Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.


Conmemoración del 6º domingo después de Pentecostés


Introito, Apocalipsis de San Juan V, 9. 

Nos has rescatado, Señor, con tu Sangre, de toda tribu, y lengua, y pueblo, y nación; y nos hiciste un reino para nuestro Dios. –Salmo: Cantaré siempre las misericordias del Señor; de generación en generación, anunciaré con mi boca tu verdad. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Nos has rescatado, Señor, con tu Sangre, de toda tribu, y lengua, y pueblo, y nación; y nos hiciste un reino para nuestro Dios.


Oración

Omnipotente y sempiterno Dios, que constituiste a tu unigénito Hijo Redentor del mundo y quisiste aplacarte con su sangre: haz que veneremos el precio de nuestra salvación con solemne culto, y que por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la vida presente, para que gocemos en el cielo del fruto sempiterno. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. F: Amén.


¡Oh Dios de la fortaleza, fuente de toda perfección! Infunde en nuestros corazones el amor de tu nombre y aumenta en nosotros la virtud de la religión; para que fomentes el bien que en nosotros hay, y merced a nuestro fervor, guardes esos mismos bienes que en nosotros has ido regando con tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Epístola, San Pablo a los Hebreos 9.11-15       

Hermanos: Habiendo venido Cristo como Pontífice de los bienes futuros, atravesó el Tabernáculo más excelente y más perfecto, no hecho de mano de hombres, es decir, que no pertenece a este mundo, y penetró una vez por siempre en el Santuario, no con sangre de machos cabríos, ni de becerros, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros y la ceniza de la becerra santifican con su aspersión a los inmundos en orden a la purificación de la carne, ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual, a impulsos del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo a Dios como víctima sin tacha, limpiará nuestra conciencia de las obras de  muerte para permitirnos servir al Dios vivo? Y por esto Jesús es el mediador de un Nuevo Testamento (Alianza), muriendo para redimir las prevaricaciones cometidas bajo la primera alianza, ha querido que reciban la promesa de la herencia eterna los elegidos, los llamados en él, en Jesucristo nuestro Señor.      F: Deo gratias.


Gradual, San Juan 5, 6.

Jesucristo es el que vino con agua y sangre; no vino sólo con el agua, sino con el agua y con la sangre. V. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y éstos tres son una misma cosa. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y éstos tres son una misma cosa.


Aleluya, San Juan 5, 9.

Aleluya, aleluya v Si admitimos el testimonio de los hombres, más pesa el testimonio de Dios. Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Joanem  19, 30.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo, habiendo Jesús probado el vinagre, dijo: ¡Todo está cumplido! E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. Más, como era el día de preparación [pascual], para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado [pues era aquél un sábado muy solemne], suplicaron los judíos a Pilatos que se les quebrasen las piernas a los crucificados, y los quitasen de allí. Vinieron, pues, los soldados, y rompieron las piernas del primero y del otro [ladrón] que habían sido crucificado con Él. Más, al llegar a Jesús, viéndole ya muerto, no le quebraron la piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza le abrió el costado, y al punto salió sangre y agua. Y Juan, que lo vió, es el que lo asegura, y su testimonio es verdadero. F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, San Pablo a los Corintios X, 16.

El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la participación del cuerpo del Señor?


Oración secreta

Pedímoste que, por medio de estos divinos misterios, lleguemos a Jesús, mediador de la Nueva Alianza; y que renovemos, oh Señor de los ejércitos, sobre tus altares la aspersión de una sangre más elocuente que la de Abel. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Muéstrate, Señor, propicio a nuestros ruegos, y acepta benigno estas ofrendas de tu pueblo; y para que ningún anhelo sea fallido, y ninguna oración desatendida, haz que consigamos eficazmente lo que con fe te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión,  San Pablo a los Hebreos IX, 28.

Cristo fue una sola vez inmolado para quitar los pecados de muchos; y de nuevo aparecerá sin pecado a los que le esperan para su salvación.


Poscomunión

Admitidos, Señor, a la sagrada Mesa, hemos bebido con gozo las aguas de las fuentes [llagas] del Salvador; y te pedimos que su Sangre sea para nosotros una fuente de agua que brote hasta la vida eterna. Que contigo vive y reina. F: Amén.

Ya que hemos sido colmados de tus dones, haz, Señor, que quedemos limpios mediante su virtud y fortalecidos con su auxilio. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.




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