El pueblo escogido planeó, dirigió, y consumo la crucifixión del Hijo de Dios.


12 Jul
12Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



El presente estudio es utilizado únicamente con fines informativos, dando respuesta a muchas preguntas que hemos recibido, acudiendo para ello  a las Sagradas Escrituras y a documentos autorizados por la Santa Iglesia Católica.

 



1.- Los judíos planean la aprensión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.


1.1. “Entonces se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los magistrados del pueblo en el atrio del príncipe de los sacerdotes, que se llamaba Caifás: y tuvieron consejo para prender á Jesús con engaño, y hacerle morir.” Evangelio de San Mateo XXVI, 3.

1.2. “Entonces se fué uno de los doce, llamado Judas Iscariote a los Príncipes de los Sacerdotes: y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta monedas de plata.” San Mateo XXVI, 14.

1.3. “Y habiendo visto Judas, que después de la cena, se había ido a Getsemaní, a donde otras veces se retiraba con los Apóstoles a orar, dice San Vicente Ferrer: Introivit in hortum ad quem multoties iverat, con sólo los once Apóstoles: dio el alevoso el aviso a los príncipes de los sacerdotes, los cuales mandaron juntar una cohorte de gente militar, que son mil y doscientos soldados: les cumplió Judas la promesa que les hizo… con esto eligiendo a Judas por capitán de esta infernal tropa, fueron hacia Getsemaní.” Canónigo Magistral Dr. Don Juan Agustín Ramírez y Orta, 'Discursos panegíricos de los santos', año 1730, página 27.



2.- Los judíos hacen un juicio falso contra Nuestro Señor Jesucristo.


2.1. “Y llevaron a Jesús a casa del sumo sacerdote: y se juntaron todos los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos… Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio buscaban algún testimonio contra Jesús para hacerle morir, y no lo hallaban. Porque muchos decían testimonio falso contra él, mas no concordaban sus testimonios.” Evangelio de San Marcos XIV, 53.

2.2. “Y aquellos, que tenían a Jesús, le escarnecían hiriéndole. Y le vendaron los ojos, y le herían en la cara, y le preguntaban, y decían: ¿Adivina, quien es el que hirió? Y decían otras muchas cosas blasfemando contra él. Y cuando fue de día se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y lo llevaron a su concilio, y le dijeron: Si tú eres el Cristo, dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no me creéis. Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me dejaréis. Mas desde ahora el Hijo del hombre, estará sentado a la diestra de la virtud de Dios. Dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? Él dijo: Vosotros decís, que yo lo soy. Y ellos dijeron: ¿Qué necesitamos más testimonios? Pues nosotros mismos lo habemos oído de su boca.” Evangelio de San Lucas XXII, 63-71.

2.3. “Entonces el Príncipe de los Sacerdotes rasgó sus vestiduras, y dijo: Ha blasfemado: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? He aquí ahora acabáis de oír la blasfemia: ¿Qué os parece? Y ellos respondieron: Reo es de muerte. Entonces le escupieron en la cara, y le maltrataron a puñadas, y otros le dieron bofetadas en el rostro.” Evangelio de San Mateo XXVI, 65.

2.4. “Entonces Judas, que le había entregado, cuando vio que había sido condenado: movido de arrepentimiento, volvió las treinta monedas de plata a los Príncipes de los Sacerdotes y a los Ancianos, diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? viéraslo tú. Y arrojando las monedas de plata en el templo, se retiró, fue, y se ahorcó con un lazo.” Evangelio de San Mateo XXVII, 3-6.



3.- Los judíos llevan a Nuestro Señor a los tribunales.


3.1. “No quisieron los judíos ellos darle la sentencia de muerte, sino que la diera Pilatos; porque no se entendiera eran ellos, sino los romanos, los que a Jesús condenaban a muerte; así querían sacudirse la culpa, y echarla al pueblo romano.” Canónigo Magistral Dr. Don Juan Agustín Ramírez y Orta, 'Discursos panegíricos de los santos', año 1730, página 64.

3.2. “Y venida la mañana, todos los Príncipes de los Sacerdotes y los Ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. Y lo llevaron atado, y lo entregaron al Presidente Poncio Pilato.” Evangelio de San Mateo XXVII, 1.

3.3. “Pilatos pues, salió fuera a ellos, y dijo: ¿Qué acusación tenéis contra este hombre? Respondieron, y le dijeron: Si este no fuera malhechor, no te lo hubiéramos entregado. Pilato les dijo entonces: Tomadle allá vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: No nos es lícito a nosotros matar a alguno.” Evangelio de San Juan XVIII, 29.

3.4. “Y se levantó toda aquella multitud, y lo llevaron a Pilato. Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado pervirtiendo a nuestra nación, y vedando dar tributo al César, y diciendo, que él es el Cristo Rey.” Evangelio de  Lucas XXIII, 1.

3.5. “Y estaban los Príncipes de los Sacerdotes, y los Escribas acusándole con grande instancia.” Evangelio de  Lucas XXIII, 9.



4.-  Los judíos demandan la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo.


4.1. “Y cuando le vieron los Pontífices, y los Ministros daban voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Pilato les dice: Tomadle allá vosotros, y crucificadle: porque yo no hallo en él causa. Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos ley, y según la ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios” Evangelio de San Juan XIX, 6.  

4.2. “Más los Príncipes de los Sacerdotes, y los Ancianos persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás, y que hiciese morir a Jesús… Pilatos dice: ¿Pues qué haré de Jesús, que es llamado el Cristo? Dicen todos: Sea crucificado. El Presidente les dice: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos levantaban más el grito, diciendo: Sea crucificado.”  Evangelio de San Mateo XXVII, 20.

4.3. “Viendo Pilatos la obstinación del pueblo, en presencia de todos se lavó las manos, dándoles a entender, no tenía la culpa de tan sacrílego hecho, 'Accepta aqua lavit manus coram populo dicens, innocens ego sum a sanguine justi hujus;' y todos respondieron, su sangre caiga sobre nosotros, y sobre nuestros hijos: 'Sanguis ejus super nos, et super filios nostros.' O que horrendo testimonio echó sobre sí este sacrílego, ciego, e inhumano pueblo; pues dura hasta hoy.” Canónigo Magistral Dr. Don Juan Agustín Ramírez y Orta, 'Discursos panegíricos de los santos', año 1730,  página 44.

4.4. “Y salió Jesús llevando una corona de espinas, y un manto de púrpura. Y Pilato les dijo: Ved aquí el hombre. Y cuando le vieron los Pontífices, y los Ministros daban voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Pilatos les dice: Tomadle allá vosotros, y crucificadle: porque no hallo en él causa. Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos ley, y según la ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.” Evangelio de  San Juan XIX, 5.



5.-  Los judíos denostan a Nuestro Señor Jesucristo.


5.1. “Y cuando llegaron al lugar, que se llama de la Calavera, le crucificaron allí: y a los ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Mas Jesús decía: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y dividiendo sus vestidos, echaron suertes. Y el Pueblo estaba mirando, y los príncipes juntamente con él, le denostaban, sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo; el escogido de Dios.” Evangelio de San Lucas XXIII, 33-35.

5.2. “Y de esta manera, escarneciéndole también los príncipes de los sacerdotes con los escribas, decían unos a otros: A otros salvó, a sí mismo no puede salvar. El Cristo, el Rey de Israel descienda ahora de la Cruz, para que lo veamos, y creamos.”  Evangelio de San Marcos XV, 31.



6.-  Los judíos piden que se rompan las piernas a Nuestro Señor Jesucristo.


6.1. “Y los judíos rogaron a Pilato, que les quebrasen las piernas, y que fuesen quitados.” Evangelio de San Juan XIX, 31.

6.2. “¿Qué hicieron los judíos para ver si había ya muerto Jesucristo en la cruz? Le abrieron su corazón con una lanza, del cual salió agua y sangre. Por eso representan a Jesucristo en la cruz con una llaga en el costado.” Padre Julio Gheldof, 'El católico ilustrado', año de 1913, página 116.



7.-   Los judíos piden poner guardias en el sepulcro.


7.1. “Y otro día, que es el que se sigue al de la Parasceve, los príncipes de los sacerdotes y los fariseos acudieron juntos a Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos, que dijo aquel impostor, cuando todavía estaba en vida: Después de tres días resucitaré. Manda pues que se guarde el sepulcro hasta el tercer día: no sea que vengan sus discípulos, y lo hurten, y digan a la plebe: Resucitó de entre los muertos: y será el postrer error peor que el primero. Pilato les dijo: Guardas tenéis, id, y guardadlo como sabéis. Ellos pues fueron, y para asegurar el sepulcro, sellaron la piedra, y pusieron guardias.”  Evangelio de San Mateo XXVII, 57-66.

7.2. “Más el Ángel tomando la palabra, dijo a las mujeres: No tengáis miedo vosotras: porque sé, que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado… he aquí algunos de los guardias fueron a la ciudad, y dieron aviso a los Príncipes de los Sacerdotes de todo lo que había pasado. Y habiéndose juntado con los Ancianos, y tomado consejo, dieron una grande suma de dinero a los soldados, diciendo: Decid, que vinieron de noche sus discípulos, y lo hurtaron mientras que nosotros estábamos durmiendo. Y si llegaré esto a oídos del Presidente, nosotros se lo haremos creer, y miraremos por vuestra seguridad. Y ellos tomando el dinero, lo hicieron conforme habían sido instruidos. Y esta voz, que se divulgó entre los judíos, dura hasta hoy.” Evangelio de San Mateo XXVIII, 1-15.

7.3. “¿Cómo pueden estos dar testimonio de lo que paso, si estaban durmiendo? Los dormidos fuisteis vosotros, dice admirablemente San Agustín, enderezando su discurso a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos; porque recurriendo a un artificio tan poco verosímil, descubristeis vosotros mismos la impostura.”



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





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