Los Obispos tienen derechos, pero también tienen obligaciones.


08 Aug
08Aug


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




“Por más que queramos disimular esta verdad amarga; por mucho que tratemos de encubrir la situación, que hoy destruye la Iglesia, tenemos que llegar a las alturas; tenemos que reconocer que si anda mal el clero, si los seminarios se han convertido en focos de irreligiosidad y corrupción, se debe no tan sólo a los superiores de esos planteles, sino al descuido, a la condescendencia, a la manifiesta tolerancia [o intención perversa con aparente santidad encubierta en sus ocupaciones] de los Obispos, ya que uno de sus más sagrados deberes pastorales está en preparar, con la mayor prudencia, vigilancia y solidez posible a los futuros sacerdotes, que han de ser sus colaboradores jerárquicos, en su misión sublime de la gloria de Dios y la salvación de las almas.



Y este descuido, este silencio, esta condescendencia, esta tolerancia, con que los prelados ven un punto tan importante y tan trascendente; esta pasividad ante los errores que se predican y se enseñan;  este silencio inexplicable de no hablar cuando deben hacerlo; ese impedir la defensa de la verdad; ese empeñarse en creer que su dignidad de obispos los hace “casi” infalibles e impecables, aunque sus injusticias, sus debilidades, sus secretas miserias les deberían provocar grandísimos remordimientos de conciencia, pensando en las cuentas que tienen que dar a Dios, según aquellas terribles palabras de la Escritura: ‘Pues los que ejercen potestad sobre otros serán juzgados con extremo rigor. Porque con los pequeños se usará de compasión; mas los grandes sufrirán grandes tormentos. Que no exceptuará Dios persona alguna, ni respetará la grandeza de nadie… si bien a los más grandes amenaza mayor suplicio’ Sap. VI, 6-8; toda esa autosuficiencia con que, por ser obispos, se sienten incapaces de equivocarse, de caer en falta contra la justicia y contra la caridad, contra la ley de Dios y la misma ley de los hombres, debería ser la preocupación constante de un gobierno eclesiástico que teme al Señor.

He aquí la gran responsabilidad del “Papa Montini”, suponiendo su gran talento, su habilidad política, su buena y sincera voluntad, al no reprimir el mal cuando puede y debe hacerlo, cuando sabe muy bien y tiene de ello plena conciencia que cuando Dios elige un hombre para ser Papa, para ser el fundamento de la Iglesia, el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo en la tierra, él debe, con sumo cuidado, con completa dedicación, dedicarse totalmente al cumplimiento de sus altísimos deberes, de cuyo cumplimiento depende, en lo humano, la gloria de Dios y la salvación de las almas. La aparente timidez de Paulo VI, que muchos alegan como una excusa de su gobierno desastroso, no es una excusa, es un agravante [es una manera ‘piadosa’ de destruir la Iglesia]…”




Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, ‘Sede Vacante’, capítulo II.








Ave María Purísima, sin pecado original concebida.












Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.