DESDE EL PÚLPITO: LA DOCTRINA CATÓLICA, FUNDAMENTO DE LA SANTIDAD DE VIDA.


Queridos hermanos en Cristo: la vida de santidad, de gracia y amistad con Dios Nuestro Señor, está llena de peligros: ocasiones de pecados en casi todas partes, errores doctrinales por doquier, falsos conceptos de la verdad, de la santidad y de la humildad fundados sobre el sentimentalismo.

"El comienzo de una vida santa, merecedora de la vida eterna, es la verdadera Fe." San Agustín, Sermón XLIII; si no hay una Doctrina Verdadera, sostenida en el Magisterio inerrable de la Santa Iglesia Católica, no podemos hablar de santidad de vida, de ahí la importancia de tener claridad y precisión de la Doctrina Católica, fundamento de la santidad de vida, en expresión de San Agustín.

PELIGROS ACTUALES

PRIMER PELIGRO: EL ACTIVISMO. La sociedad moderna está llena de prisas, operaciones contra reloj; lo cual tiene el peligro de hacer las cosas de prisas, justificado todo en la falta de tiempo o las circunstancias particulares.

El buen católico de hoy, inmerso en el activismo, lleva mucho riesgo de llevar esas prisas a la vida espiritual: Santa Misa, Santo Rosario, estudio superficial de Catecismo; debemos precavernos contra peligro tan pernicioso para la salud del alma. "Una sola Avemaría bien dicha tiene más mérito que ciento cincuenta mal dichas." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosario, rosa XLI.

SEGUNDO PELIGRO: COLOCAR EL SENTIMIENTO POR ENCIMA DE LA RAZÓN. Un peligro grande es tomar las decisiones, sobre todo en materia de Fe, en base a sentimientos y no a razones teológicas, fundadas en la doctrina definida de la Santa Madre Iglesia.

"Sea mi regla el dictamen de la razón, ilustrada por la Fe, que me diga si la cosa de que se trata me conduce o no al fin de mi eterna salvación." San Ignacio de Loyola.

De lo cual se siguen los respetos humanos, hay que hacer o no hacer tal cosa, porque no se vayan a sentir u ofender, dando más importancia a la voz de las mayorías.
TERCER PELIGRO: LAS AMISTADES PELIGROSAS EN MATERIA DE FE. Del activismo y del sentimentalismo, se expone a tolerar y hasta tener por amigos a quienes sus doctrinas nos ponen en peligro de condenación eterna.

Muy común es la visita de los protestantes a las casas, y que el buen católico muchas veces los tolera y escucha sus herejías con la etiqueta de 'caridad', 'hay que ser buenos', 'se me hace feo correrlos,' etc. Lo cual es en detrimento de la salud del alma.

"Que se pierda todo, antes que perder a Dios, y que sea disgustado todo el mundo, antes que lo sea Dios" San Alfonso María de Ligorio.
REMEDIOS

PRIMER REMEDIO: DISPOSICIÓN DEL ALMA. El tiempo que usted le de a Dios y a la salud de su alma, por favor, no sea con prisas, sea un minuto o una hora, hacer las cosas con profesionalidad, piedad y fe.

"No son precisos gusto, ni consuelo, ni suspiros, fervor y lágrimas, ni aplicación continua de la imaginación para rezar bien el Rosario. Basta la fe pura y la buena intención. Sola fides sufficit." San Luis María, G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosario.

SEGUNDO REMEDIO: EL SANTO ROSARIO. Amados hermanos, antes de todas vuestras santas devociones y obras de caridad, colocar por encima, con prioridad y primordialidad el rezo diario, devoto y pausado del Santísimo Rosario, porque de ello puede depender nuestra salvación eterna.

"Aconsejamos el Santo Rosario a todo el mundo: a los justos, para perseverar y crecer en la gracia de Dios, y a los pecadores, para salir de sus pecados." San Luis María G. de Montfort, El Secreto del Santo Rosario.

TERCER REMEDIO: PERSEVERANCIA Y PACIENCIA. Amados hermanos, tener muchísima paciencia, sobre todo humildad en la caídas y recaídas, para mantenerse en la santa resolución de rezar el Santo Rosario todos los días de su vida.

"Aún cuando os hallaseis en el borde del abismo o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo; aun cuando fueseis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convirtiéreis, con tal que recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte." San Luis María G. de Montfort, en su obra "El Secreto del Rosario".

Dios le bendiga.

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