Conceptos teológicos.


09 Jul
09Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



1.- ¿Qué es un dogma de fe?

1.1. Por dogma en sentido estricto entendemos una verdad directamente (formalmente) revelada por Dios y propuesta como tal por la Iglesia para ser creída por los fieles.

1.2. “Ahora bien, deben creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o tradicional, y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas, ora por solemne juicio, ora por su ordinario y universal magisterio.” Concilio Vaticano, Sesión III, Cap. 3, 24 de abril de 1870. Dz-1792.

1.3. El concepto de dogma comprende dos elementos:

  • a) La inmediata revelación por parte de Dios («revelatio immediate divina o revelatio formalis»). La verdad en cuestión tiene que haber sido revelada inmediatamente por Dios, bien sea expresamente (explicite) o implícitamente (implicite), y debe hallarse contenida, por tanto, en las fuentes de la revelación; en la Sagrada Escritura o en la tradición.

  • b) Que haya sido propuesta por el magisterio eclesiástico (propositio Ecclesiae). Tal proposición no solamente incluye la notificación de una doctrina de fe, sino al mismo tiempo la obligación de creer esa verdad propuesta. Esto puede hacerlo la Iglesia, bien de forma extraordinaria por una solemne definición del Papa o de un concilio universal (iudicium solemne), o por el magisterio ordinario y universal de toda la Iglesia (magisterium ordinarium et universale). 


2.- La inmutabilidad de Dios.


2.1. “Dios es absolutamente inmutable.” Dogma de fe.

2.2. Es mudable lo que pasa de un estado a otro. Todas las criaturas son mudables por la limitación de su ser. 

2.3. “Firmemente creemos y simplemente confesamos, que un solo es el verdadero Dios, eterno, inmenso e inconmutable (no cambia), incomprensible, omnipotente e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas ciertamente, pero una sola esencia, sustancia o naturaleza absolutamente simple.” IV Concilio de Letrán, 1215. Dz. 428.

2.4. “Toda dádiva excelente, y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.” Epístola del Apóstol Santiago I, 17.

2.5. Dios Nuestro Señor no cambia de opinión, es inmutable por su actualidad pura, por su absoluta simplicidad y por su infinita perfección. 'Todo cambio incluye potencialidad, composición e imperfección, y es, por tanto, incompatible con Dios en cuanto es un acto puro, la esencia absolutamente simple y absolutamente perfecta.' Santo Tomás, Suma Teológica I, 9,1.

2.6. “Solo Dios es completamente inmutable; pero lo que él hace, porque procede de la nada, es mutable.” San Agustín, De Natura Boni, C 1: ML 42,551.

2.7. Cuando Dios obra al exterior (ad extra o fuera de Él), como en la creación del mundo, no emprende una actividad nueva, sino que aparece un nuevo efecto decretado desde la eternidad por la voluntad divina. El decreto de crear el mundo es tan eterno e inmutable como la esencia misma de Dios, con la cual se identifica realmente; lo único temporal y mudable es el efecto de tal decreto, es decir el mundo creado. San Agustín, Ciudad de Dios, XII, 17, 2.


3.- La misericordia de Dios.


3.1. "Dios es infinitamente misericordioso.” Dogma de fe.

3.2. “Todos los caminos del Señor son misericordia y bondad para los que buscan su santa alianza y sus mandamientos.” Salmo XXIV, 10.

3.3. La misericordia de Dios no es sino la benignidad de Dios, en cuanto que aparta de las criaturas la miseria de éstas, sobre todo la del pecado mortal. En Dios, como Ser perfectísimo, no cabe el afecto de compasión en sentido estricto (participar en los padecimientos de otra persona) Dios no puede padecer, sino solamente el efecto de la misericordia, que consiste en alejar de las criaturas la miseria: Misericordia est Deo maxime tribuenda, tamen secundum effectum, non secundum passionis affectum, “La misericordia hay que atribuirla a Dios en grado sumo. Pero como efecto, no como pasión.” Santo Tomás, Suma Teológica I, 21, 3.

3.4. En la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo tomó la naturaleza humana y con ella podía ya sentir el afecto de ‘compasión’ por los hombres; 

3.5. La misericordia y la justicia se armonizan maravillosamente en Dios. La justicia distributiva de Dios radica en su misericordia, ya que la razón más honda de por qué Dios concede gracias naturales y sobrenaturales a las criaturas y recompensa sus buenas obras no es otra que su misericordia y su amor. La recompensa del bien y el castigo del mal no es obra de sola justicia divina sino también de su misericordia, ya que premia por encima de los merecimientos y castiga menos de lo necesario.

3.6. La remisión del pecado no es solo obra de la misericordia, sino también de justicia, pues Dios exige del pecador la contrapartida del arrepentimiento y de la penitencia.

3.7. La misericordia de Dios no es una mera manifestación de la bondad y amor divinos, sino que al mismo tiempo es señal del poder y majestad de Dios; más excelsa de la misericordia y de la justicia divina es la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la santa Cruz.


4.- Dios es justo.


4.1. “Dios es infinitamente justo.” Dogma de fe.

4.2. Dios procede como juez equitativo recompensando el bien y castigando el mal. 

4.3. El castigo que Dios impone al pecador no es tan sólo un medio correctivo o intimidatorio, ante todo busca la expiación de la ofensa inferida a la Majestad Divina y la restauración del orden moral perturbado por el pecado. La pena del infierno, por su duración eterna, sólo puede tener carácter vindicativo para los condenados.

4.4. “Al castigar a los malos eres justo, pues lo merecen; al perdonarlos, eres justo, porque así es tu bondad.” San Anselmo, Proslog. C. 10


5.- El conocimiento de Dios.


5.1. “El conocimiento exhaustivo de Dios solamente lo posee Dios mismo; pues el Ser infinito sólo puede ser abarcado perfectamente por un entendimientos infinito.” Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática, página 55.

5.2. “Dios cuyo ser es infinito, es infinitamente cognoscible. Pero ningún entendimiento creado puede conocer a Dios de manera infinita.” Santo Tomás I, 12, 7.

5.3. “Cognitum est in cognocente secundum modum cognoscentis (El objeto conocido hállase en el que lo conoce según el modo de ser de éste último). Tal es el conocimiento cuál es la naturaleza del que conoce. Cuando el grado ontológico del objeto conocido es superior al sujeto cognoscente, entonces tal sujeto es incapaz por su misma naturaleza de conocer inmediatamente la esencia de tal objeto. Dios es el ser subsistente. Todo entendimiento creado no tiene más que un ser participado. De ahí que el conocer inmediatamente la esencia de Dios esté por encima de todo intelecto creado; Cf. Santo Tomás I, 12, 4.” Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática, página 57.

5.4. “La razón intrínseca de esa incomprensibilidad de Dios radica en la distancia infinita que existe entre el entendimiento infinito de Dios y el entendimiento limitado de las criaturas. El entendimiento limitado solamente puede conocer la infinita esencia de Dios de forma finita: ‘Videt infinitum, sed non infinite’ (Ve lo infinito, pero no de manera infinita); Cf. Santo Tomás I, 12, 7 ad 3.” Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática, página 59.

5.5. “La perfección del conocimiento de la verdad depende de la perfección del entendimiento.”

5.6. “La absoluta verdad de Dios es la fuente de todo conocimiento humano natural y sobrenatural de la verdad. El intelecto creado es trasunto del intelecto increado de Dios. De éste dimanan tanto los supremos e inmutables principios del conocer, grabados por la naturaleza en la mente creada, como las verdades sobrenaturales de la revelación, que Dios con gesto particular de condescendencia se dignó comunicar al entendimiento creado haciéndole partícipe de su saber divino;” Dz. 1797. Ludwig Ott, Manual de Teología Dogmática.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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