Los judíos dan muerte a Santiago el Menor.


30 Jul
30Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



El presente estudio es utilizado únicamente con fines informativos, dando respuesta a muchas preguntas que hemos recibido, acudiendo para ello  a las Sagradas Escrituras y a documentos autorizados por la Santa Iglesia Católica.



Santiago el Menor (Ἰάκωβος, Iakōbos en griego; en hebreo, יעקב בן חלפי‎ Ya'akov ben Halfay) o Santiago, hijo de Alfeo para distinguirlo del otro apóstol del mismo nombre (Santiago el Mayor o Santiago, hijo de Zebedeo y hermano de Juan) fue uno de los doce Apóstoles de Jesucristo. Era hijo de Cleofás o Alfeo y de María de Cleofás, y hermano de Judas Tadeo y de otro José (San Marcos 15:40).




1.- “Su eximia piedad y, sobre todo, el ascendiente de que gozaba entre los cristianos, excitaron los celos de los dirigentes judíos, que veían en este un nuevo motivo de afianzamiento del cristianismo. Por esto el sumo sacerdote Anás, hijo del que intervino en la condenación de Jesucristo, lo hizo comparecer ante el sanedrín, y condenado a lapidación como había sucedido con San Esteban, fue arrojado desde el pináculo del templo y apedreado después hasta matarlo. Se refiere que, a ejemplo de Cristo y del diácono Esteban, oraba por sus verdugos mientras era martirizado.” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; Tomo 1, página 128. Editorial BAC.


2.- “Los judíos, cuando vieron perdida la esperanza que les animó a tramar un complot contra Pablo (pues este, al apelar al César, fue enviado por Festo a Roma), se dirigieron contra Jacobo (Santiago), el hermano del Señor, a quien los apóstoles entregaron el trono del episcopado de Jerusalén. Del modo siguiente osaron actuar contra él: Lo colocaron en el medio e intentaron hacerle negar la fe en Cristo ante todo el pueblo. Pero él, para sorpresa de todos, con una voz libre empezó a hablar con mayor seguridad de lo previsto y confesaba que nuestro Salvador y Señor Jesús es el hijo de Dios. Ya no pudieron soportar el testimonio de un hombre tan grande, el cual era considerado el más justo de todos por la altura de sabiduría y piedad que había alcanzado a lo largo de toda su vida, y lo asesinaron, aprovechando la anarquía debida a que, muerto por aquel tiempo Festo en Judea, la dirección del país quedó sin gobernar y sin control.” Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, Libro II, cap. XX, 1. 


3.- “Jacobo, el hermano del Señor, es el sucesor, con los Apóstoles, del gobierno de la Iglesia. A éste todos le llaman ‘Justo’ ya desde el tiempo del Señor… Pero las sectas, a las que hemos aludido, no creyeron en la resurrección ni en su inminente regreso para pagar a cada uno según sus obras; no obstante, los que creyeron lo hicieron por medio de Jacobo. Muchos fueron los convertidos, incluso entre los principales y por ello hubo alboroto entre los judíos, los escribas y los fariseos, y decían que el pueblo peligraba aguardando al Cristo. Reuniéndose entonces ante Jacobo le decían: ‘Te lo rogamos: sujeta al pueblo, pues se encuentran engañados acerca de Jesús y creen que él es el Cristo. Te rogamos que aconsejes, acerca de Jesús, a cuantos acudan el día de la Pascua, pues todos te obedecemos. Porque nosotros y todo el pueblo damos testimonio de que tú eres justo y no haces acepción de personas. Así pues, persuade a la multitud para que no yerre acerca de Cristo. Pues todo el pueblo y nosotros te obedecemos. Mantente en pie sobre el pináculo del templo, para que desde esa altura todo el pueblo te vea y oiga tus palabras. Ya que por la Pascua se unen todas las tribus, incluyendo a los gentiles.’ De este modo los aludidos escribas y fariseos colocaron a Jacobo sobre el pináculo del templo, y estallaron a gritos diciendo: ‘¡Tú el Justo!, al que todos nosotros debemos obedecer, explicamos cuál es la puerta de Jesús, pues todo el pueblo está engañado, siguiendo a Jesús el Crucificado.’ Entonces él contestó con voz potente: ‘¿Por qué me interrogáis acerca del hijo del hombre? ¡Él está sentado a la diestra del gran poder, y pronto vendrá sobre las nubes del cielo!’  Y muchos creyeron de corazón y, por el testimonio de Jacobo, alabaron diciendo: ‘¡Hosanna al hijo de David!’, pero entonces, de nuevo los mismos escribas y fariseos comentaban: ‘Hemos actuado erróneamente al procurar testimonio tan grande en contra de Jesús, pero subamos y arrojemos a éste, para que se confundan y no crean en él.’ Así, gritaban diciendo: ‘¡Oh!, ¡oh! También el Justo anda en error’, y con este acto cumplieron la escritura en Isaías: Saquemos al Justo porque nos es embarazoso. Entonces subieron y lanzaron abajo al Justo. Luego comentaban: ‘Apedreemos a Jacobo el Justo, y empezaron a apedrearlo, pues no había muerto al ser arrojado. Pero él, volviéndose, hincó las rodillas diciendo: Señor, Dios Padre, te suplico: perdónalos, porque no saben lo que hacen. Mientras lo apedreaban, un sacerdote de los hijos de Recab, hijo de Recabín, de los que el Profeta Jeremías dio testimonio, rompió a gritar diciendo: ‘Deteneos, ¿qué hacéis? El Justo pide por nosotros.’ Y cierto hombre entre ellos, un batanero, golpeó al Justo en la cabeza con el mazo que usaba para batir las prendas, y de éste modo fue martirizados Jacobo. Y allí le enterraron al lado del templo, y su columna todavía permanece cerca del templo. Fue un testigo verdadero para los judíos y griegos de que Jesús es el Cristo. E inmediatamente Vespasiano asedió Jerusalén.” Hegesipo, 'hypomnemata o Memorias', Libro V.


4.- Confirma lo anterior el historiador judío Flavio Josefo, en su libro: 'Antigüedades de los judíos': “Este vino sobre los judíos como venganza de Jacobo el Justo, quien era hermano de Jesús, llamado Cristo, porque a pesar de ser un varón extremadamente justo le dieron muerte.”




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



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