Domingo 24º después de Pentecostés.


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Introito,Jeremías 29-11; Salmo 84.

Dice el Señor: Yo abrigo pensamientos de paz y no de cólera; me invocareis y os oiré; y haré volver a vuestros cautivos de todos los lugares. Salmo: Has bendecido, Señor, a tu tierra; has terminado con la cautividad de Jacob. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Dice el Señor: Yo abrigo pensamientos de paz y no de cólera; me invocareis y os oiré; y haré volver a vuestros cautivos de todos los lugares.

Oremos

Excita, Señor, las voluntades de tus fieles, para que, buscando con mayor solicitud el fruto de la obra divina, reciban de tu misericordia más eficaces remedios. Por nuestro Señor Jesucristo. F:Amén.

Epístola,San Pablo a los Colosenses 1.9-14.

Hermanos: No cesamos de orar por vosotros y de pedir que tengáis pleno conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que viváis una vida digna de Dios, y le agradéis en todo. Fructificad en toda especie de obras buenas, creced en la ciencia de Dios; confortados en todo, según el poder de su gloria, manifestaréis en todo, paciencia y fortaleza. Dad gracias a Dios Padre que os hizo dignos de la herencia de los santos en la luz, que nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo muy amado. En el cual, por su sangre, tenemos la redención y la remisión de los pecados. F: Deo gratias.

Gradual,Salmo 43.8-9.

Señor, tú nos salvas de nuestros enemigos; tú confundes a los que nos odian. En Dios nos gloriamos de continuo y celebramos tu nombre por siempre.

Aleluya,Salmo 129. 1-2.

Aleluya, aleluya. Desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor. Señor, escucha mi oración. Aleluya.

Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum XXIV, 15.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Cuando viereis que la espantosa abominación anunciada por el profeta Daniel, está en el Lugar santo (lector, ten cuidado); entonces los que estén en Judea huyan a los montes; y el que en el tejado, no baje a tomar nada de su casa; y el que en el campo, no vuelva a tomar su vestido, Mas, ¡ay de la mujeres encinta, o de las que crían en aquellos días! Rogad que vuestra huida no suceda en invierno o en sábado. Porque habrá entonces gran tribulación, cual no se vio desde el principio del mundo, ni la habrá jamás. Y, si no se abreviaran aquellos días, nadie se salvaría; mas en gracia de los elegidos, se abreviarán aquellos días. Entonces si se os dice: Mirad el Cristo está aquí o allí, no lo creáis. Porque surgirán falsos Cristos, y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios, hasta engañar (si pudiera ser) aun los escogidos. Ya estáis prevenidos. Si, pues, os dijeren: Mirad que está en el desierto, no salgáis; mirad que está en las cavernas, no lo creáis. Porque como el relámpago sale del Oriente y brilla hasta el Occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Donde estuviere el cadáver, allí se juntarán las águilas. Después de los días de tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos se agitarán. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; entonces plañirán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad. Y enviará sus ángeles con trompetas y voz potente, y reunirán a sus escogidos de los cuatro vientos, de un extremo de los cielos al otro. Entended esta comparación tomada de la higuera: cuando sus tallos están tiernos y las hojas han brotado, sabéis que está cerca el verano; pues así cuando viereis todo esto, sabed que el acontecimiento está cerca, a las puertas mismas. En verdad os digo, no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán. F: Laus tibi, Christe.

Ofertorio,Salmo 129.1-2          

Desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor, escucha mi oración; desde el fondo del abismo clamo a ti, Señor.

Secreta.

Sé propicio, Señor, a nuestros ruegos, y, aceptando las ofrendas y oraciones de tu pueblo, convierte a ti todos nuestros corazones, para que, libres de los afectos terrenos, tengamos sólo deseos celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo.

Comunión, San Marcos 11, 24.                           

En verdad os digo que todo lo que pidiereis en la oración, creed que los recibiréis y se os concederá.

Poscomunión

Te rogamos, Señor, nos concedas que, por la recepción de estos sacramentos, todo cuanto en nosotros hay de vicioso sea curado por el beneficio de su medicamento. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.

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