora, más abundante de plata y oro, y, por lo mismo, más concurrida. Poseemos muchos datos sobre la guardarropa del pontífice (en el vestuario personal de Clemente VI se emplearon hasta 1080 pieles de armiño), sobre los objetos de lujo y de arte, sobre las compras y gastos diarios, sobre los festejos, etc. Y con el Papa iban a porfía los cardenales, que atesoraban enormes riquezas. En una recepción que en 1343 ofreció al cardenal Aníbal de Ceccano se sirvieron a la mesa no menos de 27 platos substanciales, alternando con entremeses, e interrumpidos con danzas, conciertos y otros juegos, mientras artísticas fuentes, a caño abierto, derramaban los mejores vinos. Banquetes opíparos más que refinados. Celebrábanse solemnísimamente fiestas cuando venía a la corte algún príncipe o algún embajador… Un testigo ocular, Pedro Hérenthals, asegura que los clérigos pobres y suplicantes venidos a Avignon en Pentecostés de 1342 eran tantos, que los candidatos a otros tantos beneficios en toda la cristiandad se computaron en unos cien mil. Para poder atender a tantas peticiones, Clemente VI se reservó la colación de las abadías, prelaturas, canonjías, etc.; y como alguien le amonestase diciendo que en otros pontificados no se hacía tal cosa, él respondió: ‘Mis predecesores no supieron ser Papas’. Hallando que el enorme palacio edificado por Benedicto XII no era bastante espacioso y alegre, lo amplificó y lo decoró regiamente”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 103.

•    Papa Sixto IV. [Francesco della Rovere, 1471-1484]  ”El Papa veneciano, con su amor al fausto y al lujo, descuidó los intereses puramente religiosos y no advirtió la necesidad de renovar el colegio cardenalicio con figuras de alto espíritu eclesiástico. La curia entra en un plano inclinado, que ocasionará los grandes resbalones de Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, etc. porque esta segunda etapa de decadencia espiritual no se cerrará hasta la elección de Adriano VI. Bien dijo Egidio de Viterbo que la época iniciada por Sixto IV se preocupó del dinero más que del Dios verdadero, de los placeres carnales más que de los bienes eternales. No raras veces olvidaron los Papas que eran vicarios de Cristo… Desgraciadamente veremos cómo algunos Papas, por motivos de carne y sangre, no de razón y prudencia, levantaron a sus nepotes y familiares, concediéndoles honores indebidos y riquezas innecesarias, con escándalo de los fieles y grave daño del espíritu eclesiástico.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 401.

•    Papa Alejandro VI. [Roderic de Borja, 1492-1503] “La virtud natural del amor a los hijos degeneró en Alejando VI, ya antes de su Pontificado, en debilidad imperdonable. No sólo quiso reconocerlos pública y legalmente, sino que se afanó por colocarlos, aún niños, en los más altos puestos y casarlos con personas del más distinguido linaje. Solo ateniéndonos al adagio: ‘filii preesbyterorum nepotes vocantur’ podemos hablar aquí de nepotismo, si bien es cierto que también favoreció a los sobrinos y a toda la parentela. Hasta 1493 no llamó a César Borja a Roma, y entonces para darle la púrpura cardenalicia; ya antes le había conferido el arzobispado de Valencia en el consistorio del 31 de agosto de 1492, en el cuál promovió a su sobrino Juan de Borja, arzobispo de Monreale, al cardenalato.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’,  BAC,  tomo III, página 435.


“El que es fiel en lo menor, también lo es en lo mayor: y el que es injusto en lo poco, también es injusto en lo mucho” Evangelio de San Lucas XVI, 10. 

El que no es fiel en lo poco, difícilmente será fiel en lo mucho, quién conculca el Derecho Canónico, quien tiene un mal y escandaloso gobierno en una pequeña Iglesia, hará lo mismo al frente de una diócesis o en la Cátedra de San Pedro, porque los lugares deben estar ocupados por personas idóneas. 

Una manera eficiente para destruir la parte humana de la Iglesia, es colocar a los indignos [no aptos] en puestos de mando de la jerarquía eclesiástica, y para evitar que recaigan sobre los autores la sospecha de su responsabilidad se deslindan con el estado de necesidad, con argumentos piadosos u otros subterfugios desde donde aparentan hasta virtud, santidad y amor por la Iglesia. 

"Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aun más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la medula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre." SS Papa San Pío X, Encíclica: 'Pascendi Dominici Gregis' No. 1, 8 de septiembre de 1907.















Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.