Los primeros años de Juan Bautista Montini, Paulo VI.


30 Jul
30Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Transcribimos una interesante,  y sustentada biografía de Juan Bautista Montini, en una etapa importante de su vida, la cual es meramente informativa, motivando a la mente investigadora a profundizar en fuentes para conocer más profundamente y entender la situación que vivimos en nuestros días.


1.- Los primeros años.

Juan Bautista Montini nació el 26 de setiembre de 1897 en la casa de campo de la familia, en la villa de Concesio, a pocos kilómetros de la ciudad de Brescia.


Al nacer, la patriarca de la familia, Francesca Bufali Montini, su abuela paterna, decide que la madre del pequeño, Judith, estaba demasiado débil para la lactancia, y así el niño fue mandado con la nodriza Clorinda Peretti de Nave, durante los primeros 14 meses de su vida.

El joven Battista vivió una vida vegetativa de gran confort, como el “frágil” y “gimoteador” hijo del medio entre los dos hermanos de buena salud: Ludovico, el mayor, y Francesco, el más joven.Giorgio Montini, el padre de Bautista, era un periodista de éxito y, en 1885, con solo 25 años, y no todavía graduado, fue llamado a dirigir el cotidiano católico “Il Cittadino” de Brescia. Ambos, Giorgio y Judith, compartían la pasión por la política de izquierda; una pasión que pasó, después, a sus hijos. 

La casa Montini, en la calle de la Gracia 15, Brescia, en realidad, en aquellos años, fue un centro de selección y punto de referencia de los personajes más notables del resurgimiento católico de izquierda en Italia, como Giuseppe Tovini, Luigi Bazoli, Giovanni María Longinotti, Giuseppe Manziana, Filipo Meda, el P. Luigi Struzo, Filippo Cispoldi, el barnabita Padre Giovanni Semeria, Alcide De Gasperi.En 1892, León XIII había lanzado al mundo obrero su célebre encíclica “Rerum Novarum” que suscitó un gran interés en el mundo católico. 

Brescia fue una de aquellas ciudades italianas, si no la primera, en contagiarse del fermento y uno de los elementos conductores fue el propio Giorgio Montini.

En 1914, los católicos de Brescia ganaron las elecciones administrativas, derrotando a la junta, en el cargo desde los tiempos de la ocupación de Roma y sostenida por el Primer Ministro Giuseppe Zanardelli, y Giorgio Montini fue electo Consejero. El entró, luego, de lleno en la política y, cuando el sacerdote siciliano, Padre Luigi Sturzo, constituyó el Partido Popular Italiano, fue elegido diputado en el Parlamento.A la edad de 6 años, Bautista fue inscripto en el Colegio jesuita “Cesare Arici” de Brescia. Allí permaneció hasta los 14 años, cuando sus padres lo retiraron por razones de salud.

Como ocurrió con Eugenio Pacelli, la educación secundaria de Bautista Montini fue realizada en privado con tutores seleccionados por sus padres, incluso con los Sacerdotes del Oratorio de la vecina Iglesia de Santa María de la Paz. Los Oratorianos representaban el clero de “vanguardia” de aquel tiempo. Ellos estaban mucho más a tono con la política antifascista de Giorgio Montini y de su mujer, de lo que estaban los sacerdotes tradicionalistas de la Arici. Los Oratorianos fueron una de las más importantes influencias de Bautista, para toda su vida. 

Incluso, cuando Bautista Montini entró al servicio de la Santa Sede, mantuvo su confesor oratoriano.Después de su ordenación, ocurrida el 29 de mayo de 1920, el Obispo de Brescia, Mons. Giacinto Gaggia, en el noviembre posterior, envió al Padre Montini a Roma para perfeccionarse en los estudios teológicos.

El 18 de noviembre de 1921, el Padre Montini ingresó en la Academia de los Nobles Eclesiásticos para estudiar diplomacia. Su ingreso a la Academia fue facilitado por el antiguo aliado del Card. Mariano Rampolla, Card. Pietro Gasparri, Secretario de Estado y de Mons. Giuseppe Pizzardo, su Sustituto. 

El Padre Montini comenzó a seguir los cursos de la Academia, donde estableció una amistad, que signó su vida, con el colega siciliano Mariano Rampolla del Tindaro, sobrino nieto del Card. Mariano Rampolla, último Secretario de Estado de León XIII [Quien fue elegido Pontífice a la muerte de León XIII, el cual –Mariano Rampolla- fue vetado por Austria, en su lugar se eligió al Papa San Pío X.]

Muerto el Papa Benedicto XV, el 16 de marzo de 1922, fue electo, con el nombre de Pío XI, el Card. Achille Ratti, amigo de Giorgio Montini y de Giovanni María Longinotti. Fue precisamente este último, un exponente del movimiento católico, gran amigo de los Montini y con gran acceso en las esferas del Vaticano, quien afirmó concluyentemente: «Para Bautista Montini, un puesto en el Vaticano, ¡también el último!» [Cfr. Carlo Cremona, “Piccola biografía de Paulo VI”, Gráfica 7, Bagnolo, Mella (BS) 1977, p.31.]

El Padre Montini comenzó su larga carrera diplomática al servicio de la Santa Sede. He usado la palabra “carrera” en contraposición a “vocación”, a propósito.
 Bautista no era particularmente religioso, la política y el piano eran sus puntos fuertes. Aparte de celebrar la Misa y cumplir varios ritos sacramentales, el joven sacerdote mostraba tener poca vida espiritual. El joven Padre Montini, mostraba aversión por las devociones marianas, particularmente por el Rosario. El dijo que prefería un enfoque más Cristocéntrico que Mariológico [CFR. Hebblethwaite, Paulus VI, p. 271.] 


Excelente sacerdote político, pero con escasas aptitudes para el estudio, Montini pasó por sus cursos diplomáticos, pero apenas pudo obtener el doctorado en Ley Canónica, en la Gregoriana.En mayo de 1923, el Papa Pío XI mandó al joven diplomático a Varsovia como “adjunto” a la Nunciatura Papal; pero la salud delicada de Mons. Montini no podía soportar los inviernos polacos, y así, luego de solo cuatro meses, volvió a Roma, donde fue asignado a la Secretaría de Estado dirigida por el Card. Pietro Gasparri.



La vida en la curia romana.


El superior inmediato del Padre Montini en el Secretariado era nada menos que Mons. Francesco Borgongini-Duca, luego hecho rápidamente Arzobispo. Mons. Borgongini-Ducca fue el Primer Nuncio Papal en Italia, luego de la firma del Pacto de Letrán en 1929. 

Se recuerda que Borgongini-Duca era el protector del P. Francis Spellman y un aliado de Angelo Roncalli. El tomó al joven Montini bajo sus alas y se convirtió al mismo tiempo, en su patrono clerical y protector.

Además de su trabajo en la Curia, en 1925, el Papa Pío XI, nombró al Padre Montini “Asistente eclesiástico de la Federación de Estudiantes Universitarios Italianos” (FUCI), posición en la cual el joven sacerdote pudo dar rienda suelta a su malhumor anti-fascista. Fue a través de la FUCI que Montini desarrolló una personal y duradera amistad con Aldo Moro, uno de los fundadores de la anómala política de post-guerra, conocida con el nombre de Partido de la Democracia Cristiana (PDC), a la cual Montini y toda su familia estaban religiosamente dedicados.

Montini, también, estrecha amistad con el líder de la Democracia Cristiana, Giulio Andreotti, que se convierte, después, en siete veces Presidente del Consejo. En su larga carrera política, Andreotti convino una alianza con el Partido Comunista, con la Masonería y con la MAFIA siciliana. [Cfr. James Glampe. “Giulio Andreotti” en: http://www.uwgb. edu/galta/333/androt.htm]

Es un hecho notable que la MAFIA no hubiera nunca podido convertirse en el coloso que era sin la colusión con ciertos líderes Demócrata Cristianos y sin el apoyo de la MASONERÍA [Cfr. Sterling. “OCTOPUS, 220”. Como fue indicado por Sterling, no hay pruebas que los Aliados deliberadamente complotarn para entregar Sicilia en manos de la MAFIA, sino simplemente terminó de esta manera. Probablemente, no hubo un solo gran acuerdo entre los Aliados y la MAFIA, sino más bien acuerdos con representantes de nivel intermedio o inferior- afirma Sterling.]

Estar en la misma cama con uno, era como estar en la misma cama con los tres; una verdad que Mons. Montini comienza a apreciar cuando se convierte en Papa Paulo VI.

En 1933, sin embargo, un Padre jesuita, responsable de las Congregaciones Marianas, “advirtió” en el apostolado de Mons. Montini en la FUCI una intrusión preocupante en el ámbito de los propios asociados. Y se quejó al Card. Francesco Selvaggini, Vicario del Papa para la diócesis de Roma. Surgió una denuncia contra Montini. Explotaron todo un rumor curial y una polémica, como si Montini hubiera sido un ambicioso, un imprudente centralizador. Montini fue constreñido a presentar la dimisión a partir del 12 de marzo de 1933 [Cfr. Carlo Cremona, “Piccola biografía di Paolo VI”, Grafica 7, Bagnolo Mella (BS) 1977, pp. 45-46.]

En 1934, Montini se tomó unas raras vacaciones en su trabajo en la Secretaría de Estado para ir a Inglaterra y Escocia en compañía del siciliano Mariano Rampolla del Tindaro, sobrino-nieto del Cardenal Rampolla [Cfr. Hebblethwaite, Paulus VI, p. 126.]

Durante la guerra de Abiscinia de 1935, el Padre Montini expresó su apoyo a la “Liga de las Naciones”, una posición, esta, contaría a la política vaticana. El Papa Pío XI estaba convencido que la nueva organización internacional había usurpado el rol de la Santa Sede como mediadora de las disputas internacionales (cosa que de hecho ocurrió), y que la “Liga de las Naciones” era una guarida de masones y comunistas, como en realidad lo era [Cfr. Hebblethwaite, Paulus VI, p. 124.]

El 16 de diciembre de 1937, el Card. Pacelli, en aquel tiempo Secretario de Estado, promovió a Montini al rango de Sustituto para los Asuntos Ordinarios y, en 1938, Pacelli lo invitó a acompañarlo a Bucarest, para el Congreso Eucarístico Internacional.Después que Pacelli se convierte en Papa Pío XII, el 12 de marzo de 1939, Montini continuó trabajando en la Secretaría bajo el Card. Luigi Maglione, el nuevo Secretario de Estado. Sin embargo, su posición creció en importancia con la elección de Pacelli como Papa, quien decía ser como un segundo padre para Montini.

Durante los 30 años en los que trabajó en la Santa Sede, Mons. Montini nunca fue apreciado por los funcionarios de la Curia o por su personal. 

El filo fascista Card. Nicola Canali, Jefe de la Administración Vaticana, no ocultaba su profunda aversión por el joven diplomático. También Mons. Ottaviani (más tarde Cardenal), que tendía a ser apolítico, alimentaba antipatía por el joven Montini.

Algunos miembros de la Jerarquía italiana deploraban el fanático sentimiento antifascista y filo-comunista del Padre Montini, que el joven diplomático no se cuidaba de ocultar. Algunos Obispos estaban afligidos de lo que percibían como su total falta de patriotismo por su patria nativa; en verdad Montini no había nunca mostrado escrúpulo alguno en traicionar a su Patria y a su pueblo a favor de los ingleses, de los soviéticos y de los americanos, durante la Segunda Guerra Mundial [Cfr. Howen Chadwick, “Britain and The Vatican During the Second World War”, Londres: Cambridge University Press, 1986, p. 265. Según el historiador británico Chadwick no había ninguna duda que Montini fue un instrumento para asegurar una copia de los detalles del Armisticio Italiano en Londres. Ver también: Antony Rhodes, “The Vatican in the Age of Dictators”.]

El fascista (Ministro de Justicia) Roberto Farinacci, sostenía que era de dominio público el hecho que Montini era el amigo de los enemigos de Italia. [Ibid. p. 82.]


Y él tenía razones válidas para afirmarlo.


Los años durante la guerra.


Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII asignó a Montini la tarea de ayudar a preparar a Italia para una ordenada transición política, que incluía la reestructuración del nuevo Gobierno italiano basada en el modelo del Partido Demócrata Cristiano.

Montini fue encargado de dirigir una red subterránea para facilitar la fuga a refugiados políticos, incluso a los hebreos, fuera del país. Al fin de la guerra, estas “redes subterráneas vaticanas fueron utilizadas para otros fines, como la “Operación Paperclip”, que transfirió científicos líderes alemanes y austríacos a los Estados Unidos, de modo que no cayeran en manos de los soviéticos. Montini coordinaba también los esfuerzos vaticanos para asistir a los prisioneros de guerra y a sus familias a través de la Cruz Roja.

Durante toda la duración de la Guerra, el Padre Battista Montini, sacerdote-diplomático de día e intrigante de noche, trabajó en informes secretos con el personal aliado de los servicios de inteligencia militar de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) (precursora de la CIA) así como con el personal de Inteligencia Británico y Soviético [Cfr. Linda Hunt, “Secret Agenda: The United States Government, Nazi Cientists and Proyect Paperclip”, 1944-1990. New York: St. Martin’s Press, 1991.], contra los fascistas, los japoneses y los nazis. Montini fue el responsable de la recuperación de las informaciones de inteligencia, obtenidas por jesuitas en Japón, que sirvieron a los Aliados para individualizar los objetivos estratégicos a bombardear. [Cfr. Martínez, op. cit. p. 82.]La Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), en cambio, se comprometió a llenar la tesorería vaticana con dólares, así como las arcas de la Mafia Siciliana y de la Masonería (que Mussolini había empujado a la clandestinidad) para acelerar la invasión aliada a Sicilia.Un amigo importante de Montini, en el período bélico, fue el licenciado Sir Francis Godllopin D’Arcy Osborne, Embajador Británico en el Vaticano, que había recibido esa tarea en 1936. Cuando Italia entró en guerra, aliada de Alemania, Osborne y su cuerpo diplomático y personal masculino de la secretaría, mayordomos y domésticos, buscaron refugio en el Vaticano. [Cfr. Owen Chadwick, op. cit. pp. 22-23.]   

Osborne y Montini se hicieron estrechos amigos.Osborne caracterizó a Mons. Montini como un excelente diplomático, aunque no del mismo calibre de su colega en la Secretaría, Mons. Doménico Tardini. El dijo que Montini era un maníaco del trabajo, siempre bajo control, y nunca un gentilhombre. Personalmente, él encontró a Montini gentil, persuasivo, pero indeciso. [Cfr. Owen Chadwick, op. cit. pp. 23-24.]  

Después de la guerra, Osborne pasó sus últimos días en Roma, donde patrocinó un Círculo Juvenil, conducido por los Padres Salesianos. [Cfr. Owen Chadwick, op. cit. pp. 232-233]. 

Por siempre protestante, que ocasionalmente se ocupaba del ocultismo, Osborne murió fuera de la Iglesia, a despecho de presuntos esfuerzos de Montini para convertirlo al Catolicismo.


Negociaciones secretas con los comunistas.


A los Aliados que aconsejaban a Stalin una política más condescendiente hacia el Vaticano, el dictador repuso: «¿De cuantas divisiones dispone el Papa?»


Pero en el Vaticano había gente que había tratado secreta- mente de establecer relaciones con la Unión Soviética, a pesar de la posición oficial anticomunista de los Papas Pío XI y Pío XII.

Mariano Rampolla del Tindaro, compañero de estudios de Montini en la Academia de Nobles Eclesiásticos, y su amigo más amado y estimado, fue organizador y protagonista de un encuentro reservadisimo con hombres de fe comunista, para las eventuales relaciones diplomáticas entre el Vaticano y la Unión Soviética. El encuentro se produjo en agosto de 1938 con los exponentes del Partido Comunista Italiano, Donini y Sereni, en la Cartuja suiza de Valsainte, entre los montes, lejos de los confines italianos.

Mons. Rampolla pregunta a los interlocutores si el Partido estaba dispuesto a sondear el terreno en Moscú, en vista de eventuales contactos entre la Santa Sede y el Gobierno Soviético, para la normalización de relaciones diplomáticas. El relato de la entrevista misma de Donini, enviado a los dirigentes del Partido Comunista, no fue tenida en consideración y no alcanzó al responsable Palmiro Togliatti; tal vez – pensó Donini – por considerarla sospechosa. [Carlos Cremona, “Piccola biografia di Paolo VI”, Grafica 7, Bag- nolo Mella (BS) 1977, pp. 54-55.]

En el verano de 1944, cuando la guerra estaba por finalizar, Mons. Montini entró en negociaciones de alto nivel con los comunistas italianos, para determinar el rol que el Partido Comunista habría de tener en el período post bélico. Su objetivo era el de formar una alianza entre el Partido Demócrata Cristiano, el Socialismo y el Comunismo. [Cfr. Martínez, op. cit. pp. 81-82.]

Como informó Martínez, el 10 de julio de 1944, hubo un encuentro entre Mons. Montini, que actuaba sin el conocimiento de Pío XII, y Palmiro Togliatti, el jefe indiscutido del Partido Comunista Italiano, que hacía poco había vuelto a Roma, después de 18 años de exilio en la Unión Soviética. [Cfr. Martínez, op. cit. pp. 81-82.] Este fue el primer contacto entre el Vaticano y un líder del Comunismo.

Fue esbozado un plan para servir de base para un acuerdo entre el Partido Demócrata Cristiano, el Socialista y Comunista que conferiría a los tres Partidos el control total en cualquier Gobierno post bélico en Italia. 

El plan, también, definía las condiciones para futuras colaboraciones entre la Iglesia Católica y la Unión Soviética. [Cfr. Martínez, op. cit. pp. 81-82. Ver Documento JR 1022 publicado por el OSS. Washington, D.C. Office. Vedi Piers Compton. “The Broken Cross”, pp. 51-52.]La otra tentativa de establecer relaciones entre la Santa Sede y el Gobierno Soviético se produjo en 1945, en la vigilia de la Conferencia de Yalta, por propia iniciativa de Mons. Montini: un encuentro entre Montini y el comunista Eugenio Reale, entonces subsecretario de Estado en el Ministerio de Exteriores. El mismo Reale se refirió al argumento del coloquio: si fuera posible un coloquio entre Su Santidad y el Jefe del Partido Comunista (Togliatti). «Nos separamos – concluye el informe de Reale – en el entendimiento que si Togliatti hubiese aceptado la idea de una visita al Papa yo habría vuelto a Mons. Montini para fijar la fecha y la modalidad.» Parece que este contacto no se desarrolló. [Cfr. Carlo Cremona, “Piccola biografia di Paolo VI”, Grafica 7, Bagnolo Mella (BS) 1977, p. 55.]

Mientras Mons. Montini daba rienda suelta a su antifascismo con sus contactos secretos con representantes comunistas de alto nivel, su familia manifestaba esta pasión política de izquierda de un modo incluso más inquietante.En un artículo escrito por el Abogado Salvatore Macca, ex-Presidente del Tribunal de Brescia, bajo el título “Los Montini ayudaron al terrorista comunista Spezia- le a matar a la gente con la bomba”, publicado en dos partes en la revista “Chiesa viva”, [Cfr. “Chiesa Viva” no 410, pp. 18-19 y no 411, pp. 18-19.] se leyó la siguiente información sobre los Montini: «He tenido en mis manos un libro, “Memorias de un minero”, de Leonardo Speziale, de Serradifalco (1903- 1979), por él dictado y registrado por otros. Es una biografía, cuyos pasajes salientes son los relativos a su actividad de partisano comunista en la provincia de Brescia, después del 8 de setiembre de 1943, cuando había fugado de Francia ocupada por las tropas alemanas.

En Sicilia había vivido hasta la edad de 27 años. El había viajado entonces a Francia para escapar, dado que la permanencia en su país se había vuelto difícil por la frecuente participación en disturbios callejeros y sindicales. Era de carácter agresivo, como lo demuestran los antecedentes penales, de los que resultan condenas o procedimientos por delitos de sangre, como lesiones voluntarias, e incluso un homicidio voluntario (...). 

Trabajando en la minería de azufre, Speziale se había nutrido abundantemente de odio de clases. En Francia, a la edad de treinta años, se había inscripto en el Partido Comunista. Luego del advenimiento del Fascismo, un poco por ignorancia y un poco por odio y fanatismo contra él mismo, había terminado por confundirlo con la mafia, identificándolo con ella, pero fingiendo olvidar, o, tal vez, haciendo caso omiso, que solo el Fascismo logró erradicar el fenómeno mafioso (...). Speziale, después del 8 de septiembre, aprovechando de la confusión de aquellos momentos, en Francia, donde fue encarcelado como antifascista comunista, logró escapar y volver a Italia. 

En Brescia encontró el terreno adecuado a su vocación, gracias a la solidaridad de cierto antifascismo local. Se encontró así con otros comunistas, que se habían filtrado en Francia, de origen bresciano, como Italo Nicoletto y Luigi Guitti (alias Tito), dos guerrilleros feroces y sanguinarios, que bordearon de víctimas su camino, con los cuales se hizo cargo de las emboscadas y muerte contra los militares alemanes y de la R.S.I., y también de simples civiles, adherentes al partido fascista o simpatizantes de él. Aprovechando su conocimiento de los explosivos, adquiridos en la minería de azufre, pensó entonces dar comienzo a una verdadera actividad terrorista propia, por medio de artefactos construidos por él.Su primera “empresa heroica” consistió en la colocación, el 31 de octubre de 1943, de un artefacto en la vía Spalti San Marco, en Brescia, que ocasionó la muerte del director de la Cárcel Judicial, Dr. Ciro Miraglia, calabrés, padre de cuatro o cinco hijos, que, en bicicleta, regresaba a su casa, acompañado de un soldado de diecinueve años, Andrea Lanfredi, de Ghedi, también en bicicleta. Ambos fueron destrozados por la explosión. 

Lo que sigue es transcripción de las memorias de Speziale, quien volvió a Stocchetta para consumir tranquilamente la cena preparada por los Montini que lo hospedaban.

Él escribe: «Aquella tarde había hecho explotar un artefacto de alto poder, confeccionado cuidadosamente, contra el cuartel de la fuerza aérea en la vía Spalti San Marco. La noticia del atentado causó sensación...»

El obispo Mons. Giacinto Tredici, seguro de interpretar propiamente los sentimientos de la gente, estigmatizó sin medias palabras la iniciativa criminal nacida del odio y del deseo de venganza del comunismo (...).

Especiale cometió la singular prudencia, en la lógica típica del comunismo – de que el fin justifica los medios –, de definir la nota del obispo como una “campaña difamatoria de la Curia”, agregando que tal campaña no le interesaba. A él, en su lugar, le interesaba la solidaridad de las bases católicas (...) y que creía haber descubierto, demostrada incluso dentro de la familia Montini de la Stochetta, según él emparentada con el futuro Papa Paulo VI.Esto es lo que afirma Speciale: «La misma hospitalidad que me han dado los Montini, todos católicos, me parece muy significativa. No conozco qué lazos existieron entre ellos y la familia de Paulo VI, pero estoy seguro de que hubo relaciones de parentesco. Mamá y papá Montini supieron que yo era uno de los que pusieron las bombas en el cuartel de los nazifascistas – yo mismo se lo confesé en su casa – sin embargo, a pesar de la “bula” del obispo, me siguieron teniendo con ellos ofreciéndome hospitalidad, pero sobre todo solidaridad y afecto. Católicos eran también los componentes de la familia en cuyo taller, como ya he mencionado, se confeccionaban los artefactos que usábamos en los atentados. Lo hacíamos porque convencidos de la elección, sabíamos el riesgo que corríamos. ¡Bien que exaltados!»(...) 

Explica todavía, Speciale, que en Valtrompia pudo formar un primer grupo de partisanos, «fuerte numéricamente pero escasamente equipado... que es provisto de lo necesario gracias a la colaboración preciosa de los hermanos Giacomino y Franco Montini, de la Stocchetta.» 

Y así, no obstante el llamamiento del Obispo de Brescia, Mons. Giacinto Tredici, en cierto sentido muy ingenuo, que había condenado sin medias palabras el vil atentado del que se derivó la muerte de personas inocentes, la familia Montini, de la que luego sería “extraído” el Papa Paulo VI, dio hospitalidad y asistencia, con plena conciencia de su verdadera identidad, de sus intenciones delictivas, y de su comportamiento, a un terrorista comunista que, con compañeros comunistas iguales que él, confeccionaba artefactos para matar impunemente personas inocentes del modo más cobarde y odioso!»

***

Sin conocimiento de los contactos secretos entre Mons. Montini y los jefes del Comunismo italiano, Pío XII, por sus años de devoto servicio a la Santa Sede, trató de recompensar a Mons. Montini y a Mons. Tardini con el Cardenalato, en un Consistorio secreto en 1952, pero ambos, respetuosamente, declinaron el honor. [El último Consistorio del Pontificado de Pío XII tuvo lugar el 12 de enero de 1953.] 

Eso significó que Montini no fuera miembro del Colegio de Cardenales y por lo tanto no pudiera ser considerado candidato al Papado en 1958, en el cónclave que elegiría a Roncalli como Papa Juan XXIII.


Pero la estima de Pío XII por Mons. Montini se derrumbó de un solo golpe, cuando el Pontífice leyó la prueba irrefutable de su traición contra su política anticomunista. ¡Esa traición ahora pertenece a la historia!Fue en 1954, cuando Pío XII era probado por la enferme- dad y debilitado por la vejez. El Coronel Arnould, Brigadier General de la Segunda División (el Servicio de Inteligencia francés) después de haber presentado la dimisión a la Segunda División, fue a Roma, llamado por Pío XII, quien le ofreció convertirse en Su agente personal. El Coronel aceptó, prestó juramento al Pontífice y comenzó con su nueva misión.

En el curso de una gira por el Este, entró en relación con el Obispo luterano de Uppsala, Mons. Brilioth, Primado de Suecia, quien tenía mucha estima por Pío XII. En el curso de uno de estos encuentros (hacia el verano de 1954), el Arzobispo de Uppsala, imprevistamente dijo al Coronel: «¡Las autoridades suecas saben muy bien que el Vaticano tiene relaciones con los soviéticos!»

De regreso de su misión, el Coronel interrogó a Pío XII, quien, muy sorprendido, pidió al Coronel que informara a Mons. Brilioth que el Vaticano no tenía ninguna relación con los soviéticos.

Pero a su regreso a Suecia, el Coronel Arnould recibió del arzobispo de Uppsala un sobre sellado, dirigido a Pío XII, con el especial pedido de ponerlo en sus manos, sin hacerlo conocer a ninguna otra persona en el Vaticano. So- lo le dijo: «Este sobre contiene la “PRUEBA” de las relaciones que el Vaticano tiene con los soviéticos.»

Vuelto a Roma, el Coronel entregó el sobre a Pío XII, que lo leyó en su presencia, poniéndose pálido.
Abreviando: el último texto oficial firmado por el Pro-secretario de Estado Mons. Montini está fechado 23 de septiembre de 1954. [Cfr. “Doc. Pont.”, 1954, p. 640.] 

El 1o de noviembre de 1954, Pío XII alejaba a Mons. Montini de la Secretaría de Estado. Por otras informaciones se sabe que, en aquel trágico otoño de 1954, Pío XII había descubierto también que su Prosecretario de estado Mons. Montini “le había ocultado todos los despachos relativos al cisma de los obispos chinos” [fr. CRC, 97, octubre de 1975, p. 12.]  cuyo caso se estaba agravando.

El 1o de noviembre de 1954, Pío XII nombró a Montini, Arzobispo de Milán. La consagración tuvo lugar en Roma, el 12 de diciembre de 1954, por parte del Card. Eugéne Tisserant.

¿Pero por qué entregar la diócesis más grande del mundo a un traidor al Papa?


La verdadera razón la conocí en un “encuentro personal” con el General G. Leconte, de los “Servicios Secretos” franceses. El General me habló, en primer lugar, de muchas cosas atinentes a la infiltración masónica en la Iglesia de hoy, luego imprevistamente me hizo esta pregunta: «¿Cree usted que también Paulo VI sea masón...?» y sin esperar una respuesta de mi parte, me pasó un libro de Carlo Falcone, “Visto y oído en el Concilio”, editado antes que Montini se convirtiese en Papa: y me mostró un “pasaje” del libro, en la página 69, en el que se dice que un pez gordo “33” de la Masonería aseguraba que Montini “serait inscrit dans un Loge masçonique...!” (¡estaría inscripto en una Logia masónica...!)

Finalmente, me narró el caso del alejamiento de Mons. Montini de la Secretaría de Estado por parte de Pío XII, porque realmente trabajaba para Rusia, sin conocimiento del Papa y, ¡por lo tanto, traicionandolo! De hecho que Montini, en vida de Pío XII, ¡no pisó nunca más el Vaticano!

A mi última pregunta: «Pero entonces, ¿por qué Pío XII lo mandó a Milán, sede prestigiosa y cardenalicia, después de haberlo “traicionado”?» El General me respondió, sonriendo: «¡No,! no fue Pío XII quien lo mandó a Milán...” 

Nosotros tenemos aquí otro “dossier”, que lleva el título: “Card. Pizzardo”, en el que hay documentos que hablan de manera distinta! Además, también habrá notado que Pío XII nunca lo elevó al rango de Cardenal, aunque Milán fuese tradicionalmente sede cardenalicia, por lo que Montini se encontró como descartado de la Curia Romana y alejado, definitivamente, de aquel mismo Papa sobre el que él había ejercido no poca influencia; y fue excluido del futuro Cónclave, porque Pío XII había resuelto ¡no dejarlo entrar más en el Sacro Colegio! Incluso, su consagración como arzobispo, luego de su nominación, fue casi ignorada por Pío XII!

Al término del coloquio, el General me invitó a ver al Coronel Arnauld, quien me confirmó que Montini tenía oscuras relaciones, clandestinas, por propia iniciativa, con Rusia y ciertas otras Potencias del Este, por lo que Pío XII lo expulsó de la Secretaría de Estado. Luego me dijo que Pío XII debió ceder a que Montini fuese mandado a Milán, pero que no lo hizo Cardenal, no lo aceptó más en audiencia, (¡a pesar que Pío XII tuvo todavía cuatro años de vida!), y que hizo comprender, varias veces que ¡él no lo hubiese querido su sucesor!
Como se ve, ¡aquí no se trata de “revelaciones de Esta- do”, porque en los “Archivos Franceses” se encuentra todo eso que yo he escuchado, en persona, sobre el “caso” Montini! [Cfr. Luigi Villa, “Paolo VI beato?”, Editrice Civiltà, Brescia 1998. pp. 205-210.]

Sobre “las relaciones oscuras, clandestinas y por propia iniciativa”, de Mons. Montini, sin embargo, existe también la fuente del archivo del Card. Tisserant. Este era un archivo continuamente actualizado, conteniendo “documentos” de valor histórico y también de índole explosiva, entre ellos el “credo” marxista del ahora Mons. Battista Montini, quien, en 1945, estaba ligado por amistad con Palmiro Togliatti, Secretario del Partido Comunista italiano, apenas regresado de la Unión Soviética. (...) 

A través de círculos protestantes de la Universidad de Uppsala y relaciones con la Ortodoxia Rusa, Mons. Montini hizo saber al Kremlin que «...no toda la Iglesia y no todo el Vaticano aprobaban, para el futuro, las directivas del Papa Pacelli.»

Bien, en el archivo del Card. Tisserant, estaban también los “informes secretos” que fueron entregados a Pío XII por el Coronel Arnauld (...). El dossier ad hoc está constituido, sobre todo, por “cartas” de Montini que señalaban a la K.G.B. – la policía secreta soviética – también los nombres y movimientos de sacerdotes – especialmente “jesuitas” – que ejercían clandestinamente el ministerio sacerdotal entre la gente oprimida y perseguida en los países comunistas.

Pío XII no podía explicarse la causa del terrible drama de la sistemática desaparición de los sacerdotes enviados clandestinamente a Rusia, sino por la existencia de un “espía” escondido en el Vaticano.

Entonces, destinó policías secretos, disfrazados de Monseñores, que descubrieron, en el acto de fotografiar “documentos secretos”, al jesuita Alighiero Tondi, uno del círculo de Montini, es más, su consejero especial. Interrogado, fue identificado como un agente de la K.G.B., instruido por Moscú, y que desde el Vaticano transmitía a su jefe en la U.R.S.S., los documentos que fotografiaba en los archivos vaticanos.

De la cuidadosa investigación, resultó que era él quien pasaba a sus superiores soviéticos también la lista de los Obispos y Sacerdotes clandestinos enviados por Pío XII, quienes por esas delaciones, ¡eran arrestados, muertos o condenados a morir en el lager soviético!

¡Es un hecho, este, de gravedad extrema, tal vez única! Sin duda, un acto de asesinos! Pío XII, después de estas “revelaciones” tuvo un colapso y cayó en cama por muchos días. Sin embargo dispuso la inmediata expulsión de Montini del oficio que había equiparado a “Secretario de Estado”. [Cfr. Luigi Villa, “Paolo VI - proceso a un Papa”, Editrice Civilta, Brescia, 1999, pp. 239-241.]


Montini a Milán.

«... y la primera opinión que uno se forma de un príncipe, es la de su capacidad de comprensión, y de observar a los hombres que él tiene en su entorno; y cuando estos son capaces y fieles él puede ser siempre considerado sabio, por- que ha sabido reconocer a las personas capaces y mantenerlas fieles. Pero, cuando estos hombres son de otra clase, uno no se puede formar una buena opinión del príncipe, por los errores fundamentales que él ha cometido al elegir.» (Nicolás Maquiavelo, “El príncipe”, 1513)


Una vez en Milán, el Montini de 57 años se encontró de repente libre, después de 30 años, del control de la Curia y del freno Papal. 

El Arzobispo Montini estableció un nuevo curso para sí mismo que dejaría una marca indeleble en su Episcopado y luego en su futuro Pontificado.

Reunió a su alrededor una camarilla de compañeros de ruta de mentalidad liberal, anarquistas, comunistas, socialistas, mafiosos y miembros de la comunidad artística y literaria de “vanguardia”. 

Como la virtud atrae hombres de virtud, así el vicio atrae hombres viciosos. Muy pronto, fue claro que Montini no era un sacerdote mariano. El fue, en realidad, un sacerdote Maritainista, una persona completamente diferente.

Desde el primer día de su arribo, los milaneses, que tenían una gran devoción por la Madre de Dios, comenzaron a lamentarse que el Arzobispo Montini carecía de “sensibilidad” Mariana, reforzada por una acusada ausencia del Arzobispo a la tradicional festividad de la Coronación de María y peregrinación a Loreto, y la no participación en el rezo público del Rosario”. [Cfr. Hebblewaite. Paulus VI, p. 271.]

El biógrafo del Papa Paulo VI, Hebblethwaite, trató de suavizar las críticas afirmando que Montini prefería una “mariología Cristocéntrica”, pero incluso esta concesión verbal no cambia las cosas.

En realidad, la teología de Bautista Montini era antropocéntrica y no teocéntrica. Tenía como centro al hombre y no a Dios.
Montini era el más grande e influyente discípulo de Jacques Maritain y de su “Humanismo Integral”, hábilmente descrito por H. Caron en “Le Courrier de Roma” como pretendiente de «... una fraternidad universal de hombres de buena voluntad pertenecientes a diversas religiones o a ninguna religión en absoluto. Es dentro de esta fraternidad que la Iglesia debería ejercitar una creciente influencia sin imponerse a si misma como la única verdadera Iglesia.» [Cfr. Hamish Frazer, “Jacques Maritain and Saul David Alinsky - Fathers of the ‘Christian’ Revolution”. Hamish Frazer, Supplento de Approaches, No 71.]

El Abad Georges de Nantes recoge el espíritu del “Humanismo Integral” de Maritain en su acrónimo MASDU– un Movimiento para la Animación Espiritual de la Democracia Mundial (Movement d’Animación Spirituelle de la Democrazie Universale) en el cual la Declaración de los Derechos del Hombre sustituye el Evangelio de Jesucristo; la “Democracia Universal” se ha convertido en una analogía del “Reino de Dios” sobre la tierra, y la función de la religión es la de proveer de inspiración y “Animación Espiritual” a la Humanidad, así regenerada - siendo el producto final del MASDU el completo aniquilamiento de la Religión y de su “metamorfosis en un Humanismo ateo”. 

[Cfr. El tratado del Abad de Nantes sobre el MASDU en: http://www.crc-internet.org/ lib1masdu.htm.] 

El Abad de Nantes es el editor de “La Contrarreforma Católica en el siglo XX”. Maison Saint Joseph, Saint Parres-les-Vaudes, Francia.]Se decía que el nuevo Arzobispo de Milán no escuchaba las campanas de las iglesias, sino las sirenas de las fábricas.
No sorprende, entonces, que en una de las primeras visitas a la residencia episcopal, Jacques Maritain, ex gran filósofo tomista, llevó con él a Saúl David Alinsky, el “apóstol de la Revolución Permanente”. Montini fue así impresionado por el hombre que Maritain llamó su “apasionado amigo personal” y “uno de los grandes y verdaderos hombres de este siglo”, e invitó a Alinsky a ser su huésped durante dos semanas, para poderlo consultar sobre las relaciones de la Iglesia con los Sindicatos Comunistas locales. [Cfr. Hamish Frazer, “Jacques Maritain and Saul David Alinsky - Fathers of the ‘Christian’ Revolution”. Hamish Frazer, Suplemento de Approaches, No 71, p. 5 .]

Nacido en Chicago en 1909, Saúl Alinsky, un hebreo no creyente, era un laureado de la Universidad de Chicago. En 1940, fundó la “Industrial Areas Foundation” como vidriera para su táctica revolucionaria para organizar las masas para el poder. [La obra más popular de Saúl Alinsky, “Reglas para los Radica- les” (Nueva York: Random House, 1971), está dedicada a Lucifer, el “verdadero primer radical”. Ver también Marion K. Danders, “El radical profesional - conversación con Saúl Alinsky”, Nueva York, Harper Row, 1965.]

Los más estrechos asociados de Alinsky se encontraban entre los miembros de la Jerarquía Católica y del clero, incluso el Card. Mundelein, su protegido obispo Bernard Sheil, y el sacerdote-activista John Egan, uno de los primeros promotores de “Call Acion”. [Cfr. Hamish Fraser, op. cit., pp. 49-50.]

El sostén y la fuente financiera principal de Alinsky era la familia Rockefeller, la riquísima y secreta “Comunist Marshall Field”, la Conferencia Episcopal Americana (USCC) y la Iglesia Católica Americana. Alinsky trabajó codo a codo con el Partido Comunista de USA hasta su ruptura con ese Partido, después de la firma del Pacto Soviético-Nazi. [Cfr. Hamish Fraser, op. cit., p. 17.]

En: “Jacques Maritain y Saúl David Alinsky – Padres de la Revolución ‘Cristiana’ ”, Hamish Fraser, editor de “Approaches”, escribe de Alinsky: «Alinsky es un producto del Naturalismo Masónico y Revolucionario Marxista, del cual ambos aprecian la necesidad de las elites de tomar y mantener el poder político... «Alinsky era un no creyente para quien la idea de dogma era un anatema... Dado el Naturalismo de Alinsky, no sorprende que no haya algún espacio en su “ética social” para ningún Absoluto, y para nada que fuera intrínsecamente “bueno” o “malo”... Divorciado y vuelto a casar tres veces, él mostraba todo su desprecio por “la vieja cultura, cuando la virginidad era una virtud”... La “iglesia de hoy y de mañana” de Alinsky no debía ser ni Católica, ni protestante, ni judía, ni islámica, ni budista, ni animista, si- no un único sincretismo mundial, amalgama sináptica de todos los credos existentes.» [Cfr. Hamish Fraser, op. cit., p. 44.]


Como observa Fraser, lo que distinguía a Saúl Alinsky no era «su receta para una iglesia mundial sincretista ̧ sino que él fue el primero que hizo aceptar ampliamente esta, su idea, dentro de la Iglesia Católica.» [Cfr. Hamish Fraser, op. cit., p. 44.]

Sin embargo, si Jacques Maritain y su más grande discípulo el Papa Paulo VI no hubieran sentado los fundamentos para la Revolución en la Iglesia, la alianza de Alinsky y su intimidad con la Iglesia Católica hubiera sido imposible – concluye Fraser. [Cfr. Hamish Fraser, op. cit., p. 44.]

Durante sus ocho años de Arzobispo de Milán, la política siempre más radical de Montini lo puso en conflicto con otros miembros de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), entre ellos con el Arzobispo Gilla Vicenzo Gremigni, de la Diócesis de Novara.Una vez que se estabilizó en la diócesis, el Arzobispo Montini tomó la decisión de cerrar y llevar a otro lugar “Il Popolo d’Italia”, un periódico bien consolidado, publicado en la Diócesis de Novara. 

El Arzobispo Gremigni, Ordinario de Novara, protestó, y justamente, porque ese acto no era de jurisdicción del Arzobispo Montini. El primero de enero de 1963, solo seis meses antes de su elección al Solio Pontificio, Montini envió al Arzobispo de Novara una carta de tal contenido que, al leerla, Gremigni tuvo un ataque cardíaco fatal. La carta fue encontrada por el Auxiliar de Gremingni, Mons. Ugo Poletti, quien la guardó para sí.

Cuando Montini partió de Milán para Roma, el fantasma del Arzobispo Gremigni lo siguió en la persona de Mons. Poletti. En 1967, la prensa italiana recibió la información que la muerte del Arzobispo Gremigni tenía que ver con el nuevo Papa. Inmediatamente después, Paulo VI eligió a Poletti a cargo de la Diócesis de Spoletto. Fue la primera de una serie de aparentes promociones papales milagrosas y espontáneas del ambicioso Prelado, que también incluyó el cargo de Vicario de Roma, la Presidencia de la Conferencia Episcopal Italiana y la nominación car- denalicia, conferida por Paulo VI el 5 de marzo de 1973. [Cfr. Millenari, “The Shroud of Secrecy” (El manto de secreto), pp. 137-139. El autor sostiene que Polettti y Montini firmaron un pacto secreto de no revelar el contenido de la carta de Montini al Arzobispo Gremigni, de Novara, del 3 de enero de 1963]



La mafia de Milán del Arzobispo Montini.


Dos de los más estrechos ayudantes del Arzobispo Montini en Milán, fueron Mons. Giovanni Benelli y Mons. Pasquale Macchi.
Montini había reclutado a Benelli a la edad de 26 años, solo pocos años después de su ordenación, para servir como secretario en la Secretaría de Estado. Cuando Montini fue a Milán, Benelli lo siguió. Después de la elección de Montini al Papado, Benelli lo siguió a Roma. 

En 1966, sirvió como Nuncio Papal en Senegal, y luego volvió a Roma como Representante de Paulo VI en la Curia Romana.Un año antes de su muerte, Paulo VI hizo Cardenal a Benelli, su fiel servidor, y lo nombró Arzobispo de Florencia. [Después de la muerte de Paulo VI, el 6 de agosto de 1978, el Card. Benelli era considerado uno de los más papables, pero fue elegido el Card. Albino Luciani de Venecia. Después de la muerte de Juan Pablo I, Benelli era todavía uno de los principales candidatos, pero esta vez perdió contra un polaco, el Card. Karol Wojtyla. El Card. Benelli mantiene su puesto de Arzobispo de Florencia hasta que muere por un imprevisto ataque cardíaco en 1982.]

Uno de los más famosos protegidos de Benelli fue el sacerdote norteamericano (después hecho Cardenal) Justin Rigali.El rival de Benelli, para las atenciones y el afecto de Paulo VI, era su secretario personal, Mons. Pasquale Macchi, que había recibido el sobrenombre de “Madre Pasqualina de Montini”. [La Madre Pasqualina Lehnert era quien ‘comandaba’ el pequeño grupo de religiosas que asistían al Papa Pacelli, y además cumplió numerosas tare- as de solidaridad con refugiados y de ayuda alimentaria durante y después de la IIa. Guerra Mundial (N.del T.)] 

Nativo de Varese, Macchi era un profesor de Seminario y sabía como manejarse en la ciudad de Milán y en su mundo subterráneo. Macchi tenía afinidad por la filosofía francesa y por el arte moderno, y llamó a muchos de sus amigos artistas, para que se reunieron con Montini. Después de la elección de Montini al papado, Macchi siguió a su protector a Roma donde se convirtió en el consejero del Papa en todo aspecto de estética y en el depositario de los secretos más oscuros. [En 1989, once años después de la muerte de Paulo VI. Juan Pablo II nombró a Macchi Arzobispo (título personal) de Loreto. Macchi se retiró en 1996, a la edad de 72 años.]

Macchi, de quien Peter Hebblethwaite afirma haber esta- do “muy bien conectado con el mundo de la finanza”, estaba en relaciones muy estrechas con los cuatro importantes consejeros financieros del Papa: Michele Sindona, Mons. Paul Marcinkus, Roberto Calvi y el obispo Donato De Bonis – todos ladrones. [El Obispo Donato De Bonis es probablemente el menos conocido de los cuatro consejeros financieros del Papa Montini. El Arzobispo Macchi consagró Obispo a Donato de Bonis, el 25 de abril de 1993, a despecho del hecho que De Bonis, funcionario de la Banca Vaticana, estaba acusado de conspiración por fraude fiscal. De Bonis era acusado de ser masón, pero para eso, lo era también Macchi. En el verano de 1984, De Bonis estuvo en el centro de la atención de la prensa de USA por haber hecho una donación de 2.000 dólares a la “March of Dimes” (MOD), primera promotora americana del aborto eugenético. La visita oficial del funcionario del Vaticano al MOD en Hartford, Connecticut, fue coordinada por el Obispo James T. McHugh de la diócesis de Camdem, Nueva York. (Cfr. Randy Engel, “A March of Dimes Primer - The A-Z of Eugenic Killing”, Export. Pensylvania: U.S. Coalition of Life, PA, 1991.]

Aunque distintos por personalidad y temperamento, Macchi y Benelli tenían una cosa en común: su pertenencia a la Masonería. En 1976, los nombres (junto al número de código y la fecha de iniciación de Mons. Pasquale Macchi y de Mons. Giovanni Benelli aparecieron en una lista de funcionarios vaticanos pertenecientes a la Masonería. Esa lista fue publicada en “Il Borghese”. Sin embargo, la acusación que los dos hombres íntimos del Santo Padre, eran masones, parece no haber tenido ningún efecto en su futura carrera, sea bajo el pontificado de Paulo VI como bajo el de Juan Pablo II.



El arzobispo Montini encuentra a los 'tiburones'.

Michele Sindona, conocido como “el tiburón” había echado raíces en el mundo sumergido de la finanza de Milán, mucho antes que Montini se convirtiera en Arzobispo de aquella ciudad. 

[Esta historia sobre las finanzas vaticanas y sobre el IOR está basada en las informaciones extraídas de un gran número de publicaciones y sitios de internet, incluso Conrad Goeringer, “History of the IOR” – Murder, Bank, Strategy – the Vatican”, en http://www.voxfux. com/features/vaticanmurder.html. Ver también David A. Yallop, “In God’s Name” (En nombre de Dios) – An Investigation Into The Muerder of Pope John Paul I”, New York: Bantam Books, 1984.]

Nacido en Messina en 1917, Sindona, educado por los Jesuítas, estaba estudiando leyes, cuando las tropas británicas y americanas invadieron Italia, durante la Segunda Guerra Mundial. El emprendedor Sindona decide explotar la ocasión que ofrecía el lucrativo ‘mercado negro’, y entró en el tráfico de limones y de granos. 

Como la Mafia siciliana controlaba el tráfico de los productos, Sindona hizo un acuerdo con el capo mafioso Vito Genovese, a quien Sindona daba un cierto porcentaje de sus ganancias, a cambio de protección para su negocio y para su persona. 

En 1948, Sindona dejó la zona pobre del Sud, devastada por la guerra, para emigrar a Milán, la ciudad más rica e industrializada del Norte, donde se convirtió en “consejero financiero” de varios milaneses ricos e influyentes. Sus credenciales mafiosas lo seguirán al Norte.

Cuando en 1954 Sindona supo que Pío XII había nombrado a Montini como Arzobispo de Milán, se aseguró una carta de recomendación de parte del Arzobispo de Messina, su diócesis de origen.

Poco después, Sindona adquiere un nuevo cliente en Montini y en la Iglesia de Milán.
Al Arzobispo Montini le resultó tan grato Sindona, que lo llevó a Roma para presentarlo al Príncipe Massimo Spada, un funcionario anciano del “Instituto para las Obras Religiosas” (IOR). El IOR, popularmente conocido como el depósito del patrimonio de la Iglesia, estaba caracterizado por sus obras caritativas. [El IOR, o Banco Vaticano, está situado en el torre de Nicolás V, construida sobre el Palacio Papal. Sus operaciones son distintas de las de otros bancos o instituciones estandard bancarias. El IOR no emite préstamos ni imprime cheques. Los depositantes son las Diócesis, las parroquias, las Órdenes Religiosas, y las Órdenes Fraternas. Su historia se remonta al Pontificado del Papa León XIII que fundó la “Administración para las obras religiosas”. Después de la firma del Pacto de Letrán, de 1929, el Papa Pío XI creó otra agencia: la “Administración del Patrimonio de la Santa Sede”, para gestionar los fondos asignados a la Santa Sede por el Estado Italiano como compensación por la pérdida de los Estados Pontificios. 

En 1942, el Papa Pío XII fundó otra agencia, conocida con el nombre de “Instituto para las Obras Religiosas” (IOR) . El Papa Pacelli puso el IOR bajo la dirección de Bernardino Nogara, quien inició un programa de diversificación de las inversiones y bienes inmuebles, que llevó al Vaticano al mundo moderno de las finanzas internacionales. Por primera vez, la Santa Sede había establecido contactos directos con el imperio secular financiero de los J.P. Morgan, Rothschild y de otros similares. En 1954, cuando Nogara se retiró, él había aumentado los 85 millones de dólares iniciales, recibidos del Gobierno de Mussolini en 1929, a cerca de mil millones de dólares. El Vaticano, ahora, tiene intereses en gigantescas casas farmacéuticas y químicas, industriales, constructoras como inmobiliarias, como también es accionista de grandes corporaciones como la General Motors, Gulf Oil e IBM. Ver “Banca Intesa: So Catholic, So Ungrateful”, L’espreso, No 25, 18-24 de junio de 2004, en: http://213.92.16.98/ESW artícolo/ 0%2C42171%2000.]

Sindona se con- vierte en un “hombre de confianza” y le fue dado el pleno control de las inversiones extranjeras del IOR.

El patrimonio total de IOR, en aquel tiempo, era de cerca de mil millones de dólares, pero el patrimonio era un aspecto secundario por la exención de impuestos del IOR y su posibilidad de reciclaje de dineros sucios, especialmente el dinero de la Mafia producido con el tráfico de heroína, prostitución y para las contribuciones políticas ilegales de fuentes subterráneas del mundo, incluida la Masonería. [En los años 1980, el patrimonio bruto del IOR ascendía a cerca de 10 mil millones de dólares.]

En 1960, Sindona, que trabajaba con el viejo adagio que “el mejor modo de robar a un banco es el de poseerlo”, adquirió su banco, el Banco Privado y, en brevísimo tiempo, recibió depósitos provenientes del IOR. El usó esos fondos para construir la pirámide de sus inversiones y comenzó a reciclar fondos ilegales a través de la Banca Vaticana.Después de la elección del Papa Paulo VI, Sindona siguió a Montini a Roma y se convirtió en uno de los mayores intrigantes en el IOR. Sus operaciones y su portafolio financiero creció exponencialmente. 

En 1964, Sindona creó una compañía internacional de intermediación de divisas, llamada “Moneyrex” con 850 bancos clientes y un giro financiero anual de 200 millones de dólares. Muchos miembros del “Palazzo”, los ricos y famosos de Roma, utilizaban la “Moneyrex” para proteger sus fortunas del fisco, a través de cuentas ilegales off shore. Sindona tenía un registro secreto de las transacciones de los clientes de “Moneyrex” como seguro para eventuales y futuros días de rendición de cuentas.

El Vaticano y el Papa Paulo VI, junto con los nombres y números de cuentas secretas de los miembros líderes del Partido de la Democracia Cristiana como del Partido Socialista y del Social-Demócrata, estaban todos listados en el pequeño libro negro de Sindona.
A fines de los años 1960, el “Grupo Sindona” incluía seis (luego nueve) bancos en Italia y en el extranjero y más de 500 corporaciones gigantes y conglomerados. Uno de esos bancos, el Franklin National Bank de Nueva York, el décimo octavo banco de los Estados Unidos, con un patrimonio de 5 mil millones de dólares, fue comprado en parte con dineros que Sindona había ‘desnatado’ de sus bancos italianos.

El, también había extraído fondos de sus patronos secretos, a saber, de la Mafia Siciliana y después de 1971, de la Logia Propaganda 2 (P2), una logia masónica de inspiración mafiosa, encabezada por el Gran Maestro Licio Gelli. Además. Sindona se ocupaba también de transacciones financieras para la Central Intelligence Agency (CIA) que durante el período post bélico, había pagado grandes sumas en Italia, parte de las cuales entraron en la Banca Vaticana.

Mientras tanto, el amigo de Sindona, el Papa Paulo VI, debía hacer frente a la creciente marea de las críticas que provenían del Estado. El Gobierno Italiano amenazó con eliminar la exención impositiva a la Iglesia, sobre sus propiedades y sobre sus inversiones, que la Santa Sede había hecho desde los tiempos de Mussolini. Bajo la modificada ley fiscal, el Estado Vaticano sería gravado como cualquier ente corporativo. Sindona, entonces, propuso un esquema para ocultar el dinero vaticano en inversiones off-shore, y Paulo VI consintió.


Tomado de: "Chiessa Viva" No. 441.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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