Mundo católico #padre Sáenz y Arriaga


"Si fuerais del mundo del mundo, el mundo amaría lo que es suyo: mas porque no soy del mundo, antes yo os escogí del mundo, por eso os aborrece el mundo." Evangelio de San Juan XV, 19.

"Traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro; en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable, cuanto más a fondo conocen la Iglesia”.

Confundir las instituciones con los hombres, querer santificar al Papa, por el mero hecho de ser papá, es ponerse en el peligro de caer en una "Papolatría", muy ajena a la verdad revelada.

El gran sofisma de esta trágica confusión, dentro del seno mismo de la Iglesia, está en confundir la institución divina, que Cristo hizo de su Iglesia, con los hombres, que, legitima o ilegítimamente, ocupan los puestos de la Iglesia.

La obediencia ciega, muda, pasiva, considerada por algunos como heroica y necesaria, no puede admitirse de modo absoluto y sin restricción alguna. Ciegamente sólo andan los topos.

La obra de Cristo no falla, ni puede fallar, aunque los hombres, consciente o inconscientemente, se confabulen para destruirla, aunque los lobos, revestidos con pieles de oveja se introduzcan fraudulentamente en el aprisco.

El silencio es traición, es compromiso; es dar facilidades a la demolición, es injuriar a Cristo y a la Iglesia por complacer a los hombres.

Confundir las instituciones con los hombres, el querer santificar al Papa, por el mero hecho de ser Papa, es ponerse en el peligro de caer en una "papolatría", muy ajena a la verdad revelada.