15º Domingo después de Pentecostés.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Introito, Salmo LXXXV. 1-4.

Inclina, Señor, tu oído a mis súplicas, y escúchame;   Salva, Dios mío, a tu siervo, que espera en ti; ten piedad de mí, Señor, porque a ti clamo todo el día.  Salmo: Alegra el alma de tu siervo, porque a ti, Señor, tengo elevada mi alma. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Inclina, Señor, tu oído a mis súplicas, y escúchame;   Salva, Dios mío, a tu siervo, que espera en ti; ten piedad de mí, Señor, porque a ti clamo todo el día.


Oración

Purifica, Señor, y fortalece a tu iglesia con una continua misericordia; y ya que sin ti no puede mantenerse salva, haz que sea siempre gobernada por tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo. Por Nuestro Señor Jesucristo.   F: Amén.


Conmemoración de San Esteban.

¡Oh Dios omnipotente! concede a tu Iglesia que, así como tuvo por propagador, mientras reinaba en la tierra, a tu santo Confesor Esteban, así le tenga por glorioso defensor en los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Epístola, San Pablo a los Gálatas V, 25-26; VI, 1-10.

Hermanos: Si vivimos del Espíritu, sigamos también al Espíritu. No seamos ávidos de vanagloria, hostigándonos y envidiándonos mutuamente. Hermanos, sí alguno incurriere en algún delito, vosotros, que sois espirituales, amonestadle con espíritu de mansedumbre. Y cuídate tú, que también tú puedes ser tentado. Sobrellevaos mutuamente, y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque si alguno cree ser algo, no siendo nada, él mismo se engaña. Mas pruebe cada cual su obra, y así tendrá gloria sólo en sí mismo, y no en otro; porque cada cual llevará su propia carga. Y el que es enseñado en la palabra asista con todos sus bienes al que le enseña. No os engañéis: a Dios no se le puede burlar. Lo que siembre el hombre, eso cosechará. Y así, el que siembra en su carne, de la carne cosechará corrupción; mas el que siembra en el espíritu, del espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo recogeremos el fruto, si no desfallecemos. Y así, mientras tenemos tiempo, hagamos bien a todos, y mayormente a nuestros hermanos en la fe. F: Deo gratias.


Gradual, Salmo XCI, 2-3.

Bueno es alabar al Señor y cantar a tu nombre, ¡oh Altísimo! † Anunciar desde la mañana tu misericordia, y tu fidelidad hasta por la noche.


Aleluya, Salmo XCIV, 3.

Aleluya, Aleluya. † Porque el Señor es Dios grande, y Rey grande sobre toda la tierra. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Lucam VII, 11.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Iba Jesús a una ciudad llamada Naím, y le acompañaban sus discípulos y una gran muchedumbre. Al  acercarse a la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; e iba con ella gran acompañamiento de gente de la ciudad. Viéndola el Señor, movido de compasión por ella, le dijo: No llores. Y acercóse y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Dijo entonces: Joven, a ti te digo, levántate. Y se sentó el muerto, y comenzó a hablar. Y le entregó a su madre. Sobrecogió a todos gran pavor, y glorificaban a Dios diciendo: ¡Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo! F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo XXXIX, 2- 4.

Con paciencia aguardé  al Señor, y volvió a mí su mirada y oyó mí ruego; y puso en mi boca un cántico nuevo, un himno en loor de nuestro Dios.


Secreta

Mira, Señor, propicio a tu pueblo, y acepta sus dones; para que aplacado con esta oblación, nos concedas el perdón y cuánto te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión,  San Juan VI, 52.

El pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.


Poscomunión.

Que la virtud de este don celestial, Señor, penetre nuestras almas y cuerpos, para que no sea nuestro modo de ver sino su efecto el que prevalezca siempre en nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.

Rogámoste, oh Dios omnipotente, nos concedas imitar con debida devoción la fe de tu Confesor San Esteban, el cual por haber propagado esta misma fe, mereció llegar del reino terreno a la gloria del reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




Etiquetado:  Santa Misa

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