Odio y desprecio de los judíos a la Iglesia.


31 Jul
31Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



El presente estudio es utilizado únicamente con fines informativos, dando respuesta a muchas preguntas que hemos recibido, acudiendo para ello  a las Sagradas Escrituras y a documentos autorizados por la Santa Iglesia Católica.



1.- “El odio que sus padres tenían al Redentor glorioso, cuando vociferaron crucificadle, crucificadle, siguen teniéndole hasta el día de hoy todos los judíos, sin excepción alguna, por toda la extensión de la tierra. Este mismo odio y desprecio se extiende hasta a los mismos cristianos, especialmente a los católicos, a quienes tienen por infieles idólatras, y por gente más perversa del mundo.”  Don Juan Joseph Heideck, Defensa de la religión cristiana, año de 1798, tomo IV, Carta primera, página 176.


2.- “Los judíos no cristianos odiarán más y más a los cristianos a quienes tendrán por renegados de su Dios y de su Patria. En todo el imperio las sinagogas serán centros de odio y de persecución.” Historia de la Iglesia Católica, Daniel Olmedo, SJ, Editorial Porrúa.


3.- “Los judíos fueron los elementos más activos en fomentar el ambiente de odio contra los cristianos, a quienes consideraban como suplantadores de la ley mosaica… Esta actividad de los judíos debió de ejercer considerable influencia, pues nos consta que ya en tiempo de Nerón gozaban de gran ascendiente en Roma, y es bien sabido que, con ocasión del martirio de San Pedro y San Pablo, algunos insinuaron la idea de que habían muerto por celos de los judíos. Existiendo, pues, este ambiente, azuzado por el odio de los judíos, se concibe fácilmente la persecución de Nerón. Como capaces de toda clase de crímenes, fue fácil señalar a los cristianos como causantes del incendio de Roma. Al pueblo no le costó mucho creerlo.” Llorca, Villoslada, Laboa, Historia de la Iglesia Católica, BAC, 1959, Tomo I, Pág. 178.


4.- “En aquel tiempo el malvado Poder que odia el bien y es enemigo de la salvación de los hombres, alzó a Simón, el padre y creador de estos grandes males, como el gran rival de los grandes y divinos apóstoles de nuestro Salvador. A pesar de ello, la gracia divina y celestial acudió a ayudar a sus siervos y apagó la llama del maligno con la manifestación y la presencia de ellos, y por su mediación humilló y abatió ‘toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios’. Por esta razón ninguna urdimbre, ni de Simón ni de cualquier otro por aquel tiempo las producían, consiguió sostenerse en aquellos días apostólicos, pues todo lo vencía y dominaba el resplandor de la verdad y el mismo Verbo Divino, el cual justamente entonces, viniendo de Dios, había brillado sobre los hombres, floreciendo en la tierra y habitando con sus apóstoles. Inmediatamente, el encantador que hemos mencionado, como herido en los ojos del entendimiento por su destello divino y su entendimiento cuando ya habían sido descubiertas por el apóstol Pedro sus maquinaciones en Judea, emprendió el viaje muy largo al otro lado del mar y fue huyendo de Oriente a Occidente, con la certidumbre que únicamente allí podría seguir viviendo de acuerdo con sus ideas.” Eusebio de Cesarea, Historia de la Eclesiástica, L. 2, C.14,1.


5.- “Por todas partes manifestaron el odio más implacable contra el Evangelio, y contra los fieles discípulos de Jesucristo.” Don Juan Joseph Heideck, Defensa de la religión cristiana, año de 1798, tomo IV, Carta primera, página 202.


6.- “Los judíos no cristianos odiarán más y más a los cristianos a quienes tendrán por renegados de su Dios y de su Patria. En todo el imperio las sinagogas serán centros de odio y de persecución.” Historia de la Iglesia Católica, Daniel Olmedo, SJ, Editorial Porrúa.


7.- Con los hechos narrados, detestables por la maldad, moviéndonos a misericordia por las almas, que en el mal uso de la libertad, han sido instrumentos de Satanás; lejos de promover odio hacia ellos, y pensando en sus almas inmortales, pedimos por su conversión, sin dejar de ser precavidos ante sus maquinaciones. “En definitiva es, pues, el diablo, el origen del pecado.” Pbro. Dr. Michael Schmaus, Tratado de Teología Dogmática, tomo II, §124, página 274.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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