EL MILAGROSO Y SANTO NIÑO JESÚS DE PRAGA


ORIGEN DE LA PIADOSA IMAGEN DEL NIÑO JESÚS

          Fray José de la Santa Casa era un fraile lego, de Córdoba. Un buen día Fray José está barriendo el suelo del monasterio, y de repente se le presenta un hermoso niño que le dice:


-¡Qué bien barres, fray José, y que brillante dejas el suelo! ¿Serías capaz de recitar el Ave María?. Pues entonces, dilo.

          Fray José deja a un lado la escoba, se recoge, junta las manos y con los ojos bajos, comienza la salutación angélica.

          Al llegar a las palabras “et benedictus fructus ventris tui” (y bendito el fruto de tu vientre), el niño le interrumpe y le dice:

   ¡ESE SOY YO!, y enseguida desaparece.

          Fray José grita extasiado:

   ¡Vuelve Pequeño Jesús, porque de otro modo moriré del deseo de verte!.

          Pero Jesús no vino. Y Fray José, seguía llamándolo día tras día, en la celda, en el huerto, en la cocina…en todas partes.

          Al fin un día sintió que la voz de Jesús le respondía:

Volveré, pero cuida de tener todo preparado para que a mi llegada hagas de mi una estatua de cera en todo igual a como soy”.

          Fray José corrió a contárselo al padre prior, pidiéndole cera, un cuchillo y un pincel.

El Superior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del Niño que había visto.

          Hacía una y la deshacía, para hacer otra, pues nunca estaba conforme, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior, y así pasaba el tiempo, esperando que regresase su Amado Jesusito.

          Y por fin llegó el día en el que rodeado de Ángeles, se le presenta el Niño Jesús.

          Y Fray José en éxtasis, pero con la mayor naturalidad pone los ojos en el Divino modelo y copia al Niño que tiene delante.

          Cuando termina y observa que su estatua es igual al Sagrado Modelo, estalla en risas y llantos de alegría.

          Cae de rodillas delante de ella y posando la cabeza sobre las manos juntas, muere.

          Y los mismos ángeles que acompañaron a su Niño Jesús, recogieron su espíritu y lo llevaron al Paraíso.

          Los religiosos enterraron piadosamente el cuerpo del santo lego y con particular devoción colocaron la imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del monasterio.

DESTINO DE LA IMAGEN

          Aquella misma noche Fray José se apareció en sueños al Padre Prior, comunicándole la siguiente profecía:


   “Esta estatua, hecha indignamente por mí, no es para el monasterio. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Manrique de Lara, a quien se la daréis, quien a su vez se la entregará a su hija como regalo de bodas. Quien la llevará a Bohemia y de la capital de aquel reino será llamado Niño Jesús de Praga entre los pueblos y naciones. La gracia, la paz y la misericordia descenderán a la tierra, por Él escogida para habitar en ella, el pueblo de aquel reino será su pueblo, y Él será su PEQUEÑO REY”.

          Y efectivamente al año en punto, Doña Isabel Manrique de Lara, en un viaje de recreo por la zona, topó con las ruinas del monasterio, y el prior, ya único superviviente le entregó la imagen del Niño Jesús, contándole su fascinante historia.

          La dama llena de alegría, retornó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba. Y aquí la leyenda deja paso a la Historia…

         Lo que sí se sabe es que cuando en 1526 un Habsburgo se ciñó la Corona de Bohemia, los enlaces entre las familias nobles españolas y eslovacas se repitieron.

          Cuando la emperatriz partió para Praga en 1547, entre sus damas de la corte iba Doña María Manrique de Lara, hija de Don García Manrique de Lara y de doña Isabel de Bregsano, de noble familia italiana.

LOS MANRIQUE DE LARA, PRIMITIVOS DUEÑOS DEL SANTO NIÑO JESÚS DE PRAGA

          En la casa solariega de los Manrique de Lara, en la región cordobesa, se veneraba una preciosa estatua del Niño Jesús.

          En 1566, la hija de la familia Doña María se casó con el noble bohemio Vratislav de Pernstejn. En 1582 moría este noble caballero rodeado por su esposa y sus siete hijos, dos varones y cinco hembras. Polixena era la favorita de Dona María.

          Doña María entregó la imagen de su querido Niño Jesús a Polixena, quien la consoló en su pronta viudez, pues su primer matrimonio sólo duró cinco años. Luego de su segunda viudez, la piadosa princesa Polixena Lobkowitz, sintiendo en el alma las apremiantes necesidades de los Carmelitas, resolvió entregarles la pequeña estatua de cera, de 48 cm.


          La piadosa imagen representaba un hermoso Niño Dios, de pie, con la mano derecha levantada, en actitud de bendecir, mientras con la izquierda sostenía un globo dorado.

          Su rostro era muy amable y lleno de gracia, la túnica y el manto habían sido arreglados por la misma princesa, la cual, al dar la estatua a esos religiosos, les dijo: “Padres míos, os entrego lo más caro que poseo en el mundo: Honrad mucho a este Niño Jesús y nada os faltará.”


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