19º Pentecostés.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Introito, Salmo 77,1.

Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. En cualquier tribulación en que clamen a mí, los escucharé, y seré siempre su Dios. Salmo: Escucha pueblo mío, mi ley; presta oído a las palabras de mi boca. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. En cualquier tribulación en que clamen a mí, los escucharé, y seré siempre su Dios.


Oremos

¡Oh Dios omnipotente y misericordioso!, aleja propicio de nosotros todo lo adverso, para que, desembarazados de alma y de cuerpo, te sirvamos con entera libertad. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.

Oh Dios, que te has dignado conceder a tu Iglesia, en la persona de tu santo Confesor Jerónimo, un eminente doctor en la interpretación de la Sagradas Escrituras; te suplicamos nos concedas  por intercesión de sus méritos, que también nosotros podamos realizar con tu favor lo que él enseñó de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Epístola, San Pablo a los Efesios 4,23-28.

Hermanos: Renovaos mediante una transformación de vuestro pensamiento, y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y en santidad verdadera. Por lo cual, dejando la mentira, hablad verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros unos de otros. Si os encolerizáis, no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo. No deis cabida al diablo. El que hurtaba ya no hurte, antes bien, tómese la molestia de trabajar con sus manos en obras honestas, a fin de que tenga de dónde dar al que padece necesidad.  F: Deo gratias. 


Gradual, Salmo 140, 2.

Suba mi oración como incienso en tu presencia, Señor. v Sea la elevación de mis manos como un sacrificio vespertino.


Aleluya, Salmo 104,1.

Aleluya, aleluya. v Alabad al Señor e invocad su nombre; anunciad entre las naciones sus obras. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum XXII, 1.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Hablaba Jesús a los príncipes de los sacerdotes y a los fariseos en parábolas, diciendo: En el reino de los cielos acontece lo que a cierto rey que celebro el convite de las bodas de su hijo. El cual envió sus siervos para que llamaran a los convidados a las bodas; mas ellos no quisieron acudir. Envió de nuevo otros criados con este mensaje: Mirad que ya he preparado mi banquete, mis toros y los animales cebados han sido ya degollados; todo está a punto; venid a las bodas. Mas ellos lo despreciaron, y se fueron el uno a su granja y el otro a sus negocios; y los demás se apoderaron de los siervos, y, después de ultrajarlos, los mataron. Habiéndose enterado de ello el rey, montó en cólera, y, enviando sus ejércitos, acabó con aquellos homicidas, y puso fuego a la ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas están preparadas, más los que habían sido convidados no han sido dignos; id, pues, a las salidas de los caminos y a todos los que hallareis, convidadles a las bodas. Distribuyéronse, pues, sus siervos por los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenaron las salas de convidados. Entró el rey para ver a los comensales y vio allí un hombre que no se hallaba vestido con el traje nupcial. Y le dijo: Amigo, ¿cómo es que has entrado aquí, no teniendo vestido de bodas? Más él enmudeció. Entonces dijo el rey a sus ministros: Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de fuera; allí será el llorar y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, mas pocos los  escogidos.      F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 137,7.

Cuando me vea envuelto por la tribulación, me darás vida, Señor; y contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano y tu diestra me salvará.

Te rogamos, señor, nos concedas que estos dones ofrecidos ante los ojos de tu majestad, sirvan para nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión, Salmo 118, 4-5.

Tú has mandado, Señor, se guarden fielmente tus leyes ¡Ojalá perseveren mis pasos en la guarda de tus preceptos!


Poscomunión

Haz, Señor, que el remedio de tu gracia nos purifique eternamente de nuestras maldades, y nos tenga siempre adheridos a tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.






Etiquetado:  Santa Misa

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