¿La Sede Pontificia puede subsistir temporalmente sin Papa?


23 Jan
23Jan

                                                                                   


                   

"Desde la muerte de Pío XII, no hay papa: Este hecho no es incompatible con la noción de “visibilidad” de la Iglesia, pues la Sede Pontificia y la iglesia Católica pueden subsistir temporalmente sin papa. La Iglesia visible es unas veces dotada de papa, otras veces privada de papa. La vacancia de la Sede Apostólica es un fenómeno totalmente normal, y que ha tenido lugar más de 250 veces en la historia de la Iglesia. A cada muerte de papa, la Sede Apostólica permanece vacante durante algunos meses, y hasta durante algunos años. Si la vacancia de la Sede Apostólica fuera contraria a la visibilidad de la Iglesia, ¡ésta hubiera desaparecido y resucitado más de 250 veces desde su fundación! ¿Quién podría sostener parecido absurdo?                  

La Iglesia Católica y la Sede Apostólica son personas morales (canon 100). Una persona moral de derecho eclesiástico es de naturaleza perpetua (canon 102). Siendo de naturaleza perpetua, la Iglesia Católica no puede desaparecer, aunque fuera privada de papa.                   

“Se demorara muchos meses o muchos años sin elegir un nuevo papa, o se elevaran antipapas, como ha ocurrido algunas veces, el intervalo no destruiría la sucesión, porque mientras tanto el clero y el cuerpo de los obispos subsiste siempre en la Iglesia con la intención de dar un sucesor al papa difunto tan pronto como las circunstancias lo permitan” (padre Barbier: Los tesoros de Cornelius a Lapide..., París, 1856, t. 1, p. 724-725).                   

San Pío X previó la eventualidad de una vacancia de la Sede, y la ha previsto tan bien que ha dado un reglamento completo para regir esta situación (constitución Vacante Sede Apostólica, diciembre 25 de 1904). Por añadidura, también ha creado un canon expreso para esta circunstancia. “Estando vacante la Sede Apostólica, el sacro colegio de cardenales y la curia romana no tienen otro poder más que el definido en la constitución Vacante Sede Apostólica de diciembre 25 de 1904 de Pío X” (canon 241).                   

¡Este santo pontífice ha previsto aun que la Sede Apostólica pueda ser ocupada por un usurpador! He aquí lo que ha decretado a este respecto: “Cuando un oficio (eclesiástico) está vacante de derecho aunque ilegítimamente ocupado, puede ser conferido a otro, desde el momento que, según el uso de los santos cánones, su ocupación es declarada ilegítima; y se debe hacer mención de esta declaración en el acto de la nominación” (canon 151).                   

¡Otro santo papa que se preocupó de la vacancia de la Sede Apostólica: San Pío V! Este papa, también estima que no es para nada imposible que la Sede resulte un día vacante. Él también ha reglado esta eventualidad, no en el plano administrativo, sino litúrgico. En el misal de altar, figuran al comienzo las introducciones sobre cómo se ha de celebrar la misa. Está bien precisado - ¿qué decimos? ¡ORDENADO! – que en caso de vacancia de la Sede Apostólica, el celebrante debe omitir la mención del papa en el canon de la misa (“Una cum famulo tuo papa nostro N.”). “Allí donde dice “en unión con vuestro servidor nuestro papa N.”, se expresa el nombre del papa; por otra parte, cuando la Sede Apostólica está vacante, las palabras precitadas son omitidas” (San Pío  V: Missale Romanum; “Ritus servandus in celebratione Missae”, C. 7, § 2). El padre debe retomar el texto a partir de “y todos los ortodoxos”. [San Pío V prescribe rezar así: Te igitur, clementissime Pater, Per Jesum Christum, Filium tuum, Dominum nostrum, supplices rogamos, ac petimus, uti acepta habeas et benedicas, haec † dona, haec † munera, haec † sancya sacrificia illibata. In primis, quae tibi offerimus pro Ecclesia tua sancta católica: Quam pacificare, custodire, adunare et regere digneris Toto orbe terrarum: et ómnibus orthodoxis, atque catholicae et apostolicae fidei custoribus. Memento, domine... etc.]               

El célebre liturgista Dom Prosper Guéranger (Explicación de las plegarias y las ceremonias de la misa, reedición Bruselas 1986, p- 106) comenta: “Si la Santa Sede estuviera vacante, esta mención sería omitida”                

El mismo autor tiene palabras consoladoras para los cristianos que viven en período de vacancia de la Santa Sede: “Que un Decius produzca por sus violencias una vacancia de cuatro años en la Sede de Roma, que se eleven antipapas sostenidos los unos por el favor popular, los otros por la política de los príncipes, que un largo cisma haga dudosa la legitimidad de muchos pontífices, el Espíritu Santo dejará correr la prueba, fortificará, mientras ella dure, la fe de sus fieles; en fin, en el momento señalado, producirá su elegido, y toda la Iglesia lo recibirá con aclamación” (Dom Guéranger: El año litúrgico, miércoles de Pentecostés).                   

Lucius Lector (El cónclave, París s.d. publicado bajo León XIII) escribió no menos de 784 páginas sobre las leyes y ceremonias que rigen los cónclaves y la vacancia de la Sede Apostólica. V. Martín escribió un libro sobre la vacancia (Les cardinaux et la curie. Tribunaux et offices, la vacance du Sede apostolique, París 1930). Charles Pichon publicó Le pape, le conclave, l’election et les cardinaux (París 1955). ¡Si estos libros han sido escritos, es una prueba que la existencia de una vacancia de la Santa Sede es teológicamente posible!                   

La vida de la Iglesia visible continúa, aun mientras está privad de papa. Ha habido aún consagración de obispos durante la vacancia de la Sede Apostólica.                   

Y el papa Pulo IV precisa que esta vacancia puede durar mucho tiempo. Si un usurpador fuera elegido ilegítimamente, la Sede estaría vacante, “y cualquiera que fuera la duración de esta situación” (Cum ex apostolatus, § 6).                   

Que la privación de papa dure años, aún decenios, es seguramente deplorable, pero de ninguna manera imposible. Vacancia (25 de octubre de 304 – 27 de mayo de 308) entre San Marcelino y San Marcelo I: tres años y siete meses. Vacancia (29 de noviembre de 1268 – 1 de septiembre de 1271) entre Clemente IV y San Gregorio X: dos años y nueve meses. Vacancia (1 de abril de 1292 – 5 de julio de 1294) entre Nicolás IV y San Celestino V: dos años y nueve meses. Papas dudosos (luego nulos) durante el gran cisma de Occidente (1378 – 1417): treinta y nueve años (si se agrega todavía la línea cismática de los antipapas del conciliábulo de Basilea, ¡se arriba a setenta años!).                   


Conclusión                                                                                                                    

En virtud de los cánones 100 y 102, la Iglesia subsiste perpetuamente. En caso de vacancia de la Santa Sede, ella es regida por el canon 241. La vacancia de la Sede Apostólica es un fenómeno ciertamente doloroso, pero de ninguna manera incompatible con la noción de “visibilidad” de la Iglesia.                  

La visibilidad de la Iglesia comporta cuatro notas características, que serán bosquejadas en el próximo capítulo.                   

RESUMIDO: la vacancia de la cátedra de Pedro está prevista por la legislación eclesiástica. Ella no interrumpe la vida de la Iglesia. No es incompatible con la noción de “visibilidad” de la Iglesia católica."




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