Festividad de Cristo Rey, Conmemoración del 21º domingo de Pentecostés.




Introito, Apocalipsis 5.12; Salmo 71.1

Digno es el Cordero, que ha sido degollado de recibir la potencia, la divinidad, la sabiduría, la fortaleza y el honor. A él gloria y poder por los siglos de los siglos. Salmo:Oh Dios, de tu equidad al Rey; y tu justicia al Hijo del Rey. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Digno es el Cordero, que ha sido degollado de recibir la potencia, la divinidad, la sabiduría, la fortaleza y el honor. A él gloria y poder por los siglos de los siglos.

Oración

Omnipotente y sempiterno Dios, que has querido reunirlo todo en tu amado Hijo, Rey del universo; concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. El cual vive y reina contigo, en la unidad con el Espíritu Santo, Dios, por los siglos.. F: Amén.

Defiende, Señor, a tu familia con una continua misericordia, para que, con tu protección, sea libre de todas las adversidades, y con sus buenas acciones esté consagrado a tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.

Epístola, San Pablo a los Colosenses 1,12-20

Hermanos: Gracias damos a Dios Padre, que nos ha hecho dignos de participar en la herencia de los santos en la luz, que nos ha arrebatado del poder de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo muy amado, en quien, por su sangre, tenemos la redención, la remisión de los pecados. El es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en Él han sido creadas todas las cosas en los cielos y sobre la tierra, el mundo visible y el invisible, tronos, señoríos, principados, dominaciones, todo ha sido creado por él y para él. Es el anterior a todo y todo subsiste en él. El es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia, como quién es principio, primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga él la primacía, pues plugo al Padre poner en él la plenitud y reconciliar por él, que ha restablecido la paz en la sangre de su cruz, todo lo que existe sobre la tierra y en los cielos, en Cristo Jesús. Señor nuestro.               F: Deo gratias.

Gradual, Salmo 71.8,11

Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Todos los reyes se prosternarán ante él, y le servirán todas las naciones.

Aleluya, Profeta Daniel 7.14     

Aleluya, aleluya. Su dominación es una dominación eterna, que no pasará; y su reino, un reino que jamás será destruido. Aleluya. 

S: Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Joanem XVIII, 33.

F: Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo, dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices tú eso por  cuenta propia, o te lo han dicho otros de mí? Replicó Pilatos: ¿Qué? ¿Acaso soy yo judío? Los de tu nación y los pontífices te han entregado a mí; ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino  no es de este mundo; si de este mundo fuese mi reino, mis gentes hubieran luchado para que no fuera yo entregado en manos de los judíos; pero mi reino no es de aquí. Replicóle Pilatos: ¿Con que tú eres rey? Respondió Jesús: Tú lo dices: Yo soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquél que pertenece a la verdad escucha mi voz.     F: Laus tibi, Christe.

Ofertorio, Salmo 2.8        

Pídeme, y te daré las naciones por herencia y en posesión los confines de la tierra.

Secreta

Te ofrecemos, Señor, la víctima que reconcilió a los hombres con su Dios: haz que esta misma víctima, tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, a quien inmolamos en este sacrificio, otorgue a todos los pueblos los dones de la unidad y de la paz. El cual vive y reina.

Recibe, Señor, propicio las ofrendas con que has querido ser aplacado, y restitúyenos la salud por tu poderosa bondad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Comunión, Salmo 28. 10-11    

El Señor se sienta Rey por siempre; el Señor bendecirá a su pueblo en la paz.

Poscomunión

Alimentados con el pan que da la inmortalidad, te pedimos, Señor, que cuantos nos gloriamos de militar bajo las banderas de Cristo Rey, podamos con él mismo reinar por siempre en el cielo. El cual vive y reina contigo, en la unidad con el Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. F: Amén.

Habiendo conseguido el alimento de inmortalidad, haz, Señor, que guardemos en un alma pura lo que nuestra boca ha recibido. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.






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