¿Quién puede interpretar las Sagradas Escrituras?


09 Jul
09Jul


Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 



1.- “Además, para reprimir los ingenios petulantes, decreta que nadie, apoyado en su prudencia, sea osado a interpretar la escritura sagrada, en materias de fe y costumbres, que pertenecen a la edificación de la doctrina cristiana, retorciendo la misma Sagrada Escritura conforme al propio sentir, contra aquel sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien atañe juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras Santas, o también contra el unánime sentir de los Padres, aun cuando tales interpretaciones no hubieren de salir a luz en tiempo alguno. Los que contravinieren, sean declarados por medio de los ordinarios y castigados con las penas establecidas por el derecho...” Concilio de Trento, Sesión IV, 8 de abril de 1546, Dz. 786.


2.- “Admito igualmente la Sagrada Escritura conforme al sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien compete juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras.” Papa Pío IV, Profesión tridentina de fe, Bula: Iniunctum nobis, 13 de noviembre de 1564; Dz. 995.


3.- “[De la interpretación de la Sagrada Escritura]. Mas como quiera que hay algunos que exponen depravadamente lo que el santo Concilio de Trento, para reprimir a los ingenios petulantes, saludablemente decretó sobre la interpretación de la Escritura divina, Nos, renovando el mismo decreto, declaramos que su mente es que en materias de fe y costumbres que atañen a la edificación de la doctrina cristiana, ha de tenerse por verdadero sentido de la Sagrada Escritura aquel que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien toca juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras santas; y, por tanto, a nadie es lícito interpretar la misma escritura sagrada contra este sentido ni tampoco contra el sentir unánime de los padres.” Concilio Vaticano, Sesión III, 24 de abril de 1870, capitulo 2; Dz. 1788.


4.- “Si alguno no recibiera como sagrados y canónicos los libros de la Sagrada Escritura, íntegros con todas sus partes, tal como los enumeró el santo Concilio de Trento [v. 783 s], o negare que han sido divinamente inspirados, sea anatema. 3.” Concilio Vaticano, Sesión III, 24 de abril de 1870; Dz-1809.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida. 



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