Sexágesima.


Introito, Salmo 43.23-26 

Levántate, Señor; ¿Por qué duermes? Levántate, y no nos abandones para siempre. ¿Por qué apartas tu rostro, olvidando nuestra tribulación? Nuestro pecho está abatido hasta el polvo: Levántate, Señor, ayúdanos y líbranos. Salmo:  ¡Oh Dios!, nuestros oídos han oído y nuestros padres nos han contado tus maravillas. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como  era en un principio, ahora y siempre por los siglos, de los siglos. Amén. Levántate, Señor; ¿Por qué duermes? Levántate, y no nos abandones para siempre. ¿Por qué apartas tu rostro, olvidando nuestra tribulación? Nuestro pecho está abatido hasta el polvo: Levántate, Señor, ayúdanos y líbranos.


Oración

Oh Dios, que ves cómo no podemos en nuestras acciones: concede propicio, que seamos fortalecidos contra toda adversidad, con la protección del Doctor de las gentes.  Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Conmemoración de San Andrés Corsini.

Oh Dios, que sin cesar nos muestras en tu Iglesia nuevos dechados de virtud: concede a tu pueblo la gracia de seguir sus huellas de tu Santo Confesor y Pontífice Andrés, de modo que merezcamos conseguir el mismo premio. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén.


Epístola, San Pablo a los (2ª) Corintios XI-19.

Hermanos: De buena gana sufrís a los necios, siendo vosotros sensatos. Porque sufrís a quien os esclaviza, a quien os devora, a quien toma vuestros bienes, a quien os trata con altanería, a quien os hiere en el rostro. Lo digo con confusión mía, pues parece que nosotros hemos flaqueado en este punto, tratándoos con demasiado miramiento. En lo que otros son osados, (os parecerá que hablo con imprudencia) tambien yo lo soy.  ¿Son hebreos?  También yo. ¿Son Israelitas? También yo.  ¿Son ministros de Cristo? (desatinando lo digo) más que ellos lo soy yo. En mayores trabajos me he visto, en más cárceles, en  azotes sin cuento, en riesgos de muerte con frecuencia. De los judíos tengo recibidos cinco veces cuarenta azotes, menos uno. Tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, tres veces naufragué, una noche y un día pasé en el abismo. Viajes sin cuento, peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligro de gentiles, peligros en poblado, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos, trabajos y fatigas, muchas vigilias, hambre y sed, ayunos frecuentes, frío y desnudez. Además de otras cosas, mi obsesión diaria es la solicitud por todas las Iglesias. ¿Quién no desfallece que yo no desfallezca? ¿Quién se escandaliza sin que yo me requeme? Si es preciso gloriarse, me gloriaré en lo que es propio de mi flaqueza. El Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que es bendito en los siglos, sabe que no miento. En Damasco, el gobernador de la provincia, por orden del rey Aretas había puesto guardas en la ciudad para prenderme y por una ventana me descolgaron por el muro en una cesta y escapé de sus manos. Si es preciso gloriarse (lo que no conviene, en verdad), vendré a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco a un hombre siervo de Cristo, que catorce años ha fué arrebatado (si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe) hasta el tercer cielo. Y sé que este tal hombre (si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe) fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables, que el hombre no puede proferir.  Sobre el tal hombre me gloriaré; más de mí no me gloriaré, sino en mis flaquezas. Porque aún cuando me quisiera gloriarme, no sería necio, porque diría verdad; más callo esto para que nadie forme de mí un concepto superior a lo que en mí ve o de mi oye. Y para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, se me ha dado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee. Y por esto rogué al Señor tres veces para que lo apartase de mi; y me dijo: Te basta mi gracia, porque la virtud se perfecciona en la debilidad. Por tanto,  de buena gana me gloriare de mis flaquezas para que more en mí la virtud de Cristo. F: Deo gratias.


Gradual, Salmos 82.19,14

Sepan los pueblos que tu nombre es Dios; y que tu solo eres el Altísimo sobre toda la tierra. V Agitalos, ¡oh Dios mío!, como a una rueda, o como pajuela al soplo del viento.


Tracto, Salmo 59.4-6

Conmoviste, Señor, la tierra, y la turbaste. V Sana sus hendiduras, porque se tambalea. V Para que huyan de los tiros del arco y se libren tus escogidos.


Sequéntia sancti ✚ Evangélii secúndum Lucam 8, 4.

Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Reunida una gran muchedumbre de los que venían a Jesús de cada ciudad, díjoles en parábolas: un hombre salió a sembrar su simiente; y al esparcirla, una parte cayo a la orilla del camino, y fué pisoteada y la comieron las aves del cielo.  Y otra cayó sobre un pedregal, y luego que nació, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre espinas, y las espinas que crecieron con ellas, la sofocaron. Otra, finalmente, cayó en buena tierra; y nació y dio fruto a ciento por uno. Dicho esto, comenzó a gritar: quien tenga oídos para escuchar, atienda. Sus Discípulos  le preguntaron que sentido tenía ésta parábola. Él les dijo: a vosotros es dado conocer el misterio del reino de Dios, pero a los demás, solo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. He aquí, pues, la explicación de la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Los que están a la orilla del camino son aquellos que la oyen; más luego   viene el diablo  y arranca la palabra de  su corazón para que no se salven creyendo. Los que están sobre piedra son los que reciben con gozo la palabra cuando la oyen, pero no echa raíces; por un tiempo creen y en el tiempo de la tentación retroceden.  La semilla que cayó entre espinas, son los que oyen la divina palabra, pero después lo sofocan los cuidados y riquezas y deleites de esta vida, y no llegan a dar  fruto. Más la que cae en buena tierra son los que, oyendo la palabra con corazón bueno y óptimo, la conservan y producen fruto por la perseverancia. F: Laus tibi, Christe.


Ofertorio, Salmo 16.5-7

Afirma mis pasos en tus sendas, para que no vacilen mis pies; inclina tu oído y atiende mis suplicas. Manifiesta tus bondades, pues salvas a los que esperan en ti. Señor.


Secreta

Vivifique y fortalézcanos siempre, ¡oh Señor!, el sacrificio que te hemos ofrecido. Por nuestro Señor Jesucristo.


Comunión,  Salmo 42.4

Subiré al altar de Dios; al Dios que alegra mi juventud.


Poscomunión

Humildemente te rogamos, ¡oh Dios omnipotente!, que a quienes alimentes con tus sacramentos, concedas también servirte dignamente con costumbres que te sean gratas. Por nuestro Señor Jesucristo. F: Amén. 

Fortalecidos con la participación de los dones sagrados, te suplicamos, señor Dios nuestro, que experimentemos el efecto de la intercesión de tu santo Confesor Andrés, cuyo culto celebramos. Por nuestro Señor Jesucristo.  F: Amén.



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