La Sinagoga continua destruyendo la Iglesia remanente.


21 Feb
21Feb



"El diablo dispone de muchos representantes terrenos. Los escribas y los fariseos y todos los engañados por ellos tienen que rechazar a Jesucristo porque son hijos del diablo (Juan 7, 20)." Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, §124, página 281.



La Iglesia Católica es combatida permanentemente por el reino de Satanás, para realizar sus planes maléficos con mayor astucia, han minado la moral, entretenido el intelecto en cuestiones intrascendentes: "Las masas deben permanecer inactivas y atontadas, y es imprescindible que no se den cuenta de lo que estamos tramando." Protocolos de los sabios de Sion, No. XIII.

 

Transcribo una parte interesante de la revista "Chiesa viva", No. 274, de las páginas 9 al 14, donde trata sucintamente sobre la acción destructora del grado 32 rosacruz sobre la Iglesia Católica.




El ritual del 32° grado es muy complejo, pero las geniales y brillantes consideraciones hechas por el jesuita y Arzobispo de Port Louis, mons. León Meurin en su libro: “Francmasonería sinagoga de Satanás”, nos facilitará una síntesis de la parte más importante del ritual que nos ocupa.

De este grado, Meurin dice:

«El 32° es el grado
 hebreo por excelencia. En lugar de Prín
cipe del Real Secreto 
debería llamarse:
Príncipe del Exilio,
 porque este grado es
 el contenido del Salmo 136: “En las riberas de los ríos de Babilonia, nos sentábamos, y llorábamos recordando a Sión. En los sauces colgábamos nuestros instrumentos de música (...) ¡si yo me olvidara de tí, oh Jerusalén, que se me paralice la mano derecha. Que se me pegue la lengua al paladar, si no me acordara de tí! (...)” ¡Dolor, odio y rabia!» (L. Meurin, op. cit., pp. 372-373).

Meurin sigue diciendo que a partir de las desgracias nacionales judaicas fueron acuñados estos tres Lemas:

  • el Exilio de Babilonia, del cual el primer Lema: “Salix” (los sauces en los que fueron colgados los “instrumentos de música”);


  • el incendio del Templo, bajo el emperador romano Tito, el nueve del mes, por lo cual el segundo Lema: “Noni” (nueve);


  • el dolor por estas dos desgracias, del cual el tercer Lema: “TENGU” que significa “aflijámonos”, que el Candidato masón debe pronunciar.


Emblema heráldica del 32º grado R.E.A.A. en el que aparece el "monstruo filosófico" del águila con dos cabezas símbolo del Hombre celeste de la Cábala hebrea.

                                                                                                                               

    

Por tanto, la idea clave del 32° grado es el “Campo de los Príncipes”, o mejor dicho el “Campamento de los Príncipes del Exilio”, entendido como la expresión de la formación militar de un ejército organizado en marcha hacia la Tierra Prometida para reconquistarla y reconstruir el Templo de Jerusalén.

Trasladado en clave masónica y moderna, estas palabras significan: la formación de un ejército organizado en marcha hacia la creación de un Gobierno Mundial Judaico y para la reconstrucción del Templo de Salomón, o mejor dicho de una “Nueva Torre de Babel”, realizada con la unión de todas las religiones y de todos los Estados  y multirraciales, pero sobre todo con la necesaria destrucción de la Iglesia de Cristo como Iglesia “Institución” es decir con la creación de una nueva y evanescente “iglesia de los pobres y de la gente simple”, la iglesia soñada por Benedicto XVI y por Francisco “Obispo de Roma”.

Meurin comienza planteándose el problema de la perennidad de un gobierno único en la dispersión de los Israelitas y 

«... cita al abate Chabauty: “Es históricamente incontestable que desde su dispersión hasta el siglo XI, los Israelitas han tenido un centro visible y conocido de unidad y dirección”.

Teodoro Reinach lo afirma en la “Historia de los Israelitas”. Después de la ruina de Jerusalén, este centro se encontró por largo tiempo ora en Japhné ora en Tiberíades; estaba representado por los Patriarcas de Judea que gozaban de gran autoridad. “Ellos decidían los casos de conciencia y los asuntos importantes de la nación; dirigían la Sinagoga como jefes supremos; establecían los impuestos, tenían oficiales, llamados apóstoles, que llevaban sus órdenes a los Israelitas de las provincias más remotas y cobraban el tributo. Sus riquezas se volvieron inmensas. (...) Ellos desaparecieron bajo Teodoro. Por encima de estos Patriarcas de Judea estaban los Príncipes de la Esclavitud, o Príncipes del Exilio, que residieron por largo tiempo en Babilonia. Los escritores israelitas establecían una gran diferencia entre los Patriarcas de Judea y los Príncipes del Exilio. Los primeros no eran sino lugar tenientes de los segundos. Los Príncipes del Exilio tenían la cualidad y la autoridad absoluta de los Jefes supremos de toda la dispersión de Israel. Según la tradición de los doctores, habrían sido instituidos para ocupar el puesto de los antiguos reyes, y tenían el derecho de ejercer su imperio sobre los Israelitas de todos los países del mundo» (L. Meurin, op. cit., pp. 373-374).

Meurin continúa:

«Los Califas de Oriente, espantados de su poderío, suscitaron terribles persecuciones y, a partir del siglo XI, la historia echó en el olvido estos Jefes de Israel. Desaparecieron completamente, ¿o mudaron a otro sitio su poderío? (...). El abate Chabauty brinda la evidencia de que en Constantinopla residía su Jefe Supremo, no solamente religioso, sino también político. “Allí estaba la cabeza de la nación”. Este Príncipe de Constantinopla era el sucesor de los Príncipes del Exilio de Babilonia. Él se encontraba allí, en el centro de la dispersión, y gozaba de plena autoridad “él comandaba como dueño y señor y era puntualmente obedecido”» (L. Meurin, op. cit., p. 374).

Meurin entra luego en el contenido del ritual del 32° grado:

«No nos maravillemos, entonces, de que a la cabeza de esta institución judaica que se llama Masonería, entremos al Príncipe del Exilio, oculto bajo el nombre de Príncipe del Real Secreto, con el epíteto: “Fidelísimo Custodio del Tesoro Sacro”» (L. Meurin, op. cit., p. 374).

Y sigue diciendo:

«Que todos se persuadan bien de que la Sociedad secreta de la Francmasonería es el plan de guerra más oculto y más ajustado de la Sinagoga decaída, teniendo como finalidad subyugar a todas las naciones de la tierra en provecho de la estirpe elegida de los Israelitas. Quien da su nombre a esa sociedad coopera a la Gran Obra de los Israelitas en colocar el Kether-Malkuth (Diade- ma Real o Corona Real) del mundo en la frente del hebreo» (L. Meurin, op. cit., p. 374).

Meurin continúa:

«¿Por qué el Maestro del 32° grado toma el título de Soberano de los Soberanos?(...) ¿Por qué este Soberano de los Soberanos se llama Gran Príncipe, sino porque el verdadero Príncipe del Exilio debe ocultarse bajo el traje real y el cetro de los Hermanos del 32° grado? ¿Por qué lleva el título de Ilustre Comendador en jefe, sino porque el Príncipe del Exilio debe estar a la cabeza de la Supremacía ejecutiva de la Orden?» (L. Meurin, op. cit., pp. 374-375).

Meurin dice luego que el “toque” masónico del 32° grado “no es otro que la unión de los Templarios de todos los países para conquistar el mundo entero bajo la dirección suprema de los Hebreos”. Y prosigue:

«He aquí las Palabras - Pase (las consignas o el santo y seña). Uno dice: “Phagal-Khol” (= Él ha aniquilado todo); el otro responde: “Nekam-Mak-kah” (= ¡Venganza! ¡Masacre!); y juntos dicen: “Schaddaï” (= el Omnipotente).
 Estas palabras expresan bien la idea: “¡Beato el que tome y estrelle tus hijos contra la piedra!”» (L. Meurin, op. cit., p. 375).

Meurin habla luego de la “Corona” del mundo que la Masonería pone en la frente del hebreo, representándolo con el símbolo del Águila de dos cabezas que aparece en el emblema heráldico del 32° grado:

«Nos hemos preguntado por qué las dos cabezas de águila no están coronadas en este grado, que corresponde a la Séfira “Corona” (...) La razón parece ser que la corona no está llamada a unir los dos poderes, el temporal y el espiritual, sino en el 33° grado; el 32° representa sólo el poder temporal» (L. Meurin, op. cit., p. 375).


Emblema heráldica del 30º grado R.E.A.A. cuyo ritual glorifica la adoración de Lucifer, el homicidio ritual, el desprecio por la Iglesia de Cristo, el odio a Dios y la guerra contra Dios.                                                                                                                           

    

El secreto de la Corona es revelado al masón del 32° grado, haciendo uso de la Cruz Templaria que en este grado es usada como decoración en el cuello, el cordón, en la cintura y como joya. Meurin explica que la Cruz Templaria, llamada también Cruz Teutónica, representa la Piedra cúbica en punta, que se obtiene del desarrollo de una pirámide de base cuadrada en cima de un cubo. El punto vértice de la pirámide, que coincide con el centro de los 4 triángulos convergentes al centro de la Cruz Templaria, simboliza la Corona. Meurin continúa:

«El punto representa la Corona cabalística o la Inteligencia hermética (...) Ahora, el 32° grado es el grado de la Corona, representada por el punto central de la Cruz Templaria y la punta en alto de la Piedra cúbica en punta» (L. Meurin, op. cit., p. 375).

Pero ¿qué es, en definitiva, esta Corona cabalística o Inteligencia hermética? Meurin afirma:

«El Punto esencial no revelado aun al Príncipe del Real Secreto es la Corona de la Cábala; en una palabra esta es Lucifer en persona» (L. Meurin, op. cit., p. 377).

He aquí revelado el secreto de la Cruz Templaria que aparecía en el Palio satánico de Benedicto XVI y que aparece todavía en el Palio satánico de Francisco. ¿Pero cómo es presentada esta revelación al masón del 32° grado? Con la aparición de tres aves: un cuervo, una paloma y un ave fénix. Meurin explica:


La palabra INRI en el lenguaje cabalístico significa: La naturaleza entera es renovada por el fuego.


«El cuervo negro y la paloma blanca es el águila mitad blanca y mitad negra, lo Hermafrodita que significa la antítesis del Principio Bueno y del Principio Malo de la materia y del espíritu, del poder temporal y del poder espiritual, del género masculino y del género femenino, las columnas J y B, los dos cuernos junto a la llama en la cabeza del Baphomet... El ave fénix que surge de entre las llamas es la gran mentira panteísta de la transformación eterna de todo lo que existe. (...) Las tres aves significan por tanto: el universo que, formado por la paloma y el cuervo, los dos principios del Bien y del Mal, se renueva eternamente. (El ave Fénix simboliza esta eterna renovación).

En otro sentido, el ave Fénix, es principalmente el Ángel del fuego que surge de entre las llamas infernales para renovarse, encarnarse y vivir de nuevo en sus adeptos. (...) Es, en último término, la Naturaleza cuando al fin del mundo sea perfeccionada» (L. Meurin, op. cit., pp. 377-378).

Pero esto debe obtenerse con la fuerza, con la batalla, con la guerra, con la espada... Meurin en efecto escribe:

«No entremos por tanto en el laberinto de la magia negra a la cual el 32° grado nos ha abierto la puerta. Pero para confirmar lo que hemos dicho, citemos otro pasaje del ritual: después de haber presentado al Candidato una espada, “el arma de la cual se sirvió un tiempo Godofredo de Buillone contra los enemigos de la fe, el Gran Comendador le entrega un anillo diciendo: recibid esta prenda de nuestra unión...» (L. Meurin, op. cit., p. 378).

Una espada y un anillo prenda de la unión con el ejército masónico que debe ir a la conquista del campo enemigo para la destrucción del Templo y del Reino de Dios para sustituirlo por el Templo y el Reino de Lucifer: es decir con una Nueva Torre de Babel. El símbolo de esta guerra declarada, la representación más viva y eficaz de este ejército organizado y en marcha contra el enemigo es el Campo de los Príncipes, o mejor dicho el Campamento de los Príncipes. He aquí el modo oculto hermético con el cual es descripto este campamento:

«En el centro hay una cruz de cinco brazos; ella está envuelta por un círculo, el cual está en un triángulo equilátero; este triángulo cerrado, en un pentágono; todo esto en relieve como un boceto de arquitectura, con figuras emblemáticas, oriflamas, tiendas de campaña, lo que significa el campamento de la francmasonería completa, repartida y reagrupada en grados» (L. Meurin, op. cit., p. 379).

Meurin, ahora, se lanza al descubrimiento de los secretos ocultos en estas palabras casi incomprensibles:

«Escuchemos, en primer lugar, la explicación oficial reproducida por el Hno. Ragon: “El triángulo que veis en medio del cuadro representa el centro del ejército y designa el puesto que deben ocupar los Caballeros de Malta admitidos a nuestros misterios y unidos a los Caballeros Kadosch, para compartir con ellos la supervisión del tesoro, bajo las órdenes de los Cinco Príncipes del Exilio que reciben directamente del Soberano de los Soberanos las órdenes que hacen seguir, y con sus estandartes fijados a los ángulos del Pentágono y designados por las letras: T, E, N, G, U.

1. El estandarte de la tienda de campaña T, que es el de los Grandes Pontífices, es púrpura; lleva el Arca de la Alianza cercada por dos antorchas ardientes y coronada por dos palmas en círculo. Encima del Arca está escrito: “Laus Deo”.

2. El estandarte (de la tienda) E, que es el de los Caballeros del Sol, es azul. Lleva un LEÓN de oro que tiene en su boca una llave de oro, y tiene un collar de oro en el cual está esculpido el número 515. Arriba está escrito: “¡Ad majorem Dei gloriam!”.

3. El estandarte (de la tienda) N, que es el del Arco Real, es de plata. Lleva un CORAZÓN inflamado sostenido por dos alas de arena de color negro y coronado de laurel simple fresco.

4. El estandarte (de la tienda) G, que es el de los Grandes Maestros de la Llave, es verde claro. Lleva un ÁGUILA con dos cabezas, coronada, teniendo un collar de oro, y una espada en la garra derecha, y un corazón sangrante en la izquierda.

5. El estandarte (de la tienda) U, que es el de los Grandes Patriarcas, es de oro y lleva un BUEY en color arena (color negro) (L. Meurin, p. 379).

Sin la ayuda de Mons. Meurin, la descripción del Campamento del ejército masónico permanecería incomprensible. En efecto, él descubre la clave de interpretación:

«Veamos más bien la verdadera interpretación cabalística del Campamento de los Príncipes. La hemos buscado largamente. El Corazón alado nos desviaba siempre. Pero los tres animales el Águila, el León y el Buey nos pusieron tras las huellas de la gran visión del profeta Ezequiel, tan cara a la Cábala hebrea. Pongamo para el Corazón un Hombre y arranquemos al Águila una de las dos cabezas; entonces la doctrina judío-masónica, impenetrablemente oculta bajo sus símbolos, nos será develada. Escuchemos, a su vez a Ezequiel y a la Cábala». (L. Meurin, op. cit., p. 379).

Y cita la visión de Ezequiel del primer capítulo de su profecía sobre las turbinas de viento con un fuego en el centro, donde aparecían las figuras de cuatro animales con la semejanza de un hombre:

«Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas; sus pies eran derechos, la planta de sus pies era como las plantas del pie de un becerro y salían de ellas chispas. Tenían manos de hombre debajo sus alas. Las alas del uno estaban unidas a las alas del otro. (...) Cuanto a la figura de sus rostros, los cuatro tenían un rostro de hombre, a la derecha, un rostro de león, a la izquierda, un rostro de buey, sobre, un rostro de águila. Sobre las cabezas de los animales se veía un firmamento (...) y sobre él se veía un trono de zafiro, y aparecía como un hombre sentado sobre el trono (...)» (L. Meurin, op. cit., p. 382).


Organización de los tecos


Ahora Meurin cita a la Cábala:

«Los diez Sefirot por los cuáles, según la Cábala, el Ser infinito, Ensoph se hace conocer, no son otros que los atributos los cuáles, por sí mismos, no tienen ninguna realidad substancial; en cada uno de estos atributos, la substancia divina está presente toda entera, y en su conjunto consiste la primera, más completa y la más elevada de las manifestaciones divinas. Ella se llama el Hombre primitivo ú Hombre celeste; es esta figura la que domina el carro misterioso de Ezequiel y del cual el hombre terreno no es sino una pálida imagen...» (L. Meurin, op. cit., p. 382).

Y continúa:

«La combinación de estas 4 Tiendas (de los estandartes: E, N, G, U) del ritual del 32° grado con la profecía de Ezequiel y la doctrina de la Cábala son suficientes para dar al Campamento de los Príncipes la siguiente interpretación cabalística:

  • el Ensoph está representado por el Círculo; 

  • los tres Sefirot superiores, por el Triángulo; 

  • los otros Sefirot, es decir el Santo Rey y la Ma
trona, por la Cruz de cinco brazos; 

  • su elección del pueblo de Israel, por el primer 
estandarte (T), es decir el Arca de la Alianza; 

  • el Hombre celeste sobre el carro misterioso, por 
los Cuatro estandartes (E, N, G, U); 

  • la fertilidad del Santo Rey y de la Matrona fuera del cielo: por el Pentágono con los 5 estandartes, por el Heptágono (los siete reyes de Edom), por el octógono que no tiene emblemas 
porque estos reyes desaparecieron; 

  • el mundo actual por el triple triángulo, o las 
nueve tiendas. Estos sirven también para representar al pueblo de Israel y su historia». 
Las necesidades de la Francmasonería maniquea han hecho agregar al águila de Ezequiel una segunda cabeza; el profeta estaba sin embargo muy lejos de creer en el dualismo de un Principio Bueno y de un Principio Malo. 
La sucesión de las revelaciones cabalistas, sin embargo, exigían que, al final, en el penúltimo grado de la tercera serie de once, correspondiente a la Séfira Corona, hubiera algún símbolo que indicase esa primera figura del Hombre primitivo o celeste: se ha coronado entonces al monstruo filosófico, el águila de des cabezas!». (L. Meurin, op. cit., p. 383). 



Meurin prosigue: 


«He aquí ahora la interpretación del número místico 515 del collar del León de oro: “Los diez Sefirot, dice el ‘Sepher Jetzirah’, son como los dedos de la mano, en número de diez y cinco contra cinco, pero, en medio de ellos, está la alianza de la unidad”» 
(L. Meurin, op. cit., p. 383).



Llegado a este punto, Meurin da cuenta de la plegaria 
los Príncipes del Campamento a Lucifer: 
«Único y verdadero principio de todas las luces, Fuego Sacro, que fecundas y conservas el universo, Ser poderoso que no se concibe y no se puede definir, inflama nuestros corazones con el amor de las virtudes. Bendice el ejército que hemos formado solo para tu gloria y para el bien del a humanidad. Amén”» (L. Meurin, op. cit., p. 384).

Finalmente, completado el tratamiento del Campamentode los Príncipes del Exilio, sintetiza el verdadero objetivo final de la Masonería, o mejor dicho de los Superiores Desconocidos que la dirigen, con estas palabras:

«El plan general de la Masonería comprende:

1. la destrucción del orden actual del mundo;

2. la creación de un Imperio universal judaico y masónico;


3. la conquista del Universo por Lucifer triunfante sobre Dios».

(L. Meurin, op. cit., p. 384).








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