6º Domingo después de Epifanía.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.



Introito, Jeremías 29-11; Salmo 84.

Dice el Señor: Yo abrigo pensamientos de paz y no de cólera; me invocaréis y os oiré; y haré volver a vuestros cautivos de todos los lugares. Salmo: Has bendecido, Señor, a tu tierra; has terminado con la cautividad de Jacob. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Dice el Señor: Yo abrigo pensamientos de paz y no de cólera; me invocaréis y os oiré; y haré volver a vuestros cautivos de todos los lugares.


Oremos

Concédenos, te rogamos, ¡oh Dios omnipotente!, que, pensando siempre conforme a la recta razón, hablemos y obremos como a ti te agrada.  Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.


Epístola, San Pablo a los Tesalonicenses 1.2-10.

Hermanos: No cesamos de dar gracias a Dios por todos vosotros, y de recordaros en nuestras oraciones, acordándonos de las obras de vuestra fe, de los trabajos de vuestra caridad y de la firmeza de vuestra esperanza en nuestro Señor Jesucristo delante de Dios, nuestro Padre. Sabemos, hermanos queridos de Dios, que habéis sido escogidos, porque nuestro evangelio no se os anunció tan sólo con palabras, sino con milagros, con asistencia del Espíritu Santo, y con plena persuasión. Ya sabéis cuál fue nuestro proceder  entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros os hicisteis imitadores nuestros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de mucha tribulación, con gozo del Espíritu Santo; sirviendo de modelo a cuantos han creído en Macedonia y en Acaya. Porque no sólo se divulgo por vosotros la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya, sino que el renombre de vuestra fe en Dios se propagó a todas partes en tal grado que no tenemos necesidad de decir nada sobre esto. Todos pregonan la acogida que nos dispensasteis, y cómo os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y para esperar de los cielos a su Hijo Jesús (a quien resucitó de entre los muertos), el cual  nos libro de la ira venidera.   F: Deo gratias.


Gradual, Salmo 43.8-9.

Señor, tú nos salvas de nuestros enemigos; tú confundes a los que nos odian. En Dios nos gloriamos de continuo y celebramos tu nombre por siempre.


Aleluya, Salmo 129, 1-2.

Aleluya, Aleluya. † Desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor. Señor, escucha mi oración. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum XIII, 31.

F: Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Dijo Jesús a las turbas esta parábola: Es semejante el reino de los cielos a un grano de mostaza, que toma un hombre y lo siembra en su campo. Ésta, en verdad, es la menor de todas las semillas; pero, cuando crece, se hace mayor que todas las legumbres y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves del cielo a anidar en sus ramas. Díjoles otra parábola: Es semejante el reino de los cielos a la levadura que toma una mujer, y mezcla en tres celemines de harina, hasta que queda fermentada toda la masa. Todas estas cosas dijo Jesús al pueblo en parábolas; y no le hablaba sin parábolas, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: “Abriré mi boca para hablar con parábolas; publicaré cosas ocultas desde la creación del mundo”.  F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 129, 1-2.

Desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor; Señor, oye mi oración;  desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor.


Secreta

Te rogamos, ¡oh Dios!, que esta oblación nos purifique y renueve, nos gobierne y proteja. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión, San Marcos 11,24.

En verdad os digo que todo lo que pidiereis en la oración, creed que lo recibiréis, y se os concederá.


Poscomunión

Apacentados, Señor, con las celestiales delicias, te pedimos que deseemos siempre recibir aquello que nos da le verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.




Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




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