Domingo 21º después de Pentecostés.


Introito, Ester XIII, 9 Salmo 118.1  

De tu voluntad, Señor, dependen todas las cosas, y no hay quien pueda resistirla, pues Tú creaste todas las cosas: cielo, tierra y todo cuanto se contiene en el ámbito del cielo; tú eres el Señor de todo. Salmo:  Bienaventurados los que caminan en pureza, los que andan en la ley del Señor. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. De tu voluntad, Señor, dependen todas las cosas, y no hay quien pueda resistirla, pues Tú creaste todas las cosas: cielo, tierra y todo cuanto se contiene en el ámbito del cielo; tú eres el Señor de todo.


Oremos

Defiende, Señor, a tu familia con una continua misericordia, para que, con tu protección, sea libre de todas las adversidades, y con sus buenas acciones esté consagrado a tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.

Oh Dios, que sabes desfallecemos por causa de nuestra flaqueza: afiánzanos misericordiosamente en tu amor por los ejemplos de tus Santos. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Epístola, San Pablo a los Efesios VI, 10.

Hermanos: Fortaleceos en el Señor y en el poder de la virtud. Vestíos la armadura de Dios, para que podáis resistir las asechanzas del diablo. Porque no tenemos que luchar tan sólo contra la carne y la sangre, sino también contra los principados y dominaciones, contra los gobernadores de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus de maldad que andan por los aires. Por tanto, tomad la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, aguantar hasta el final en el combate y manteneos dueños del terreno. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros muslos con la verdad y vestidos con la coraza de la justicia y teniendo los pies calzados con el celo para propagar el evangelio de la paz. Tened siempre embrazado el escudo de la fe, con que podáis detener los dardos encendidos de Satán, tomad también el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.         


Gradual, Salmo 89, 1

Tú, Señor, has sido nuestro refugio de generación en generación. Antes de que se hiciesen los montes, o se formara la tierra y el mundo, desde la eternidad y por siempre, tú existes, oh Dios.


Aleluya, Salmo 113, 1.   

Aleluya, aleluya. Al salir Israel de Egipto salió la casa de Jacob de entre un pueblo bárbaro. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum 18, 23.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos es comparable a un rey que quiso tomar cuentas a sus siervos. Y, para comenzar, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Mas, no teniendo con qué pagarlos, mandó su señor que fuese vendido él, así como también su mujer, sus hijos y cuanto tenía, y que con el producto pagase la deuda. Entonces el siervo, arrojándose a sus pies, rogóle diciendo: Ten paciencia conmigo, y todo te lo pagaré. Compadecido el señor de aquel siervo, le dejó marcharse y le perdonó la deuda. Habiendo salido el siervo, halló a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, tomándole del cuello, le ahorcaba diciendo: ¡Paga lo que debes! Derribado a sus pies, el consiervo, rogábale diciendo: Ten paciencia conmigo, y todo te lo pagaré. Mas él no quiso esperar, sino que se fue e hizo encarcelarle hasta que pagase lo que debía. Viendo los otros consiervos lo que pasaba, se entristecieron profundamente y fueron a contar a su señor todo lo ocurrido. Llamóle entonces su señor, y le dijo: Siervo malo, toda la deuda te condoné porque me lo rogaste; ¿no debías, pues, tú también tener compasión de tu compañero, así como yo la tuve de ti? Y, enojado su señor, hizo que lo entregaran a los verdugos hasta que pagase toda la deuda. Así hará también con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de corazón cada uno a vuestro hermano.  F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Santo Job I.

Había en tierra de Hus un hombre llamado Job, sencillo, recto y temeroso de Dios, a quien pidió Satanás poderle tentar. Y dio el Señor poder a Satanás sobre sus bienes y su carne. El cual le quitó toda su hacienda e hijos, e hirió también su carne con una horrible llaga.


Secreta

Recibe, Señor, propicio las ofrendas con que has querido ser aplacado, y restitúyenos la salud por tu poderosa bondad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Señor, que esta oblación mística nos sea provechosa; y libres de nuestras culpas, nos confirme en la perpetua salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión, Salmo 118, 81.

Mi alma confía en tu promesa, y en tu palabra espero. ¿Cuándo harás justicia contra mis perseguidores? Los malvados me persiguen; ayúdame, Señor y Dios mío.


Poscomunión

Habiendo conseguido el alimento de inmortalidad, haz, Señor, que guardemos en un alma pura lo que nuestra boca ha recibido. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.

Suplicámoste, oh Dios omnipotente que los dones sagrados purifiquen nuestras culpas, y obren en nosotros el efecto de una santa vida. Por nuestro Señor Jesucristo  F: Amén.




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