9º Domingo después de Pentecostés.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.


Introito, Salmo LIII, 6.

Dios viene en mi ayuda, y el Señor es el sostén de mi vida; haz recaer los males sobre mis enemigos y extermínalos con tu verdad, oh Señor, y protector mío. Sl Sálvame, ¡oh Dios!, por tu nombre y líbrame con tu poder Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Dios viene en mi ayuda, y el Señor es el sostén de mi vida; haz recaer los males sobre mis enemigos y extermínalos con tu verdad, oh Señor, y protector mío.


Oremos

Ábranse, Señor, los oídos de tu misericordia a las súplicas de los que te imploran; y, para que les concedas lo que desean, haz que pidan lo que te es grato conceder. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Conmemoración de Santa María Magdalena

Suplicámoste, Señor, que seamos ayudados con las oraciones de Santa María Magdalena, por cuyos ruegos sacaste vivo del sepulcro a su hermano Lázaro, después de cuatro días de enterrado. Que vives y reinas. F: Amén


Epístola, San Pablo a los Corintios X, 6-13

Hermanos: No deseéis cosas malas, como las desearon los hebreos en el desierto. Ni adoréis los ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: “Sentóse el pueblo a comer y a beber, y luego se levantaron a retozar” Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y murieron veintitrés mil en un día. Ni tentemos al Señor, como hicieron algunos de ellos, y perecieron mordidos de las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron muertos por el Ángel exterminador. Todas estas cosas que les acontecían eran figuras de lo venidero, y están escritas para escarmiento de nosotros, que hemos venido al fin de los siglos. Y así, el que piensa estar firme, cuide, no caiga. Que no os vengan sino tentaciones humanas fácilmente superables; pero fiel es Dios, que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas, antes hará que saquéis provecho de la misma tentación, para que podáis perseverar en el bien.  F: Deo gratias.


Gradual, Salmo VIII. 2.

Señor, Señor nuestro, ¡cuán admirable es tu nombre en toda la tierra! Salmo:  Tu magnificencia rebasa la altura de los cielos.


Aleluya. Salmo LVIII. 2.

Aleluya, aleluya. Líbrame, Dios mío, de mis enemigos; líbrame de los que se levantan contra mí. Aleluya. S: Dóminus vobíscum.F: Et cum spíritu tuo.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Lucam  19, 41.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Al llegar Jesús cerca de Jerusalén, mirando a la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Ah, si conocieras también tú, en este día, el mensaje de la paz! Mas ahora está oculto a tus ojos. Si, vendrán días sobre ti, en que te circunvalarán tus enemigos y te rodearán, y te estrecharán por todas partes, y te arrastrarán con tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por no haber conocido el tiempo en que Dios te ha visitado. Y habiendo entrado en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: ¡Mi casa es casa de oración; y vosotros la tenéis convertida en cueva de ladrones! Y enseñaban todos los días en el templo.   F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo XVIII, 9-12.

Los preceptos del Señor son rectos y alegran el corazón; son más dulces que la miel, que la miel de los panales. Y tu siervo los guarda.


Secreta

Señor, te pedimos nos concedas el que frecuentemos dignamente estos misterios; pues cuantas veces se celebra este sacrificio, otras tantas se renueva la obra de nuestra redención. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Suplicámoste, Señor, que nuestras ofrendas te sean gratas, por los gloriosos méritos de Santa María Magdalena, cuyos obsequios y presentes admitió bondadoso tu Unigénito Hijo. Que contigo vive y reina.


Comunión,  Evangelio de San Juan VI, 57.

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.


Poscomunión

Te suplicamos, Señor, que la recepción de tu sacramento nos limpie de nuestros pecados y nos dé la unidad. Por Nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.

Suplicámoste, Señor, que habiendo recibido el único y saludable remedio de tu Cuerpo y Sangre preciosos, hagas que seamos liberados de todos los males por la intercesión de Santa María Magdalena. Por Nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.



Ave María Purísima, sin pecado original concebida.




Etiquetado:  Santa Misa

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