El pueblo escogido en la vida de Nuestro Señor Jesucristo.


11 Jul
11Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El presente estudio es utilizado únicamente con fines informativos, dando respuesta a muchas preguntas que hemos recibido, acudiendo para ello  a las Sagradas Escrituras y a documentos autorizados por la Santa Iglesia Católica.



“A Israel se le presentaba esta alternativa: reconocer al Salvador y ser mediante Él elevado a la verdadera libertad, o rechazarlo con desdichada ceguera para seguir siendo esclavo del pecado y del error y excluido de la casa de Dios, del reino del Mesías.” Ignacio Schuster-Juan B. Holzammer, Historia Bíblica, año 1935, tomo II, página 265.



1.- Los judíos obran con hipocresía, simulación y soberbia.


1.1. “Y así cuando haces limosna, no hagáis tocar la trompeta delante de ti, como los hipócritas hacen en las Sinagogas, y en las calles, para ser honrados de los hombres.” Evangelio de San Mateo VI, 2.

1.2. Comentario de Don Felipe Scio de San Miguel: “Los Fariseos hacían tocar una trompeta para juntar los pobres, y ganarse la reputación de hombres caritativos. El Señor, condenando esta hipocresía, nos manda hacer limosna; pero de tal manera, que si es posible, no lo sepan las mismas manos.”

1.3. “Y cuando ayunéis, no os pongáis tristes como los hipócritas. Porque desfiguran sus rostros, para hacer ver a los hombres que ayunan.” Evangelio de San Mateo VI, 16. 

1.4. Comentario de Don Felipe Scio de San Miguel: “Y prosigue condenando la hipocresía de los Fariseos, que con sus exterioridades solamente buscaban las alabanzas de los hombres.”

1.5. “Y cuando oráis, no seréis como los hipócritas, que aman el orar en pie en las Sinagogas, y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres.” Evangelio de San Mateo VI, 5. 

1.6. “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con los labios me honra: más el corazón de ellos lejos está de mí. Y en vano me honran, enseñando doctrinas, y mandamientos de hombres.” Evangelio de San Mateo XV, 1-9. 

1.6. “Serio aviso a los Fariseos: nada sirve el disimulo y la aparente imparcialidad con que criticaban las obras de Jesús, pues se enfrentan con quién puede causar su ruina o su resurrección.” Ignacio Schuster-Juan B. Holzammer, Historia Bíblica, año 1935, tomo II, página 277. 



2.- Los judíos acechan y murmuran del Hijo de Dios.


2.1. “Y he aquí le presentaron un paralítico postrado en un lecho. Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, ten confianza, que perdonados te son tus pecados. Y luego algunos de los Escribas dijeron dentro de sí: Este blasfema. Y como viese Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué cosa es más fácil decir: Perdonados te son tus pecados; o decir: Levántate, y anda? Pues para que sepáis, que el hijo del hombre tiene potestad sobre la tierra de perdonar pecados, dijo entonces al paralítico: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” Evangelio de San Mateo IX, 2-6.

2.2. “Y acaeció que estando Jesús sentado a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él, y con sus discípulos. Y viendo esto los Fariseos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Y oyéndolo Jesús, dijo: Los sanos no tienen necesidad de Médico, sino los enfermos. Id pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido a llamar justos, sino pecadores.” Evangelio de San Mateo IX, 10-13. 

2.3. “Y se acercaban a él los publicanos, y pecadores, para oírle. Y los Fariseos, y los Escribas murmuraban, diciendo: Éste recibe pecadores, y come con ellos.” Evangelio de San Lucas XV.

2.4. “Y los Príncipes de los sacerdotes, y los Escribas le querían echar mano en aquella hora, mas temieron al pueblo: porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: y acechándole enviaron malsines, que se fingiesen justos, para sorprenderle en alguna palabra, y entregarle a la jurisdicción, y potestad del Presidente.” Evangelio de San Lucas XX, 19. 



3.- Los Judíos atribuyen a las obras de Dios, la intervención de Satanás.


3.1. “Y luego que salieron, le presentaron un hombre mudo, poseído del demonio. Y cuando hubo lanzado el demonio, habló el mudo, y maravilladas las gentes, decían: Nunca se vio tal cosa en Israel: Más los Fariseos decían: En virtud del príncipe de los demonios, lanza los demonios.” Evangelio de San Mateo IX, 32-34. 

3.2. “Más los Fariseos, oyéndolo, decían: Este no lanza los demonios sino en virtud de Belcebú príncipe de los demonios…Y Jesús sabiendo los pensamientos de ellos, les dijo… Y si yo lanzo los demonios en virtud de Belcebú, ¿en virtud de quien los lanzan vuestros hijos?” Evangelio de San Mateo XII, 24. 

3.3. “Y hubo nuevamente disensión entre los judíos por estas palabras. Y decían muchos de ellos: demonio tiene, y está fuera de sí: ¿por qué le escucháis? Otros decían: estas palabras no son de endemoniados: ¿por ventura puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?” Evangelio de San Juan X, 19. 



4.- La malicia de los judíos exhibida.


4.1. “Raza de víboras, ¿cómo podéis hablar cosas buenas, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Evangelio de San Mateo XII, 34. 

4.2. “Guardaos de los Escribas, que quieren andar con ropas talares, y gustan de ser saludados en las plazas, y de las primeras sillas en las Sinagogas, y de los primeros asientos en los convites: que devoran las casas de las viudas, pretextando larga oración. Estos recibirán mayor condenación.” Evangelio de San Lucas XX, 46.  

4.3. “Ningún siervo puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno, y amará al otro: o al uno se llegará, y al otro despreciará: no podéis servir a Dios, y a las riquezas.
 Mas los Fariseos, que eran avaros, oían todas estas cosas: y le escarnecían. Y les dijo: Vosotros sois los que os vendéis por justos delante de los hombres: mas Dios conoce vuestros corazones: porque lo que los hombres tienen por sublime, abominación es delante de Dios.” Evangelio de San Lucas XVI, 13. 



5.- Nuestro Señor Jesucristo reprende a los fariseos.


5.1. “Entonces Jesús habló a la multitud, y a los discípulos, diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los Escribas y Fariseos. Guardad pues, y haced todo lo que os dijeren; mas no hagáis según las obras de ellos: porque dicen, y no hacen. Pues atan cargas pesadas, e insoportables, y las ponen sobre los hombros de los hombres: más ni aun su dedo las quieren mover. Y hacen todas sus obras, para ser vistos de los hombres. Y así ensanchan sus filacterias, y extienden sus franjas. Y aman los primeros lugares en las cenas, y las primeras sillas en las Sinagogas, y ser saludados en la plaza, y que los hombres los llamen Rabí. Mas vosotros no queráis ser llamados Rabí: porque uno solo es vuestro Maestro, y vosotros todos sois hermanos.” Evangelio de San Mateo XXIII, 1-8. 

5.2. “¡Mas ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas, que cerráis el reino de los cielos delante de los hombres! ¡Pues ni vosotros entráis, ni a los que entrarían, dejáis entrar! ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas: que devoráis las casas de las viudas, haciendo largas oraciones: por esto llevaréis un juicio más riguroso! Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas: porque rodeáis la mar y la tierra, por hacer un prosélito: ¡y después de haberlo hecho, le hacéis dos veces más digno del infierno que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: Todo el que jurare por el templo, nada es: ¡más el que jurare por el oro del templo, deudor es! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es mayor, el oro, o el templo, que santifica el oro? Y todo el que jurare por el altar, nada es: más cualquiera, que jurare por la ofrenda, que está sobre él, deudor es. ¡Ciegos! ¿Cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Aquel pues que jura por el altar, jura por él, y por todo cuanto sobre él está. Y todo el que jura por el templo, jura por él, y por el que mora en él: Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado sobre él.” Evangelio de San Mateo XXIII, 13-22 

5.3. “¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas, que diezmáis la yerba buena, y el eneldo, y el comino, y habéis dejado las cosas, que son más importantes de la Ley, la justicia, y la misericordia, y la fe! Esto era menester hacer, y no dejar lo otro. Guías ciegos, que coláis el mosquito, y os tragáis el camello. ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas, que limpiáis lo de fuera del vaso y del plato: y por dentro estáis llenos de rapiña, y de inmundicia! Fariseo ciego, limpia primero el interior del vaso y del plato, para que sea limpio lo que esta fuera. ¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas, que sois semejantes a los sepulcros blanqueados, que parecen de fuera hermosos a los hombres y dentro están llenos de huesos de muertos, y de suciedad. Así también vosotros, de fuera os mostráis en verdad justos a los hombres: más dentro estáis llenos de hipocresía, y de iniquidad.” Evangelio de Mateo XXIII, 23-28. 

5.4. “¡Ay de vosotros, Escribas y Fariseos hipócritas, que edificáis los sepulcros de los Profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas! Y así dais testimonio a vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos, que mataron a los Profetas. Y llenad vosotros la medida de vuestros padres. Serpientes, raza de víboras, como huiréis del juicio de la Gehena. Por esto he aquí yo envió a vosotros Profetas, y sabios, y doctores, y de ellos mataréis, y crucificaréis, y de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y los perseguiréis de ciudad en ciudad: Para que venga sobre vosotros toda la sangre inocente, que se ha vertido sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al cual matasteis entre el templo y el altar. En verdad os digo que todas estas cosas vendrán sobre esta generación. Jerusalén, Jerusalén, que matas a los Profetas, y apedreas a aquellos que a ti son enviados, ¿cuántas veces quise allegar tus hijos, como la gallina allega sus pollos debajo de las alas, y no quisiste? He aquí que os quedara desierta vuestra casa. Porque os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” Evangelio de San Mateo XXIII, 29-39. 



6.- Nuestro Señor anuncia su pasión y muerte.


6.1. “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos, que convenía ir él a Jerusalén, y padecer muchas cosas de los ancianos, y de los Escribas, y de los Príncipes de los Sacerdotes, y ser muerto, y resucitar al tercer día.” Evangelio de San Mateo XVI, 21. 

6.2. “Ved que subimos a Jerusalén, y el hijo del hombre será entregado a los Príncipes de los Sacerdotes, y a los Escribas, y le condenarán a muerte. Y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercero día resucitará” (San Mateo XX, 8.) 



“Pero cuanto mayor sea la grandeza de Israel, que ha sido predestinado en el Cristo, tanto mayor ha de ser su fidelidad a Cristo. ¡Miserable este pueblo si llega a rechazar a Aquél que es su salud! Entonces seguirá siendo el primero, pero el primero en la iniquidad. Y todo cuanto más inicuo y perverso produzca el mundo saldrá también de éste pueblo… ¿En qué está la raíz del pecado y de todos los errores judaicos? En que parte de este pueblo creyó que las Promesas hechas a los judíos a causa de Cristo que debía nacer de ellos fueron hechas a su carne, a su genealogía. En otras palabras: En lugar de advertir que si el pueblo judío era pueblo de predilección lo era por el Cristo, ellos, en su obcecación, creyeron que el Cristo recibió gloria de su descendencia genealógica.” Pbro. Julio Meinvielle, El judío en el misterio de la historia, cap. 1. Ediciones Theoría, Buenos Aires, 1975. 


Otras citas que dan a conocer los hechos del pueblo judío, referentes al presente capitulo: San Mateo XXI, 12-15; San Mateo V, 20; San Mateo VI, 1; San Mateo XII, 2; Lucas XIV, 1; San Mateo XV-12; San Mateo XVI-1; San Mateo XVI-6; San Mateo XXII, 34; San Juan VI, 41; San Juan VII, 11-16; San Juan VII, 47-53; San Juan VIII, 3; San Lucas XVIII, 10; San Mateo XXI, 45; San Juan VII, 30; San Juan VIII, 12; San Juan XII, 19; San Juan X, 24-33. 



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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