Mundo católico #Padre Joaquín Sáenz y Arriaga


"Si fuerais del mundo del mundo, el mundo amaría lo que es suyo: mas porque no soy del mundo, antes yo os escogí del mundo, por eso os aborrece el mundo." Evangelio de San Juan XV, 19.

El pueblo judío unido en la Sinagoga lleva el gran dolor de su traición, reclama el amor que perdió cuando se reveló contra Dios, la Sinagoga judía esta sedienta de amor, el cuál encuentra el judío individual al profesar la fe católica, como Sinagoga volverá a Dios al final de los tiempos.

El judaísmo internacional, dentro y fuera de la Iglesia, impulsaron las increíbles reformas, propuestas y realizadas en ese lamentable Concilio, y los que, con satánica y no disimulada satisfacción hacen ahora alarde de haber sido ellos los que, planearon, y convocaron, y dirigieron el Vaticano II.

Una conspiración silenciosa, “casualidades, errores humanos” perfectamente organizada para destruir la Iglesia remanente.

Buscan el poder en la Iglesia para controlarla, corromperla y destruirla. Ese es el motivo de la infiltración, de la estrategia politica donde nadie es responsable, nadie sabe nada y todos son buenos y santos, pero las cosas no funcionan.

Para responder a esta pregunta, basta tan sólo enumerar la no pequeña lista de los antipapas, es decir, de los que, sin serlo, actuaron como si su elección hubiera sido, "de iure et de facto", una elección legítima.

No es contra la fe católica, sino, por el contrario, muy conforme a la fe católica el afirmar que un Papa puede incurrir en la herejía, puede desviarse en la fe.

Luego, presupuesta la ley de la perenne sucesión, es decir, la voluntad de Cristo de la perpetuidad del Primado, los Obispos de Roma son los verdaderos y únicos sucesores de las prerrogativas del Primado de Pedro, presupuesto, claro está, que ellos sean, legítimos y no espurios Obispos de Roma.

La de la claudicación, la de la sumisión y la de la resistencia. "El que, por obediencia, se somete al mal, está adherido a la rebelión contra Dios y no a la sumisión debida a El".

La obediencia no es la suprema virtud de la vida cristiana; sobre la obediencia están las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad.

Para ellos ese problema es fruto ‘de las mentes enfermas, siempre prontas a argumentar en todas las materias, que parece se han unido en todas las ocasiones para despreciar y atacar a los judíos’.