Domingo 20º después de Pentecostés.


Introito, Daniel 3.29-35 Salmo 118.1

Todo cuanto has hecho con nosotros, Señor, con justo juicio lo has hecho, porque hemos pecado contra ti, y no hemos obedecido a tus mandamientos; pero da gloria a tu nombre, y obra con nosotros según tu gran misericordia. Salmo:   Dichosos los que caminan sin mancilla, los que andan en la ley del Señor.  Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Todo cuanto has hecho con nosotros, Señor, con justo juicio lo has hecho, porque hemos pecado contra ti, y no hemos obedecido a tus mandamientos; pero da gloria a tu nombre, y obra con nosotros según tu gran misericordia.

Oración

Te rogamos, Señor, concedas benigno a tus fieles el perdón y la paz, para que, purificándose de todas las culpas, te sirvan con segura confianza. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.

Epístola, San Pablo a los Efesios 5.15-21

Hermanos: Procurad andar sobre aviso, no como necios, sino como prudentes. Aprovechad el tiempo presente porque los días son malos. Por tanto, no seáis imprudentes, sino entended cual sea la voluntad de Dios, Y no os entreguéis con exceso al vino, en el que hay lujuria; sino llenaos del Espíritu Santo. Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos espirituales. Cantad y alabad al Señor en vuestros corazones. Dad siempre gracias por todo a Dios Padre, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, y someteos unos a otros por reverencia a Cristo.     F: Deo gratias.

Gradual, Salmo 144.15-16

Todos tienen puestos los ojos en ti, Señor; y tú les nutres a su debido tiempo. Abres tu mano y colmas de bendición a todo ser viviente.

Aleluya, Salmo 107.2      

Aleluya, aleluya. Presto está mi corazón, ¡oh Dios!, presto está mi corazón; cantaré y entonaré salmos a ti, gloria mía, aleluya.

S: Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Joanem IV, 46.

F: Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Había en Cafarnaúm un oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo. Éste, habiendo oído que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a buscarle y le rogó descendiese a su casa y sanase a su hijo porque se estaba muriendo. Mas Jesús le dijo: Si no veis milagros y prodigios, no habéis de creer. El oficial repuso: Desciendo, Señor, antes que muera mi hijo. Ve, le dijo Jesús, tu hijo vive. Creyó el hombre la palabra que le había dicho Jesús y se marchó. Y cuando regresaba, saliéronle al encuentro sus criados, y le notificaron que su hijo vivía. Preguntóles la hora en que había comenzado a mejorar, y ellos le respondieron: Ayer a la hora séptima cesó la fiebre. Reconoció entonces el padre que era la misma hora en que le había dicho Jesús: Tu hijo vive; y creyó él y toda su familia.       F: Laus tibi, Christe.

Ofertorio, Salmo 136.1

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y llorábamos acordándonos de ti, ¡oh Sión!

Secreta

Te rogamos, Señor, nos sirvan estos misterios de celestial medicina y purifiquen de vicios nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.

Comunión, Salmo 118, 49-50

Acuérdate, Señor, de la palabra dada a tu siervo, en la que se funda mi esperanza; ésta me ha reconfortado en mí abatimiento.

Poscomunión

Para que seamos dignos, ¡oh Señor!, de tus sagrados dones, haz que obedezcamos siempre a tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.





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