Miércoles de ceniza.


Introito, Sabiduría XI, 24.

Te apiadas, Señor, de todos, y nada aborreces de cuanto hiciste, disimulando los pecados de los hombres por su penitencia y perdonándoles; porque Tú eres el Señor y Dios nuestro. Salmo: ¡Ten piedad, Señor, ten piedad de mí! Porque en Ti confía mi alma. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como  era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Te apiadas, Señor, de todos, y nadsa aborreces de cuanto hiciste, disimulando los pecados de los hombres por su penitencia y perdonándoles; porque Tú eres el Señor y Dios nuestro.


Oración

Concede, Señor, a tus fieles, la gracia de empezar con la debida piedad la venerable solemnidad de los ayunos y de observarlos todos con una constante devoción. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.


Epístola, Profeta Joel II, 12.

Esto dice el Señor: Convertíos a Mí de todo vuestro corazón, con ayuno, con lloro y llanto. Rasgad vuestros corazones y no vuestros vestidos, y convertíos al Señor Dios vuestro; porque es benigno y misericordioso, paciente y clementisimo, e inclinado a suspender el castigo. ¿Quién sabe si se inclinará a piedad y os perdonará, y os dejará gozar de la bendición y el poder ofrecer sacrificios y libaciones al Señor, Dios vuestro? Tocad la trompeta en Sión, santificad el ayuno, convocad a junta, congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid los ancianos, juntad los párvulos y los niños de pecho; salga el esposo de su lecho, y la esposa de su tálamo. Entre el vestíbulo y el altar, llorarán los sacerdotes ministros del Señor, y digan: ¡Perdona Señor, perdona a tu pueblo! Y no abandones tu heredad al oprobio, entregándola al dominio de las naciones. Porque dirían las gentes: ¿En dónde está tu Dios? Mas el Señor miró con amor a su tierra y perdonó a su pueblo. Y habló el Señor, y dijo a su pueblo: Yo os enviaré trigo, y vino, y aceite, y seréis abastecidos de ellos; y nunca más permitiré que seáis el escarnio de las naciones: lo dice el Señor omnipotente. F: Deo gratias.


Gradual, Salmo 56, 2.

Apiádate de de mí, oh Dios, apiádate de mí; porque en Ti confía mi alma. V. Envió del cielo su socorro y me libró; cubrió de oprobio a los que me perseguían.


Tracto, Salmo 102, 10.

Señor, no obres con nosotros según los pecados cometidos, ni según nuestras iniquidades. V. Señor, no te acuerdes de nuestras culpas pasadas, antes nos prevengan tus misericordias, porque hemos quedado sumamente empobrecidos (de rodillas) V. Ayúdanos, Dios, Salvador nuestro; y por la gloria de tu nombre, líbranos, y perdona nuestros pecados, por causa de tu nombre.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum 6, 16.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Cuando ayunéis no os pongáis tristes, como los hipócritas, los cuales desfiguran su rostro para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo, que ya recibieron su paga. Mas tú cuando ayunes, perfuma tu cara, para que no conozcan los hombres que ayunas, sino solamente tu Padre, que está presente a todo, aún lo que hay de más secreto; y tu Padre que ve lo más secreto te lo premiará. No amontonéis tesoros en la tierra, donde el orín y la polilla los roen, y donde los ladrones los desentierran y los roban. Mas atesorad para vosotros tesoros en el cielo, donde no hay orín, ni polilla que los consuma; ni tampoco ladrones que los desentierren, y roben. Porque en donde está tu tesoro, allí está también tu corazón. F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 29, 23.

Yo te ensalzaré, Señor, porque me has amparado, y no has permitido se burlen de mí mis enemigos; Señor, a Ti clamé, y me sanaste.


Secreta

Haz, Señor, te rogamos, que nos preparemos debidamente para ofrecer estos dones, con los que damos principio a la celebración de este venerable Sacramento. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión,  Salmo 1, 2.

El que medita la ley del Señor día y noche dará su fruto en su debido tiempo.


Poscomunión

Socórranos, Señor, los Sacramentos recibidos; para que nuestros ayunos te sean gratos, y nos aprovechen para la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén. 

Oremos. Humillad vuestras cabezas ante Dios.

Atiende, Señor, propicio, a los que se inclinan ante tu Majestad; y pues han sido alimentados con el don divino, sean siempre fortalecidos con auxilios celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.



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