Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo.


Introito, Malaquías 3.1 

Ya viene el Señor, el Dominador, y en su mano están el reino, y la potestad, y el imperio. Salmo: ¡Oh Dios!, da al Rey tu juicio, y al Hijo del Rey tu justicia. nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Ya viene el Señor, el Dominador, y en su mano están el reino, y la potestad, y el imperio.


Oremos

¡Oh Dios!, que en este día revelaste tu Unigenito a los gentiles por medio de una estrella, concede propicio que los que ya te conocemos por la fe, seamos conducidos hasta contemplar tu hermosura y tu grandeza. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo… F: Amén.


Epístola, Profeta Isaías 60, 

¡Levántate, Jerusalén, resplandece!, que ya se alza tu luz y se levanta sobre ti la gloria del Señor. Las tinieblas cubren la tierra y los pueblos están en tinieblas, mientras viene a ti el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Las naciones caminan hacia tu luz y los reyes hacia la claridad de tu aurora. Levanta los ojos y mira en torno de ti: todos se reúnen y vienen a ti; de lejos llegan tus hijos y tus hijas son traídas en brazos. A esta vista, resplandecerás, tu corazón palpitara y se dilatará; porque hacia ti afluirán los tesoros del mar y las riquezas de los pueblos llegarán a ti. Una oleada de camellos y dromedarios de Medián y de Efa te inundarán; de Sabá vendrán todos trayendo oro e incienso y cantando los loores del Señor.              F: Deo gratias.


Gradual, Profeta Isaías 60-6

De Sabá vendrán todos trayendo oro e uncienso y cantando los loores del Señor. ¡Levántate, Jerusalén, resplandece!, porque se levanta sobre ti la gloria del Señor.  


Aleluya, San Mateo 2-2

Aleluya, aleluya. Vimos su estrella en el Oriente, y venimos con presentes a adorar al Señor. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum II, 1.

Glória tibi, Dómine.

Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Juda, en tiempo del rey Herodes, unos magos vinieron del Oriente a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?, Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. El rey Herodes, al oír esto, se turbó, y toda Jerusalén con él. Y, convocados todos los principes de los sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña de las ciudades del reino de Judá; porque de ti ha de salir el Caudillo que rija a mi pueblo Israel’. Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos,  se informó de ellos cuidadosamente acerca del tiempo en que les apareció la estrella, y enviándoles a Belén, les dijo: Id, e informaos cuidadosamente del Niño; y cuando le hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se fueron. Y he ahí que la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta pararse sobre el lugar donde estaba el Niño. Al verla de nuevo se alegraron sobremanera y, entrando en la casa, hallaron al Niño con María, su madre (de rodillas), y, postrados, le adoraron; y, abiertos sus tesoros, ofreciéronle dones: oro, incienso y mirra. Mas, divinamente avisados en sueños para que no volviesen a Herodes, regresaron por otro camino a su país.      F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 71-10

Los reyes de Tarsis y de las islas le pagarán el tributo; los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes. Le adorarán todos los reyes de la tierra, todos los pueblos le servirán.


Secreta

Te rogamos, Señor, mires propicio los dones de tu Iglesia, en los que ya no se ofrece oro, incienso, ni mirra, sino lo que con estos mismos dones se significa, se inmola y se recibe, Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. El cual vive y reina contigo.


Comunión, San Mateo 2,2

Hemos visto su estrella en el Oriente, y venimos con presentes a adorar al Señor.S: Dóminus vobíscum.F: Et cum spíritu tuo.


Poscomunión

Haz, te rogamos, ¡oh Dios omnipotente!, que, purificado nuestro espíritu, comprenda el misterio que celebramos con estos solemnes oficios. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.

Etiquetado:  santa misa dominical

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