Mundo católico #Tradición


"Si fuerais del mundo del mundo, el mundo amaría lo que es suyo: mas porque no soy del mundo, antes yo os escogí del mundo, por eso os aborrece el mundo." Evangelio de San Juan XV, 19.

“La espantosa abominación en el lugar santo”.

¿Cómo hablar de Paz cuando sus insignias litúrgicas están literalmente recubiertas de símbolos ocultos que glorifican el Culto del Hombre, el Culto de Lucifer, el Anticristo, la redención gnóstica, la Triple Trinidad, la guerra a Dios, la destrucción de Su Iglesia y la supresión del Sacrificio de Cristo en la Cruz?

Si no existiera un “estado de necesidad”, no se justificaría teológicamente nuestra no obediencia a Roma, así como tampoco se justificaría la obediencia a la autoridad que nuestros actuales superiores de la Fraternidad tanto invocan.

El judaísmo internacional, dentro y fuera de la Iglesia, impulsaron las increíbles reformas, propuestas y realizadas en ese lamentable Concilio, y los que, con satánica y no disimulada satisfacción hacen ahora alarde de haber sido ellos los que, planearon, y convocaron, y dirigieron el Vaticano II.

La obra de Cristo no falla, ni puede fallar, aunque los hombres, consciente o inconscientemente, se confabulen para destruirla, aunque los lobos, revestidos con pieles de oveja se introduzcan fraudulentamente en el aprisco.

El fundamento de la ley de la historia es: ‘Inimicitias ponam inter te et mulierem’, la lucha entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás.

El silencio es traición, es compromiso; es dar facilidades a la demolición, es injuriar a Cristo y a la Iglesia por complacer a los hombres.