¿Por qué Dios escogió al pueblo judío?


09 Jul
09Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



El presente estudio es utilizado únicamente con fines informativos, dando respuesta a muchas preguntas que hemos recibido, acudiendo para ello  a las Sagradas Escrituras y a documentos autorizados por la Santa Iglesia Católica.



Dios Nuestro Señor escogió al pueblo judío, como pudo haber escogido a otro, en un acto libre y voluntario de su infinita sabiduría.



1.- Dios guiado por amor, en un acto de su libre voluntad creó de la nada cuanto existe, con la misma libertad que Dios creó de la nada al hombre, escogió al pueblo judío, -como pudo escoger otro, pues el único ser necesario es Dios-, para que de él naciera el Mesías prometido.

  • 1.1. “Dios creó el mundo libre de toda coacción externa y de toda necesidad interna.” Dogma de fe. Ludwing Ott, Manual de Teología Dogmática, página 146.

  • 1.2. “Creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles, espirituales y corporales; que por su omnipotente virtud a la vez desde el principio del tiempo creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la angélica y la mundana, y después la humana, como común, compuesta de espíritu y de cuerpo. Porque el diablo y demás demonios, por Dios ciertamente fueron creados buenos por naturaleza; más ellos, por sí mismos, se hicieron malos. El hombre, empero, pecó por sugestión del diablo.” IV Concilio de Letrán, capitulo 1: “De la fe católica”, año de 1215. Dz. 428.

  • 1.3. “La redención es un libérrimo acto de amor y misericordia divina (libertas contradictionis). Si la elevación del hombre al estado sobrenatural es ya un don gratuito del amor divino que Dios concedió porque quiso, mucho más lo es la restauración de la unión sobrenatural con Dios, destruida por el pecado mortal.” Ludwing Ott, Manual de Teología Dogmática, año de 1906, página 284.

  • 1.4. “Pero Dios no desamparó a Adán y a su descendencia en tan desdichada suerte. En su infinita misericordia les prometió luego un Salvador (el Mesías), que vendría a librar al género humano de la servidumbre del demonio y del pecado, y a merecerles la gloria. Esta promesa la fue Dios repitiendo en lo sucesivo otras muchas veces a los Patriarcas y al pueblo hebreo por medio de los Profetas.” Catecismo Mayor del Papa San Pío X, segunda parte, página 285.



2.- Después que nuestro primeros padres, Adán y Eva, pecaron gravemente; en un acto libre y voluntario de la Divina Providencia, determinó que la segunda Persona de la Santísima Trinidad, se encarnara en las purísima entrañas de la Santísima Virgen María, para redimir al género humano. 

  • 2.1. “Si alguno no confiesa que el primer hombre Adán, al transgredir el mandamiento de Dios en el paraíso, perdió inmediatamente la santidad y justicia en que había sido constituido, e incurrió por la ofensa de esta prevaricación en la ira y la indignación de Dios y, por tanto, en la muerte con que Dios antes le había amenazado, y con la muerte en el cautiverio bajo el poder de aquel que tiene el imperio de la muerte [Hebreos 2, 14], es decir, del diablo, y que toda la persona de Adán por aquella ofensa de prevaricación fue mudada en peor, según el cuerpo y el alma: sea anatema" (excomulgado, fuera de la Iglesia). Concilio de Trento, sesión V: 'Decreto sobre el pecado original', 17 de junio de 1546. Dz. 788.

  • 2.2. “Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado en la substancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo; perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Más aún cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por la confusión de la substancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno. Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse.” Símbolo “Quicumque” Dz. 40.


3.- Dios en un acto libre y voluntario escogió al pueblo judío, como “elegido” para que de él naciera el Redentor del género humano, luego entonces, las prerrogativas y bendiciones al pueblo escogido fueron en atención a Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

  • 3.1. “La salud de Cristo estaba destinada para todas las gentes, pero Cristo debía nacer de un pueblo, el cual, por esto mismo, había de distinguirse con algunos privilegios,”  Santo Tomás, Suma Teológica I-II C.98 a. 4.

  • 3.2. “La ley antigua fue dada al pueblo judío, a fin de que con ella tuviera ciertos privilegios de santidad por reverencia de Cristo, que de él debía nacer.” Santo Tomás, Suma Teológica I-II C.98 a. 5.

  • 3.3. “Dios, pues, otorgó a aquel pueblo la ley y otros beneficios especiales en atención a la promesa hecha a sus padres de que de ellos nacería el Cristo, pues, que el pueblo del que Cristo había de nacer se distinguiera por una especial santidad, según se dice en Lev 19, 2: Sed santos, porque santo soy yo. Ni fue por los méritos de Abrahán por los que se le hizo tal promesa, que Cristo nacería de su descendencia, sino por la gratuita elección y vocación de Dios. Por lo cual se dice en Is 41, 2: ¿Quién lo ha suscitado del lado de Levante y en su justicia lo llamó para seguirle” Suma Teológica I-II C.98 a. 4.

  • 3.4. “El pueblo judío debería ser santo, no por el mismo, sino por su acercamiento a Dios” Santo Tomás, Suma Teológica I-II C. 98 a. 5.

  • 3.5. “Aquel pueblo, aun después de recibir la ley, se dio a la idolatría, lo que es más grave, como resulta de Ex 32 y de Am 5, 25s: ¿Me ofrecisteis sacrificios y presentes en el desierto por espacio de cuarenta años, casa de Israel? Antes os tomasteis la tienda de Moloc y el astro del dios Rafán, vuestros ídolos, que habéis fabricado para adorarlos. Y expresamente se dice en el Dt 9, 6: Entiende que no por tu justicia te da Yahveh la posesión de esta buena tierra, que eres pueblo de dura cerviz. Y allí mismo (v.3) se da como razón cumplir la que con juramento dio a sus padres Abrahán, Isaac y Jacob.”  Santo Tomás, Suma Teológica I-II C.98 a. 4.


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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