Septuagésima


Introito, Salmo 17.5-7, 2-3 

Cercaronme los lazos de la muerte, aprisionábanme las ataduras del sepulcro; en mi angustia invoqué al Señor, y él oyó mi voz desde su templo santo. Salmo:  Te amaré, Señor, fortaleza mía; el Señor es mi firmeza, y mi refugio, y mi libertador. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como  era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Cercaronme los lazos de la muerte, aprisionábanme las ataduras del sepulcro; en mi angustia invoqué al Señor, y él oyó mi voz desde su templo santo.


Oración

Te rogamos, Señor, escuches clemente las súplicas de tu pueblo, para que los que somos justamente afligidos por nuestros pecados, seamos librados misericordiosamente por la gloria de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén. 

Conmemoración de San Pedro Nolasco.

Oh Dios que enseñaste por inspiración divina a San Pedro imitar tu caridad, fecundando a tu Iglesia con un nuevo Instituto para redención de los cautivos cristianos: concédenos, por su intercesión, que, libres de las cadenasdel pecado, gocemos de perpetua libertad en la patria celestial. Tu que vive y reina. F: Amén.


Epístola, San Pablo a los Corintios 9.24-27  

Hermanos: ¿No sabéis que los atletas que corren en el estadio, todos corren, mas uno solo alcanza el premio?  Corred de manera que lo ganéis. El que lucha en la arena se impone mil privaciones; ellos para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible. Pues yo corro no como a la ventura; peleo, no como quien azota al viento; antes castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, para que no suceda que, después de predicar a los demás, sea yo reprobado. Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos pasaron el mar rojo, y todos dirigidos por Moisés, fueron bautizados en la nube y en el mar; y todos comieron un mismo manjar espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual (porque bebían de una piedra misteriosa que los iba siguiendo: y la piedra era Cristo); sin embargo no fueron los más de ellos los que agradaron a Dios.  F: Deo gratias.


Gradual, Salmos 9.10-11, 19-20 

Auxiliador eres en el tiempo oportuno, en la tribulación; esperen en ti los que te conocen, porque no abandonas a los que te buscan, Señor. V Porque el desvalido no será siempre olvidado, ni se verá frustrada para siempre la esperanza de los humildes. ¡Levántate, Señor, no triunfe el hombre!


Tracto, Salmo 129.1-4

Desde lo más profundo he clamado a ti, Señor; Señor, oye mi voz. V Estén atentos tus oídos a la oración de tu siervo. V Si tienes en cuenta nuestras iniquidades, Señor, ¿quién podrá subsistir? V Pero en ti se encuentra el perdón, y por tu Ley espero en ti, Señor.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Mateum 10, 1.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta  parábola: Es semejante el reino de los cielos a un hombre, padre de familia, que salió muy de mañana a ajustar obreros para su viña. Y, habiendo convenido con los obreros en darles un denario al día, los envió a ella. Y, saliendo cerca de la hora tercia, vio otros en la plaza que estaban ociosos. Y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos se fueron. Volvió a salir cerca de la hora sexta y de nona, e hizo lo mismo. Salió, por fin, cerca de la hora undécima, y vio otros que se estaban allí, y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos? Y ellos le respondieron: Porque ninguno nos ha contratado. Díceles: Id también vosotros a mi viña. Al venir la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los obreros, y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros. Cuando vinieron los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada cual su denario. Al llegar los primeros, creyeron que les darían más; pero no recibieron sino un denario cada uno. Y al recibirlo murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos últimos sólo han trabajado una hora, y los has igualado a nosotros, que hemos llevado el peso del día y del calor. Más él dijo: Amigo, no te hago ningún agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo y vete; pues quiero yo dar a éste, bien sea el último, tanto como a ti. ¿No me es lícito hacer de lo mío lo que quiera? ¿O has de ver con malos ojos, porque yo soy bueno? Así que los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos; porque muchos son los llamados y pocos los escogido.                   F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 91.2

Bueno es alabar al Señor y cantar salmos a tu nombre, ¡oh Altísimo!


Secreta

Te rogamos, Señor que, recibidos nuestros dones y plegarias, nos purifiques con los misterios celestiales y nos escuches con clemencia. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.

Ofrecémoste, Señor, hostias de alabanza en conmemoración de tus Santos; por cuya intercesión confiamos ser librados de los males presentes y futuros.


Comunión,  Salmo 30.17-18

Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y sálvame por tu bondad; Señor, no quede yo confuso ya que te he invocado.


Poscomunión

Fortalezcanse, ¡oh Dios!, tus siervos en virtud de tus dones, para que, recibiendolos, los deseen y, deseándoles, los reciban sin fin. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.

Alimentados con la comida y bebida celestial, te rogamos humildemente, oh Dios nuestro, que seamos fortalecidos con los ruegos de aquél, en cuya conmemoración los hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.





Etiquetado:  santa misa

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