¿Por qué el pueblo judío crucificó al Hijo de Dios?


13 Jul
13Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


El presente estudio es utilizado únicamente con fines informativos, dando respuesta a muchas preguntas que hemos recibido, acudiendo para ello  a las Sagradas Escrituras y a documentos autorizados por la Santa Iglesia Católica.



1.- Dios escogió al pueblo judío para que de él naciera el Redentor del mundo, privilegio exclusivo del pueblo judío; En el Antiguo Testamento están consignadas las bendiciones y las maldiciones al pueblo judío, las cuales dependen del fiel cumplimiento de  los mandatos divinos: 

“Ved que el día de hoy os pongo delante la bendición y la maldición: la bendición, si obedeciereis a los mandamientos del Señor Dios vuestro, que yo hoy os intimo: la maldición, si no obedeciereis a los mandamientos del Señor Dios vuestro, sino que os apartareis del camino, que yo ahora os muestro, y anduviereis en pos de dioses ajenos, que no conocéis.” Deuteronomio XI, 26.


2.- El pueblo judío después de recibir las bendiciones de Dios, los mandatos y prescripciones, fué infiel a Dios:

  • “Aquel pueblo, aun después de recibir la ley, se dio a la idolatría.” Santo Tomás, Suma Teológica I-II C.98 a. 4.  

  • "Ofrecieron sacrificios a los demonios, y no a Dios, a dioses que no conocían: nuevos y recientes vinieron, que no adoraron sus padres. Abandonaste al Dios, que te engendró, y te olvidaste del Señor tu Criador. Vio esto el Señor, y se movió a ira: porque le provocaron sus hijos e hijas… raza es perversa, e hijos infieles… fuego se ha encendido en mi furor, y arderá hasta lo más profundo del infierno.” Deuteronomio XXXII.

  • "Y así dais testimonio a vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos, que mataron a los Profetas. Y llenad vosotros la medida de vuestros padres.Serpientes, raza de víboras, como huiréis del juicio de la Gehena. Por esto he aquí yo envió a vosotros Profetas, y sabios, y doctores, y de ellos mataréis, y crucificaréis, y de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y los perseguiréis de ciudad en ciudad: Para que venga sobre vosotros toda la sangre inocente, que se ha vertido sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al cual matasteis entre el templo y el altar." Evangelio de San Mateo XXIII, 29-39.


3.- El pueblo judío materializó la idea del Mesías, viendo en todo el provecho personal, en satisfacer sus deseos de dominio sobre los pueblos del mundo; en sintesis: el Mesías que esperaban, era en beneficio material del pueblo judío: 

"La idea del Mesías.- El Mesías había de salir de en medio del pueblo, establecería en Israel el reino de Dios, levantaría por ese hecho al pueblo escogido sobre todos los pueblos de la tierra, y él sería su propio rey. Esta expectación del Mesías y del reino de Dios se convirtió en la fuente más profunda de su capacidad de resistencia. Sin embargo, la idea mesiánica, se tornó demasiada terrena, de suerte que muchos veían preferentemente en el Mesías al liberador de la miseria terrena y, posteriormente, en forma muy concreta, al libertador del odiado yugo romano." Hubert Jedin, Manual de historia de la Iglesia, tomo I. Página 113.


4.- Al verse desplazado el pueblo escogido, evidenciado públicamente sus mentiras y simulaciones, se llenaron de odio y envidia contra el Hijo de Dios: "Representaba una concepción completamente contraria a la que ellos se habían forjado. Por esto, ciegos de rencor contra un hombre, el Mesías en realidad, que echaba abajo todos sus ensueños de grandeza y ambición, y constituía una reprensión constante de su conducta escandalosa, le declararon la guerra a muerte.” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa, BAC, tomo I, página 52.

5.- “A Israel se le presentaba esta alternativa: reconocer al Salvador y ser mediante Él elevado a la verdadera libertad, o rechazarlo con desdichada ceguera para seguir siendo esclavo del pecado y del error y excluido de la casa de Dios, del reino del Mesías.” Ignacio Schuster-Juan B. Holzammer, 'Historia Bíblica', año 1935, tomo II, página 265.

6.- “Estos triunfos de Jesús despertaron desde el principio la envidia de los escribas y fariseos, de los príncipes y sacerdotes, y de las cabezas del pueblo, envidia que se aumentó en extremo cuando El se puso a desenmascarar su hipocresía y a reprobar sus vicios. No tardaron en perseguirle hasta llamarle endemoniado, buscando manera de sorprenderle en palabras, ya para desautorizarle ante el pueblo, ya para acusarle al gobernador romano. Esta envidia fue siempre creciendo, y se exacerbó más cuando, a consecuencia de la resurrección de Lázaro, se multiplicó grandemente el número de los judíos que creían en Él. Entonces tuvieron un consejo para matarle; y el pontífice Caifás terminó con estas palabras: Es necesario que un hombre muera por el pueblo, y que no perezca toda la nación; diciendo sin saberlo una profecía, pues en verdad, por la muerte de Jesús se había de salvar el mundo.” Catecismo Mayor del Papa San Pío X, segunda parte, página 308, no. 101.

7.- “Finalmente, su aborrecimiento llegó al colmo cuando, cerca de la Pascua, llena la ciudad de forasteros que de todas partes venían a la fiesta, sentado Jesús en un jumentillo, entró triunfante y aclamado por el pueblo, que con palmas y ramos de oliva le habían salido al encuentro, mientras algunos echaban sus vestiduras en el suelo, y otros cortaban ramas de los árboles y las esparcían por el camino. Entonces los ancianos del pueblo, los príncipes de los sacerdotes y los escribas, juntáronse en casa del pontífice Caifás, acordaron prender a Jesús por engaño y a escondidas, de miedo que las turbas no armasen algún alboroto. La ocasión no se hizo esperar. Judas Iscariote, uno de los doce Apóstoles, poseído del demonio de la avaricia, ofreció entregar el divino Maestro en manos de sus enemigos por treinta monedas de plata.” Catecismo Mayor del Papa San Pío X, segunda parte, página 309, no. 102.

8.- “Veían, efectivamente, las señales evidentes de su divinidad; pero, por odio y envidia de Cristo, las tergiversaban, y rehusaban dar fe a sus palabras, con las que declaraba que era el hijo de Dios. Por lo cual él mismo dice de ellos en Jn. 15, 22: 'Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado'. Y, de este modo, puede tomarse como dicho en nombre de ellos lo que se lee en Job 21, 14: Dijeron a Dios: Apártate de nosotros; no nos interesa la ciencia de tus caminos.” Santo Tomás, 'Suma Teológica' III, c. 47, art. 5.  

9.- “No obstante, podemos decir también que se afirma que conocieron al verdadero Hijo de Dios porque tenían signos evidentes de ello, a lo que no quisieron asentir a causa del odio y de la envidia, de modo que reconociesen que él era el Hijo de Dios.” Santo Tomás, 'Suma Teológica' III, C. 47 a. 5.

10.- “Por lo cual se demuestra que, viendo las obras admirables de Cristo, debido a su odio no le reconocieron por el Hijo de Dios.” Santo Tomás, 'Suma Teológica' III, C. 47 a. 5.

11.- “Y por esto pecaron los judíos, por ser los que crucificaron no sólo a Cristo hombre, sino a Dios.” Santo Tomás, 'Suma Teológica' III, C. 47 a. 5.


12.- “Poncio Pilatos, al Emperador Claudio Tiberio César, Salud.

De poco acá tengo experiencia, que los Judíos movidos por envidia han encendido fuego contra sí, y contra sus descendientes, porque como sus antepasados tuvieren prometido de Dios, que le enviaría al mundo a su Hijo nacido de Madre Virgen, que fuese Rey, y Mesías: Siendo yo Presidente de este Reino, apareció este Rey de los Judíos, alumbrando a los ciegos, limpiando a los leprosos, curando a los paralíticos, sacando a los demonios de los cuerpos de los hombres, resucitando a los muertos, y mudando a los vientos, y andando a pie sobre las aguas del mar, y haciendo otras muchas maravillas: por estas cosas le cobró el pueblo en opinión de Hijo de Dios: lo cual despertó contra él la envidia de los Príncipes de los Sacerdotes; de manera, que ellos me lo entregaron preso, para que yo lo condenase a muerte, acusándole ellos falsamente de mágico, hechicero, y que todas las cosas hacía con quebrantamiento de su ley: Yo, creyendo, que con razón le acusaran, le hice azotar, y coronar, y entréguele a su voluntad, y ellos le crucificaron, y le pusieron en el sepulcro guardas de gran recado; y aun por mi mandato se pusieron hombres armados, que guardasen su cuerpo; más el resucitó al tercer día, de lo que recibieron tan grande alteración, y pesar los Judíos, que dieron gran dinero a los guardas del Sepulcro, porque hicieren entender al pueblo, que sus discípulos lo habían hurtado de noche, contra los cuales testificaron mis hombres la verdad delante del pueblo. Estas cosas hago saber a V. Celsitud, porque no haya lugar a la falsedad de los que de otra manera lo querrán contar: Y por avisar a todos, que no den crédito a los judíos, que con facilidad levantan testimonios, digo yo, que lo haría.” “Historia de Resurrectione Domini, y Niceforo Calixto”, lib. 2, cap. 8; “Historia Ecclesiastica”, lib. 2, cap. 2. 

13.- “Juntóse en estos primeros tiempos el odio y agitación de los judíos contra los cristianos. Los judíos fueron los elementos más activos en fomentar el ambiente de odio contra los cristianos, a quienes consideraban como suplantadores de la ley mosaica… Esta actividad de los judíos debió de ejercer considerable influencia, pues nos consta que ya en tiempo de Nerón gozaban de gran ascendencia en Roma, y es bien sabido que, con ocasión del martirio de San Pedro y San Pablo, algunos insinuaron la idea de que había muerto por celos de los judíos. Existiendo, pues, este ambiente, azuzado por el odio de los judíos, se concibe fácilmente la persecución de Nerón. Como capaces de toda clase de crímenes, fue fácil señalar a los cristianos como causantes del incendio de Roma. Al pueblo no le costó mucho creerlo” Historia de la Iglesia Católica, Llorca, Villoslada, Laboa; Tomo 1, página 178. Editorial BAC.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.






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