Primer domingo de Pascua, "In albis".


Introito, 1 Pedro 2.2 Salmo 80.2          

Como niños recién nacidos, aleluya, ansiad la leche espiritual   no   adulterada,   aleluya,  aleluya,  aleluya.   Sl Regocijaos alabando a Dios, nuestro protector; cantad al Dios de Jacob. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Como niños recién nacidos, aleluya, ansiad la leche espiritual no   adulterada,   aleluya,  aleluya,  aleluya.


Oremos

Te suplicamos, ¡oh Dios omnipotente!, hagas que, celebradas las fiestas de Pascua, continuemos, con tu gracia, realizando su ideal en nuestra vida y costumbres. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén. 


Epístola, 1 San Juan 5.4-10 

Carísimos: Todo lo que nace de Dios, vence al mundo, la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?  Éste es Jesucristo, que vino en el agua y en la sangre; no en el agua solo, sino en el agua y en la sangre.  Y el Espíritu es el que da testimonio de que Cristo es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son una misma cosa. Y tres son los que dan testimonio en la tierra; el espíritu, el agua y la sangre; y estos tres son una misma cosa. Si admitimos el testimonio de los hombres, mayor testimonio es el de Dios. Ahora bien, el de Dios, cuyo testimonio es mayor, es el que ha dado de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene en sí el testimonio de Dios.  F: Deo gratias.


Gradual, Salmo 117, 24.

Éste es el día que hizo el Señor: regocijémonos y alegrémonos en él. Alabad al Señor porque es bueno, porque su misericordia permanece por los siglos.


Aleluya, San Mateo 28,7; San Juan 20.26

Aleluya, aleluya. En el día de mi resurrección, dice el Señor, os precederé en Galilea. Aleluya. A los ocho días, estando cerradas las puertas, se puso Jesús en medio de sus discípulos, y dijo: ¡La paz sea con vosotros! Aleluya.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Joanem 20, 19.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Aquel mismo día, primero después del sábado, siendo ya tarde y estando cerradas las puertas de la casa en donde se hallaban juntos los discípulos por miedo a los judíos, vino Jesús y, puesto en medio de ellos, les dijo: ¡La paz sea con vosotros! Dicho esto, mostróles manos y costado. Llenáronse de gozo los discípulos al ver al Señor. Díjoles de nuevo: ¡La paz sea con vosotros! Como mi Padre me envió, así también yo os envío. Dichas estas palabras, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. Se perdonarán los pecados a aquéllos a quienes los perdonéis; y se les retendrán a aquellos a quienes se los retengáis. Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Dijéronle, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. Mas él contestó: Si no veo en sus manos la hendidura de los clavos y meto el dedo en el agujero de sus clavos, y mi mano en su costado, no lo creeré. Y al cabo de ocho días estaban otra vez sus discípulos dentro, y Tomás con ellos. Vino Jesús estando cerradas las puertas, y, puesto en medio de ellos, les dijo: La paz sea con vosotros. Y después, a Tomás: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; trae tu mano, métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Respondióle Jesús: Porque me has visto, Tomás, has creído: Bienaventurados los que, sin haber visto, han creído. Otros muchos milagros hizo Jesús ante sus discípulos, que no están escritos en este libro. Mas éstos se han escrito para que creáis  que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre. F: Laus tibi, Christe.



Ofertorio, San Mateo 28.2, 5

Un ángel del Señor descendió del cielo y dijo a las mujeres: El que buscáis ha resucitado, como lo había dicho. Aleluya.


Secreta

Recibe, Señor, los dones de tu Iglesia regocijada; y pues le has dado el motivo de tanto gozo, concédele el fruto de la perpetua alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión,  San Juan 20.27

Mete tu mano y reconoce el lugar de los clavos, aleluya; y no seas incrédulo, sino creyente, aleluya, aleluya.


Poscomunión

Te rogamos, Señor Dios nuestro, que los sacrosantos misterios que nos has concedido para ayudarnos a robustecer la gracia de nuestra reparación, nos sirvan de remedio ahora y en lo futuro. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.

Etiquetado:  santa misa

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