Nuestra Señor del Santo Rosario.


Introito, Salmo 44, 2.

Alegrémonos todos en el Señor, celebrando la festividad de la Santísima Virgen María, de cuya solemnidad se alegran los Ángeles y alaban a coro al Hijo de Dios. Salmo: Rebosa mi corazón en un bello discurso; es a un rey a quien digo mi poema. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Alegrémonos todos en el Señor, celebrando la festividad de la Santísima Virgen María, de cuya solemnidad se alegran los Ángeles y alaban a coro al Hijo de Dios.


Oremos

Oh Dios, cuyo Unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos granjeó el premio de la salud eterna: danos, a los que recordamos estos misterios del Santísimo Rosario, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor  F: Amén.


Conmemoración del domingo 20º después de Pentecostés.

Te rogamos, Señor, concedas benigno a tus fieles el perdón y la paz, para que, purificándose de todas las culpas, te sirvan con segura confianza. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Epístola, Libro de la Sabiduría 8, 22.

El Señor me ha creado como primicias de sus caminos, con anterioridad a sus obras, desde siempre. Desde la eternidad fui constituida, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. Aún no existían los océanos y yo había sido ya engendrada. Ahora, pues, oídme: dichosos los que siguen mis caminos. Oíd mis instrucciones y sed sabios, y no queráis desecharlas. Dichoso el hombre que me oye y vela diariamente a mis puertas, guardando sus postigos. Quien me halla ha hallado la vida eterna y alcanza del Señor la salvación.  F: Deo gratias. 


Gradual, Salmo 44, 5.

Por causas de la verdad, de la mansedumbre y de la justicia, tu diestra te conducirá a cosas maravillosas. † Escucha, hija, y considera, y presta atención, porque el Rey se enamoró de tu hermosura.


Aleluya

Aleluya, aleluya † Ésta es la solemnidad de la gloriosa Virgen María, de la semilla de Abrahán, nacida en la tribu de Judá, de la ilustre estirpe de David. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Lucam I, 26.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Envió Dios al Ángel Gabriel a Nazaret, ciudad de Galilea, a una Virgen desposada con un varón, llamado José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María. Y habiendo entrado el Ángel a donde ella estaba, le dijo: ‘Dios te salve, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres.’ Al oír esto la Virgen, se turbó, y púsose a considerar qué significaría aquel saludo. Más el Ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Sábete que has de concebir en tu seno, y darás a luz un Hijo del Altísimo, a quien pondrás por nombre Jesús. Éste será grande, y será llamado el Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin. Dijo entonces María al Ángel: ¿Cómo ha de ser eso? Pues yo no conozco varón. Y el Ángel le respondió y dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo cual, el fruto Santo, que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que en su vejez ha concebido también un hijo; y la que se llamaba estéril, hoy cuenta ya con el sexto mes; porque nada es imposible para Dios. Dijo entonces María: ¡He aquí la esclava del Señor! Hágase en mí según su palabra. F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Eclesiástico XXIV, 25.

En mí está toda la gracia para conocer el camino de la verdad, en mí toda esperanza de vida y de virtud; di fruto como rosa plantada junto a los ríos de las aguas.


Secreta

Haznos, Señor, dignos de ofrecer debidamente estos dones; y que, mediante los misterios del Santísimo Rosario, de tal modo honremos la vida, pasión y gloria de tu Unigénito que nos hagamos acreedores a sus promesas. El cual contigo vive y reina.

Te rogamos, Señor, nos sirvan estos misterios de celestial medicina y purifiquen de vicios nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión, Eclesiástico 39, 19.

Floreced flores, como el lirio, y difundid olor; sed frondosas en gracia; alabad a Dios con cánticos y bendecid al Señor en sus obras.


Poscomunión

Concédenos, Señor, ser auxiliados por la intercesión de tu Madre Santísima, cuyo Rosario celebramos; a fin de sentir la virtud de los misterios cuya memoria celebramos y los efectos de los sacramentos recibidos. Tu que vives y reinas.F: Amén.

Para que seamos dignos, ¡oh Señor!, de tus sagrados dones, haz que obedezcamos siempre a tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.


Etiquetado:  Santa Misa

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