Si Pedro es fundamento rocoso de la Iglesia, no lo es por sí mismo, sino en cuanto Vicario de Cristo.


11 Oct
11Oct



Et ego dico tibi, quia tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam, et portae inferi non praevalebunt adversus eam. Et tibi dabo claves regni coelorum. Et quodcumque ligaveris super terram, erit ligatum et in caelis: et quodcumque solveris super terram, erit solutum et in caelis. Tunc praecepit discipulis suis, ut nemini dicerent quia ipse esset Jesus Christus. 

"Y yo te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti daré las llaves del reino de los cielos. Y todo lo que ligares sobre la tierra, ligado será en los cielos: y todo lo que desatares sobre la tierra, será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos, que no dijesen a ninguno, que él era Jesús el Cristo." Evangelio de San Mateo XVI, 18-20.  


Contenido.


1º    Vicario de Cristo.

2º    El poder de las llaves.

3º    El poder de atar y desatar.

4º    El Vicario de Cristo está sujeto a la naturaleza humana y puede cometer pecado.

5º    El Vicario de Cristo cesa de su autoridad por el pecado de herejía.

6º    Hechos deshonrosos de algunos Vicarios de Cristo en la Historia de la Iglesia.


1º Vicario de Cristo.

“Vicario es un nombre genérico que significa una persona que no ejerce sino en segundo lugar las funciones de un oficio; vicarius a vice vulgo dicitur: est que is qui vicem alterius obtinet, et in locum ejus succedit, (c.1, 2, de ofic. Vicar.)”. Diccionario de teología, Abate Bergier, año de 1846. Página 493.

"También es cierto que aunque sea el Papa el despensero mayor de los bienes de la Iglesia, éstos no le pertenecen como si en realidad fuera su dueño y poseedor.” Santo Tomás de Aquino, Suma teológica II, II, C. 100, a. 2, r. 7.

Ninguno puede predicarse a sí mismo; todos tienen que predicar a Cristo y del modo que les ha sido mandado. Lo común de todos los apóstoles es ser representantes de Cristo. Si Pedro es fundamento rocoso de la Iglesia, no lo es por sí mismo, sino en cuanto Vicario de Cristo. En él está, pues, representado el fundamento de piedra, que es Cristo mismo; en Pedro se manifiesta y obra Cristo mismo. Pedro es, por tanto, el medio de la función de Cristo a quien San Pablo se refiere cuando dice que Cristo es el fundamento rocoso de la Iglesia. San Buenaventura expresó felizmente la relación entre Cristo y Pedro al decir (Quaestiones disputatae de perfectione evangelica, q. 4, art. 3) que Cristo es la piedra y Pedro, Vicario de la piedra (vicarius petrac).” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 166.

“No solo Pedro, también los demás apóstoles son el fundamento de la Iglesia apoyado en Cristo; pero lo son en relación con Pedro y en dependencia de él. Es difícil entender mientras uno se atiene al ámbito de los símbolos, pero será comprendido al dejar de lado los símbolos y atenerse a la realidad que significan. Como hemos visto el símbolo del fundamento de piedra alude a la dirección y gobierno de la Iglesia. Los demás apóstoles cumplen su fundación directiva en dependencia de Pedro, ya que a él sólo le ha sido especialmente concedido el gobierno de la Iglesia, aunque también a los demás les fueron confiados tareas directoras.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 167.


2º El poder de las llaves.

El Vicario de Cristo no es el dueño de la Iglesia, ni la fuente de las gracias, o el origen del poder; el Vicario de Cristo es el representante en el gobierno de la Iglesia de Jesucristo Nuestro Señor.

“Pedro no es nombrado portero del cielo. Las llaves son símbolo de que Pedro representa en la tierra al señor y propietario de la casa, a Cristo. Mediante la entrega de las llaves es constituido plenipotenciario de Cristo. El que tiene las llaves tiene el poder para disponer, tiene autoridad para permitir o prohibir la entrada. Según Apoc. 1, 14 Cristo en sus manos lleva en sus manos las llaves de la muerte y del infierno. Según Apoc. 3, 7 Cristo tiene las llaves de David, ya que puede conceder o negar la entrada en el reino mesiánico. Pedro no es más que un representante; puede abrir o cerrar y así conceder o negar la entrada en el reino mesiánico. Tiene esas funciones porque en cuanto portador de las llaves dispone de la entrada en la Iglesia y de la exclusión de ella. En el gobierno de la casa de la comunidad le compete el máximo poder de orden por ser vicario del dueño de la casa; este poder implica el poder de dirección y el poder disciplinar. El administrador de la casa y el encargado de las llaves debe decidir lo que está bien, lo que está permitido y lo que está prohibido conforme al orden domestico de Dios.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 167.


3º El poder de atar y desatar.

“El poder  de las llaves sigue siendo explicado en la tercera imagen. Lo que Cristo dice a Pedro bajo la imagen de atar y desatar, lo dice también a todos los apóstoles, según Mt. 18, 18. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, según Mt. 16, 18, se lo dice sólo a Pedro. Evidentemente a todos los apóstoles les compete lo que le compete a Pedro, pero a Pedro le compete de una manera especial. En seguida indicaremos como hay que entender esta diferencia. Recordemos ahora una vez más que la imagen de atar y desatar implica tres cosas: excluir de la comunidad o readmitir en ella, imponer una obligación o eximir de ella y declarar una cosa prohibida o permitida. Cuando Pedro fue llamado como administrador de la casa de Dios, para ejercer el poder disciplinar en la casa de Dios y mantener en ella el orden de vida, tendría que estar en situación de decidir lo conveniente y lo inconveniente al orden de la casa de Dios. El poder disciplinar tiene, por tanto, a su base el poder de enseñar.

Cristo usa las expresiones “Iglesia” y “reino de los cielos”; el poder de las llaves se refiere al reino de los cielos. Pedro es fundamento rocoso de la Iglesia. La Iglesia y el reino de los cielos no son lo mismo, pero están en una relación, cuya naturaleza explicaremos más tarde. Aquí sólo podemos decir que la Iglesia es a la vez órgano y manifestación, instrumento y lugar del reino de los cielos, del reino de Dios. Pedro excluye del reino de los cielos, de la comunidad con Dios, al excluir de la comunidad de la Iglesia, y admite en el reino de Dios al admitir en la Iglesia.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, §167 c, página 167.


4º El Vicario de Cristo está sujeto a la naturaleza humana y puede cometer pecado.

El Vicario de Cristo por la libertad que goza la naturaleza humana, por permisión divina, puede cometer errores y escándalos, de los cuales Nuestro Divino Redentor sabe aprovechar para los que aman a Dios: “Y sabemos también, que a los que aman a Dios, todas las cosas contribuyen al bien” Romanos 8, 28.

El Romano Pontífice es el Vicario de Cristo, pero esta sujeto a los ataques de Satanás, a la miseria humana y puede caer de tan alta dignidad por el uso indebido de su libertad.


o    “Simón, Simón, mira, que Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo. Mas yo he rogado por ti, que no falte tu fe: y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.”  San Lucas 22, 31.

o    “El Papa puede incurrir en el vicio de simonía, como cualquier otro hombre. Y, en realidad, el pecado que se comete es tanto más grave cuanto más alto es el puesto que ocupa el pecador. También es cierto que aunque sea el Papa el despensero mayor de los bienes de la Iglesia, éstos no le pertenecen como si en realidad fuera su dueño y poseedor. Por consiguiente, no dejaría de incurrir en vicio de simonía si recibiese el dinero procedente de rentas de iglesias particulares a cambio de algún bien espiritual. Y, de igual modo, podría cometer pecado de simonía recibiendo de algún laico dinero que nada tuviera que ver con los bienes de la Iglesia.” Santo Tomás de Aquino, Suma teológica II, II, C. 100, a. 2, r. 7.

o    “Satanás intentará hacer caer a los discípulos. La pasión de Cristo le dará ocasión; abusará de ella para tentar a los discípulos, para tratar de escandalizarlos, para conmover su fe. Jesús intercede ante el Padre por sus discípulos a la hora de la tentación; será su abogado ante Dios. Y lo hace rezando por Pedro. Es tan sorprendente como importante, que Cristo hable primero del ataque del infierno contra los discípulos y diga después que reza por Pedro; su oración es para que la fe de Pedro no se hunda. Evidentemente la perseverancia y caída de Pedro son importantísimas y decisivas para todos. Parece que la fe de Pedro está especialmente en peligro. POR MÁS ALTO QUE ESTÉ JUSTAMENTE POR ESTARLO, ESTÁ EXPUESTO A GRAVES ATAQUES… Pedro sucumbe en parte a la tentación; pero la oración de Jesús impide que pierda totalmente la fe.” Michael Schmaus, ‘Teología Dogmática’, tomo IV, página 169.


“Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores. Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la ‘inerrancia’ de la Iglesia, nosotros confesamos como dogma de nuestra fe católica (supuestas las cuatro condiciones que establece y aclara el Concilio Ecuménico Vaticano I), es personalmente ni impecable, ni infalible. En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4.


5º El Vicario de Cristo cesa de su autoridad por el pecado de herejía.

El Sumo Pontífice que es el Vicario de Cristo, el fundamento rocoso de la Iglesia, es una persona humana revestida de la máxima autoridad en la tierra, con súper abundantes gracias para desempeñar santamente su misión, pero no esta confirmado en gracia, conserva su libertad. 

“Confundir las instituciones con los hombres, querer santificar al Papa, por el mero hecho de ser Papa, es ponerse en peligro de caer en una ‘Papolatría’, muy ajena a la verdad revelada”. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, 'Sede Vacante', capítulo 1º.


o    “Un papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Este es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”. San Roberto Belarmino, De Romano Pontífice, II, 30; Opera Omnia, tomo 1, página 608, Vives, París, 1870.

o    “Este principio es de lo más cierto. El que no es cristiano no puede de ninguna manera ser Papa, como Cayetano lo dijo (ib. c. 26). La razón por esto es que no puede ser cabeza de lo que no es miembro; ahora quien no es cristiano no es miembro de la Iglesia, y quien se manifieste hereje no es un cristiano, como claramente se enseña por San Cipriano (lib. 4, epíst. 2), San Atanasio (Cont. arria.), San Agustín (lib. De great. Christ.), San Jerónimo (contra Lucifer), entre otros; por lo tanto, el hereje manifiesto no puede ser Papa”. San Roberto Belarmino, De Romano Pontífice, II, 30.

o    "Ahora, cuando él [el Papa] es explícitamente hereje, cae ipso facto de su dignidad y fuera de la Iglesia...". San Francisco de Sales, La Controversia Católica, Edición inglesa, pág. 305-306

o    “En el caso en que el Papa se convirtiera en un hereje, se encontraría, por ese solo hecho y sin ninguna otra sentencia, separado de la Iglesia. Una cabeza separada de un cuerpo no puede, siempre y cuando se mantenga separado, ser cabeza de la misma entidad de la que fue cortada. Por lo tanto, un Papa que se separara de la Iglesia por la herejía por ese mismo hecho en sí dejaría de ser la cabeza de la Iglesia. No puede ser un hereje y permanecer siendo Papa, porque, desde que está fuera de la Iglesia, no puede poseer las llaves de la Iglesia”. San Antonino,  Summa Theologica, citado en Actes de Vatican I. V.

o    “Considerando la gravedad particular de esta situación y sus peligros al punto que el mismo Romano Pontífice, que como Vicario de Dios y de Nuestro Señor tiene la plena potestad en la tierra, y a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie, si fuese encontrado desviado de la Fe, podría ser acusado. y dado que donde surge un peligro mayor, allí más decidida debe ser la providencia para impedir que falsos profetas y otros personajes que detentan jurisdicciones seculares no tiendan lamentables lazos a las almas simples y arrastren consigo hasta la perdición innumerables pueblos confiados a su cuidado y a su gobierno  en las cosas espirituales o en las temporales; y para que no acontezca algún día  que veamos en el Lugar Santo la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel;” SS Papa Paulo IV, Bula: ‘Cum ex apostolatus officio’, No. 1, 15 de febrero de 1559.


6º Hechos deshonrosos de algunos Vicarios de Cristo en la Historia de la Iglesia.

Se necesita doctrina clara para no divinizar piadosamente a los hombres de Iglesia; tener fundamentos sólidos para no confundir las personas que integran la Iglesia con la Institución Divina.

La persona que ocupa el lugar del Romano Pontífice no es garantía, ni seguridad absoluta de santidad de vida, por la libertad propia de la naturaleza humana, para cotejar este aspecto con la historia de la Iglesia, sito los siguientes datos consignados en los libros aprobados por la Iglesia Católica.


o    Papa Sergio III. [Sergio de Túsculo, 904-911] “Sergio III era uno de aquellos hombres a quienes la pasión partidista ciega y enloquece… debía probablemente la tiara al poderío de esta familia, cuya casa frecuentaba más de lo debido, tanto que, siendo ya un cincuentón, se dejó prender, a lo que parece, en los lazos amorosos de Marozia, la cual apenas tendría veinte años. Fruto de estas sacrílegas relaciones sería un hijo que, andando el tiempo, se llamó Juan XI y que, ciertamente, tenía a Marozia por madre… confirmado este punto por el Liber Pontificalis, que, llegando a tratar de Juan XI, cifra toda su vida en estas últimas palabras: ‘JOHANNES NATIONE ROMANUS, EX PATRE SERGIO PAPA, SEDIT ANN. III, MENS. X’.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC,  tomo II, página 117.

o    Papa Juan XII. [Octaviano de Túsculo, 955-964] “Juan XII amaba la caza, que sus pensamientos eran de vanidad, que gustaba de las reuniones de mujeres más que las asambleas litúrgicas o eclesiásticas, que se complacía en las tumultuosas insolencias de los jóvenes y que en lascivia y audacia superaba a los paganos… Esto quiere decir, por lo menos, que en la vida de Juan XII se veía, más que al pontífice y sacerdote, al príncipe secular, poco diferente de los señores de aquella atormentada y turbulenta época.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 121.

o    Papa Benedicto IX. [Teophylactus, 1033-1045] “El cónsul Alberico, conde de Túsculo, a fuerza de dinero logro la tiara para su hijo Teofilacto, un joven apasionado y violento… sobrino de los dos Papas anteriores y se llamo Benedicto IX. Tal subida anticanónica no fue más que el comienzo del desgobierno y de la inmoralidad. No llevaron con paciencia los romanos las indignidades y crímenes de Benedicto IX (adulterios y asesinatos…) el año 1044 estalló una violenta insurrección que obligó al Papa a salir huyendo de la ciudad. Los romanos pusieron en el trono al obispo de Sabina Silvestre III, que reinó muy poco, porque a los cincuenta días regresó Benedicto IX, apoyado por las fuerzas militares de sus hermanos y se instaló de nuevo en Letrán. No sintiéndose seguro, Benedicto IX pensó en renunciar a la tiara. Es quimérica la noticia de Bonizón de Sutri de que el móvil de la renuncia fue la pretensión de casarse con una hija de su enemigo Gerardo de Sasso. La abdicación tuvo lugar en mayo de 1045 mediante un pacto con su padrino, el arcipreste Juan Graciano, que le ofreció una buena cantidad de dinero, no comprándole simoníacamente la dignidad pontificia, sino, como parece más probable, dándole con que pudiese vivir… De parte del buen Graciano, que se llamó Gregorio IV (1045-1046)”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 140.

o    Papa Bonifacio VIII. [Benedetto Gaetani, 1294-1303] “Entramos en una época tormentosa y trágica. El pontificado de Bonifacio VIII, que pudo ser la cumbre augusta del Medioevo, tuvo más bien el aspecto de un derrumbamiento, producido por súbito cataclismo… Por otra parte, los diezmos y tributos que le ofrecían los prelados y clérigos de su reino venían a colmar sus arcas de oro que ambicionaba… el día 2 de mayo de 1297, mientras una larga reata de mulas transportaban de Anagni a Roma una ingente cantidad de oro, plata y objetos preciosos pertenecientes al Papa y a su nepote Pedro Gaetani, y destinados a comprar tierras y castillos, una cuadrilla de gente armada, conducida por Esteban Colonna, salteó la caravana de acémilas, arrebatándoles los tesoros que llevaban, por valor de cerca de 200,000 florines según los Anales de Cesena… Amigo siempre de las ceremonias pomposas y simbólicas, el papa triunfador quiso significar su victoria total sobre los enemigos con un gesto de antiguo romano.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Laboa, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo II, página 562, 577, 583, 587 .

o    Papa Clemente VI. [Pierre Roger de Beautfort, 1342-1352]. “La corte de Avignon alcanzó su apogeo de esplendor. No había otra en Europa más faustosa, más amiga de fiestas, más banqueteadora, más abundante de plata y oro, y, por lo mismo, más concurrida. Poseemos muchos datos sobre la guardarropa del pontífice (en el vestuario personal de Clemente VI se emplearon hasta 1080 pieles de armiño), sobre los objetos de lujo y de arte, sobre las compras y gastos diarios, sobre los festejos, etc. Y con el Papa iban a porfía los cardenales, que atesoraban enormes riquezas. En una recepción que en 1343 ofreció al cardenal Aníbal de Ceccano se sirvieron a la mesa no menos de 27 platos substanciales, alternando con entremeses, e interrumpidos con danzas, conciertos y otros juegos, mientras artísticas fuentes, a caño abierto, derramaban los mejores vinos. Banquetes opíparos más que refinados. Celebrábanse solemnísimamente fiestas cuando venía a la corte algún príncipe o algún embajador… Un testigo ocular, Pedro Hérenthals, asegura que los clérigos pobres y suplicantes venidos a Avignon en Pentecostés de 1342 eran tantos, que los candidatos a otros tantos beneficios en toda la cristiandad se computaron en unos cien mil. Para poder atender a tantas peticiones, Clemente VI se reservó la colación de las abadías, prelaturas, canonjías, etc.; y como alguien le amonestase diciendo que en otros pontificados no se hacía tal cosa, él respondió: ‘Mis predecesores no supieron ser Papas’. Hallando que el enorme palacio edificado por Benedicto XII no era bastante espacioso y alegre, lo amplificó y lo decoró regiamente”. Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 103.

o    Papa Sixto IV. [Francesco della Rovere, 1471-1484]  ”El Papa veneciano, con su amor al fausto y al lujo, descuidó los intereses puramente religiosos y no advirtió la necesidad de renovar el colegio cardenalicio con figuras de alto espíritu eclesiástico. La curia entra en un plano inclinado, que ocasionará los grandes resbalones de Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, etc. porque esta segunda etapa de decadencia espiritual no se cerrará hasta la elección de Adriano VI. Bien dijo Egidio de Viterbo que la época iniciada por Sixto IV se preocupó del dinero más que del Dios verdadero, de los placeres carnales más que de los bienes eternales. No raras veces olvidaron los Papas que eran vicarios de Cristo… Desgraciadamente veremos cómo algunos Papas, por motivos de carne y sangre, no de razón y prudencia, levantaron a sus nepotes y familiares, concediéndoles honores indebidos y riquezas innecesarias, con escándalo de los fieles y grave daño del espíritu eclesiástico.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’, BAC, tomo III, página 401.

o    Papa Alejandro VI. [Roderic de Borja, 1492-1503] “La virtud natural del amor a los hijos degeneró en Alejando VI, ya antes de su Pontificado, en debilidad imperdonable. No sólo quiso reconocerlos pública y legalmente, sino que se afanó por colocarlos, aún niños, en los más altos puestos y casarlos con personas del más distinguido linaje. Solo ateniéndonos al adagio: ‘filii preesbyterorum nepotes vocantur’ podemos hablar aquí de nepotismo, si bien es cierto que también favoreció a los sobrinos y a toda la parentela. Hasta 1493 no llamó a César Borja a Roma, y entonces para darle la púrpura cardenalicia; ya antes le había conferido el arzobispado de Valencia en el consistorio del 31 de agosto de 1492, en el cuál promovió a su sobrino Juan de Borja, arzobispo de Monreale, al cardenalato.” Llorca SJ, Villoslada SJ, Montalban SJ, ‘Historia de la Iglesia Católica’,  BAC,  tomo III, página 435. 

“Una cosa es lo que ‘debe’ ser y otra lo que es en realidad. Hay obispos santos, muy santos, así como hay obispos pecadores, muy pecadores. Ni el Papa, cuya prerrogativa de su infalibilidad didáctica, para preservar la ‘inerrancia’ de la Iglesia, nosotros confesamos como dogma de nuestra fe católica (supuestas las cuatro condiciones que establece y aclara el Concilio Ecuménico Vaticano I), es personalmente ni impecable, ni infalible. En la cátedra de San Pedro se han sentado grandes santos, pero también insignes pecadores.” Pbro. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga,  'Sede Vacante', página 4. 


“Por medio de María se comenzó la salvación del mundo, y por medio de María se debe consumar. María apenas se dejo ver en la primera venida de Jesucristo, con el fin de que los hombres, todavía poco instruidos e ilustrados sobre la persona de su Hijo, no se separasen de El aficionándose demasiado intensa e imperfectamente a Ella, cosa que probablemente hubiera sucedido si hubiese sido conocida, a causa de los admirables atractivos que el Altísimo puso aún en su exterior; y esto es tanta verdad, que San Dionisio Areopagita nos dejó escrito que, cuando la vió, la hubiera tomado por una divinidad, en vista de sus secretos atractivos y de su belleza incomparable, si la fe que él profesaba no le dijera lo contrario.

Pero en la segunda venida de Jesucristo, María ha de ser conocida y revelada por el Espíritu Santo, a fin de hacer por medio de Ella que los hombres conozcan, amen y sirvan a Jesucristo; pues entonces ya no subsistirán aquellas razones que obligaron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y a manifestarla sólo raras veces desde que se predicó el Evangelio.” San Luis María G. de Montfort, ‘Tratado de la verdadera devoción.’ No. 49.








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