Domingo de Pasión.


Introito, Salmo 42.1.       

Júzgame, Dios mío, y separa mi causa de la de una nación impía; del hombre inicuo y falaz líbrame; porque Tú eres mi Dios y mi fortaleza. Salmo. Envía tu luz y tu verdad; ellas me guiaron y condujeron a tu santo monte y a tus tabernáculos. Júzgame, Dios mío, y separa mi causa de la de una nación impía; del hombre inicuo y falaz líbrame; porque Tú eres mi Dios y mi fortaleza.


Oremos

Te rogamos, ¡oh Dios omnipotente!, mires propicio a tu familia, para que con tu gracia sea dirigida en el cuerpo, y con tu protección guardada en el alma. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén. 


Epístola, San Pablo a los hebreos 9.11-15       

Hermanos: Habiendo venido Cristo como Pontífice de los bienes futuros, atravesó el Tabernáculo más excelente y más perfecto, no hecho de mano de hombres, es decir, que no pertenece a este mundo, y penetró una vez por siempre en el Santuario, no con sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros y la ceniza de la becerra santifican con su aspersión a los inmundos en orden a la purificación de la carne, ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual, a impulsos del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo a Dios como víctima sin tacha, limpiará nuestra conciencia de las obras de  muerte para permitirnos servir al Dios vivo? Y por esto Jesús es el mediador de un Nuevo Testamento (Alianza), muriendo para redimir las prevaricaciones cometidas bajo la primera alianza, ha querido que reciban la promesa de la herencia eterna los elegidos, los llamados en él, en Jesucristo nuestro Señor.      F: Deo gratias.


Gradual, Salmo 142.9-10;

Líbrame, Señor, de mis enemigos; enséñame a hacer tu voluntad. ¡Señor, tú me libras de enemigos enfurecidos, tú me levantas sobre mis adversarios, tú me salvas del hombre violento.


Tracto, Salmo 128.1-4

Muchas veces me combatieron desde mi juventud. Dígalo ahora Israel: Muchas veces me combatieron desde mi juventud. v Pero no prevalecieron sobre mí.  Los labradores araron mis espaldas prolongando sus surcos; pero el Señor es justo y quebrantó el yugo de los malvados.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Joanem 8, 46.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Decía Jesús a las turbas de los judíos: ¿Quién de vosotros me convencerá de pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios oye las palabras de Dios. Por eso vosotros no la oís, porque no sois de Dios. Respondieron los judíos: ¿No decimos bien que eres un samaritano y que estás endemoniado? Respondió Jesús: Yo no estoy poseído del demonio, sino honro a mi Padre; y vosotros me habéis deshonrado a mí. Yo no busco mi gloria, hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad, os digo: quien guarde mi doctrina, no morirá jamás. Dijéronle los judíos: Ahora conocemos que estás poseído de algún demonio. Murieron Abraham y los profetas; y tú dices: Quien guarde mi doctrina, no morirá eternamente. ¿Por ventura eres mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió, y que los profetas, que también murieron? Tú ¿por quién te tienes? Respondióles Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios, y no le conocéis, mientras que yo le conozco. Y, sí dijese que no lo conozco, sería tan mentiroso como vosotros. Más le conozco y observo sus palabras. Abraham, vuestro padre, deseó con ansia ver mi día; lo vio y gozó mucho. Y le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años y ¿has visto a Abraham? Respondióles Jesús: En verdad, en verdad os digo, que antes que Abraham fuera creado, existo yo. Tomaron entonces piedras para lanzárselas; mas Jesús se ocultó a sus ojos y salió del templo. F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 110.1; 

Te alabaré, Señor, con todo mi corazón. Concede a tu siervo esta gracia: que viva guardando tu palabra. Dame vida según tu promesa, Señor.


Oración secreta

Te rogamos, Señor, que no sólo rompan estos dones los vínculos de nuestra maldad, sino que nos atraigan los dones de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión,  San Pablo a los Corintios 11.24-25

Éste es el cuerpo que será entregado por vosotros; éste es el cáliz de la nueva alianza en mi sangre, dice el Señor; haced esto, cuantas veces lo toméis, en memoria mía.


Poscomunión

Atiéndenos, Señor Dios nuestro, y defiende con perpetuos auxilios a los que has restaurado con tus misterios. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.

Etiquetado:  santa misa

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