¿Quién está detrás del telón?


18 Sep
18Sep


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Muchas veces el hombre buscando las causas o el origen de las obras en la vida ordinaria, se desgasta en los motivos, argumentos o justificaciones de los hechos de las personas; más allá de los nombres, personas o causas que buscan, el hombre se sujeta a Dios Nuestro Señor, o se sujeta a Satanás: 

“El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo… El diablo puede considerar al pecador como ser semejante a él y como obra suya”.  Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 274.

El hombre en la presente vida está en camino de salvación o condenación eterna, por el uso de su libre voluntad para cumplir o incumplir los mandamientos de Dios Nuestro Señor.





Consideraciones



1º Detrás de todo pecado se encuentra el enemigo de Dios.

  • “Los hombres han crucificado a Jesucristo, pero es otro el promotor de este terrible hecho. Tras las personas activas al exterior se oculta el funesto personaje que las dirige. Satanás, que desde el principio fue asesino y un mentiroso (Jn. 8, 44), entró en Judas Iscariote y le sedujo a traicionar a Jesús (Lc. 22, 3; Jn. 13, 27; 6, 70).” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 282.

  • “El diablo odia a Dios, vive en el odio a Dios, o sea odia a la Bondad en persona. Por eso no puede amar nada y a nadie. El diablo, al odiar al hombre odia en él a Dios, al Creador y al Santo. Se esfuerza por separar al hombre de Dios para llevarlo a un estado de apartamiento de Dios. El diablo combate el Reino de Dios, incondicionalmente. No hay solamente un poder impersonal malo; existe también un ser personal cuyas intenciones son radicalmente malas y que quiere el mal por amor al mal.” Michael Schmaus,Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 274.

  • “La lucha del diablo contra el Reino de Dios, contra el poderío de Dios en la Creación, contra el amor y la fe del hombre va aumentando en fuerza y encono según que se va acercando el momento en que el Reino de Dios entrará con Cristo en la Historia. Desde el momento de la encarnación de Cristo se convierte en lucha personal contra Cristo. El diablo se esfuerza por destruir a Cristo y su obra valiéndose para ello de medios tales como la astucia, la falsedad, la mentira y, finalmente, la fuerza bruta.” Michael Schmaus, Teología Dogmática, tomo II, § 124, página 276.

No quedarse corto en el análisis de los hechos, ni perderse en los nombres o argumentos aducidos; sencillamente son obras de Dios o de Satanás.

 


2º Fe y confianza en Dios.


La desilusión, decepción o frustración del hombre se presenta mayormente cuando pone su fe y confianza en el hombre: “Esto dice el Señor: Maldito el hombre, que confía en el hombre, y pone carne por brazo suyo, y se retira del Señor su corazón… Bienaventurado el varón, que confía en el señor, y el Señor será su esperanza.” Jeremías 17, 5-7.

El hombre no está confirmado en gracia, la presente vida es una prueba donde se determina la bienaventuranza o la desgracia eterna, por ello la fe y confianza debe estar únicamente en Dios Nuestro Señor.

El hombre es bueno en la medida que esta unido a Dios Nuestro Señor, por ello debe esforzarse en cumplir los santos mandamientos: “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto: porque sin mi no podéis hacer nada. El que no estuviere en mí será echado fuera, así como el sarmiento, y se secará, y lo cogerán, y lo meterán en el fuego, y arderá… Si guardáreis mis mandamientos, perseveraréis en mi amor, así como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.”  San Juan XV, 5-10.

 


3º Perseverad en el combate.

Toda persona que quiera amar y servir a Dios Nuestro Señor, será particularmente combatida de múltiples formas por tres grandes enemigos que hacen alianza para condenarlo: mundo, demonio y carne.

El hombre debe unirse a Dios por la gracia: “Porque nosotros no tenemos que luchar contra la carne, y la sangre: sino contra los principados, y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus de maldad en los aires. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios; para que podáis resistir en el día malo… sobre todo embarazado el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del maligno.” San Pablo a los Efesios VI, 12-15.

En el combate espiritual regularmente habrá caídas y recaídas, por eso, es necesario concientizarse de la lucha espiritual permanente por la salvación eterna, de los enemigos superiores al hombre, de la fragilidad humana, para no desmoralizarse o apartarse del buen combate.

  • “Porque siete veces caerá el justo, y se levantará: mas los impíos se precipitarán en el mal.” Proverbios 24, 16.

  • “Si dijéremos, que no tenemos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros. Si confesáremos nuestros pecados: fiel es y justo, para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Epístola de San Juan I, 8.

  • “Y así el que piensa, que está en pié, mire no caiga. No os tome tentación sino humana: mas fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados mas allá de vuestras fuerzas: antes hará que saquéis provecho de la misma tentación, para que podáis perseverar.” San Pablo a los Corintios X, 12.




4º Rezad el Santo Rosario.

Procure tener la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, la cuál en palabras de San Bernardo es señal de salvación eterna; esta devoción la puede conocer, meditar y estudiar en el libro “La verdadera devoción” de San Luis María G. de Montfort.

El Santo Rosario es la principal devoción a la bendita Madre de Dios: “No es posible expresar cuánto estima la Santísima Virgen el Rosario sobre todas las demás devociones y cuán magnánima es al recompensar a quienes trabajan para predicarlo, establecerlo y cultivarlo y cuán terrible es, por el contrario, con aquellos que quieren hacerle oposición.”  San Luis María G. de Montfort, ‘El secreto del Rosario’, rosa VII.

Procurar tener en su casa un pequeño altar limpio y ordenado a la Santísima Virgen María, un reclinatorio para cada día rezar despacio y con atención el Santo Rosario, el cuál os ha de llenar de bendiciones, apartar la maldad y conceder la gracia de la santa perseverancia.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito, y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados."  San Luis María G. de Montfort, El secreto del Rosario.





Ave María Purísima, sin pecado original concebida.







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