Nuestra Señor del Santo Rosario.


05 Oct
05Oct

Introito, Salmo 44, 2.

Alegrémonos todos en el Señor, celebrando la festividad de la Santísima Virgen María, de cuya solemnidad se alegran los Ángeles y alaban a coro al Hijo de Dios. Salmo: Rebosa mi corazón en un bello discurso; es a un rey a quien digo mi poema. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Alegrémonos todos en el Señor, celebrando la festividad de la Santísima Virgen María, de cuya solemnidad se alegran los Ángeles y alaban a coro al Hijo de Dios.


Oremos

Oh Dios, cuyo Unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos granjeó el premio de la salud eterna: danos, a los que recordamos estos misterios del Santísimo Rosario, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor  F: Amén.


Conmemoración del domingo 20º después de Pentecostés.

Te rogamos, Señor, concedas benigno a tus fieles el perdón y la paz, para que, purificándose de todas las culpas, te sirvan con segura confianza. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Epístola, Libro de la Sabiduría 8, 22.

El Señor me ha creado como primicias de sus caminos, con anterioridad a sus obras, desde siempre. Desde la eternidad fui constituida, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. Aún no existían los océanos y yo había sido ya engendrada. Ahora, pues, oídme: dichosos los que siguen mis caminos. Oíd mis instrucciones y sed sabios, y no queráis desecharlas. Dichoso el hombre que me oye y vela diariamente a mis puertas, guardando sus postigos. Quien me halla ha hallado la vida eterna y alcanza del Señor la salvación.  F: Deo gratias. 


Gradual, Salmo 44, 5.

Por causas de la verdad, de la mansedumbre y de la justicia, tu diestra te conducirá a cosas maravillosas. † Escucha, hija, y considera, y presta atención, porque el Rey se enamoró de tu hermosura.


Aleluya

Aleluya, aleluya † Ésta es la solemnidad de la gloriosa Virgen María, de la semilla de Abrahán, nacida en la tribu de Judá, de la ilustre estirpe de David. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Lucam I, 26.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Envió Dios al Ángel Gabriel a Nazaret, ciudad de Galilea, a una Virgen desposada con un varón, llamado José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María. Y habiendo entrado el Ángel a donde ella estaba, le dijo: ‘Dios te salve, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres.’ Al oír esto la Virgen, se turbó, y púsose a considerar qué significaría aquel saludo. Más el Ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Sábete que has de concebir en tu seno, y darás a luz un Hijo del Altísimo, a quien pondrás por nombre Jesús. Éste será grande, y será llamado el Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin. Dijo entonces María al Ángel: ¿Cómo ha de ser eso? Pues yo no conozco varón. Y el Ángel le respondió y dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo cual, el fruto Santo, que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que en su vejez ha concebido también un hijo; y la que se llamaba estéril, hoy cuenta ya con el sexto mes; porque nada es imposible para Dios. Dijo entonces María: ¡He aquí la esclava del Señor! Hágase en mí según su palabra. F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Eclesiástico XXIV, 25.

En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad, en mí toda esperanza de vida y de virtud; di fruto como rosa plantada junto a los ríos de las aguas.


Secreta

Haznos, Señor, dignos de ofrecer debidamente estos dones; y que, mediante los misterios del Santísimo Rosario, de tal modo honremos la vida, pasión y gloria de tu Unigénito que nos hagamos acreedores a sus promesas. El cual contigo vive y reina.

Te rogamos, Señor, nos sirvan estos misterios de celestial medicina y purifiquen de vicios nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión, Eclesiástico 39, 19.

Floreced flores, como el lirio, y difundid olor; sed frondosas en gracia; alabad a Dios con cánticos y bendecid al Señor en sus obras.


Poscomunión

Concédenos, Señor, ser auxiliados por la intercesión de tu Madre Santísima, cuyo Rosario celebramos; a fin de sentir la virtud de los misterios cuya memoria celebramos y los efectos de los sacramentos recibidos. Tu que vives y reinas.F: Amén.

Para que seamos dignos, ¡oh Señor!, de tus sagrados dones, haz que obedezcamos siempre a tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.


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