Historia de Satanás.


17 Jul
17Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El presente estudio es utilizado únicamente con fines informativos, dando respuesta a muchas preguntas que hemos recibido, acudiendo para ello  a las Sagradas Escrituras y a documentos autorizados por la Santa Iglesia Católica.



1.- Doctrina teológica.


1.1. “Dios, al principio del tiempo, creó de la nada unas sustancias espirituales que son llamados ángeles.” Dogma de fe.


1.2. “Los espíritus malos (demonios) fueron creados buenos por Dios; pero se hicieron malos por su propia culpa.” Dogma de fe.  


1.3. "Porque el diablo y demás demonios, por Dios ciertamente fueron creados buenos por naturaleza; mas ellos, por sí mismos, se hicieron malos. El hombre, empero, pecó por sugestión del diablo." IV Concilio de Letrán, capítulo 1º 'De la fe católica', año de 1215. Dz. 428.


1.4. “Y hubo una grande batalla en el Cielo: Miguel y sus Ángeles lidiaban con el dragón, y sus Ángeles: y no prevalecieron estos, y nunca más fue hallado su lugar en el Cielo. Y fue lanzado fuera aquel grande dragón, aquella antigua serpiente, que se llama diablo y Satanás, que engaña a todo el mundo.” Apocalipsis XII, 7.


1.5. “El Diablo o Satanás es el jefe supremo de los ángeles rebeldes y por tanto de los espíritus malignos… Es cosa cierta que son espíritus puros y como tales tienen una inteligencia de orden superior, y que tienen una voluntad ahora obstinadamente dirigida al mal.” Diccionario enciclopédico de la fe católica, editorial JUS, 1949.


1.6. Los ángeles se encontraron primero en estado de peregrinación, in statu viae, por el cual debían merecer, con la ayuda de la gracia y mediante su libre cooperación a ella, la visión beatífica de Dios en un estado definitivo, in statu termini. Los ángeles buenos que salieron airosos de la prueba recibieron como recompensa la felicidad eterna del cielo, porque os digo, que sus Ángeles en los cielos siempre ven la cara de mi Padre, que está en los cielos, mientras que los ángeles malos, que sucumbieron a la prueba, fueron condenados para siempre, Y si Dios no perdonó a los Ángeles que pecaron, sino que, atándolos con amarras de infierno los arrojó al abismo para ser atormentados, y reservados para el juicio.


1.7. “Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos es temporal y que en algún momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los hombres, sea anatema (excomulgado o condenado)” Canon IX, contra Orígenes, año 543. Dz. 211.


1.8. “El diablo odia a Dios, vive en el odio a Dios, o sea odia a la Bondad en persona. Por eso no puede amar nada y a nadie. El diablo, al odiar al hombre odia en él a Dios, al Creador y al Santo. Se esfuerza por separar al hombre de Dios para llevarlo a un estado de apartamiento de Dios. El diablo combate el reino de Dios, el poderío de Dios, incondicionalmente. No hay solamente un poder impersonal malo; existe también un ser personal cuyas intenciones son radicalmente malas y que quiere el mal por amor del mal. Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §124.


1.9. “En consecuencia del pecado de los ángeles es el hecho terrible de que hay seres creados absolutamente malos, perversos, que sólo buscan y quieren el mal." Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §123, 4º.


1.10. "El diablo es un enemigo irreconciliable y lucha encarnizadamente contra nosotros. Nosotros no pensamos tanto en nuestra salvación cuanto él en nuestra perdición...  El diablo, es verdad, nos promete muchas cosas, pero no para dárnoslas, sino para despojarnos de ellas.” San Juan Crisóstomo, homilía 13, sección 4, comentario al Evangelio de San Mateo.9. 


1.11. "En concreto, puede decirse sobre el pecado de Satanás que éste, deslumbrado por su propia gloria, olvidó que dependía de Dios y negó esa dependencia, que se opuso a ser mera criatura o que rechazó el don de la perfección sobrenatural que Dios le ofrecía porque no quería deber nada al amor. Su lucha encarnizada con Cristo y contra la obra de la Redención nos permite colegir que Satanás se resistió a reconocer la supremacía de Cristo, a reconocer que Cristo, el Hijo de Dios encarnado, es el corazón y la cabeza de la creación." Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §123, 3º.


1.12. “Gabriel es un ángel y está siempre ante Dios. Satanás era un ángel y perdió totalmente su posición. Al primero le mantuvo en el cielo su libre elección, la libre voluntad le arrojó  al segundo a los infiernos. También Gabriel hubiera podido revelarse y Satanás hubiera podido no pecar. Pero al primero le sostuvo su ilimitado amor a Dios; el segundo incurrió en la condenación por haberse apartado de Dios. Porque la maldad consiste en la rebelión contra Dios. Basta una pequeña vuelta del ojo, y nosotros nos hallamos en el sol o en las sombras de nuestro cuerpo. Si miras hacia el sol, serás inmediatamente iluminado; si miras hacia la sombra, necesariamente quedarás rodeado de tinieblas. El diablo es malo por haber escogido la maldad libre y conscientemente, no porque su naturaleza esté de por sí en oposición con el bien. ¿Y de dónde viene su lucha contra nosotros?  Porque el diablo, convertido en recipiente de toda maldad, adquirió también la enfermedad de la envidia y envidiaba nuestro honor. No pudo tolerar nuestra vida dichosa en el paraíso, sedujo al hombre mediante intrigas y engaños, se sirvió para seducirle de la pasión que él mismo tenía, a saber, querer ser igual a Dios, mostró a los hombres el árbol y les prometió que comiendo el fruto sería igual a Dios” San Basilio, sermón 15, sección 8; BKV II, 385.


1.13. “El ángel que atrevido se rebeló y con orgullosa cerviz se sublevó contra el Señor todopoderoso, anhelando, como dice el Profeta, un puesto por encima de las nubes, fue castigado en correspondencia a su locura. Fué condenado a ser tinieblas en lugar de luz, es decir –y para expresarme con más precisión-, se convirtió a sí mismo en tinieblas. Los demás ángeles conservaron su dignidad y siguieron disfrutando de la paz y la quietud, ante todo, pues la Santa Trinidad les había otorgado unidad e iluminación.” San Gregorio Nacianceno, oración VI, sección 12; BKV I, 202.


1.14. “La diferencia en las tendencias de los ángeles buenos y de los malos no se funda –de ello no puede dudarse- en la diversidad de la naturaleza y de los principios, puesto que tanto los unos como los otros fueron creados por Dios, el buen hacedor y creador de todos los seres. La diferencia se deriva más bien de la diversa orientación de la voluntad y de la codicia: los unos permanecen inquebrantables fieles al Bien común a todos, que es Dios mismo, y en su eternidad, verdad y amor; los otros, al contrario, orgullosos de su propio poder, como si fueran para sí mismos su propio Bien, se han apartado del Bien supremo, común y beatificante y se han vuelto hacia sí mismos, y hechos soberbios, engañosos y envidiosos han tomado su impertinente soberbia por sublime eternidad, su artificioso engaño por segurísima verdad y sus deseos particulares por amor puro. La bienaventuranza de los unos se funda, pues, en el amor abnegado a Dios; y la causa de la desgracia de los otros es lo contrario, el haberse apartado de Dios. Con razón, pues, se dice de los unos que son bienaventurados, pues están unidos a Dios, y de los otros, que son desventurados, pues están apartados de Dios.” San Agustín, La ciudad de Dios, libro 12, cap. 1º; BKV II, 201.



2.-  Oficio de Satanás.


2.1. “Sed sobrios, y velad; porque el diablo vuestro adversario anda como león rugiendo alrededor de vosotros, buscando a quien tragar.” San Pedro V, 8.


2.2. “Ningún otro deseo tiene el demonio, ningún otro negocio, ningún otro empeño que perder nuestra alma” San Bernardo, De Medit. C XIII


2.3. “¿No es acaso él, el que introdujo la guerra en el cielo, el engaño en el paraíso; el que puso discordia entre los primeros hombres y sembró el mal por todas partes? Él es el que oculta en el alimento el incentivo de la gula; en el trabajo la pereza; en la procreación la lujuria; en la conversación la envidia; en la administración la avaricia; en la corrección el ímpetu de ira; en el mandato el orgullo. Si estamos en vela nos impulsa al mal; si dormimos nos infesta con torpes sueños. En fin, que todos los males que se cometen en el mundo derivan de su maldad.” San Agustín psalmus 130-5; “El Ángel caído” p.140 2Ed. Madrid España.


2.4. “El oficio del demonio es hacer caer al hombre: bien se le conoció el intento a su malicia en la ruina del hombre primero. Ejecutan en los cuerpos enfermedades y calamitosos accidentes: en las almas pasiones repentinas, y excesos extraordinarios y violentos. Para invadir alma y cuerpo mucho les ayuda la sutileza y tenuidad. Mucho puede la valentía de los espíritus: son fuerzas casi irresistibles: tan disimuladamente ofenden, que parece más insensible el modo secreto de dañar que la espiritualidad de su naturaleza. No sé qué vicio secreto pone en un leve vientecillo para apestar los frutos: éste, derramado por las plantas, tocándolas casi imperceptiblemente, con mortal daño apesta los frutos: en flor los marchita: en verdor los desubstancia: en sazón los inficiona: tan invisiblemente se apega el contagio venenoso al licor de los frutos como el aire. Con el mismo secreto y con el mismo vicio apestan los entendimientos humanos enfureciéndolos con locas lascivias, con desatinados furores, con crueles torpezas, con errores varios, de los cuales el principal y que más en encarga a sus servidores, cercándoles y cegándoles la razón, es que se les sirva con viandas de olor y sangre ofrecidas a los ídolos: y el plato más regalado y más cuidadosamente apetecido es apartar con engañosos encantos de la noticia de los hombres el conocimiento de la divinidad verdadera.” Apología contra los gentiles, página 107, año 1789, de Quinto Séptimo Florente Tertuliano, presbítero de Cartago, traducida por el Ilmo. Fr. D. Pedro Manero, Obispo de Tarazona, con licencia eclesiástica.


2.5. “Todo pecado está, pues, en relación con el diablo. En todo pecado, el hombre se deja influenciar por el seductor original. Todo pecador, al pecar, se pone del lado de los enemigos de Dios, siendo el diablo el primero de ellos. El pecador se somete al diablo cuando deja de obedecer a Dios. El hombre no puede salir de la siguiente alternativa: o se somete a Dios o queda sometido al diablo.” Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §124, 1º.


2.6. "El diablo dispone de muchos representantes terrenos. Los escribas y los fariseos y todos los engañados por ellos tienen que rechazar a Jesucristo porque son hijos del diablo [San Juan VIII, 44], ciega y confunde sus espíritus hasta el punto de que según ellos Cristo es un diablo, y sus palabras no serán sino blasfemias e insinuaciones diabólicas [San Juan VII, 20]. Jesús reprocha a los judíos su vida pecaminosa, la superficialidad de su religiosidad, les dice que es su vida y su salud; y los judíos replican que Jesús está poseído por los diablos [San Juan VIII, 48, 52] y que no se debe escucharle [San Juan X, 20]. Satanás llega al colmo de su actividad engañosa cuando convence a los que le siguen de que por amor a Dios, por amor al orden decretado y revelado por Dios, tienen que rechazar a Jesús. En este caso el diablo mismo finge ser el guardián y defensor de santas revelaciones divinas. Hasta qué punto el diablo puede engendrar confusión en los espíritus, hasta que punto está amenazado por el peligro de escandalizarse de Cristo el que no vive en el amor, sino que se halla dominado por el diablo, lo pone de manifiesto el hecho de que los judíos, sin negar las expulsiones del diablo ejecutadas por Cristo, las atribuyen a una alianza con los diablos.” Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §124, 3º, C.


2.7. "Los hombres han crucificado a Jesucristo, pero es otro el promotor de este terrible hecho. Tras las personas activas al exterior se oculta el funesto personaje que las dirige. Satanás, que desde el principio fué un asesino y un mentiroso [San Juan VIII, 44], entró en Judas Iscariote y le sedujo a traicionar a Jesús [San Lucas XXII, 3, San Juan XIII, 27; VI, 70]" Teología Dogmática, Michael Schmaus, tomo II, §124, 3º, C.


2.8. “El diablo puede seguir esforzándose por destruir la obra de Cristo. Pero su poder sólo puede tener eficacia cuando encuentra el apoyo de la voluntad humana. Contra el corazón amante, humilde y sincero no logrará nunca vencer. También puede seguir sirviéndose de hombres malos como de instrumentos para atribular a los fieles. Puede tratar también de impedir la eficacia de la obra de Cristo con respecto a los individuos o en lo que respecta a comunidades enteras, incitándolos a que se escandalicen de Cristo. Como quiera que Cristo y su obra siguen viviendo en la Iglesia, el diablo proseguirá la lucha contra Cristo bajo la forma de lucha contra la Iglesia, ya sea que la combata desde dentro, por decirlo así, incitándola a no cumplir su misión, la cual consiste en servir a la salvación de las almas mediante la predicación de la palabra y la administración de los santos sacramentos, o seduciéndola a que al cumplir su misión confíe más en medios terrenos que en la fuerza propia del Evangelio [Romanos I, 6], ya sea que la acose desde fuera, tratando de ponerla obstáculos para que no pueda cumplir su misión.” Teología Dogmática, Michael Schmaus, tomo II, §124, 3º, D. 


2.9. "Después de haber empleado todos los medios y de haberlo intentado todo, sin obtener el más mínimo resultado, echó mano de su vieja arma, es decir, de la mujer, y bajo la apariencia de compasión pinta con los tonos más conmovedores su desgracia y hace como si al darle el conocido y funesto consejo no pretendiese ninguna otra cosa que librarle de sus dolores... También ahora adopta el diablo la misma actitud: se pone la máscara de la compasión y finge interesarse en nuestra suerte, insinuandonos funestos consejos, más dañinos que el veneno. La siguiente es su propia manera de proceder: nos adula para perjudicarnos; reprendernos para nuestro provecho, eso sólo lo hace Dios" San Juan Crisóstomo, homilía 13, sección 4, comentario al Evangelio de San Mateo.9.  


2.10 "Todo lo que sirve al vanidoso, al rencoroso, al lascivo, para satisfacer su vanidad, su odio, su incontinencia, tiene valor entre los partidarios de Satanás, no entre los que han concluido una alianza con Cristo. Todo eso está desterrado del círculo donde reina la piedad. Por eso rechinan los dientes el 'contradictor de la virtud' y el 'enemigo de la paz'. 'Y porque no ha permanecido en la verdad' y porque ha perdido completamente su grandiosa situación a causa de su orgullo se enfurece al ver que el hombre ha sido redimido por la misericordia de Dios y que se le haya atribuido los dones y gracias que él ha perdido. Nadie ha de admirarse de que 'al causante de todo pecado' le produzca pena la rectitud de los que hacen obras buenas, ni de que le haga sufrir la constancia de aquellos a quienes no puede hacer caer. Pues hasta entre los hombres hay algunos que se han tomado como ejemplo a seguir las obras de su maldad. De ese modo, muchos se consuman de envidia al ver los progresos que otros hacen. Y porque saben que la virtud no encuentra complacencia en el vicio, se arman para luchar encarnizadamente contra aquellos cuyo ejemplo no quieren seguir. Al contrario los servidores de Dios y los discípulos de la verdad aman aun a aquellos que no comparten las mismas opiniones y declaran la guerra a los vicios y no a los hombres, 'No recompensando a nadie la maldad con maldad', sino tratando siempre de conseguir el mejoramiento de los que pecan." San León Magno, Sermón 48, sección 2ª.




3.-  Pecado de Satanás.


3.1. “Todos responderán, y te dirán: También tú has sido herido como nosotros, te has hecho semejante a nosotros. Abatida ha sido su soberbia hasta los infiernos, cayó tu cadáver: debajo de ti se tenderá la polilla, y tu cobertura serán los gusanos. ¿Cómo caíste del cielo, o Lucifer, que nacías por la mañana? ¿Cómo caíste en tierra, tú que llagabas las gentes? Tú, que decías en tu corazón: Subiré al cielo, y sobre los astros de Dios ensalzaré mi solio, me sentaré en el monte del testamento, a los lados del Aquilón. Subiré sobre la altura de las nubes, semejante seré al Altísimo. Más al infierno serás precipitado en lo profundo del lago: Los que vieren, se inclinarán a ti, y te contemplarán: ¿Por ventura es este el hombre, que conturbó la tierra, que estremeció los reinos, que puso al mundo desierto, y asoló las ciudades, no abrió la cárcel a sus cautivos? Tú, que decías en tu corazón: Subiré al cielo, sobre los astros de Dios ensalzaré mi solio, me sentaré en el monte del testamento, a los lados del Aquilón. Subiré sobre la altura de las nubes, semejante seré al Altísimo. Más al infierno serás precipitado en lo profundo del lago: Los que te vieren, se inclinarán a ti, y te contemplaran: ¿Por ventura es este el hombre, que conturbó la tierra, que estremeció los reinos, que puso al mundo desierto, y asoló sus ciudades, no abrió la cárcel a sus cautivos? Todos los reyes de las naciones, todos durmieron en gloria, cada uno en su casa. Mas tú has sido arrojado de tu sepulcro, como un tronco inútil, sucio, y confundido con los que fueron muertos a cuchillo, y descendieron a lo más hondo del lago, como cadáver podrido. No tendrás consorcio con aquellos, ni aun en la sepultura: porque tú destruiste tu tierra, tu mataste tu pueblo: nunca jamás será nombrada la raza de los malvados. Aparejad sus hijos para el matadero por la maldad de sus padres: no se levantarán, ni heredarán la tierra, ni llenarán de ciudades la superficie del mundo. Y me levantaré sobre ellos, dice el Señor de los ejércitos; y destruiré el nombre de Babilonia, y los residuos, y el retoño, y el linaje, dice el Señor.” Isaías XIV, 10.


3.2. “Quiso su altísima Providencia, e infinito beneplácito, criar los Ángeles, para que le sirviesen, amasen, obedeciesen, y adorasen eternamente, como a su Dios, Criador, y Señor supremo; y habiéndolos criado de la nada, con libertad plena, y libre albedrío, no como comprehensores, sino como Viadores, para su mayor mérito o demérito, que fue necesario, según el beneplácito del Altísimo, para perderse o salvarse, previos los méritos infinitos de Nuestro Redentor Jesucristo, Dios, y Hombre Verdadero, les puso su eterna disposición, y Sabiduría infinita delante de la Beatísima Humanidad, a quien les preceptuaba habían de adorar con rendida obediencia; en cuyo instante Lucifer (antes luzbel por su hermosura) llevado de su soberbia, envidia, e ira, no queriendo obedecer al precepto impuesto por el Altísimo; con osadía sacrílega, dijo: 'Seré semejante al Altísimo, y pondré mi solio sobre el Capitolio, precediendo a Dios en honor, y dignidad'. (Isaías XIV, 14; Ezequiel XXIV; Beccan, de Peccat. Angel cap 4, quest. 6) 

En cuyo instante, el Arcángel San Miguel, Fortaleza de Dios, su Alférez Divino, y Capitán General, enarbolando el Estandarte Divino, en nombre de Dios, dijo: '¿Quién como Dios?' Y dió con Lucifer, y sus secuaces en lo profundo del infierno, cuyo lugar tenía la Justicia Divina prevenido, y destinado para castigar a los malos, inobedientes, y rebeldes a sus Divinos Preceptos. Cayó Lucifer en el abismo, arrastrando tras de sí la tercera parte de los ángeles, que le siguieron, y fueron socios en su pecado (Beccan. de Peccat. Angel cap. 4, quest. 3; Appocalypt. XII, 4; Job. XLI, 25; Matth. XII, 24.) 

Y desde entonces hasta ahora ha estado, está, y estará sin fin en los Infiernos, acompañado de los Ángeles que lo siguieron, y de los hombres que le han seguido, siguen, y seguirán hasta el fin del mundo, siendo Señor, y Rey de todos los demonios, y demás Criaturas infelices, que en él han caído por sus culpas, y caerán, si de ellas no hiciesen en tiempo verdadera penitencia, convirtiéndose a Dios de verdadero corazón. 

Cometieron Lucifer, y sus secuaces tres pecados en aquel instante; uno de soberbia, y otro de ira, y el otro de envidia; viendo que la humana naturaleza, siendo de menor jerarquía que la suya, había de llegar a tan altísima eminencia, que no mereció la suya, que bajando Dios a hacerse Hombre, el hombre había de subir a ser Dios, y rabiolo de esta dicha, llevado de su soberbia, ira, y envidia, hizo rebelión contra Dios, queriéndole disputar su eterna designación, y benevolencia, y por esto tiene tanto odio a Dios, y a las Criaturas, deseando que todas se pierdan, porque no vayan a gozar lo que el perdió; y si pudiera, no solamente le quitaría a Dios su Esencia, y Poder, sino todas las criaturas, destruyéndolo, y aniquilándolo todo, según su maldita inclinación. No pudieron Lucifer y sus secuaces cometer más pecados contra Dios, que el de soberbia, ira, y envidia, que, de haber podido, lo hubieran hecho; porque, aunque cometieron el de soberbia, ira, y envidia, no pudieron el de pereza, avaricia, gula, ni el de lujuria; pues para cometer estos, es necesario tener cuerpo, y ellos no lo tienen; (Beccan. de Peccat. Angel cap 4, quest. 2) Los objetos del pecado de soberbia, ira y envidia, son espirituales, y por ello Lucifer, y sus secuaces los pudieron cometer; porque la soberbia, es inordenado apetito de la propia excelencia; la envidia, es tristeza de la excelencia de otro; y la ira, es apetito de venganza; y como quiera que el Ángel pudo inordenadamente apetecer su propia excelencia, doliéndose de la excelencia de otro, quiso vengarse.” Mayor fiscal contra judíos, autor: Lic. Don Antonio Contreras, jurisconsulto complutense, abogado de los Reales Consejos, en la villa de Madrid, con licencia eclesiástica, año de 1736..




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.





Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.