Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo.


Introito, Isaias 9.6; Salmo 97

Un niño nos ha nacido, y un Hijo se nos ha dado, que lleva sobre sus hombros el imperio; y será su nombre, Ángel del gran Consejo. Salmo: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Un niño nos ha nacido, y un Hijo se nos ha dado, que lleva sobre sus hombros el imperio; y será su nombre, Ángel del gran Consejo.


Oremos

¡Oh Dios!, que por la fecunda virginidad de la bienaventurada Virgen María, procuraste al género humano la gracia de la salvación eterna: haznos sentir la eficacia de su intercesión, por la cual nos fue dado recibir al autor de la vida, nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, el cual vive y reina. F: Amén.


Epístola, San Pablo a Tito 2, 11-15

Carísimos: Se ha manifestado a todos los hombres la gracia de Dios, Salvador nuestro, enseñandonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y el glorioso advenimiento del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de todo pecado, purificarnos y hacerse un pueblo fervoroso en el bien obrar. Estas cosas has de predicar y exhortar en nuestro Señor Jesucristo.   F: Deo gratias.


Gradual, Salmo 97, 3-4

Vieron todos los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios; canta a Dios, ¡oh tierra toda! El Señor manifestó su Salvador; ante las naciones descubrió su justicia.


Aleluya, Hebreos 1, 1-2

Aleluya, aleluya. De muchas maneras habló Dios antaño a los padres por los profetas. Pero en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo.  Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Lucam II, 21.

F: Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo, llegado el día octavo, en que debía circuncidarse al Niño, se le llamó con el nombre de Jesús, nombre que le dio el ángel antes de ser concebido.

F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 88, 12

Tuyos son los cielos y tuya es la tierra; el mundo y cuanto contiene tú lo asentaste; tu trono se asienta sobre la justicia y la equidad.


Secreta

Señor, habiendo ya aceptado nuestras ofrendas y oraciones, purifícanos por estos celestiales misterios y óyenos benignamente. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión,  San Mateo 16, 18

Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.


Poscomunión

Purifíquenos, Señor, esta comunión de todo pecado, y por intercesión de la bienaventurada Virgen, y Madre de Dios, María, nos haga participantes del remedio celestial. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.     F: Amén.

Etiquetado:  santa misa dominical

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