Domingo de Ramos


Bendición de los Ramos


Antífona, San Mateo XXI, 9.

¡Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor, oh Rey de Israel. Hosanna en las alturas.


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


Oración

Oh Dios, a quien es justo querer y amar: multiplica en nosotros los dones de tu inefable gracia; y ya que en la muerte de tu Hijo nos hiciste esperar todas las cosas que creemos, haz que por su resurrección lleguemos a la gloria a que aspiramos. Que contigo vive y reina. F: Amen.


Epístola, Éxodo XV, 27.

En aquellos días: llegaron los hijos de Israel a Elim, donde había doce manantiales de agua y 70 palmeras; y acamparon junto a las aguas. Y partieron de Elim y toda la multitud de los hijos de Israel vino a parar al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí, el día quince después del mes segundo de la salida de Egipto. Y murmuró todo el pueblo de los hijos de Israel contra Moisés y Aarón en aquel desierto. Dijéronles los hijos de Israel: ¡Ojalá hubiéramos muerto en manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos junto a las calderas llenas de carne y comíamos pan hasta hartarnos! ¿Por qué nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda la multitud? Pero el Señor dijo a Moisés: Pues yo haré que os llueva pan del cielo. Salga el pueblo y recoja lo que baste para cada día, para probar si se ajusta o no a mi ley. Más el día sexto prevengan lo que han de reservar y recojan el doble de lo que solían recoger cada día. Y dijeron a Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: Esta tarde conoceréis que el Señor es quien os ha sacado de la tierra de Egipto; y mañana veréis la gloria del Señor. F: Deo gratias.


Gradual, San Juan XI, 49.

Reunieron los Pontífices y Fariseos consejo, y dijeron: ¿Qué hacemos, puesto que este hombre obra muchos milagros? Si lo dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos y se enseñorearán de nuestro país y de nuestra nación. V. Mas uno de ellos, llamado Caifás, como era Pontífice aquel año, profetizó diciendo: Os conviene que muera un hombre por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Por lo que desde aquel día resolvieron quitarle la vida, diciendo: y vendrán los Romanos y se enseñorearán de nuestro país y de nuestra nación. 


Responsorio, San Mateo XXVI, 39.

En el monte Olivete [de los Olivos] oró al Padre: ¡Padre! Si es posible, pase de Mí este cáliz. Es verdad que el espíritu está pronto, pero la carne es flaca; hágase tu voluntad. Velad y orad, para que no entréis en tentación. Es verdad que el espíritu está pronto, pero la carne es flaca; hágase tu voluntad.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum XXI, 1.

F: Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Acercándose Jesús a Jerusalén, al llegar a Betfage, al pie del monte de los Olivos, envió a los discípulos suyos diciendo: Id a esa aldea que se ve en frente, y luego hallaréis una asna atada y un pollino con ella. Desatadlos y traédmelos; y si alguien os dijere algo, respondedle que l Señor los ha menester; y luego os los dejará llevar. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Profeta: Decid a la hija de Sión: Mira que viene a ti tu Rey lleno de mansedumbre, sentado sobre una sana y su pollino, hijo de la que está acostumbrada al yugo.- Idos los discípulos, hicieron lo que les había mandado Jesús. Y trajeron el Asna con su pollino, y pusieron sobre ellos sus vestidos, e hicieronle sentar encima. Y una gran muchedumbre tendía también sus vestidos por el camino; otros cortaban ramos de los árboles y los extendían por el camino, y tanto las turbas que iban delante como las que venían detrás, clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David; bendito sea el que viene en el nombre del Señor!


S: Per ómnia sécula sæculórum.

F: Amen.S: Dóminus vobíscum.


F: Et cum spíritu tuo.

S: Sursum corda.

F: Habémus ad Dóminum.


S: Grátias agámus Dómino Deo nostro.


S: Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias siempre y en todas partes, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios. Tú te glorías en la compañía de los santos; a Ti sirven todas las criaturas, porque a Ti solo reconocen por su Dios y Hacedor; y todas tus obras te alaban y tus Santos te bendicen. Porque en alta voz confiesan delante de los Reyes y altas potestades de este mundo el augusto nombre de tu Unigénito. Al cual asisten los Ángeles y Arcángeles, los Tronos y Dominaciones; y con toda la milicia del celestial ejército cantan un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos! Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. ¡Hosanna en las alturas!Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


Oremos

Oh Dios, que con admirable providencia quisiste manifestar, aun por las cosas insensibles, la economía de nuestra salvación: concede que los corazones devotos de tus fieles entiendan para su bien los misterios encerrados en la acción de aquel pueblo, que alumbrado por inspiración celestial, salió hoy al encuentro del Redentor, echando por el camino ramos de palma y de olivo. Los ramos de palma indican los triunfos sobre el príncipe de la muerte; y los ramos de olivo, en cierto modo pregonan haber ya llegado la unción espiritual;  pues entonces aquella dichosa multitud de hombres entendió prefigurarse con esto que nuestro Redentor, compadecido de las miserias humanas, había de pelear con el príncipe de la muerte para dar vida a todo el mundo, y había de triunfar muriendo. Y por eso, con este espíritu practicó aquella ceremonia, que declarase la gloria de su triunfo y la abundancia de su misericordia. Por tanto nosotros, conservando con entera fe este hecho y su significación, humildemente te rogamos, señor Santo, Padre Omnipotente, eterno Dios, por el mismo Jesucristo Señor nuestro, que pues nos elegiste para miembros suyos haciéndonos triunfar en Él y por Él del imperio de la muerte, merezcamos participar de su gloriosa resurrección. El cual contigo vive y reina. F: Amen.


Oremos

Oh Dios,  que por la paloma mandaste fuese anunciada la paz a la tierra con un ramo de olivo, dígnate santificar con celestial bendi ción estos ramos de olivo o de otros arboles para que sirvan de salvación a tu pueblo. Por Cristo nuestro Señor. F: Amen.


Oremos

Bendi  ce, Señor, estos ramos de palmas y olivos; y haz que lo que practica hoy exteriormente el pueblo para gloria tuya, lo cumpla espiritualmente con suma devoción, triunfando del enemigo y amando de todo corazón la Obra de misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina. F: Amen.

[El celebrante pone incienso en el incensario, después rocía tres veces con el agua bendita los ramos, e inciensa tres veces.]


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


Oremos

Oh Dios, que para nuestra salvación enviaste a este mundo a nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, a fin de que humillándose hasta nosotros nos hiciera volver a Ti; y quisiste también que, cuando vino a Jerusalén para cumplir las Escrituras, una multitud de pueblo fiel, con fidelísima devoción, tendiese por el camino sus vestidos y ramos de palma: haz, te rogamos que, removida toda piedra de tropiezo y de escándalo, preparemos el camino a esa fe que te presente nuestras obras frondosas cual ramos de justicia, para que merezcamos seguir sus pisadas. Que contigo vive y reina. F: Amen.


[El Celebrante distribuye los Ramos; todos se arrodillan y besan el Ramo y la mano del Celebrante.]


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


Oremos

Omnipotente y sempiterno Dios, que hiciste que nuestro Señor Jesucristo montase sobre un asnillo y que la multitud de tu pueblo tendiese sus vestidos y ramas de árboles, y le enseñaste a cantar el Hosanna en alabanza suya: concédenos poderlos imitar en la inocencia y participar de su mérito. Por el mismo Cristo nuestro Señor. F: Amen.


S: Procedamus in pace.   

F: In nómine Christi. Amén. 


[Procesión]

Santa Misa


Sacerdote: In nomine Patris ✚ et Filii, et Spiritus Sancti. Amen. 

S: Introíbo ad altáre Dei. 

Fieles: Ad Deum qui lætíficat juventútem meam.


S: Adjutórium nostrum ✚ in nómine Dómini.

F: Qui fecit cœlum et terram.


S: Confiteor Deo omnipoténti, etc.


F: Misereátur tui omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam ætérnam. AmenF: Confiteor Deo omnípotenti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli archángelo, beáto Joánni Baptístæ, sanctis apóstolis Petro et Paulo, ómnibus sanctis, et tibi, pater: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ídeo precor beátam Maríam semper Virginem, beátum Michaélem archángelum, beátum Joánnem Baptístam, sanctos apóstolos Petrum et Paulum, omnes sanctos, et te, pater, oráre pro me ad Dóminum Deum nostrum. Amén.


S: Misereatur vestri omnípotens Deus, et dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam. Amen.

S: Indulgéntiam, ✚ absolutiónem, et remissiónem peccatórum nostrórum tribuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus. Amen.


S: Deus, tu convérsus vivificábis nos. 

F: Et plebs tua lætábitur in te. 


S: Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam. 

F: Et salutáre tuum da nobis. 


S: Dómine, exáudi oratiónem meam. 

F: Et clamor meus ad te véniat. 


S: Dóminus vobíscum. 

F: Et cum spíritu tuo. 


Introito, Salmo 21.20, 22,2        

Señor, no te alejes tú, que eres mi ayuda; atiende a mi defensa. Sálvame de la boca del león y a mi pobre vida, de los cuernos de los búfalos. Sl. ¡Dios mío, Dios mío, mírame; ¿Por qué me has abandonado? Las voces de mis pecados alejan de mí la salvación. Señor, no te alejes tú, que eres mi ayuda; atiende a mi defensa. Sálvame de la boca del león y a mi pobre vida, de los cuernos de los búfalos.


S: Kyrie, eléison. 

F: Kyrie, eléison


S:  Kyrie, eléison. 

F: Christe, eléison. 


S: Christe, eléison. 

F: Christe, eléison. 


S: Kyrie, eléison. 

F: Kyrie, eléison. 


S: Kyrie, eléison. 


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


Oremos

Omnipotente y sempiterno Dios, que, para dar al género humano ejemplo de humildad, hiciste a nuestro salvador encarnarse y morir en cruz, concédenos recibir los ejemplos de su Pasión y merecer el consorcio de su resurrección. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, tu Hijo, que con tigo vive y reina por los siglos de los siglos. F: Amén.


Epístola, San Pablo a los Filipenses 2.5-11

Hermanos: Tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, quien, existiendo en la forma de Dios, no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó tomando forma de esclavo, hecho a semejanza de los hombres, y en la condición de hombre se humilló a sí mismo. Por lo que Dios también le exaltó y dio el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla (se arrodilla) en los cielos, en la tierra y en los infiernos y confiese toda lengua que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. F: Deo gratias.


Gradual, Salmo 72.24, 1-3

Tomaste mi mano derecha y me guiaste según tu voluntad y me recibirás en la gloria. v ¡Cuán bueno es el Dios de Israel para los rectos de corazón! Casi vacilaron mis pies, casi se extraviaron mis pasos, porque envidié a los malos viendo el bienestar de los malvados. 


Tracto, Salmo 21.2-9, 18, 19, 22, 24,32

¡Dios mío, Dios mío!, ¿Por qué me has abandonado? v Lejos están de mi salvación las voces de mis pecados. v Dios mío, clamo de día y no respondes; y de noche, y no hay descanso para mí. v Y sin embargo, tú habitas en el santuario, ¡oh gloria de Israel! v En ti esperaron nuestros padres; confiaron y tú los libraste. v A ti clamaron  y fueron salvados; esperaron y no quedaron decepcionados. v Mas yo soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres e irrisión del pueblo. v Cuantos me ven se burlan de mí, gesticulan con los labios y mueven la cabeza. v “Esperaba en el Señor, que él le salve; líbrale, ya que le ama.” v Míradme y me observan; repártense mis vestiduras y sortean mi túnica. v Líbrame de la boca del león y a mi pobre vida, de los cuernos de los búfalos. v Los que teméis al Señor, alabadle; hijos todos de Jacob, glorificadle. v Se anunciara el Señor a la generación venidera; se anunciara su justicia. v Al pueblo que ha de nacer, al que el Señor hizo.


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26,36-75; 27.1-60

Judas el traidor

En aquel tiempo dijo Jesús sus discípulos: «Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado.» Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado  Caifás; y resolvieron prender a Jesús con engaño y darle muerte. Decían sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.» Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras  estaba a la mesa. Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro? Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.» Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una “obra buena” ha hecho conmigo. Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre. Y alderramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho. Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.» Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.


La última cena.

El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?» El les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.”» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce. Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.» Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?» El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!» Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho.» Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.» Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»  Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.


Getsemaní. La agonía y la oración.

En aquel tiempo: Vino Jesús con sus discípulos a la granja que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí mientras voy allí a orar. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a contristarse y abatirse. Entonces les dice: “Triste está mi alma hasta la muerte; aguardad aquí y velad conmigo. Luego, adelantándose un poquito, cayó sobre su rostro, y orando decía: ¡Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; mas no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú! Luego vino a sus discípulos y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: ¿Así, pues, no pudisteis velar una hora conmigo? Velad y orad para que no entréis en tentación. El espíritu está pronto, más la carne es flaca. Volvióse de nuevo y oró diciendo: ¡Padre mío! Si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. Y vino otra vez y los halló dormidos, pues estaban sus ojos cargados de sueño. Y los dejó y de nuevo se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Entonces volvió a sus discípulos y les dijo: Dormid y descansad ¡Ea! Ha llegado la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; ved que llega ya el que me ha de entregar.


Prisión de Jesús.

Aún estaba él hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, y con él una gran multitud armada con espadas y palos. Venían enviados por los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal, diciendo: Aquél a quien yo bese, ése es, prendedle. Y en seguida, acercándose a Jesús, le dijo: ¡Dios te salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿A qué has venido? Al mismo tiempo llegaron los demás y echaron manos sobre Jesús y le prendieron. T uno de los que estaba con Jesús, extendiendo su mano, desenvainó la espada e hirió a un criado del Pontífice, cortándole una oreja. Entonces le dijo Jesús: Mete tu espada en la vaina;porque todos los que se sirvieren de espada, a filo de espada morirán. ¿Por ventura piensas que no puedo rogar a mi Padre, quien me daría ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pues, ¿Cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales conviene que así suceda? Entonces dijo Jesús a las turbas: Como a un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme. A diario estaba sentado en el templo con vosotros enseñando y nunca me prendisteis. Mas esto todo ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces le abandonaron todos sus discípulos y huyeron.


Jesús ante el Sumo Sacerdote.

Los que prendieron a Jesús, lo llevaron a casa de Caifás, Sumo Pontífice, donde estaban reunidos los escribas, y los ancianos. Pedro le siguió de lejos hasta el palacio del Sumo Pontífice. Y, habiendo entrado dentro, se sentó entre los criados, para ver en qué paraba todo aquello. Los príncipes de los sacerdotes y todo el concilio buscaban algún falso testigo contra Jesús, para condenarle a muerte; y no lo hallaron, aunque se presentaron muchos falsos testigos. Por último, llegaron dos falsos testigos y afirmaron: Éste dijo: Puedo destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días. Y, levantándose el Sumo Pontífice, le dijo: ¿No respondes nada a lo que deponen éstos contra ti? Pero Jesús callaba. Entonces le dijo el Sumo Pontífice: Te conjuro de parte de Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Respondió Jesús: Tú lo has dicho. Y aun os digo: que veréis después al Hijo del hombre, sentado a la diestra de la majestad de Dios, venir sobre las nubes del cielo. Entonces el Sumo Pontífice rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? He aquí que ahora acabáis de oír una blasfemia: ¿Qué os parece? Y ellos respondieron: Reo es de muerte. Entonces le escupieron en la cara, y le maltrataron a puñadas, y otros le dieron bofetadas, diciendo: Adivina, Cristo, ¿quién es el que te ha herido?


Negación de Pedro.

Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el átrio: y se llegó a él una criada, diciendo: Tú tambien estabas con Jesús el Galiléo. Más él lo negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Y saliendo él a la puerta, le vió otra criada, y dijo a los que estaban allí: Este estaba tambien con Jesús Nazareno. Y negó otra vez con juramento, diciendo: No conozco tal hombre. Y de allí a un poco se acercaron  los que estaban allí, y dijeron a Pedro: Seguramente tú tambien eres de ellos: porque aun tu habla te da bien a conocer. Entonces comenzó a hacer imprecaciones, y a jurar que no conocía a tal hombre. Y cantó luego el gallo. Y Pedro se acordó de la palabra, que le había dicho Jesús: antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y habiendo salido fuera, lloró amargamente.


Sesión del sanedrín.

Y venida la mañana, todos los Príncipes de los Sacerdotes y los Ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús,para entregarle a la muerte. Y lo llevaron atado, y lo entregaron al Presidente Poncio Pilato.


Desesperación de Judas.

Entonces Judas,  que le había entregado, cuando vió que había sido condenado: movido de arrepentimiento, volvió las treinta monedas de plata a los Príncipes de los Sacerdotes y a los Ancianos, diciendo: he pecado, entregando la sangre inocente. Más ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? Viéraslo tú. Y arrojando las monedas de plata en el templo, se retiró, y fue, y se ahorcó con un lazo. Y los Príncipes de los Sacerdotes tomando las monedas de plata, dijéron: No es lícito meterlas en el tesoro, porque es precio de sangre. Y habiendo deliberado sobre ello, compraron con ellas el campo de un alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual fue llamado aquel campo, Haceldama, esto es, campo de sangre, hasta el día de hoy. Entonces se cumplió lo que fue dicho por Jeremías el Profeta, que dijo: Y tomaron las treinta monedas de plata, precio del apreciado, al cual apreciaron de los hijos de Israel.


Jesús ante Pilatos.

Compareció, pues, Jesús ante el Presidente, quien le interpeló diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondióle Jesús: Tú lo dices. Y a las acusaciones de los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, nada respondió. Entonces le dice Pilatos: ¿No oyes de cuántas cosas te acusan? Mas no le respondió Jesús palabra alguna, maravillándose mucho el gobernador. Por la Fiesta, acostumbraba el gobernador conceder libertad a un preso, a elección del pueblo. Teniendo a la sazón en la cárcel uno muy famoso, llamado Barrabás, preguntó Pilatos a los que se habían juntado allí: ¿A quién queréis que os suelte? ¿A Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado. Y estando él sentado en su tribunal, le envió a decir su mujer: No te mezcles en las cosas de ese justo, porque he padecido hoy muchas congojas en sueños por su causa. Entretanto, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos indujeron al pueblo a que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Volviendo a tomar la palabra, les dijo el gobernador: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Dijeron ellos: A Barrabás. Pilatos les replicó: ¿Pues qué he de hacer de Jesús, llamado el Cristo? Dicen todos: ¡Crucifícale! Él dijo: Pero ¿qué mal ha hecho? Y ellos más y más gritaban: ¡Crucifícale! Viendo Pilatos que nada adelantaba, sino que crecía más el tumulto, mandó traer agua, y se lavó las manos a la vista de todo el pueblo diciendo: Inocente soy de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Entonces le soltó a Barrabás; y después de haber hecho azotar a Jesús, se lo entregó para que fuese crucificado.


Ultrajes y coronación de espinas.

En seguida los soldados del gobernador, tomando a Jesús y conduciéndole al pretorio, reunieron delante de él toda la cohorte, y desnudándole, le cubrieron la cabeza con un manto de púrpura, y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y una caña en su mano derecha. Y doblando ante él la rodilla le escarnecían diciendo: ¡Dios te salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le herían la cabeza. Y después de haberle así escarnecido, le despojaron del manto y pusieronle otra vez sus vestidos, y le llevaron a crucificar.


Camino del Calvario.

Y al salir de la ciudad, hallaron un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a cargar con la cruz de Jesús. Llegados al lugar llamado Gólgota, esto es, lugar del Calvario, dieronle a beber vino mezclado con hiel. Mas él, habiéndolo probado, no quiso beberlo.


La crucifixión.

Después que le crucificaron repartieron entre sí sus vestiduras, echando suertes, para que se cumpliese lo del profeta, que dice: “Se repartieron mis vestiduras, y sobre mi túnica echaron suertes.” Y, sentándose junto a él, le guardaban. Y pusieron sobre su cabeza la causa de su condenación, así escrita: “Éste es Jesús, el Rey de los judíos.” Al mismo tiempo crucificaron con él dos ladrones, uno a la diestra y otro a la siniestra.


Jesús burlado y ultrajado.

Y los que pasaban por allí, blasfemaban de él meneando la cabeza y diciendo: ¡Ea, tú, que destruyes el Templo de Dios y lo reedificas en tres días, sálvate a ti mismo; si eres hijo de Dios, desciende de la Cruz! Asimismo, insultándole también los príncipes de los sacerdotes con los escribas y ancianos, decían: ¡A otros ha salvado y no puede salvarse a sí mismo; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz y creeremos en él; confió en Dios, líbrele ahora si le ama, pues dijo: Yo soy Hijo de Dios! Y los ladrones que estaban crucificados con él, le ultrajaban igualmente.


Últimos momentos y muerte de Jesús.

Desde la hora sexta hasta la novena quedó cubierta de tinieblas toda la tierra. Y hacia la hora novena dijo Jesús con una gran voz: “¡Eli, Eli! ¿Lamma sabacthani?! Esto es: “¡Dios mío, Dios mío!  ¿Por qué me has desamparado?” Algunos de los circunstantes, oyéndolo, decían: A Elías llama éste. Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, empapela en vinagre, y, puesta en la punta de una caña, se la daba a chupar. Los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Entonces Jesús, clamando de nuevo con una gran voz, entregó su espíritu.       

   (DE  RODILLAS)


Después de la muerte de Jesús.

Entonces el velo del Templo se rasgó en dos partes de alto abajo, y tembló la tierra, y se partieron las piedras, y se abrieron los sepulcros y resucitaron los cuerpos de muchos santos que descansaban. Y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, vinieron a la santa ciudad apareciéndose a muchos. Entretanto, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, visto el terremoto y las cosas que sucedían, se llenaron de gran temor y decían: ¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios! Y estaban allí, a lo lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para cuidarle; de las cuales eran María Magdalena y María, madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.


Sepultura de Jesús.

Llegado el atardecer, vino cierto hombre rico, natural de Arimatea, llamado José, el cual era también discípulo de Jesús. Éste se presentó a Pilatos y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilatos entonces mandó que se le entregase el cuerpo. Y, tomando José el cuerpo, envolvióle en una sabana limpia y púsole en un sepulcro suyo nuevo, que había cavado en roca. Y arrimando una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. María Magdalena y la otra María estaban allí sentadas frente al sepulcro.


Los judíos custodian el sepulcro.

Al día siguiente, que es el de la Preparación del sábado, los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos acudieron juntos a Pilatos, diciendo: Señor, nos hemos acordado que aquel impostor dijo, estando todavía en vida: ‘Después de tres días resucitaré’. Manda, pues, que se guarde el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos y lo hurten, y digan a la plebe: Ha resucitado de entre los muertos; y sea el postrer engaño peor que el primero. Pilatos les dijo: Ahí tenéis guardia; id y ponedla como os parezca. Fuéronse y aseguraron bien el sepulcro, sellando la piedra, y poniendo guardas. 


Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, Factorem caeli et terrae, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum Dominum Iesum Christum, Filium Dei unigenitum, et ex Patre natum ante omnia saecula, Deum de Deo, Lumen de Lumine, Deum verum de Deo vero, genitum, non factum, consubstantialem Patri: per quem ómnia facta sunt; qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de caelis et incarnatus est de  Spiritu Sancto ex Maria Virgine et homo factus est,crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato, passus et sepultus est, et resurrexit tertia die secundum Scripturas, et ascendit in caelum, sedet ad dexteram Patris, et iterum venturus est cum gloria, judicare vivos et mortuos; cujus regni non erit finis. Et in Spíritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit, qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur, qui locutus est per Prophetas. Et unam sanctam catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confiteor unum Baptisma in remissionem peccatorum. Et expecto resurrectionem mortuorum, et vitam venturi saeculi. Amen.


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


Ofertorio, Salmo 68.21-22

El oprobio quebró mi corazón y me desmayé; y aguardé que alguien se condoliese de mí, y no le hubo; busqué quien me consolase, y no lo hallé. Antes en mi comida echaron ponzoña y en mi sed me dieron vinagre.


S: Oráte, fratres…

F: Suscípiat Dóminus sacrifícium de mánibus tuis ad laudem et glóriam nóminis sui, ad utilitátem quoque nostram, totiúsque Ecclésiæ suæ sanctæ.

Concédenos, Señor, te rogamos, que este don ofrecido a los ojos de tu majestad nos consiga la gracia de la devoción y nos adquiera la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


S: Per ómnia sécula sæculórum.

F: Amen.


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


S: Sursum corda.

F: Habémus ad Dóminum.


S: Grátias agámus Dómino Deo nostro.

F: Dignum et justum est.

S: Vere dignum et justum est, aequum et… Sanctus, sanctus, sanctus…


S: Per ómnia sécula sæculórum.

F: Amen.


S: Orémus: Praecéptis salutáribus móniti, et divína institutióne formáti, audémus dícere: 

Pater Noster, qui es in caelis: Sanctificétur nomen tuum: Advéniat regnum tuum: Fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: Et dimítte nobis débita nostra,  sicut et nos dimittímus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem.        F: Sed libera nos a malo.


S: Per ómnia sécula aeculórum.

F: Amen.


S: Pax Dómini sit semper vobíscum-

F: Et cum spíritu tuo.


S: Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.

F: miserére nobis.


S: Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.

F: miserére nobis.


S: Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.

F: dona nobis pacem.


S: Ecce agnus Dei, ecce qui tollit peccáta mundi. 

F: Dómine, non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. (tres veces)


Comunión,  San Mateo 26.42

Padre, si no puede pasar este cáliz sin que yo le beba, hágase tu voluntad.S: Dóminus vobíscum.F: Et cum spíritu tuo.


Poscomunión

Por la virtud de este misterio, seamos, Señor, purificados de nuestros vicios, y cúmplanse nuestros justos deseos. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén. 


S: Dóminus vobíscum.

F: Et cum spíritu tuo.


S: Benedicamus Domino.

F: Deo grátias.

Etiquetado:  santa misa

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